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Heretics: Historia de Brujos

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Sinopsis

La historia gira alrededor de Nate Langley, un joven de 21 años que trabaja como oficinista. Un día recibe una carta misteriosa, pero él la ignora porque le parece algo raro. Esta carta será el detonante para que el protagonista comience un viaje de descubrimiento sobre su verdadera identidad como brujo.

Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Nate abrió los ojos lentamente. Se había quedado dormido otra vez frente a la pantalla de su laptop. Los primeros rayos de Sol golpearon su cara, haciendo que el chico se alejara rápidamente empujando su silla giratoria lejos de la ventana. 

-¿Qué hora es? –preguntó Nate en voz baja-. Mierda, voy a llegar tarde otra vez –se talló los ojos y se levantó de la silla para caminar torpemente hacia una pila de papeles ubicados sobre una mesa. Estaba buscando una carpeta con documentos del trabajo cuando algo llamó su atención. Observó el papel que se encontraba en la cima de la pila con desagrado. No tenía idea de por qué. Era la primera vez que veía el símbolo impreso en el papel, pero por alguna razón que no podía explicar le generaba rechazo.

Convirtió el papel en una bola y lo arrojó al cesto de basura. Guardó los documentos en su mochila y salió de la habitación. Mientras caminaba a la salida se detuvo frente a la sala, viendo un post-it amarillo que estaba pegado sobre una repisa de madera. Era una nota de su padre. Lo veía muy poco y su comunicación se sostenía con mensajes de texto y estas molestas notas en las que le pedía cosas como sacar la basura o cocinar cuando no era su turno de hacerlo.

Leyó la nota de mala gana. Comenzaba con “no olvides sacar a pasear a mi perro” y terminaba con “ten un buen día en el trabajo”. En ese momento sintió algo acariciando su pierna. Miró hacia abajo y se encontró con un Jack Russel Terrier que lo miraba como diciéndole: “Tu papá dice que me lleves a dar un paseo”. Nate frunció el ceño. Odiaba hacerse cargo de una mascota que no era suya. A él no le agradaban los perros, pero su padre los amaba.

-Nos vemos luego –Nate acarició al perro detrás de las orejas antes de salir de la casa con su mochila en el hombro. Cerró la puerta con llave y avanzó hacia la calle. Estaba caminando tranquilo hasta que recordó que iba tarde. Corrió lo más rápido que pudo a la parada del autobús.

Para su mala suerte, el autobús se estaba alejando de la parada justo en el momento en el que él llegó. Corrió detrás del autobús intentando llamar la atención del conductor, pero lo único que recibió fue el humo de escape en su nariz.

Regresó a la parada y se sentó en la banca. Su teléfono estaba vibrando en el bolsillo de su pantalón, pero no se atrevía a revisar. Sabía que era su jefe recordándole que debía llegar a la oficina cuanto antes.

-Deberías contestar el teléfono. Parece que a tu jefe le va a dar un ataque –dijo una voz masculina a sus espaldas. Nate volteó y no vio a nadie. Se encontraba completamente solo en ese lugar. Lo único que había a su alrededor eran algunas casas, pero no veía a ninguna persona en la calle.

Nate respiró profundamente, tratando de convencerse a sí mismo de que no había sido nada.-Nate, no soy una alucinación. Estoy hablando contigo -Nate volteó en la misma dirección de la que venía esa voz, pero nuevamente no encontró a nadie.

-¡¿Qu-Quién eres?! ¡Sal! -exigió Nate, levantando los puños como si estuviera listo para pelear.-Relájate chico. Si alguien te ve hablando con el aire van a pensar que te volviste loco -la voz comenzó a reírse, irritando a Nate. El chico estaba buscando al dueño de esa voz mirando hacia todas partes. Un nuevo autobús se detuvo y el conductor lo vio actuando de esa forma extraña.

-¿Vas a subir o no? –preguntó el chofer. Parecía que el conductor no estaba muy interesado en saber por qué el chico estaba actuando así, solo quería seguir con su ruta.

Nate subió al autobús y pagó su pasaje, caminando hacia el fondo del autobús e ignorando a las personas en los asientos de adelante. Se sentó en medio de dos asientos vacíos. Seguía preguntándose qué había sido lo que pasó, aunque estaba más preocupado por el tema de su jefe.

-Oh, deja de preocuparte por eso. Tu jefe no va a despedirte por llegar tarde. Eres más valioso para él de lo que te hace creer -dijo la misma voz que había escuchado antes, pero en esa ocasión no se trataba de un sonido en el viento, venía de un hombre que estaba sentado justo en el asiento de al lado. ¿De dónde había salido? No había nadie ahí cuando llegó.

-¿Quién carajos eres y qué sabes de mi jefe?-preguntó Nate, buscando una explicación lógica. El hombre comenzó a reírse.

-Bueno, tal vez si cierto jovencito no hubiera arrojado una invitación que yo dejé en su habitación, ya sabrías quién soy. Pero me presento. Mi nombre es Keith Wagner, pero puedes llamarme señor Wagner. Soy un profesor de la academia Duskgrove -mientras el desconocido hablaba, Nate lo miraba como si estuviera conversando con un loco, aunque al mismo tiempo no dejaba de preguntarse cómo sabía que arrojó ese papel a la basura. Trató de seguirle la conversación, conteniendo sus ganas de detener el autobús para bajarse. Sentía que estaba sentado junto a una persona peligrosa. El tal Keith Wagner había confesado que se metió a su casa para dejar ese papel. ¿Cómo había entrado sin forzar la entrada? ¿Cómo había entrado sin que él lo escuchara?

Keith sonrió como si supiera exactamente lo que el joven estaba pensando.-Nate, no te preocupes por eso. No abrí ninguna puerta, solo aparecí en la habitación un segundo y luego me fui -Nate sintió el impulso de correr, pero Keith lo detuvo antes de que lo hiciera. No había usado sus manos, tan solo lo había paralizado con la mirada.

-Así me gusta. Dócil, calladito, sin problemas -Nate sentía que su cuerpo había dejado de responder. Lo único que podía mover era su cuello. Volteó hacia la ventana, percatándose de que el autobús había tomado una ruta distinta, pero eso no era lo más extraño: el autobús estaba completamente vacío con excepción de Nate, Keith Wagner y el conductor. Eso no tenía sentido. Cuando subió al autobús había visto personas en los asientos, y no se habían detenido en ninguna parada.

El joven tragó saliva. Solo podía controlar su cuerpo del cuello para arriba. En su mente solo había una pregunta: “¿Qué va a pasar conmigo?”

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