Un verano en la prefectura

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Sinopsis

Si la libertad nos ha traído hasta aquí, entonces no nos merecemos ser libres. En la España de 2031, las prefecturas han sustituido a las comunidades, eliminando cualquier rastro de autogobierno. Sigue a Pau y a su familia durante un verano completo bajo el yugo de la prefectura de cataluña, en este relato crudo de realismo sucio, donde la vida cotidiana de un joven obligado a desgastar su cuerpo y su voz en una fábrica se entrelaza con una sociedad que se ahoga entre jornadas laborales inhumanas, la paranoia de la censura y el fuego cruzado del extremismo político y de atentados terroristas. Esta es una crónica distópica, trágica y opresiva, en formato ONESHOT, sobre cómo un verano puede arrebatarle a toda una sociedad su derecho a gritar.

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1- Empieza el verano

En algún lugar del este de España, en la comunidad autónoma de Cataluña, año 2031.

Me llamo Pau y tengo diecinueve años. La mayoría de mis amigos empezarán la universidad cuando termine el verano, esta vez no me uniré a ellos. Para ser franco, nunca se me ha dado bien estudiar, me paso horas y horas encerrado en mi cuarto, tratando de comprender lo que se me pide, pero mis resultados solo empeoran con cada examen que pasa.

Mi única motivación es hacer feliz a mis padres, ambos quieren que haga las cosas de la mejor manera posible, y no quiero decepcionarlos. Pero cada vez es más difícil, la escuela me tiene como un hombre amenazado en un callejón sin salida, espada contra la garganta, cada año que pasa, me aprieta más el cuello, y si sigo así, no voy a tener garganta con la que gritar.

Aún así, me he sacado el bachillerato, pero no creo que pueda sobrevivir en la universidad, además, no se que quiero hacer aún con mi vida, y no me apetece perder el tiempo probando carreras, así que, tras discutirlo con mis padres, me han dejado tomarme un año de relax, hasta que me decida, con la condición de que trabaje en verano. Sinceramente, no me esperaba que me ofrecieran siquiera la opción de no ir, tanto mi padre como mi madre son muy tradicionales. Pero algo me dice, que actualmente ellos prefieren que trabaje a que pierda el tiempo y este un año o dos fracasando, esta excepción a la regla probablemente se deba a las condiciones en las que vivimos actualmente en España, mi país.

Hace cinco meses, en Barcelona, el 24 de enero de 2031.

“Interrumpimos la transmisión para informarles de noticias de última hora y de gran relevancia, una banda terrorista que se hace llamar GDC, siglas de “Grup d’Alliberació catalana”, ha cometido un atentado que se ha llevado consigo a cincuenta y cinco personas, cerca de la sagrada familia.”

—¡EH, pero y esto! —Exclamó mi madre, mientras escuchaba la tele de reojo.

—¡Ay cojones! Jan ven corre ¡ven a ver esto! —Añadió poco después.

—¿Qué pasó mujer, que haces gritando como si hubiese muerto alguien?— dijo mi padre, pensando que mi madre estaba exagerando.

—¡Pues sí que ha muerto alguien anormal, mira la tele! —Exclamó mi madre ofendida.

—Oh joder, lo que faltaba, ¡Sabía que traer de vuelta a esa panda de indepes era una mala idea, lo sabía! ¡Los han soltado solo dos meses y ya estamos quemando las calles de nuevo!, Si es que no aprenderemos... —Se quejaba mi padre.

Tras el atentado, el presidente dimitió, al cabo de unos días.

—¡Pues menos mal! Al menos tiene la dignidad de irse, toda esta desgracia es culpa suya, mira que conceder la amnistía a estos perros políticos rabiosos, en qué cabeza cabe... —Se quejaba mi padre, mientras veía la televisión.

—¿Y ahora qué, Jan?, ¿habrá elecciones? —preguntó mi Madre.

—Pues supongo que si, ni idea Laia —Mi padre estaba visiblemente enfadado, se levantó del sillón y apagó la tele, y se fue a su cuarto.

