𝑨𝑹𝑺𝑶𝑵 𝐸𝑙 𝑓𝑢𝑒𝑔𝑜 𝑞𝑢𝑒𝑚𝑎 𝑎 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑖𝑒𝑛𝑑𝑒

Sinopsis

Humo de escenario, pirotecnia y el aroma a madera y cítricos de Jung Hoseok. Ese era el olor oficial de la rutina de TN tras un año entero de gira mundial. Compartieron hoteles de lujo, camerinos improvisados y tarimas por todo el planeta, moviéndose en el escenario como si compartieran el mismo sistema nervioso. Él es el ídolo brillante; ella, su ancla en la pista. Cualquiera diría que tienen una conexión inexplicable. Y tienen razón, pero no de la forma tierna que los fans imaginan. Debajo de las luces y el aplauso de las masas, ambos ocultan garras de acero y vidas privadas marcadas por la clandestinidad y los secretos bien guardados. Una fría determinación los mantiene a salvo en su burbuja profesional... hasta que la obsesión y los celos entran al estudio de baile. La línea de tiza que los separaba se está desdibujando. Los ensayos se vuelven batallas de miradas oscuras, los roces en la coreografía queman más que la pirotecnia y la tensión sexual se vuelve tan densa que amenaza con destruir el edificio entero. Bienvenidos al juego donde el control es una ilusión y el sol de la industria está a punto de prenderle fuego a todo.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

La vibración del bajo todavía retumbaba en las suelas de sus botas cuando las luces del escenario finalmente se apagaron, sumiendo al gigantesco estadio en una penumbra azulada. El rugido de cincuenta mil personas se transformó en un zumbido sordo dentro de los oídos de TN, un eco distorsionado por la adrenalina y el sudor que le empapaba la nuca. Tenía los pulmones en llamas. Cada respiración profunda le sabía a humo de escenario, a pirotecnia y al perfume caro que Jung Hoseok se aplicaba antes de salir a escena; una fragancia a madera y cítricos que, tras un año entero de gira mundial, se había convertido en el olor oficial de su rutina.

A su lado, la silueta del rapero aún se recortaba contra el resplandor de las pantallas LED que comenzaban a apagarse. Hoseok mantenía el pecho agitado, la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás mientras recuperaba el aire. Incluso en la oscuridad delbackstage, rodeado por el caos silencioso de los coordinadores con auriculares y los camarógrafos que bajaban los lentes, él brillaba con una luz propia. Era el último concierto del tour HOPE ON THE STAGE. Trescientos sesenta y cinco días cruzando zonas horarias, compartiendo hoteles de lujo, camerinos improvisados y tarimas de todo el mundo.

Hoseok se giró hacia ella. La luz de los pasillos técnicos iluminó su rostro: el cabello empapado pegado a la frente, las mejillas encendidas por el esfuerzo físico y esa sonrisa que el mundo entero adoraba. Una sonrisa que, para cualquiera, era el epítome de la calidez.Para TN, sin embargo, era una hermosa y brillante advertencia.

—Lo hiciste increíble, TN-ah —dijo él, su voz ronca por el esfuerzo y por haber rapeado durante dos horas seguidas.

Extendió la mano y, con una naturalidad que a cualquiera le habría parecido íntima, le dio un suave golpecito en el hombro, dejando que sus dedos rozaran la piel descubierta por el vestuario de gasa negra durante un segundo de más. Solo un segundo. El tiempo exacto para transmitir un agradecimiento genuino, pero lo suficientemente breve para que no significara nada.

—Tú tampoco estuviste mal, jefe —respondió ella con una media sonrisa, regulando su propia respiración—. Aunque en el último coro deNeuroncasi te comes el tiempo de la transición.

Hoseok soltó una carcajada limpia, con los ojos reducidos a dos líneas brillantes. Era en momentos como ese donde la famosa “conexión inexplicable” de la que el staff, losmánagersy los mismos fans hablaban se hacía evidente. No necesitaban mirarse para saber cuándo cambiar de posición; en el escenario, se movían como si compartieran el mismo sistema nervioso. Cuando Hoseok bailaba con ella, el perfeccionista obsesivo y estricto se relajaba. El chico que solía vigilar cada ángulo muerto en el espejo del estudio se dejaba llevar, confiandociegamente en que ella sostendría el peso de la coreografía. Había una paz extraña en su mirada cada vez que sus ojos se cruzaban en el centro de la pista, una comodidad absoluta que él no compartía con nadie más del equipo.

