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Bajo tus brazos

Sinopsis

Jimin creyó que había logrado lo imposible: escapar de México con el traje de novio aún puesto, cruzar el océano y enterrar para siempre los oscuros secretos de su pasado. Ahora, oculta bajo el uniforme de un dedicado enfermero en una exclusiva clínica de Florencia, Italia, vive una rutina tranquila junto a su inseparable amigo tae y su motor diario: el pequeño Anthony, un hermoso bebé de dos años. ​Sin embargo, el destino no deja cabos sueltos, y el pasado tiene la silueta de un hombre peligroso. ​Jeon jungkook, el implacable líder de un poderoso clan de la mafia, ha vivido los últimos dos años con el recuerdo de un misterioso joven golpeando en su cabeza como una roca en sus peores momentos. Jamás pudo olvidar su rostro ni su aroma tras aquella salvaje e inesperada noche en la suite Que pasará cuando se llegue a topar con el

Genero:
Action
Autor/a:
Nidia
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

El inicio

Jimin

Siempre creí que mi vida sería como un cuento de hadas. Acababa de graduarme, el futuro brillaba frente a mí y, esa misma tarde, me casaría con el hombre que creía que era el amor de mi vida. Jamás, ni en mi peor pesadilla, imaginé que el día más feliz de mi existencia se convertiría en el escenario de mi destrucción.

El aire se me congeló en los pulmones cuando abrí la puerta de esa sala privada.

Ahí estaba Bryan. Y ahí estaba Irina la que me presentó como su "prima". El vestido de novia de repuesto que ella llevaba estaba tirado en el suelo; se quedó solo en ropa interior, de espaldas, mientras él, con los pantalones abajo y la respiración agitada, la poseía con una urgencia salvaje.

No podía creer lo que estaba viendo apenas a unos metros del altar, a minutos de jurarle fidelidad eterna, me estaba apuñalando por la espalda_ decia en mi mente sin poder articular ninguna palabra.

El mundo entero comenzó a dar vueltas en un torbellino de náuseas. Sentí un asco visceral que me subió por la garganta, quemándome, asfixiándome. Las palabras se me petrificaron en el pecho; quería gritarle, quería golpearlo, pero estaba completamente paralizada, atrapada en esa maldita escena que se grababa como fuego lento en mi mente.

-jimin, ¿lo encontraste?... -La voz de tae rompió el silencio desde el pasillo.

El eco de mi nombre los hizo reaccionar, girando de golpe, con los ojos inyectados en pánico.

-¡Jimin, no! ¡No es lo que parece, déjame explicarte! -balbuceó Bryan, tropezando con sus propios pantalones mientras intentaba subírsele desesperadamente para alcanzarme. Su voz me dio un asco infinito sentía que iba a vomitar en ese preciso momento.

Oh por dios _ susurro tae

-Sácame... de aquí -logré articular en un hilo de voz, sintiendo las primeras lágrimas de rabia quemarme por las mejillas.

Tae no necesitó escuchar más. Al ver la escena, su rostro pasó del shock a la furia. Me tomó de la muñeca con un agarre de acero y me arrastró lejos de esa inmundicia a los lejos veo a mi madre correr tras de nosotros sin entender nada siguiendo a Bryan.

Mis tacones repiqueteando con eco mientras cruzábamos la cocina del salón a toda prisa, ignorando las miradas confusas de los meseros como la de mi madre. La adrenalina me bombardeó el corazón.

Salimos al estacionamiento bajo el sol abrasador. Sofía me empujó dentro del auto y rodeó el capó en dos zancadas. Justo cuando encendía el motor, la silueta de Bryan apareció corriendo, deshecho... pero no venía solo. Mi madre venía justo detrás de él, con el rostro desencajado.

-¡Se puede saber qué está pasando aquí! -exclamó mi madre, furiosa y sin entender nada-. ¡Jimin, ¿adónde vas?! ¡Es el día de tu boda!.

-¡Déjeme explicarlo! -se apresuró a decir Bryan, volteando a verla antes de abalanzarse hacia mí-. ¡Jimin, por favor! ¡Solo fue una vez! ¡Escúchame! -rugió, golpeando con desesperación el cristal de mi ventana, con el rostro desfigurado por el miedo a perderlo todo.