Y así fue, hubo elecciones, se presentaron los típicos partidos de turno, con la excepción de uno, un partido nuevo que llamó muchísimo la atención.

—Oye Laia, ¿has visto esto? No me paran de aparecer publicaciones de este partido, ¿Es nuevo?, no lo había visto antes —Dijo mi padre mientras le enseñaba el móvil a mi madre, la cual se encontraba haciendo la comida.

—¿Los del prefecto?, VP o como se hagan llamar, ¿Te refieres a esos? —Respondió mi madre, sin siquiera mirar el móvil.

—Si, ellos, ¿cómo lo supiste sin siquiera prestar atención?

—Es imposible entrar a cualquier lado sin ver una publicación de ellos Jan.—Respondió mi madre.

VP, siglas de “Votantes del Prefecto”, era el partido del que mis padres y media España hablaban, su ideología era clara: “si la libertad nos ha traído hasta aquí, entonces no nos merecemos ser libres”. Eran extremistas, se presentaban a sí mismos como una respuesta clara y directa a GDC en Cataluña y al desorden en el resto del país.

El día de las elecciones, en casa todos estábamos pendientes a lo que decían por la tele.

—Se dice por mi trabajo que ganará VP. —Mencionó mi madre

—Si ganan, probablemente desaparezcan algunas personas de la noche a la mañana en mi trabajo jajaja. —Respondió mi padre, bromeando, mientras se tomaba una cerveza.

—Me hace gracia, unos socialistas que se presentan a sí mismos como extremistas, solo se que la izquierda del 2020 está gritando de dolor, desde el más allá. —Añadió mi madre.

—Primer partido de izquierda al que le quiero votar honestamente jajaja. —Dijo mi padre trás un rato de silencio.

—¿Qué? Pero pa si están contando los votos ahora ¿A qué te refieres con que les quieres votar?

—Enserio Jan, ¿no has ido a votar? —Añadió mi madre

—Mira, si mis compañeros en el curro se enteran de a quién he votado, y lo harán, no me pregunteis como, probablemente me maten. —Respondió mi padre tras volverle a dar otro sorbo a su caña.

Nos quedamos mirándole en silencio un rato, hasta que decidió añadir:

—Vamos a ver, estos tíos, los de VP creen que darle autonomía a las regiones de España es como no poner límites a un niño de cuatro años, y por eso mismo, quieren quitar las comunidades autónomas. Creeis que eso va a sentar bien en Cataluña, donde hay un grupo grande de parguelas que quieren la independencia? Claro que no, si se enteran, me despedirán, así que prefiero no ir a votar.

—¿Ah sí?, jope, pues yo pensaba que los de tu trabajo estarían con VP, considerando la labor que hacéis...—Le dije a mi padre.

—Jaaa, mira, en mi trabajo hay más indepes que hombres, no somos héroes.

—¿Entonces los indepes no son hombres? —Le respondí a mi padre

—Son personas con la cabeza comida por un falso nacionalismo, hijo. Todos somos españoles, les guste o no.

—Bueno a ver Pau, en realidad tiene sentido, por aquí no creo que te encuentres mucho votante a VP, pero parece que por el resto de España, VP está calando bastante fuerte, eh. —Añadió mi madre.

Y tenía razón, la narrativa de VP, tras el atentado en Cataluña, empezó a calar más y más.

—Pues es normal Laia, sí consiguieron forzar al presidente a traer de vuelta a la panda de subnormales esos de vuelta, que solo quieren poder para separarnos aún más, imagínate lo que pueden hacer. Si es que al final tienen razón. — Respondió mi padre.

—Ya, ya, lo sé Jan, no te frustres anda, si ganan eso seguro que se termina, así que puedes estar tranquilo. — Respondió mi madre.

— No se yo, tampoco creo que VP sea la respuesta definitiva a nuestros problemas, si ganan pues bien, pero no los quiero ahí gobernando por más de cuatro años, no confio ya en ningún puto politico en este país. — Respondió mi padre.

— Todo saldrá bien, relájate anda que estás alterado. — dijo mi madre.

— Si... todo esto me supera. — dijo mi padre en voz bajita.

