La Llama del Origen - Tiān Guāng (天光)

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Sinopsis

«Entre los tres mundos aún flota una chispa capaz de devolver la luz... o reducirlo todo a cenizas.» Hace milenios, la Llama del Origen mantuvo en equilibrio al Cielo, la Tierra y el Abismo, hasta que los dioses caídos intentaron apoderarse de ella y quebraron ese orden, desatando la Guerra del Alba Rota. Hoy, aquellos nombres sobreviven apenas como leyendas... mientras la llama renace, oculta en el pecho de un muchacho que todavía no lo sabe. Yán Huǒ nació bajo un linaje perseguido, sin memoria de la noche en que perdió a sus padres ni del fuego que late en su alma. Lán Fèng, heredero del misterioso Clan Língjiàn, carga una sangre que los clanes temen, alas que aún no puede mostrar... y un juramento silencioso que lo ata a ese mismo fuego. Cuando una raíz oscura comienza a devorar la vitalidad de las aldeas, los caminos de ambos vuelven a cruzarse: él, con su sonrisa luminosa y un poder que teme despertar; el otro, con la espada que canta entre las sombras y el aroma que Yán Huǒ jamás pudo olvidar. Entre asambleas de clanes que odian a los Yāo, bibliotecas selladas por símbolos prohibidos y un cielo que parece detenerse solo para ellos, los dos jóvenes descubren que: - Un dios caído jamás fue realmente derrotado; solo espera. - Hay profecías que hablan de renacer a través del abismo. - Y que la llama no responde a la fuerza... sino al corazón. Porque el amor -como el fuego- puede iluminar o consumir, y a veces ambas cosas a la vez. Magia antigua, conspiraciones celestiales y un lazo que desafía reinos enteros se entrelazan en esta saga xianxia/danmei, donde la confianza se forja al filo de espadas espirituales, y cada promesa se paga con luz... o con sangre. «Si el aroma persiste, la ausencia es mentira.»

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
Brisatalis
Estado:
En proceso
Capítulos:
6
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Preludio: Canto de los Tres Mundos

En los albores del tiempo —cuando los dioses aún descendían sobre la tierra y las estrellas dictaban oráculos de fuego— existía una llama incorruptible, forjada en el corazón primigenio de la creación.

Quien osara abrazar su fulgor podría unir... o fracturar... los cimientos mismos de la existencia.

Los antiguos la llamaron Tiān Guāng (天光): La Llama del Origen.

Tres reinos contemplaban su resplandor:

— Tiān Jiè (天界), el Reino Celestial, morada de los dioses, donde los himnos sostenían el cielo indiviso. — Shì Jiè (世界), el Mundo de los Hombres, donde los mortales ofrecían plegarias a cambio de un eco de divinidad. — Duòluò Zhī Dì (堕落之地), los Abismos Dormidos, profundidades selladas bajo la corteza del mundo, hogar de fuerzas prohibidas y dioses caídos.

Más allá, tras portales cerrados y sendas vedadas, se alzaba un reino temido: Língyuān (灵渊), los Territorios Extraños.

Allí habitaban antiguas deidades y espíritus —los Yāo (妖)—, seres cambiantes, marginados por decreto divino.

Sellados y apartados de la creación, su existencia era mito para la mayoría... aunque una vieja profecía susurraba que un día volverían a caminar sobre Shì Jiè.

Pero la Llama no podía ser poseída: elegía por sí misma al corazón digno, a la esencia capaz de sostener su fuego sin desmoronarse.

Así, durante eras, profetas y monarcas levantaron ejércitos para hallarla.

Sembraron tormentas y abrieron cicatrices en la tierra... solo para cosechar cenizas.

Entre pergaminos quebradizos y voces que ya no recuerdan su lengua, sobrevive un canto velado:

Cuando el cielo se parta en dos,y el sol duerma bajo un velo carmesí,renacerá en fuego azul aquel que porta la llama olvidada.Su despertar anunciará días de luz… y noches de sangre.

El firmamento tiembla, y las estrellas parecen contener el aliento de un presagio antiguo.

Los Tres Mundos aguardan —conteniendo el aliento— la chispa que habrá de encender su destino.

—焱—

Y entre ruinas cubiertas de hollín, una pluma manchada de luz escribe...

Nota del cronista

Los antiguos escribas, cegados por su propio decreto divino, negaron a Língyuān el rango de reino; por eso el canto menciona solo tres mundos. No obstante, algunos códices tardíos añaden un cuarto verso en honor a la tierra de los Yāo.

Fragmento de los escritos de Mò Jìyuān (墨寂渊), erudito de los Sellos Perdidos.