-¡¿Alguien me puede explicar qué demonios pasa aquí?! -insistió mi madre, perdiendo la paciencia.

-Yo te lo puedo explicar, madre -dije. La rabia me dio las fuerzas para abrir la puerta del coche. Bajé y avancé hacia ella_. Encontré a Bryan engañándome con Irina, su supuesta "prima".

Marqué las comillas en el aire con los dedos, esperando ver el estallido de furia de mi madre, el apoyo que tanto necesitaba.

Pero no hubo nada. No se enojó, no se molestó; solo me clavó una mirada fría y calculadora._Bryan, ¿me permites hablar con mi hijo a solas? -pidió ella con una calma que me dio escalofríos.

Veo cómo Bryan asiente y se aleja unos pasos, dándonos privacidad. Mi madre se giró hacia el auto.

-Tú también, Tae_Mi amigo me miró sin entender nada, con los ojos abiertos de par en par.

-Estaré en el coche, mimi -me susurró, antes de dar marcha atrás y esperarme con el motor en marcha.

En cuanto estuvimos solas, mi madre se me fue encima.

_jimin no estamos en condiciones de que hagas un drama... Este es el momento para que tu padre cierre negocios cruciales con la familia de Bryan, y tú no vas a echar a perder nada por estas "tonterías" _escupió con desprecio-. Así que regresa ahora mismo al salón para que te arreglen, que ya te despeinaste.

El piso pareció desaparecer bajo mis pies._¿Es en serio lo que me estás diciendo, madre? ¡¿Qué te ocurre?! ¡Me acaba de engañar y tú me pides que lo deje pasar! Realmente no sé quién eres...

Hijo, madura. Eso no tiene por qué afectarte _soltó ella, como si hablara del clima_. Tú serás el que lleve el apellido; ella seguirá siendo solo la amante. Además, debes pensar en nuestra reputacion, ¿qué va a decir la gente de nuestra familia cuando se entere de que mi hijo huyó de su propia boda?.

Jamás pensé que tú, siendo mi propia madre, fuera capaz de decirme algo así _le dije, soltando el aire que tenía retenido en el pecho como si me hubieran dado un golpe en el estómago_Realmente te desconozco.

No esperé una respuesta. Me alcé el pesado traje de novia para poder caminar rápido hacia el coche.

-¡Jimin, amor, necesitamos hablar! _escuchaba las súplicas de Bryan a mis espaldas, mezcladas con los gritos de mi madre ordenándome que regresara.

Justo cuando puse la mano en la manija del auto, la voz de Bryan cambió. Ya no sonaba suplicante, sino desesperada y peligrosa:_¡Jimin, piensa bien lo que estás haciendo! ¡Yo soy la única salvación de tu familia!.

Esas palabras se me clavaron como una estaca. Me detuve un segundo, miré el auto, miré el traje que ahora me parecía una condena, y hablé sin voltear a verlos:_Esta ya no es mi familia...

Subí al carro y azoté la puerta. Los neumáticos chillaron contra el pavimento. Tae pisó el acelerador a fondo, dejando atrás los gritos de Bryan, las órdenes de mi madre y, con ellos, los restos de la mujer que yo solía ser.

El silencio dentro del auto era denso, interrumpido solo por el zumbido constante de mi teléfono. Pantalla encendida. Una llamada perdida de Bryan. Otra más. Luego, un mensaje de texto de mi padre. Al leerlo, sentí que la poca sangre que me quedaba en el cuerpo se congelaba.

-jimin, ¿estás bien? -preguntó tae, mirándome de reojo al notar cómo se me desencajaba el rostro.

No pude responder. Le extendí el teléfono con la mano temblorosa. Leyo el mensaje de mi propio padre :

«Jimin, yo no pienso perder este puto negocio nada más por tus caprichos. Te regresas ahorita mismo o te olvidas de que eres mi hijo».

Tae frenó en un semáforo, me quitó el teléfono de las manos y leyó la pantalla. Se quedó estupefacto, con los nudillos blancos de tanto apretar el volante.

-¡Pero qué carajos les pasa a tus padres! -estalló en furia-. ¿Están ciegos? ¡¿No ven que la que está sufriendo es su propio hijo?!

