Antes de aferrarme

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Sinopsis

Eifrick vive una vida muy diferente a los demás de su clase, y el peso de esa diferencia lo abruma ahora que está a punto de cruzar al curso final de la preparatoria. Pronto entenderá que no se puede tener todo por sí mismo; a veces, hay que buscar una segunda opción... Y esa opción puede convertirse en su mayor necesidad, o en su mejor encuentro vengativo. Quien busca, consigue... una invasión de silencio donde al fin se expresen los vértigos de los sentimientos. Hay secretos por revelar. Hay nostalgia en la oscuridad. La sangre recorre sus pieles sin detenerse a pensar quién es el que realmente los hiere. Desean adueñarse de sus vidas... aunque las cargas a veces son demasiado fuertes como para llevarlas a solas. ¿Acaso Cristopher se sentirá atraído por lo indebido? ¿Acaso Eifrick y Cris lograrán construir un mundo apartado de todos? ¿Es verdad que se pierde para, finalmente, ya no sostenerse más en lo imposible? Hay que averiguarlo.

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En proceso
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18+

Prólogo

Cuando la vida deja de ser de colores, existe alguien de por medio que desea volverla completamente acabada y sin luz.

Algunos les encanta el amanecer en la playa, a otros en la cima de una montaña; a muchos les gusta avanzar por un puente quebrado en medio de la nada, de un mismísimo vacío con tal de alcanzar el otro extremo y poder presenciar el trono de la nobleza.

Aunque...

¿Y si ese reino se tambalea para que nunca llegue a su majestad...?

¿Y si ese castillo se derrumba mucho antes de haber llegado hasta el luego de intentarlo una y otra vez, haciendo tantos sacrificios de aventurarme a su abismo oscilando entre "sí y el "no" tan...?

Observo su escudo de vidrios rotos. Observo su coraza tan débil a pesar que diga que es un caballero capaz de proteger a su gente, cuando es incapaz de ofrecerle rubíes, oro y plata al pueblo para callen sus bocas, y se ahoguen en su jodido interés tan profundamente.

Noto como incluso no me pueden entregar a mí algo más que simplemente la tortura de querer y no tener a alguien que es malo y que, aun así, deseo que me vea fijamente a los ojos por unos estúpidos segundos tan cortos.

—¡¿Y por qué...?! —no pude evitar gritarle en medio de la carretera.

Cuando uno está en el mar de lava sintiendo el ardor y el idilio...

—¡Es tu abuela! —interrumpe con dureza.

—No es momento de contestarle a esa señora.

Así nos estemos maldiciendo por el resto de la eternidad, haciendo el amor luego sin cuidado ni la protección que nos han prometido antes de llegar al agotamiento de pelear y luego rencociliar lo que se rompe momentáneamente por su ataque brusco aunque excitante y...

Así sea que nos estén matándonos en silencio incluso por uno ser unos desobediente, por gritarle tantas putas groserías ya que nos cumplen sólo dos y no los trescientos caprichos que tenemos ... nunca debemos por qué tomar el celular.

¡Jamás!

Dejamos pasar todo. Dejamos pasar hasta lo más horrible convirtiéndolo en nuestra conciencia como algo debidamente correcto.

Siempre nos cortan con la cuchilla de que somos quienes no tenemos el entendimiento agudo..., ¿y nos encanta?

Y verlo... verlo en frente de mí cuando ningún coche conduce para arrollar nos y acabar con nuestras vidas de ¡una puta vez!

Me imagino muchas cosas. Siento como los vasos de las escleróticas se rompen haciéndome más borrosa la vista.

La forma de su miembro la detallo. Se me revela mediante la tela del pantalón negro rasgado.

Y a pesar de las cosas que estemos sintiendo con alguien...

Deseamos que nos aprieten..., que nos estrujen..., ¡que nos bloqueen hasta el contacto de nuestras madres cuando están llaman y llaman por poco rompiéndonos la bocina, volviéndose ellos unos completos desquiciados devorándonos la boca después de lanzar el móvil por la ventana de la habitación!

Rojo. Verde.

—¿Es esto nuestro empezar? —quise entenderlo así me cueste aceptarlo. —¿Estás...? ¿Estás...?

Estoy tan jodidamente herido, que no tengo ni pinta idea de lo que quiero decir.

Nos estremece estos hechos... ««¡sus hechos!»»

««O, bueno, por mi parte... no voy a negar que es así.»»

Tal vez nos dejamos arrebetar nuestra tranquilidad. ««Ya me robó la tranquilidad que tenía. Me ha costado el significado de lo que era mi vida, la razón por el cual luchar se desvaneció.»»

Tal vez el vínculo con otra persona cuando la conocemos por primera vez se hace tan fuerte, que nos hace ser unos jodidos anormales cuando nos enamoramos de verdad.