No pude evitar recordar trás ver a mi padre así durante días, que la política influía bastante en su trabajo, así que era normal verlo estresado cuando la situación se calentaba.

—Puf, bueno... Todavía quedan como cuatro horas para que den los resultados, cuando tal, me avisan, voy a salir un rato, a ver si los chicos se echan un fútbol.

— Ja... yo si pudiese haría lo mismo. — Respondió mi padre con una sonrisa que transmitía más tristeza que felicidad. Estaba claro que mi padre estaba harto de la política en Cataluña.

Bajé las escaleras y me fuí a la tiendita de al lado para comprar la merienda, y me pasé toda la tarde en el parque jugando fútbol con unos chavales que ya estaban allí, ya que mis amigos no daban señal de vida. Cuando volví, horas más tarde, vi a mi madre medio exaltada, se asomo desde la cocina al pasillo y me gritó:

—¡No te lo vas a creer! VP arrasó en las elecciones, ¡ mayoría absoluta! –exclamó mi madre.

—Primera vez que pasa esto en España desde 2011. —añadió mi Padre, desde su cuarto.

—¿¡Enserio!?, ¿entonces van a hacer lo que dijeron?, ¿Van a eliminar las autonomías?, eso por aquí no va a sentar muy bien eh.

—Eso parece, pero bueno, ya veremos como acaba, es muy tarde ya, vamos a cenar, que tu padre trabaja mañana. —dijo mi madre

Y así fue, lo primero que hicieron trás ganar, fue intentar reescribir la constitución, el proceso para hacerlo es muy complejo, lo voy a omitir, pero al final lo consiguieron. El 29 de mayo de 2031, una nueva constitución nació en España, y con ella, se eliminó por completo cualquier traza de autonomía, las regiones autónomas que conformaron una vez a España, pasaron a ser prefecturas.

De vuelta al presente, estamos en junio y ya empieza a hacer bastante calor. VP ha estado en el poder por unos cuantos meses, y por el momento, ni tan mal, no he notado ningún cambio importante, bueno... el más obvio si, las prefecturas, pero no me disgustan por el momento, desde que existen todo se siente más... ordenado, es complicado de expresar. Ahora que me fijo, muy probablemente os estéis preguntando ciertas cosas como por ejemplo... ¿Qué cojones es una prefectura, Pau? Vale, mirad, no es que sea un genio, pero me gusta la política, así que esto si que os lo puedo explicar. Si España antes tenía comunidades autónomas, ahora tenemos comunidades NO autónomas, las prefecturas son divisiones territoriales que crea el gobierno central, el gobierno pone a dedo, personas al mando en dichas prefecturas, así que básicamente, ellos controlan todo, desde arriba, hasta abajo, no hay autogobierno.

Al principio, eso sonaba un poco... dictatorial, yo mismo le tuve que preguntar a mi padre si ese era el caso, para solventar mis dudas.

—Papá, una duda, ahora que vivimos en prefecturas, ¿Acaso España se ha convertido en una dictadura?, ya que como no podemos elegir a nuestros gobernantes...

—No es una dictadura, es una democracia que tiene mucho control sobre su gente, todavía podemos votar al partido que queremos que esté al mando de todas las prefecturas en Madrid, así es cómo nos gobernamos ahora, todavía tenemos el control asi que no, no es una dictadura.—Me explicó mi padre

—Ah, ya, bueno, sigo pensando que aún así, esto no va a sentar bien por aquí... —añadí a la explicación de mi padre.

—Lo sé... —Me respondió mi padre, mientras se terminaba su desayuno.

Aunque nuestro día a día no ha cambiado mucho desde las elecciones, GDC se ha radicalizado bastante desde que el sistema de prefecturas entró en vigor, y en respuesta, VP cada vez arresta más ciudadanos acusados de involucrarse con ellos. Leer las noticias o ver el telediario se ha convertido en un sinónimo de depresión, por lo que intento informarme únicamente cuando ocurre algo muy grave.