Yo no podía articular palabra; el llanto me ahogaba. Mi amigo no lo pensó dos veces: arrojó mi teléfono al asiento trasero, dio un volantazo y aceleró. No me llevó a mi casa, ni a la suya. Conducía con determinación hacia la zona más exclusiva de la ciudad, deteniéndose frente a unas luces de neón de un bar sumamente reconocido, un lugar donde el alcohol y la música fuerte ahogaban cualquier pena.

-Tae, ¿qué hacemos aquí? _le pregunté, desconcertado al ver la fachada del lugar.

-Iremos a celebrar. Ya que no tuvimos fiesta de graduación por tu dichosa boda, ahora este es el momento para celebrar.

-¿Tae, estás loco? ¡Ando con traje de novio!

-Y yo con traje de gala _reviró el con una sonrisa desafiante_ Vamos, jimin. Si tu familia tiene tanto miedo de que la gente hable, pues la dama de honor y el novio les vamos a dar una verdadera razón para que se laven la boca.

Mi amigo estaba loco, lo sabía, pero entendía que lo hacía para salvarme del abismo. Sin pensarlo más, me arranqué el velo de un tirón y lo dejé en el asiento del auto. Me limpié los restos de lágrimas, me retoqué el brillo en los labios y bajé decidido a comerme el mundo.

Entramos llamando toda la atención de todos ya que, quien en su santo juicio entraba alguien con traje de novio y traje de gala a un bar. Tae hizo seña al camarero pidiendo la primera botella, como fui ingiriendo el alcohol comenzó a hacer su efecto rápidamente, anestesiando el dolor por completo y transformándolo en un coraje amargo y caliente.

-Escúchame bien, Jimin _dijo tae tomándome de las manos sobre la mesa con la mirada brillante por los tragos_ Eres mi amigo, casi mi hermano. Tú siempre estuviste conmigo en los peores momentos, como cuando fallecieron mis padres, así que esta vez yo no te voy a dejar solo. No tienes que volver con ellos. No les debes nada. Mi tío tiene un departamento en Italia, vámonos. Dejemos esta mierda atrás y empecemos de cero allá, lejos de Bryan y de tus padres lejos de todo.

El calor del alcohol y la desesperación me hicieron asentir con fuerza. _Sí... _ balbuceé, arrastrando las palabras_ Vámonos a Italia. Al carajo con todo.

Al chocar nuestro trago sentí que me maree, la bebida me estaba pegando fuerte la cabeza me daba vueltas y sentía una urgencia tremenda de lavarme la cara.

-tae, necesito ir al baño... ya vuelvo _le dije, apoyándome en la mesa para levantarme, tambaleándome un poco.

_Te acompaño _se ofreció, intentando ponerse de pie.

-No, no, quédate aquí. No me tardo.

Caminé intentando mantener el paso firme, esquivando a la multitud en la penumbra del lugar, asfixiado por el ruido de la música. Creí que el pasillo de los baños estaba al fondo, pero mi vista nublada por el alcohol me traicionó. Vi una puerta de madera fina, entreabierta y alejada del bullicio; asumí que era un tocador privado, así que empujé la puerta y entré.Al cerrarse detrás de mí, el ruido del bar desapareció por completo. El aire era frío, limpio, sin ese olor a sudor y alcohol barato del exterior. Lo que yo no sabía era que, en los niveles superiores de ese mismo bar, la atmósfera era de un peligro absoluto.

Cierra _una voz gruesa, profunda y helada retumbó en la habitación.

El tono me golpeó con tanta fuerza que mis pies se clavaron en el piso, incapaces de dar un paso más. Al levantar la cabeza, lo vi. Sentado en la penumbra, sosteniendo un vaso corto con whisky, estaba un hombre alto. La oscuridad del cuarto no me permitía distinguir sus facciones, pero su presencia llenaba el espacio de una energía imponente y peligrosa.

Antes de que pudiera procesar el error, el hombre se puso de pie con una elegancia felina. Dejó el vaso sobre una mesita y, con pasos apresurados y decididos, acortó la distancia entre los dos.

