Sin frenos ni reglas

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Cinco atletas, cuatro disciplinas distintas y una sola obsesión que no sigue ninguna regla universitaria. Zephyra llegó a Olympia huyendo de un pasado que destrozó su confianza, ocultándose tras un cabello bicolor y ropas holgadas. No buscaba atención, mucho menos la de los cuatro nombres más cotizados y desastrosos del campus: un motociclista temerario, un nadador arrogante, un jugador de rugby implacable y un esgrimista calculador. Acostumbrados a mujeres intercambiables de una sola noche, el rechazo sistemático y el trauma de Zephyra se convierte en el único enigma que desean descifrar. Esto no es un cuento de hadas; es una colisión de excesos, rivalidades reales y un deseo tan crudo que terminará por quemar los límites de todos.

Genero:
Erotica
Autor/a:
NadSaePB
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Dimitriév Kasparov

La adrenalina en la pista de motocross sabe a tierra, gasolina y sudor. Es un sabor limpio. No como las noches en los clubes de la parte baja de Olympia, donde el alcohol barato y los perfumes de chicas cuyos apellidos jamás retendré en la memoria se mezclan hasta volverse un jodido dolor de cabeza.

Dejé caer el casco sobre el capó del enorme Jeep negro de Corban. El motor del automóvil de mi amigo todavía rugía levemente en el estacionamiento privado de los dormitorios de atletas.

—Otra victoria limpia, ruso —escupió Corban, bajándose del Jeep mientras se pasaba una mano por el cabello rubio ceniza, aún húmedo de su propia sesión en la piscina olímpica—. Aunque esa última curva estuvo cerca de mandarte al hospital. Jodes la temporada y el entrenador nos colgará de los huevos a todos.

—No me voy a caer, Valke —respondí, limpiándome la cara con el dorso del guante protector—. Sé exactamente cuándo acelerar.

Tiberius y Valerian ya estaban allí, apoyados contra la barandilla de la terraza de la casa compartida que la universidad nos cedía por rendimiento de élite. Tiberius sostenía una botella de bourbon medio vacía; Valerian simplemente limpiaba su sable con una parsimonia que me ponía de los nervios. Éramos amigos, entrenábamos juntos, compartíamos las llaves de nuestros automóviles y, a menudo, el desprecio por los compromisos sentimentales que arruinaban las carreras de otros idiotas en el campus. Nuestras vidas eran simples: ganar la clasificación nacional, mantener el promedio mínimo y vaciar la tensión con cualquiera que no exigiera un desayuno a la mañana siguiente.

Pero entonces la vi cruzar el camino peatonal de la calle Blackbird.

Llevaba una sudadera gris que parecía pertenecer a un gigante y unas botas militares que golpeaban el pavimento con una furia contenida. Lo que me detuvo no fue su ropa, sino su cabeza. Mitad negra, mitad blanca. Un maldito arlequín caminando bajo la lluvia intermitente de Washington.

—¿Quién es la nueva? —preguntó Tiberius, entornando los ojos oscuros mientras seguía la trayectoria de la chica.

—Una transferencia de música —comentó Valerian sin levantar la vista de su arma—. Zephyra Court. Intentó registrarse en los dormitorios comunes, pero hubo una sobreocupación en el ala oeste. La administración cometió un error con los códigos de las residencias de alto rendimiento.

La chica levantó la vista hacia nuestra terraza por un microsegundo. Sus ojos grises eran pura estática. No había admiración, no había el típico escaneo coqueto que recibíamos a diario. Había una barrera de puro desprecio y algo más profundo: un muro de contención psicológica que reconocí de inmediato. Una presa a punto de romperse.

—Tiene cara de pocos amigos —se burló Corban, ajustándose la sudadera de Olympia—. Mi tipo de problema.

—No es tu tipo, Valke —dije, sintiendo un extraño latido de posesividad absurda e inmediata en la base del cuello—. A esa chica no la vas a convencer con una sonrisa de catálogo. Esa chica muerde.

Me quedé mirando cómo arrastraba su maleta hacia la entrada principal de nuestro edificio. La paz de nuestra residencia de atletas acababa de terminar, y por primera vez en toda la temporada, el motocross dejó de ser lo más peligroso en mi agenda.