—Siempre tan estricta —bromeó él, dándole una última mirada antes de que su estilista principal lo abordara con una toalla y una botella de agua—. Ve a descansar. Nos vemos en la cena de celebración en el hotel. No te atrevas a faltar.

—Ahí estaré —No te preocupes.

TN dio un paso atrás, permitiendo que el séquito de Hoseok lo rodeara y lo arrastrara hacia su camerino privado. Lo vio alejarse mientras respondía con amabilidad a los halagos de los directores coreográficos. Jung Hoseok era un caballero. Era dulce, atento, el tipo de hombre que recordaba los cumpleaños de todo su equipo de baile y se aseguraba de que tuvieran las mejores condiciones de viaje. Nunca le había levantado la voz a nadie, y con ella era especialmente protector.

Pero TN no era tonta. Sabía leer los espacios en blanco. Había pasado un año entero observándolo desde la distancia perfecta que da ser su bailarina principal. Hoseok trazaba una línea invisible a su alrededor, una frontera de tiza que nadie, absolutamente nadie, cruzaba a menos que él lo permitiera. Detrás de esa fachada de sol radiante y amabilidad corporativa, había un hombre metódico que protegía su privacidad con garras de acero. TN había escuchado los rumores de los pasillos, los comentarios discretos del equipo de seguridad sobre las visitas nocturnas a ciertos clubes privados en Seúl o los hoteles de paso durante la gira americana. Hoseok no buscaba romances de cuento de hadas. No buscaba una compañera para hablar de la vida a las tres de la mañana. Buscaba sexo. Puro, directo, de alta calidad y sin contratos emocionales de por medio. Limpio. Sin consecuencias.

Y ella lo respetaba profundamente por eso, principalmente porque ella operaba bajo un sistema muy similar, aunque mucho más silencioso.

TN caminó hacia el camerino de las bailarinas, esquivando las cajas de carga y los cables que el equipo técnico ya empezaba a enrollar. Al entrar, el bullicio de sus compañeras celebrando el fin del tour la envolvió. Hubo aplausos, abrazos y descorche de champán. Ella se unió a las risas, se tomó un trago directo de un vaso de plástico y felicitó a todas. Cumplió con el protocolo social a la perfección.

Sin embargo, mientras se sentaba frente al espejo para quitarse las pestañas postizas, sus ojos se desviaron hacia la pantalla de su teléfono. Una notificación parpadeó en la pantalla bloqueada.

Desconocido: Suite 814. La puerta estará entornada. No tardes.

TN borró el mensaje de inmediato, memorizando el número de la habitación. No había nombre, no había un “te extraño”, no había rastro de afecto. Solo una coordenada. Una pequeña sonrisa, casi imperceptible, cruzó sus labios mientras comenzaba a limpiarse el maquillaje pesado con un disco de algodón. Mientras todo el mundo asumía que ella era la dedicada y pulcra bailarina principal que vivía únicamente para el arte, [TN] mantenía una red de aventuras secretas tan bien tejida que ni su mejor amiga en el equipo sospechaba nada. Le gustaba el peligro de la clandestinidad, la adrenalina de ser alguien completamente diferente entre las sábanas de un hotel extranjero con hombres que apenas conocía, o con conocidos que entendían las reglas del juego: discreción absoluta, placer mutuo y olvido inmediato al salir el sol.

La cena de celebración en el piso privado del hotel de cinco estrellas en Tokio era una mezcla de euforia y cansancio. Los productores brindaban, los ejecutivos de la empresa sonreían aliviados por los números de la gira y los bailarines devoraban el buffet de sushi y carneWagyu.

TNllevaba un vestido negro sencillo, de punto, que se adhería a su cuerpo tonificado por el baile, y el cabello recogido en una coleta alta y desordenada. Tenía una copa de vino tinto en la mano y conversaba con dos de los coreógrafos cuando sintió una presencia a su espalda. No necesitó girarse para saber quién era; el aroma a madera y cítricos lo delató antes de que hablara.

—Espero que no estés planeando irte temprano —dijo Hoseok, dándole un sorbo a su copa de champán. Se había cambiado la ropa de concierto por unos pantalones de sastre holgados y una camisa de seda entreabierta en el cuello. Se veía ridículamente atractivo, relajado pero impecable.

Los coreógrafos hicieron una reverencia rápida y, con la excusa de buscar más comida, se alejaron, dejándolos solos en la esquina del salón que daba a los enormes ventanales de cristal. Abajo, las luces de Tokio parecían un circuito integrado de oro y neón.

