Cámbiame o ámame (GL)

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

¿Se puede amar lo roto... o primero hay que arreglarlo? Dos chicas con pasados dolorosos , pero mentalidades opuestas se cruzan gracias al destino. Mientras una lucha desesperadamente por mantenerse a flote, la otra parece haberse acostumbrado a hundirse en sus propios fantasmas. Cuando sus caminos se encuentren de lleno, ¿podrá Danna, con su instinto de sobrevivir, ser un flotador para Lior, o el dolor de Lior arrastrará también a Danna hasta el fondo? ¿Cambiarán para adaptarse la una a la otra, o se amarán tal como son, pese a todo el dolor que eso pueda implicar? Todos los derechos reservados©️

Genero:
Romance
Autor/a:
NIFA
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

11:00 a. m. —Casa de alguien.

El sonido incesante de un reloj, el suave aroma a lavanda y el calor de otra persona me despiertan.

Mis ojos se abren lentamente, intentando recordar en qué maldito lugar me encontraba. A mi izquierda, una chica de cabello azul duerme plácidamente, con sus delgados brazos enredados alrededor de mi torso desnudo.

Uno de ellos reposa sobre mi, sujetando con suavidad mi pecho izquierdo, mientras que el otro se cuela bajo mi cuello, sirviéndome de almohada. Una posición demasiado romántica para mi gusto.

—¿Quién diablos es esta...? —murmuro en voz baja, observando su cara algo desorientada.

Nuestros rostros están tan cerca que su suave respiración choca con la mía.

Me quedo algunos minutos contemplando a aquella desconocida, con la mente completamente en blanco. Luego me incorporo y sacudo la cabeza un par de veces, intentando recuperar la conciencia, tratando de ubicarme en el lugar.

Era un cuarto de hotel.

Sin hacer ruido, me levanto de la cama y con lentitud me dirijo a lo que parece ser un baño.

Frente al lavamanos, abro el grifo y comienzo a echarme agua fría en la cara. Al alzar la vista, el reflejo del espejo me devuelve la evidencia de la noche anterior: chupetones, rasguños y marcas rojas que cubren mi cuerpo.

—Parece que me divertí bastante —comento, sujetándome la cabeza, que no deja de darme vueltas. —Argh... Maldita sea, no vuelvo a beber nunca más.

Al terminar de lavarme la cara, regreso a la habitación. Recojo mis cosas y comienzo a vestirme torpemente. La peliazul sigue dormida, ahora con una mano descansando sobre su propio pecho. A nuestro alrededor, desperdigados por el suelo, hay varios juguetes que supongo usamos durante la noche.

Le lanzo una última mirada antes de dirigirme hacia la salida. Pero justo antes de abrir la puerta, algo amarillo atrapa mi atención, una maceta, colocada con demasiado cuidado sobre una mesa de madera, rebosante de narcisos. Durante un segundo, la sangre se me congela.

—...

Y por un instante, los ruidos que envuelven el ambiente a mi alrededor se detienen.

—Maldita sea... —susurro, y sin pensarlo dos veces, abandono aquella habitación.

Fin...