Y recordé su frase cuando tuve un escaso acercamiento hacia él:

—Nos crían prudentes y al final terminamos siendo indecentes por esos seres tan... locamente sacados de una película porno —lo dice el chico de la imprudencia en mi preparatoria.

Y sí. El único ángel que me habla todos los días me lo ha confirmado, y es bueno.

Admito que... también está el malo, ese demonio repleto de oscuridad que vuela y vuela hasta posarse en mi hombro y decir...

—Te gusta que te vean con la cara del mismísimo Diablo. ¿Por qué no encantarte si en tu mundo existen dos caminos que desean juntarse? Tú no quieres alejarte. ¿Serás capaz de hacerlo? —me suelta cada vez que despega en mí rápidamente, fugándose; ¡huye como siempre por mi resplandor!

Aunque, tiene razón lamentablemente.

Y sí.

««No quiero. No lo anhelo, nunca.»», se repite una y otra vez esa necesidad dentro de mí desesperadamente... indebid...

Suspiro agobiado.

««No quiero alejarme así él desee hacerlo de mí.»»

Desde que tengo uso de razón, los cristianos siempre han dicho que el infierno no es el lugar indicado para una persona que ha sido sana, sin vicios, amorosa, responsable y honesta hasta los últimos días de su vida.

««¿Me quemo?»», me permití analizar. ««¿Él me está haciendo caer para volverme brasa...?»»

Puede que sea cierto. Puede ser que sí existe ese momento después de la muerte donde las almas se separan de nuestros cuerpos para luego quemarse en el fuego. Puede ser que incluso se nos presente la hora de estar cara a cara con el demonio para que nos sentencie por ser jodidamente malos con los demás, con ellos... hasta con uno mismo.

Es encarcelamiento detrás de una cortina que nos hace cegarnos para no saber dónde estamos.

Son cuatro paredes que nos atormentan con dibujos de caricaturas animadas sobre lo que habrá entre una persona y otra en una relación amorosa fluyendo lo mágico, suavizando la imagen porque la realidad es completamente cruda como para tomarla en cuenta.

Existen brujas vengativas con batas largas que acuden al bosque a invocar a los muertos vivientes para pedir el mal hacia otra persona entre las sombras, bajo la luna llena con la piel pálida y los dedos llenos de lodos por andar descalzar.

««Es tan oscura su realidad»», se me corta la respiración bruscamente. Trago en seco. ««Me he permitido este choque. Me he permitido beber de una copa vacía. Y dijeron ellos que no me lastimarían, que todo sería más fácil y no.., ahora estoy completamente esquizo...»»

El arte de la oscuridad miente.

¿Me miento por creer en lo que tal vez sí existe aunque jamás lo he tenido ni tocado con mis propias manos?

¿Me miento por creer que el cambio para mejor está en alguien a pesar que no le entregue mi cuerpo?

Me acelero. Me fundo en mi mismo. ««Me debilito para estar contigo, ¡joder!»», y tengo ganas de decírselo incluyendo una cosa más...

Sin embargo...,

Es invisible mis sentimientos. Es trasparente lo que siento.

««¿Cómo no puedes darte cuenta de esto?»», me martirizo por eso. Lo sobrepienso. El nudo en mi garganta se vuelve uno asfixiante. ««¿Acaso esbien como mi silencio me está hiriendo por no saber cómo confesártelo todo a ti...? »»

¡Me quedo sin poder respirar observando la silueta de tu cuerpo!

Por ello...

¿Podrán sus esposas lastimarme las muñecas mientras que intento erróneamente desatarme de su prisión...?

¿Podré sostenerme cuando una y otra vez me tambaleo y no solo por él, si no por lo que sucede en mi vida entera?

¿Acaso...?

¿Acaso es un pecado pensar en Dios cuando uno nada más lo necesita para luego darnos igual si orarle o no porque no he sido apegado a que alguien me conozcan más a profundo porque soy un... un...?

Sólo... Sólo...

—Pídeme que me vaya. Pídeme desde tu boca que me marche para más nunca verte —gimo con el corazón desbocado, reprimiendo esa soledad por tener en cuenta las vibras del silencio entre ambos. —Exígeme que te odie por lo que me has hecho. Dime que no tienes ni un mínimo remordimiento.

Sin más...

—¡Exígeme que me merezco algo mejor que esto! ¡Dime que me merezco alguien mejor que tú! intento soltarle todos desde mis entrañas pese que sea dificultoso. —¡Dime que lo sientes! ¡Dímelo, joder!

¡Con mis puños cerrados golpeo su pecho!

Con mis dedos empapados toco su cuerpo repetidas veces donde él sólo se mantiene con frialdad sabiendo en el fondo que lo que ha cometido no se recompensa ni con palabras, ni con...