—Solo lo necesario para no parecer grosera, Hoseok—respondió ella, usando el honorífico a propósito para mantener el juego de distancias que a ambos les resultaba cómodo.

Hoseok arqueó una ceja, mirándola de reojo con una sonrisa ladeada.

—¿“Hoseok-“? Estamos fuera del horario laboral, TN. Creo que después de ver cómo me caía del escenario en Chicago y cómo me ayudaste a ponerme hielo en la rodilla, nos ganamos el derecho de dejar los formalismos.

—Las buenas costumbres no se pierden solo por un poco de hielo —replicó ella, sosteniéndole la mirada.

Había algo magnético en la forma en que Hoseok la miraba. No era una mirada de deseo evidente, sino de una curiosidad contenida.TNsabíaque él la encontraba atractiva; lo había notado en los ensayos, en la forma en que sus manos se demoraban en su cintura durante los giros, o cómo sus ojos escaneaban sus piernas cuando practicaban las rutinas en pantalones cortos. Pero Hoseok nunca daba el paso.Era demasiado inteligente para enredarse con la bailarina principal de su propio tour.Sabía que mezclar el trabajo con su particular estilo de vida podía arruinar la única zona de confort donde se sentía verdaderamente libre. Ella era su ancla en el escenario; arruinar eso por una noche de sexo habría sido un mal negocio, incluso para alguien tan pragmático como él.

—Tienes razón —admitió Hoseok, recostándose contra el marco de la ventana, quedando a escasos centímetros de ella. El calor de su cuerpo era perceptible—. Siempre mantienes la compostura. Es algo que admiro de ti. A veces siento que eres la única persona en este maldito edificio que no me mira como si fuera un producto de exhibición.

La confesión fue suave, casi un susurro que se perdió entre la música de fondo del salón. TN sintió una ligera punzada de empatía. Era esa conexión de la que todos hablaban. Cuando estaban así de cerca, Hoseok dejaba caer sutilmente el peso de ser “J-Hope”. Se mostraba cansado, humano, vulnerable de una manera que resultaba casi dolorosa.

—Es porque sé lo duro que trabajas detrás de cámaras —dijo TNcon sinceridad, bajando el tono de voz—. El producto es excelente, Hoseok, pero yo trabajo con el bailarín, no con elidol.

Hoseok la miró fijamente. Por un instante, el brillo divertido de sus ojos desapareció, reemplazado por una intensidad oscura, densa. Sus ojos bajaron a los labios de ella por una fracción de segundo, y TN juró que el aire entre los dos se volvió notablemente más pesado. La tensión era tan real que casi podía cortarse con un cuchillo. Si él daba un paso más, si ella cedía un milímetro...

Pero entonces, el mánager de Hoseok apareció de la nada, dándole una palmada en la espalda al artista y rompiendo el hechizo al instante.

—¡Hoseok! Los directores de la discográfica de Japón quieren hacer un brindis contigo antes de que se vayan. Ven un momento.

Hoseok parpadeó, y la máscara de amabilidad perfecta regresó a su rostro en menos de un parpadeo. Miró al mánager, luego a TN, y le dedicó una de sus sonrisas más dulces, esa que no cruzaba la línea de la cortesía profesional.

—Claro, voy enseguida —dijo el rapero. Luego, se inclinó ligeramente hacia TN—. Disfruta de lanoche,TN. Te mereces descansar. Nos vemos en Seúl la próxima semana para el cierre de contratos.

—Buen viaje de regreso, Hoseok —respondió ella, manteniendo la voz firme.

Lo vio alejarse, caminando con esa elegancia innata que poseía. Observó cómo saludaba a los ejecutivos con una reverencia, cómo reía de sus chistes y cómo volvía a ser el centro de atención del universo. Hoseok era un sol, pero si te acercabas demasiado, te quemaba. Y él se aseguraba de que nadie tuviera la oportunidad de prenderse fuego.

TNmiró la hora en su reloj. Doce y media de la noche.

Dejó la copa de vino casi intacta sobre una mesa auxiliar. Caminó con paso tranquilo hacia la salida del salón, asegurándose de despedirse solo de las personas necesarias para que nadie notara su ausencia como algo abrupto. Tomó el ascensor de servicio, subió tres pisos y caminó por el pasillo alfombrado del hotel, en un silencio absoluto que contrastaba con el ruido de la fiesta que acababa de dejar atrás.

Se detuvo frente a la puerta de la suite 814. Tal como prometía el mensaje, la puerta no estaba completamente cerrada; una rendija de luz dorada se escapaba del interior.

