La Traición
Valeria Montenegro siempre había creído que la felicidad era sencilla.
Durante años vivió rodeada de lujo, comodidades y personas que parecían amarla. Como hija mayor de la prestigiosa familia Montenegro, estaba acostumbrada a la atención de la alta sociedad, a las fiestas elegantes y a las miradas de admiración. Sin embargo, lo que más valoraba no era el dinero ni el apellido que llevaba, sino a las personas que consideraba su hogar.
Su prometido, Sebastián Alcázar.
Y su hermana menor, Elisa.
Sebastián era encantador, inteligente y pertenecía a una de las familias más poderosas de la ciudad. Todos los periódicos hablaban de ellos como “la pareja perfecta”. Las revistas publicaban fotografías donde ambos sonreían tomados de la mano durante eventos benéficos o cenas de gala.
Valeria realmente lo amaba.
Y Elisa… Elisa era su debilidad.
Desde pequeñas habían sido inseparables. Valeria siempre protegía a su hermana menor, incluso cuando esta cometía errores. Le compraba regalos, la defendía frente a sus padres y estaba convencida de que jamás le haría daño.
Por eso aquella noche destruyó por completo su mundo.
La mansión Montenegro estaba silenciosa debido a la tormenta que golpeaba la ciudad. Valeria había regresado temprano de un viaje de negocios para sorprender a Sebastián, quien supuestamente estaba organizando los últimos detalles del anuncio oficial de su boda.
Entró descalza para no hacer ruido.
Las luces cálidas iluminaban el largo pasillo de mármol mientras el sonido de la lluvia golpeaba las ventanas.
Entonces escuchó risas.
Risas suaves.
Íntimas.
Venían del despacho privado.
Valeria sonrió al principio, pensando que quizá Sebastián hablaba por teléfono con algún amigo. Pero cuando se acercó a la puerta, escuchó la voz de Elisa.
—¿Y si ella descubre algo? —preguntó entre risas.
Valeria se detuvo.
El corazón le dio un vuelco.
Luego escuchó la voz de Sebastián.
—Valeria confía demasiado en mí. Nunca sospechará nada.
El cuerpo de Valeria se tensó.
Con manos temblorosas abrió lentamente la puerta.
Y el mundo dejó de existir.
Sebastián besaba a Elisa sobre el escritorio.
Los labios de ambos seguían unidos incluso después de verla entrar.
Ninguno parecía avergonzado.
Ninguno parecía arrepentido.
Valeria sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones.
—¿Qué… qué significa esto…? —susurró.
Elisa soltó una pequeña risa incómoda mientras se acomodaba el vestido.
Sebastián, en cambio, la miró con una calma aterradora.
—Ya lo viste, así que no tiene sentido ocultarlo.
Valeria retrocedió un paso.
—Sebastián… tú dijiste que me amabas…
Él sonrió con frialdad.
—Te ibas a convertir en mi esposa, no necesariamente en el amor de mi vida.
Cada palabra atravesó su pecho como un cuchillo.
Elisa cruzó los brazos.
—No seas dramática, Valeria. Todo el mundo sabe que los matrimonios entre familias poderosas son negocios.
—¿Negocios…? —repitió ella con lágrimas acumulándose en sus ojos.
Sebastián se acercó lentamente.
—Tu familia tiene conexiones, empresas y dinero. Casarme contigo era conveniente. Eso es todo.
Valeria sintió náuseas.
El hombre al que había amado durante años era un desconocido.
—¿Desde cuándo…? —preguntó mirando a Elisa.
Su hermana evitó sus ojos por apenas un segundo.
—Desde hace mucho.
Valeria sintió que algo dentro de ella se rompía.
Recordó todas las veces que Elisa sonreía cuando Sebastián estaba cerca.
Todas las excusas.
Todas las miradas.
Habían estado burlándose de ella todo ese tiempo.
Intentó salir del despacho, incapaz de soportar más.
Pero Elisa la detuvo sujetándola del brazo.
—Ahora que sabes la verdad… las cosas podrían complicarse.
Valeria la apartó violentamente.
—¡No me toques!
La tormenta rugió afuera.
Sebastián suspiró.
—Escucha, Valeria. Si haces un escándalo, también destruirás la reputación de tu familia. Sé inteligente.
Eso terminó de destrozarla.
Ni siquiera le pedían perdón.
Solo querían callarla.
Con lágrimas cayendo por su rostro, salió corriendo de la mansión bajo la lluvia.
Subió a su automóvil temblando.
Sus manos apenas podían sostener el volante.
Todo dolía.
Su pecho.
Su respiración.
Su alma.
La carretera estaba vacía y oscura mientras la tormenta empeoraba.
Valeria lloraba sin poder detenerse.
Las imágenes de Sebastián y Elisa juntos se repetían una y otra vez en su cabeza.
Entonces vio unas luces detrás de ella.
Un automóvil la seguía demasiado cerca.
Intentó acelerar.
Pero el vehículo chocó violentamente contra la parte trasera de su auto.
Valeria perdió el control.
El automóvil giró sobre el asfalto mojado antes de atravesar la barrera del puente.
El mundo se volvió ruido.
Vidrio rompiéndose.
Metal deformándose.
Agua helada entrando rápidamente.
El coche comenzó a hundirse en el río oscuro.
Valeria intentó abrir la puerta desesperadamente, pero estaba atrapada.
El agua subía.
Su respiración se cortaba.
El miedo la consumía.
Y mientras su conciencia comenzaba a desaparecer, solo pudo pensar en una cosa.
Sebastián.
Elisa.
La traición.
Las lágrimas se mezclaron con el agua fría.
“Si tuviera otra oportunidad…”
Su visión empezó a oscurecerse.
“Jamás los perdonaría.”