Escrito Al Natural

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Una mañana cómo cualquier otra, apenas mantengo los ojos abiertos, mis manos se aferran a mi única taza de café matutina y arrastro los pies al caminar, incluso al subir las escaleras del negocio. Llego tarde al trabajo, cómo ya se me había vuelto costumbre, pero había algo diferente: a pesar de la hora, parece que llegué antes que todos. Di un par de vueltas buscando a mis compañeros, encontré sus desayunos, celulares y demás pertenencias, pero aún no veía a nadie solo hojas tiradas por aquí y por allá. Pensando que era una broma de mal gusto fue entonces cuando me asomé por la ventana. Las calles estaban vacías, los autos parados en seco, con los motores aún en marcha en algunos, cómo si el tiempo se hubiera detenido. Bajé corriendo las escaleras hacia la calle. El mísero café que me tomé no me despertó, pensé mientras bajaba las escaleras con rapidez. No me daba cuenta de cómo la vegetación estaba creciendo repentinamente en el edificio que, hace apenas unos minutos, estaba completamente apoderado por unos tonos grises y tristes. Cuando llegué a las calles fue que noté las raíces que brotaban desde el suelo, quebrando la acera o el pavimento, y que crecían sutilmente alrededor de las ruedas de los vehículos abriéndose paso hasta el interior del mismo, las raíces crecían alrededor de todo lo que me rodeaba.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
NoahDreams
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Eden

Cinco de mayo del 2026, el trabajo de mis sueños se ha vuelto monótono, me faltan creatividad y motivación, y para colmo me ataca la soledad. Ya he pensado varias veces en renunciar o hacer que me despidan, pero... ¿adónde iría?

Una mañana cómo cualquier otra, apenas mantengo los ojos abiertos, mis manos se aferran a mi única taza de café matutina y arrastro los pies al caminar, incluso al subir las escaleras del negocio. Llego tarde al trabajo, cómo ya se me había vuelto costumbre, pero había algo diferente: a pesar de la hora, parece que llegué antes que todos.

Di un par de vueltas buscando a mis compañeros, encontré sus desayunos, celulares y demás pertenencias, pero aún no veía a nadie solo hojas tiradas por aquí y por allá. Pensando que era una broma de mal gusto fue entonces cuando me asomé por la ventana. Las calles estaban vacías, los autos parados en seco, con los motores aún en marcha en algunos, cómo si el tiempo se hubiera detenido.

Bajé corriendo las escaleras hacia la calle. El mísero café que me tomé no me despertó, pensé mientras bajaba las escaleras con rapidez. No me daba cuenta de cómo la vegetación estaba creciendo repentinamente en el edificio que, hace apenas unos minutos, estaba completamente apoderado por unos tonos grises y tristes. Cuando llegué a las calles fue que noté las raíces que brotaban desde el suelo, quebrando la acera o el pavimento, y que crecían sutilmente alrededor de las ruedas de los vehículos abriéndose paso hasta el interior del mismo, las raíces crecían alrededor de todo lo que me rodeaba.

Quedé en shock al ver las plantas creciendo a un ritmo tan antinatural, pues al girarme y ver las escaleras por las que había bajado antes, blancas y austeras, ahora estaban cubiertas por un abundante pasto, varios arbustos e incluso ramas de árboles con hojas frondosas. Sigo soñando, seguro que sí, fue lo que pensé, y vaya que me equivoqué. Sentí un pellizco en mi pierna, pero no era un pellizco, sino que una raíz me había tomado de la pierna repentinamente y sin previo aviso se tensó tirando de mí por el suelo.

El dolor de la caída me notificó que no estaba soñando, pero ¿Cómo podía creerlo? La sensación del suelo de concreto debajo de mí duró tan poco cómo la caída, el suelo fue reemplazado por un suave y frondoso pasto que crecía furtivamente por todos lados, con todo tipo de vegetación. La ciudad parecía llevar décadas sin vida humana.