TN no lo dudó. Empujó la madera, entró y cerró la puerta a sus espaldas con un clic sutil que sepultó al resto del mundo exterior.

El hombre la esperaba sentado en el borde de la enorme camaking-size, de espaldas a la entrada, vistiendo solo un pantalón oscuro y con el torso desnudo. No era nadie del equipo de BTS, afortunadamente. Era un modelo local, un conocido de un viaje anterior a Tokio con el que mantenía una comunicación esporádica y estrictamente física. Al escuchar la puerta, él se giró, mostrando una sonrisa perezosa y una mirada cargada de intenciones claras.

—Llegas tarde —dijo él en un inglés fluido, poniéndose de pie.

—El trabajo se extendió —respondió, desabrochando la cremallera lateral de su vestido negro con movimientos pausados, dejando que la prenda cayera al suelo alfombrado, quedando solo en su lencería a juego.

No hubo preámbulos románticos, ni preguntas sobre cómo había estado el concierto, ni falsas promesas de verse al día siguiente. No lo necesitaban. El hombre la tomó por la cintura, atrayéndola hacia él con brusquedad, y TN se entregó al juego con una avidez nacida de la necesidad de escapar de sí misma. Se dejó besar, permitiendo que las manos de él recorrieran su espalda, buscando en ese contacto físico la desconexión total que su mente exigía tras meses de presión mediática y profesional.

Durante las siguientes dos horas, TN se borró del mapa. En los brazos de ese hombre, ella no era la bailarina principal de Jung Hoseok. No era la chica de la que todo el mundo hablaba por su química perfecta en el escenario. Era solo un cuerpo buscando placer, una mujer que disfrutaba de la clandestinidad de una habitación de hotel en una ciudad extranjera. Se movió con la misma precisión y gracia con la que bailaba, pero esta vez, bajo unas reglas completamente diferentes, donde el sudor no era por el trabajo, sino por el deseo puro y sin ataduras.

Cuando la adrenalina finalmente bajó y el silencio volvió a reinar en la habitación, TNse zafó con delicadeza del agarre del hombre, quien ya dormía profundamente con el brazo extendido sobre las sábanas deshechas.

Se levantó de la cama sin hacer ruido. El reloj del baño marcaba las tres y media de la mañana. Se dio una ducha rápida, lavando el rastro del encuentro de su piel, y se volvió a poner el vestido negro. Se miró al espejo mientras se acomodaba el cabello. Su rostro se veía relajado, libre de la tensión acumulada del tour. Había vaciado el tanque de estrés. Su secreto seguía a salvo, oculto tras los muros de esa suite.

Salió de la habitación con pasos de gato, asegurándose de dejar la puerta encajada tal como la había encontrado.

El pasillo del octavo piso estaba desierto, iluminado por la luz tenue de los apliques de la pared.Caminó hacia los ascensores principales, con la intención de bajar a su propia habitación en el quinto piso para dormir las pocas horas que le quedaban antes del vuelo a Seúl.

Presionó el botón de bajada y se recostó contra la pared de mármol, soltando un suspiro de cansancio.

Las puertas del ascensor se abrieron con un leve tintineo.

TN dio un paso adelante para entrar, pero sus pies se congelaron en el sitio. Su corazón dio un vuelco violento contra sus costillas, una reacción puramente física ante la sorpresa.

Dentro del ascensor, apoyado contra la barra de metal trasera y con una gorra negra que le cubría la mitad del rostro, estaba Jung Hoseok.

No llevaba la ropa de la fiesta. Vestía una sudadera de una marca de diseñador trestallas más grandey unos pantalones deportivos. Se veía visiblemente cansado, con los ojos ligeramente enrojecidos y la respiración pesada. El olor a alcohol flotaba levemente a su alrededor, mezclado con su característico perfume. Su cabello estaba desordenado debajo de la gorra.

Al verla, Hoseok parpadeó dos veces, como si intentara procesar si la persona frente a él era real o una alucinación causada por las copas de la celebración y el cansancio acumulado. Sus ojos recorrieron el vestido negro de TN, notando de inmediato los pequeños detalles: el cabello ligeramente húmedo en las puntas por la ducha reciente, la falta de maquillaje completo y esa mirada de ciervo atrapado en los faros de un coche que ella no pudo ocultar a tiempo.

—¿TN? —su voz sonó más profunda de lo habitual, arrastrando un poco las palabras debido al cansancio—. ¿Qué haces en este piso? Tu habitación está en el quinto, ¿no?