Incluso con el GDC y el VP haciendo de las suyas, yo tengo que trabajar, mis padres no poseen grandes fortunas, y como ya dije antes ellos muy probablemente prefieren que trabaje en estos momentos difíciles y que contribuya a la familia a perder el tiempo estudiando algo que ni siquiera me gusta. Les prometí empezar a currar en verano, y ya estamos en Junio, así que toca apretarse el cinturón. Pedí trabajo en una fábrica de maquinaría industrial, en los extrarradios de mi ciudad, pagan bien, pero la caminata para llegar es dolorosa. Añadiendo sal a la herida, la fábrica está encima de una colina, subirla a pie ahora en verano va a ser una tarea algo sudorosa, pero es lo que hay, todo sea por mis padres.

Todos los días, a las 6:30 am, me despierto, me preparo el desayuno, me visto, bajo las escaleras hasta llegar a pie de calle. El sol todavía está mostrando sus primeros mechones anaranjados que tiñen la atmósfera de un sutil rosado y comienzo mi aventura hasta llegar a la fábrica. Que dramático ha sonado todo eso, ¿no es así?, bueno pues he pensado que romantizar el ir a trabajar puede llegar a ser una buena idea, así quizás veo la situación con mejores ojos, ya que por si fuese por mi, yo estaría en casa durmiendo toda la mañana.

Algo que me resulta imposible de romantizar, es la subida a la fábrica. Cuando llegas a la colina, te das cuenta que no tiene mucha pendiente, y por tanto, no debería ser muy difícil llegar a la cima siguiendo la pequeña carretera que conecta la fábrica con la vía principal a los extrarradios. Pero mi cuerpo aún no se acostumbra a este calor. No ayuda ver a trabajadores subir en coche, mientras yo subía caminando, me desmoraliza bastante. A mitad de camino, la colina se aplana momentáneamente, hay unos contenedores de basura colocados cerca de una reja y el típico espejo de tráfico, aunque la zona no es muy bonita, la vista a lo lejos sí que lo es, puedo ver toda la ciudad desde aquí. Ya casi en la cima, el camino sí que se pone bastante bonito, hay unas flores con pétalos naranjas puntiagudos, que la verdad no había visto nunca. Cuando por fin llegué a la fábrica, me impresionó lo grande que era, me imaginaba algo mucho más... ¿Sucio?, ¿Pequeño?, la verdad que no se como describirlo, pero me sorprendí al ver lo grande que era la instalación. Eso sí, no estaba pintada, era cemento puro, de color beige, con algunas lineas rojas pintadas, me recordaba al garaje del edificio donde vivo.

En la fábrica, yo trabajo como Peón de taller, básicamente soy un ayudante, hago el trabajo sucio. No tengo cualificaciones técnicas así que este es el único trabajo que puedo realizar, sin embargo es un trabajo que te agota bastante, ya que estas constantemente moviendo cosas pesadas, o sujetandolas por tiempos prolongados para que soldadores u otros trabajadores realicen sus funciones... forzando la voz gritando instrucciones... de nuevo, todo sea por mis padres.

Un día, en mi caminata matutina a la fábrica, cerca de los extrarradios, me fije que detrás mía había una pareja caminando, no pense mucho de ello, sin embargo conforme me acercaba a la fábrica, ellos seguían detrás mía, cuando empecé a subir la colina, ellos seguían detrás mía. Estaba completamente seguro de que trabajaban en mi misma fábrica, y pues viendo que tomaban mi misma ruta, pensé que era la oportunidad perfecta de hacer algunos amigos. Así me podían acompañar todas las mañanas y entonces todo sería más llevadero. Así que antes de entrar, apoyé mi pié en la valla que recubre las instalaciones por fuera, fingí atarme los cordones, y cuando pasaron cerca de la entrada, me giré y les hablé.

—¡Eh!, em hola, eh, os vi caminar hacía aquí, em, ¿Vivis en los extrarradios?

La chica miró al chico que la acompañaba, muy confundida.

—Si, hola, eh... ¿Te conocemos?

—Ah, em... no, curiosidad nada más, os vi caminar hacia aquí y pues... yo hago la misma ruta, no me esperaba encontrar a trabajadores sufriendo mi misma tortura jajaja— Me reí de manera nerviosa.