No me dio tiempo de gritar, ni de explicar. Sus manos grandes me tomaron por la cintura y me estamparon contra la pared, atrapándola entre el frío muro y el calor abrasador de su cuerpo. Levantó mi mentón con rudeza y reclamó mis labios con una ferocidad salvaje, devorándome como si no hubiera un mañana.

El mundo exterior desapareció. Sabía que debía detenerlo, sabía con perfecta claridad que tenía que apartarlo y gritarle que me había equivocado de habitación, pero el veneno del alcohol y la punzada ardiente del despecho de hace unas horas atras corrieron por mis venas, anulando mi juicio.

Bryan jamás me había tocado con esa urgencia devoradora; sus caricias siempre habían sido tibias, predecibles. Este hombre, en cambio, me hacía sentir que el piso desaparecía con un solo roce. Así que, en lugar de empujarlo, me entregué al abismo, dejando que ese maldito desconocido se adueñara por completo de mi cuerpo.

Sus manos eran fuego puro sobre mi piel. Me aferré a sus hombros anchos mientras su boca bajaba por mi cuello, mordiendo la piel sensible de mi clavícula y arrancando un gemido ronco que se ahogó en la penumbra del cuarto

Él se detuvo solo un milisegundo, respirando de manera entrecortada contra mi oído, embriagado por mi aroma.

-Sei una fottuta bellezza... -susurró con una voz profunda, un italiano rudo y sensual que me erizó hasta el último bello del cuerpo.

Sin darme tiempo a procesar sus palabras, sus dedos largos buscaron el cierre en la espalda de mi traje de novio.

Lo bajó de un solo tirón implacable. La costosa tela blanca resbaló por mis caderas, cayendo al piso en un susurro apagado y dejándome expuesta, temblando en pura lencería de encaje blanco.

La corriente de aire frío de la habitación me congeló la piel, pero el calor de su cuerpo me devolvió el fuego al instante.

Clavó sus ojos oscuros en mí; aunque la luz era escasa, pude sentir la ferocidad de su mirada escaneando cada curva de mi anatomía con un hambre voraz. No había ternura en él, había posesión pura.

Me levantó en vilo sin el menor esfuerzo, haciendo que mis piernas se enredaran instintivamente alrededor de su cintura. Me llevó directo hacia un taburete de madera fina, barriendo de un manotazo los papeles que tenía en una carpeta y el vaso de whisky, que rodó por la alfombra sin romperse. El eco del golpe aumentó el suspenso, recordando que estaba en un lugar prohibido, con el hombre equivocado.

Me sentó en el borde del taburete y se metió entre mis piernas. Su mano grande y firme subió por mi muslo, rompiendo la delicada liga del encaje, mientras su otra mano se enredaba con fuerza en mi cabello para obligarme a mirarlo.

-No sé quién eres, muñeco _gruñó contra mis labios, con la respiración completamente alterada_, pero esta noche eres mío.

Sus palabras me prendieron fuego por dentro. El miedo y el deseo se mezclaron en mi pecho, creando una adrenalina adictiva que me nubló la razón. No quería pensar, no quería llorar; solo quería sentir. Con una desesperación brutal por sentirlo, por borrar cada rastro de mi pasado, lo tomé por el cuello de la camisa y tiré con tanta fuerza que los botones salieron volando, resonando al caer por toda la habitación. Mis manos bajaron torpes y hambrientas hasta su cintura, desabrochando su pantalón con urgencia, buscando el contacto de su piel ardiente contra la mía. Necesitaba perder el control.

Él soltó un gruñido gutural al sentir mis uñas clavarse en sus caderas. Ya no había vuelta atrás. Selló mi boca con otro beso salvaje, profundo, que me hizo arquear la espalda mientras bajaba la delicada tela de mi lencería con una impaciencia brutal, dejándome completamente expuesta ante él.

Cuando su cuerpo finalmente se unió al mío en una estocada firme y profunda, un gemido agudo escapó de mi garganta. Fue una invasión total, un dolor ardiente mezclado con un placer tan intenso que me obligó a aferrarme a sus hombros anchos, marcándolo. El ritmo que impuso fue despiadado, rudo, dominante. Me movía con él en una danza caótica, entregada al vaivén de sus caderas...