Estuve un rato forcejeando con la raíz, que me soltó y apenas reconocí la intersección en la que estaba. Para este punto, los autos tomados por la maleza y demás plantas ya no se diferenciaban del paisaje, repleto de una frondosa y vigorizante vida vegetal que tomaba incluso los semáforos. ¿Así es cómo iba a ser el fin del mundo?, me pregunté con más calma de lo que me gustaría admitir.

Respiré hondo el olor a pasto fresco, aire fresco, flores frescas... Esa calma, en ese momento, me llenó de una soledad embriagadora. Sabía perfectamente que no estaba soñando y que esto era tan real cómo yo. Me tomé un momento para estirarme antes de levantarme.

Comencé a caminar sin rumbo aparente, sin saber que la flora, el pasto y los colores de las flores me estaban guiando por las calles, no lo note en el momento, pero los colores eran cada vez más vibrantes mientras me acercaba a donde estoy ahora.

Las calles pintadas de diferentes tonos de verde bajo el sol suave de la mañana. Caminar se sentía relajante, a pesar de tener frente a mí la idea de que toda la humanidad se había reducido a mí. Con todo el mundo desaparecido y la naturaleza tomando el control tan abruptamente, no me resultaba difícil imaginar que hasta aquí había llegado la historia de la humanidad: la gran extinción.

En lugar de pensar en todo eso, decidí quitarme el calzado. Sentir la vegetación bajo mis pies daba miedo. ¿en qué momento dejara de crecer la vegetación?, me pregunte en cuanto sentí el pasto que se había hecho paso por el asfalto ya cubierto verde bajo mis pies, y era honestamente algo incómodo... Pero tuve un presentimiento: si todos desaparecieron menos yo, tal vez yo sea especial... o solo fui la excepción.

No tardé en adaptarme al terreno y las plantas, volviéndose rápidamente algo placentero, algo natural. Mientras caminaba, ocupaba mi mente con la vista de estos túneles naturales de árboles, la cálida luz natural que atravesaba las hojas y acariciaba mi rostro. No quiero que suene cómo si no me importara, pero no estaba pensando mucho en las personas desaparecidas. Mi vida ya se estaba ahogando en una sensación de soledad; me había distanciado de mis padres, no socializaba y no tuve ni siquiera una amistad significativa... Casi que me alegraba de que las cosas acabaran así.

Aunque morir... Sabía que algún día pasaría, pero no que sería por no adaptarme a la naturaleza. ¿Cómo podría sobrevivir ahora?. Tal vez era de los pocos pensamientos que realmente me preocupaban. Tendría que aceptar que moriría lentamente por no comer o beber... Quizás podría morderme la lengua o algo así. ¿Pero cuándo? Poco a poco, estas dudas y pensamientos fatalistas iban ganando terreno en mi mente, y la ansiedad se volvió algo palpable en poco tiempo. Fue entonces cuando la vi.

Una Macintosh sobre un escritorio con café, agua y un par de disquetes, e incluso una silla de oficina. Verla fue tan desconcertante que olvide lo que estaba pensando.

La curiosidad me ganó y no perdí el tiempo en acercarme, tomar asiento y, al mirarla, me fijé que, de hecho, había una maceta con una pequeña planta. Bueno, no basta con las de alrededor, ¿no?, dije al notarla y reír. Me quedé un buen rato sin hacer nada, solo estando ahí mirando la máquina, las plantas, el cielo, hasta que me dio por intentar encender la máquina.

Para mi sorpresa, encendió. Honestamente, me asusté, pues, ¿Cómo era posible qué encendiera si no estaba enchufada a nada? Para cuando me di cuenta, ya había iniciado alguna especie de bloc de notas, algo en lo que podía escribir, levante la mirada a mis alrededores, la inquietud volvía y la sentía subir por mi pecho, decidí ponerme a escribir para distraerme.

Es así cómo ahora me encuentro frente a esta máquina escribiendo lo que supongo son mis últimas palabras y... tú que estás leyendo, yo seguramente en estos momentos seré un esqueleto en una silla de oficina frente a una máquina de 1984 en medio de una calle tomada por la naturaleza...

Así fueron mis últimos momentos en el Edén.

Siguiente Capítulo