El silencio que siguió a la pregunta fue denso, pesado, cargado de una tensión completamente diferente a la que habían compartido horas antes en el salón de fiesta.El cerebro de TN trabajó a mil revoluciones por segundo, buscando una excusa creíble. No podía decirle que se había equivocado de piso; el botón que ella había presionado para llamarlo era el de bajada, y ella venía claramente del pasillo de las suites de lujo.

—Fuia...visitar a un conocido —respondió ella, forzando una voz tranquila y neutra, entrando finalmente al ascensor y situándose a una distancia prudente de él. Las puertas se cerraron a sus espaldas, atrapándolos en esa pequeña caja metálica en movimiento.

Hoseok no dijo nada de inmediato. Se limitó a mirarla de reojo a través del reflejo del espejo del ascensor. Su expresión era indescifrable. El hombre que siempre sonreía, el sol delgrupo,parecía haber desaparecido por completo, dejando en su lugar a alguien frío, analítico y sumamente observador. Él conocía el hotel a la perfección; sabía que el octavo piso estaba reservado exclusivamente para las suites de invitados VIP y personas ajenas al equipo técnico de la gira.

—Un conocido —repitió Hoseok, con un tono de voz que no denotaba molestia, sino una curiosidad afilada, casi peligrosa—. No sabía que tenías amigos en Tokio.

—El mundo es pequeño, Hoseok —replicó ella, sosteniéndole la mirada a través del espejo. No iba a intimidarse. Sabíaquesi mostraba debilidad, él escarbaría más hondo.

Hoseok soltó un soplido que pretendía ser una risa, pero que sonó amargo. Se enderezó, despegando la espalda de la barra de metal, y dio un paso hacia ella. La cercanía física volvió a alterar el ritmo cardíaco de [TN]. Él la superaba en altura por varios centímetros, y en ese espacio cerrado, su presencia resultaba abrumadora.

—Sí, el mundo es muy pequeño —coincidió él, bajando la cabeza ligeramente para que sus ojos quedaran a la altura de los de ella bajo la visera de la gorra—. Y los secretos son difíciles de guardar cuando compartimos el mismo techo durante un año entero.

TN sintió un frío helado recorrerle la espina dorsal. ¿Él sabía algo? ¿La había visto entrar? ¿O simplemente sospechaba por el estado en el que se encontraba a las tres de la mañana?

—No tengo nada que ocultar que interfiera con mi trabajo —dijo ella con firmeza, marcando su territorio—. Mi rendimiento en el escenario ha sido impecable, y lo sabes.

—Lo sé —admitió Hoseok, y por un segundo, la dureza de su mirada se suavizó, regresando a esa calidez extraña que solo compartía con ella—. Tu trabajo es perfecto. Eres la mejor bailarina que he tenido, TN. Por eso me sorprende... —Se detuvo, dejando la frase en el aire mientras el ascensor llegaba al quinto piso con un pitido suave.

Las puertas se abrieron, revelando el pasillo familiar de la planta de los bailarines.

TN dio un paso hacia la salida, aliviada de poder escapar de la presión, pero la mano de Hoseok se cerró alrededor de su muñeca con firmeza. No fue un agarre doloroso, pero sí lo suficientemente seguro para detenerla en el acto. La piel de su mano estaba caliente, y el contacto directo pareció enviar una descarga eléctrica por el brazo de ella.

—¿Te sorprende qué, Hoseok? —preguntó ella, girando la cabeza para mirarlo, clavando sus ojos en los de él.

Hoseok la observó durante un largo instante, escaneando cada facción de su rostro, como si buscara una grieta en su armadura. Su pulgar rozó inconscientemente la parte interna de la muñeca de ella, justo donde el pulso latía con fuerza, delatando su agitación interna.

—Me sorprende que compartamos más cosas de las que pensaba —dijo él en un susurro apenas audible, con una sonrisa enigmática que no llegó a sus ojos—. Que descanses, TN. Nos vemos en Seúl.

Soltó su muñeca con la misma lentitud con la que la había tomado.

TN salió al pasillo sin mirar atrás, escuchando cómo las puertas del ascensor se cerraban a su espalda, llevándose a Hoseok hacia los pisos superiores. Se quedó inmóvil en medio del corredor alfombrado, sintiendo el fantasma de los dedos de él todavía quemándole la piel de la muñeca.

La gira había terminado, las luces del escenario se habían apagado, pero la coreografía entre ellos acababa de volverse infinitamente más complicada. La línea de tiza que Hoseok había trazado se estaba desdibujando, y por primera vez en un año, ninguno de los dos estaba seguro de quién iba a dar el siguiente paso en falso.