-El miedo y el deseo se mezclaron en mi pecho, creando una adrenalina adictiva. Quise hablar, quise decirle mi nombre, pero él selló mi boca con otro beso salvaje, profundo, que me hizo arquear la espalda. obligando a enterrar las uñas en su espalda, marcándolo por completo.

El ritmo que impuso fue despiadado, rudo, dominante. Me movía con él en una danza caótica y ardiente, entregada al vaivén de sus caderas que me empujaban contra el borde del taburete Cada embestida me hacía olvidar el nombre de Bryan, la traición de mi madre y el traje de mi boda que ahora pisoteamos en el suelo.

Estábamos sudando, jadeando, al borde de la locura en un clímax salvaje que nos hizo perder el sentido por completo cayendo su estupendo cuerpo encima del mio jadeando...

¡CLACK!

El sonido de la cerradura al abrirse rompiendo el silencio fue como un balde de agua helada.

-¡Señor Jeon, disculpe la demora, aquí le traigo a su...! _la voz de un hombre alto y gordo, me eh de imaginar que es el dueño del bar, se cortó en seco al encender las luces principales de la habitación.

La luz cegadora nos envolvió pero el no se quitó de encima de mí de inmediato; se giró lentamente, protegiendo mi cuerpo desnudo con su amplia espalda, con los ojos inyectados en furia pura por la interrupción. Yo me encogí en el taburete, tratando de cubrirme el pecho con los brazos, el corazón palpitaba rapido golpeándome las costillas por el susto.

En la puerta de la suite estaba el hombre, pálido como un muerto, y a su lado una mujer despampanante vestida con lencería negra de seda: el verdadero "regalo" ah llegado.

El hombre bajó la mirada, sus ojos pasaron de mi rostro asustado al suelo, donde el costoso traje del diseñador yacía pisoteado y arrugado. El dueño del bar abrió los ojos de par en par, dándose cuenta al instante del gravísimo error. Aquel no era uno de sus chicos.

-¡P-pero qué...?! ¡¿Quién carajos eres tú?! _tartamudeó mirando me con horror, antes de clavar los ojos en jeon-. ¡Señor Jeon, lo juro por mi vida, yo no sé quién es el ni cómo carajos burló la seguridad de su piso privado! ¡Esta no es la persona que le preparé!.

-¡Fuera de aquí! _rugió Jeon Su grito fue tan brutal y cargado de una furia asesina que las paredes parecieron temblar.

El hombre no esperó a que se lo repitieran. Pálido y temblando de miedo, retrocedió de golpe y azotó la puerta, dejándonos nuevamente en la penumbra.

El silencio regresó, pero la magia se había roto. Ahora sabía que el hombre que me había poseído con tanta ferocidad se llamaba Jeon , y por la reacción del dueño del bar, entendí que era alguien sumamente peligroso.

Vi como se volteó lentamente para mirarme, con la respiración aún agitada y una tormenta oscura en los ojos. No le di tiempo de pronunciar una sola palabra. El pánico me devolvió la sobriedad de golpe; lo empujé con todas mis fuerzas, tomándolo por sorpresa, y me deslicé fuera del escritorio.

Al tocar el suelo, me agaché, tomé mi traje de novio hecho un desastre y, sin mirar atrás, abrí la puerta y salí corriendo.

El pasillo estaba desierto. Avancé a tropezones, subiéndome la tela blanca y peleando con el cierre en el camino, acomodándome la lencería como pude mientras el corazón me salía por la boca. Bajé las escaleras VIP corriendo, ignorando las miradas de la gente, hasta que visualicé la mesa del fondo donde me esperaba mi amigo.

-¡Jimin! ¿Pero qué te pasó...? -comenzó a decir tae no, abriendo los ojos de par en par al ver mi cabello deshecho, el traje mal puesto y mi rostro desencajado.

No lo dejé terminar. Le arrebaté las llaves del coche que estaban sobre la mesa, la tomé de la mano con un agarre desesperado y tiré de ella con fuerza.

-¡Vámonos ya! ¡Camina,! -le siseó al oído, arrastrándola entre la multitud del bar.

Sentía que en cualquier momento los hombres de Jeon me pondrían una mano encima, pero logramos cruzar la puerta de salida y llegar al estacionamiento. Subimos al auto de un salto. Tae le quitó las llaves de las manos a mi temblorosa mano, encendió el motor y pisó el acelerador a fondo, perdiéndose en las calles de la ciudad.