—No existirá nunca un «lo siento», Cristopher —confiesa lastimándome el como sus dedos rozan mis antebrazos desnudos.

Asentí. He asentido porque sé que es imposible que sus labios se calienten para aliviar los míos congelados por el anochecer púrpura.

Cierro mis ojos. Cierro mis párpados sintiendo como la tormenta cae encima de nosotros;

Y ninguno somos capaces de detenerla porque...

—Nunca hemos estado en condiciones de exigirnos nada —revela, y ese fue el cuchillo que se adentró a mi cabeza. —No somos nada. Tú y yo jamás seremos nada.

—Y yo que creía que serías capaz de hacerlo todo por mí -admito desenfrenadamente.

Cuando realmente sí me lo pide lo que tanto quiero...

—¡Vete, Cristopher! —dictamina y...

¡Me refugié en su pecho! ¡Cerré nuevamente mis ojos por completo!

¡Me aprieta en contra de su cuerpo!

Y fueron los fuertes relámpagos que me hicieron sostenerme en su persona a pesar de que se ha abierto una herida sin remedio alguno entre él y... yo.

¡Sentí un respingo de forma voluntaria de su parte!

Es oscuridad... Es un bosque tan siniestro que veo estando en su pecho, mientras que sus pulmones desean tomar aire para poder seguir respirando.

««No creo que le duela que lo deje. No creo que se mate lentamente si no me tiene.»», y añoro definir qué es lo que siento estando entre sus brazos.

Su pulso se intensifica. Es intenso el cómo acuna mi cabeza cuando sus dedos se enroscan en mi cabello.

Son los rayos de la luna que hacen que esto sea tan... maquiavélico.

Nuestras respiraciones indefensas, sin estabilidad.

El primer acercamiento sin siquiera darnos un jodido bes...

¡El cableado eléctrico del pueblo prendiéndose en fuego por completo!

Las lágrimas recorren mi rostro. La lluvia me moja la piel cuando ahora quiero que se vuelvan esas gotas en fuego, esas llamas calurosas que tanto habla Dios que condena a las almas por ser pecadores e incrédulas.

—Qué has hecho? —gimoteo. —¿Por qué la has cagado?

Emitía unos quejidos roncos donde resoplaba como para aguantar...

—Quería tú amistad  —afirmo con espasmos en los ojos.

Se supone que el primer acercamiento debe ser... lindo.

Y esto...

Todo esto es siniestro.

—Sólo... sólo —su voz se agrava. Toma una bocanada de aire débilmente. —Sólo te doy la oportunidad de suplicarme una cosa

Me lo pide sin siquiera decir mi nombre.

Se queja en mi oído tan bajito nuevamente. Su aire frío expulsado de su boca eriza el lóbulo de mi oreja.

Se quedará grabado el cómo el tacto de su piel responde a la mía.

E intenta... E intenta...

—Dame la oportunidad de dejar todo atrás, sabiendo que está mal lo que soy —inhala y exhala como si estuviera asfixiándose. —Suplícamelo, por favor. Súplicame ser mejor para que alguien pueda sentir algo debido hacia mí.

Por unos minutos, los profundos suspiros de Eifrick se hicieron continuos zumbidos en mi mente.

Se ha vuelto mis pensamientos en blancos. Mis mejillas se han grabado el olor del chico impregnado en su suéter.

¡Me aparto de su pecho!

Mis manos se posan en mis hombros luego de haberme cruzado de brazos para abrazarme, luego de que me haya recostado en su pecho y que.

Eso no era lo que realmente se necesitaba.

En mi garganta se siente las notas de su perfume, las de nicotinas incluso.

Ese sabor me lo trago bajando lentamente por mi cuello para alimentarme de su esencia, anhelando que algún día se derrumbe delante de mí, pidiéndome lo que yo realmente necesito ahora... lo que sí se debería decir para remendar sus acciones, así me duela verlo de esa manera.

Hago el sacrificio. Hago lo que él tanto ha querido desde que decidí callarme y verlo como si lo fuera a perder hoy, mañana y para siempre.

Y rompo el silencio.

Rompo este jodido silencio.

Mirándolo, fijándome en sus pupilas dilatadas, en su ceño húmedo y sus nudillos enrojecidos por haberme apuñalado con el arma blanca que se mantuvo oculta entre nuestros momentos equivocadamente juntos..., se lo dije sin abandonar mis fuerzas de seguir.

—Eso tenías que pedírmelo antes de aferrarme —solté dando tres pasos hacia atrás y sintiéndolo por última vez cerca de mí.

Me desaparecí. Me perdí entre la bullicio de las gotas adentrándose una a una a mis oídos.

Me he perdido bajo la lluvia.

Sin él.