Solo cuando estuvimos a varios kilómetros de distancia y el bar quedó atrás, logré soltar el aire que tenía retenido. Me tapé la cara con las manos, temblando.

-A ver, Jimin ¡me vas a explicar ya mismo qué carajos pasó allá adentro! -exigió tae manejando a toda velocidad, asustada por mi estado.

Me tomó unos segundos poder articular palabra. El sabor de sus labios y el calor de sus manos todavía me quemaban la piel._Me equivoqué de puerta_ balbuceé, con la voz quebrada _ Entré a un privado, tae. Había un hombre... un hombre llamado Damián. Y... y pasó, nos acostamos. Él creyó que yo era un regalo del dueño del bar y yo... yo solo me dejé llevar.

Tae frenó de golpe en un semáforo en rojo, haciendo que los cinturones de seguridad nos frenaran en seco y el chillido de la llanta sonara. Se giró hacia mí con los ojos platos, la boca abierta y las manos apretando el volante con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. El shock en su rostro era absoluto.

¿Qué hiciste qué?... _susurró, como si no pudiera procesar mis palabras _ Jimin, dime que es una broma de pésimo gusto por el alcohol. ¡Dime que no es verdad!.

-No estoy bromeando, tae -dije, rompiendo a llorar de nuevo y tapándome la cara con las manos-. Te juro que fue un accidente. Yo busqué el baño, la puerta estaba abierta... el alcohol me nubló todo. Él pensó que yo era un regalo del dueño del bar y yo... yo solo quería olvidar. Quería arrancar a Bryan de mi piel. No sé quién era ese tipo, Damián, pero el dueño del bar como lo veía le tenía un miedo terrible.

Taehyun se llevó una mano a la cabeza, respirando de manera agitada. El semáforo cambió a verde y un auto atrás nos tocó la bocina, obligándola a acelerar.

-A ver, escúchame bien -dijo jimin, y su voz ya no sonaba borracha, sino aterrorizada-. Si ese tipo del bar es alguien peligroso, es lo de menos ahora. ¡Tu papá,jimin! Piensa en tu papá. Al no presentarte en el altar, el bendito negocio con la familia de Bryan se cayó por completo. Tu padre acaba de perder millones y el trato de su vida por tu culpa. ¡Te va a cazar! No te va a perdonar que le hayas tirado el negocio abajo y más cuando sepas que ya no eres virgen.

La miré, sintiendo un frío helado recorrer mi espina dorsal. El miedo me quitó la última pizca de calidez que el whisky me había dejado. El mensaje de mi padre cobró un sentido mucho más aterrador: «Te regresas ahorita mismo o te olvidas de que eres mi hijo ».

-Esto cambia todo -continuó tae acelerando aún más, esquivando autos en la avenida-. Tu familia te va a buscar por cielo, mar y tierra para obligarte a pedir perdón o ver cómo arreglan el trato. Ya no hay tiempo para empacar, ni para pensarlo. Olvídate de pasar a tu casa por ropa, olvídate de despedirte de nadie. Nos vamos a Italia ahorita mismo.

-¿Ahorita? -balbuceé, mirando mi vestido de novia desarreglado tae, no tengo mi pasaporte conmigo, está en mi habitación...

-Tú déjamelo a mí. Vamos a mi departamento, yo tengo algo de dinero guardado, te presto ropa y vemos cómo resolvemos lo de tu documento con mis contactos en el aeropuerto, pero de que nos largamos del país esta misma noche, nos largamos _sentenció, con una determinación que me infundió un gramo de esperanza -. El departamento de mi tío en Italia está vacío. Allá nadie te conoce, nadie te va a buscar. Estaremos a salvo de la furia de tu padre y de las súplicas de Bryan.

Miré por el espejo retrovisor, medio paranoica, esperando ver las luces de alguna camioneta de mi familia siguiéndonos. El peso de lo que acababa de hacer cayó sobre mí: en menos de tres horas había perdido a mi prometido, a mi familia, el dinero de mi apellido... y le había entregado mi inocencia a un desconocido en la suite de un bar.

Ya no había vuelta atrás. Italia era mi única salvación.

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