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Sinopsis

Tras regresar del extranjero, Book descubre que el antiguo teatro de su abuelo está al borde del cierre y planea venderlo. Sin embargo, al conocer a Note, un joven apasionado por la fotografía, comienza a redescubrir el valor del lugar. Juntos, y con la ayuda de sus amigos, intentarán devolverle la vida al teatro mientras entre ellos nace un inesperado romance que cambiará sus vidas para siempre.

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
Elianny
Estado:
Completado
Capítulos:
16
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

El telón que se niega a caer

El avión acababa de aterrizar cuando Book miró por la ventanilla con una expresión cansada. Habían pasado muchos años desde la última vez que había visitado aquella ciudad. Había crecido lejos de allí, estudiando y viviendo en el extranjero, pero una llamada de su abuelo había cambiado todos sus planes.

—Ya llegué… —murmuró para sí mientras apagaba el modo avión de su teléfono.

Un mensaje apareció en la pantalla.

Abuelo Neo: “No te preocupes por mí. Ven con calma. La casa sigue igual que siempre.”

Book sonrió apenas.

—Eso es precisamente lo que me preocupa.

Después de tomar un taxi, el paisaje fue cambiando poco a poco. Los edificios modernos dieron paso a calles antiguas, cafeterías pequeñas y negocios familiares que parecían detenidos en el tiempo.

El conductor detuvo el vehículo frente a una casa de madera de dos pisos con un jardín sencillo.

—Hemos llegado.

Book bajó con su maleta y respiró hondo.

La puerta se abrió incluso antes de que pudiera tocar.

—¡Book!

Un hombre mayor, de cabello completamente blanco pero con una postura sorprendentemente firme, salió con una enorme sonrisa.

—Abuelo…

Neo dejó escapar una pequeña risa y lo abrazó con fuerza.

—Has crecido demasiado.

—Han pasado varios años.

—Lo sé, pero para mí todavía eres el niño que corría por el patio.

Book respondió al abrazo y luego observó la casa.

Todo seguía igual.

Las macetas.

Las ventanas.

El viejo columpio.

Nada había cambiado.

Entraron.

Sobre una repisa descansaban varias fotografías familiares. En una de ellas aparecía un niño de unos seis años entre sus padres y Neo.

Book se quedó mirándola en silencio.

Neo notó su expresión.

—Tu padre siempre sonreía igual que tú.

Hubo un instante de calma.

Book bajó la mirada.

—A veces todavía me cuesta creer que hayan pasado tantos años.

Neo caminó lentamente hasta la fotografía.

—Tu madre y tu padre eran personas maravillosas. El accidente ocurrió demasiado pronto.

—Recuerdo muy poco.

—Eras muy pequeño.

Book guardó silencio.

No necesitaba hacer preguntas. Conocía la historia de memoria.

Su padre había sido el único hijo de Neo y el heredero natural del viejo teatro familiar. Tras el accidente donde murieron ambos padres, Neo había retomado la dirección del lugar para mantener viva la tradición mientras Book crecía.

Pero los años habían pasado.

Y el teatro también había envejecido.

Neo cambió el tema.

—Debes tener hambre.

—Un poco.

—Preparé tu comida favorita.

—¿Todavía recuerdas cuál es?

El anciano soltó una carcajada.

—Claro que sí.

Durante el almuerzo conversaron sobre cosas sencillas.

El viaje.

La universidad.

Las diferencias entre vivir fuera y regresar.

Sin embargo, había un asunto que ninguno mencionaba.

Hasta que Neo rompió el silencio.

—Esta tarde quiero enseñarte el teatro.

Book dejó los cubiertos.

—Abuelo…

—¿Sí?

—Antes de verlo quiero preguntarte algo.

—Adelante.

—¿Todavía sigues intentando mantenerlo abierto?

Neo respondió sin dudar.

—Por supuesto.

Book suspiró.

—Pensé que ya lo habrías vendido.

—Jamás.

—¿Y por qué no?

Neo sonrió con tranquilidad.

—Porque pertenece a nuestra familia desde hace generaciones.

Book apoyó la espalda en la silla.

—Pero las cosas cambian.

—No todo debe cambiar.

—Abuelo, mantener un edificio vacío cuesta dinero.

—Lo sé.

—¿Va gente?

Neo guardó silencio unos segundos.

—Muy poca.

—¿Hay funciones?

—De vez en cuando.

—¿Y actores?

Neo miró hacia la ventana.

—Ya casi no quedan.

Book entendió la respuesta.

No hacía falta preguntar más.

El teatro prácticamente sobrevivía gracias a la voluntad de un anciano.

Después de comer, ambos caminaron varias calles hasta llegar a una construcción antigua de fachada elegante, aunque claramente deteriorada por el paso del tiempo.

Un enorme cartel apenas conservaba algunas letras.

Book levantó la vista.

—No recordaba que fuera tan grande.

Neo sacó unas llaves viejas.

—Tu bisabuelo decía que un escenario siempre debía parecer más grande que los sueños de quien actuaba en él.

Abrió la puerta.

El interior estaba en penumbra.

Filas y filas de butacas cubiertas por una ligera capa de polvo se extendían frente al escenario.

Las cortinas rojas, ya desgastadas, seguían colgadas.

Book caminó lentamente.

Cada paso hacía eco.

—Está vacío…

Neo asintió.

—Sí.

Subieron al escenario.

El anciano pasó la mano por la madera.

—Aquí aprendió a actuar tu padre.

Book observó alrededor.

—¿De verdad crees que esto puede volver a funcionar?

—Claro.

—¿Cómo?

—Con esfuerzo.

—¿Con qué actores?

Neo sonrió.

—Se consiguen.

—¿Con qué público?

—También.

Book negó con la cabeza.

—Abuelo, sé sincero.

Neo permaneció callado.

Book continuó.

—Necesita reparaciones.

—Sí.

—Las luces son antiguas.

—Sí.

—El techo tiene filtraciones.

—Sí.

—Las butacas están desgastadas.

—Sí.

—No hay elenco.

—No.

—Entonces… ¿por qué seguir?

Neo caminó hasta el centro del escenario.

Miró las filas vacías como si pudiera ver un público invisible.

—Porque mientras exista este lugar, tu padre sigue aquí conmigo.

Book no respondió.

El viento entró por una ventana alta y movió ligeramente el telón.

Neo habló casi en un susurro.

—Mi padre me entregó este teatro.

—Lo sé.

—Yo debía entregárselo a mi hijo.

Book bajó la vista.

—Pero ocurrió el accidente.

—Sí.

Neo se volvió hacia él.

—Y ahora quiero entregártelo a ti.

Book abrió mucho los ojos.

—No.

—¿No?

—No quiero heredarlo.

El silencio llenó el escenario.

Neo no parecía enfadado.

Solo triste.

—¿Ni siquiera quieres pensarlo?

Book respondió con sinceridad.

—Abuelo… he construido otra vida. No sé dirigir un teatro. No sé actuar. No conozco este mundo.

Neo caminó despacio hasta una vieja butaca de primera fila.

—Nadie nace sabiendo.

Book se sentó a su lado.

Durante unos minutos ninguno habló.

Solo observaban el escenario vacío.

Finalmente, Neo sonrió.

—¿Sabes cuál era la tradición de nuestra familia?

—No.

—Antes de cerrar cada noche, el director se quedaba completamente solo en la sala y aplaudía una vez.

Book frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque decía que, aunque no hubiera espectadores, el teatro merecía escuchar un aplauso.

Neo levantó lentamente las manos.

Clap.

El sonido resonó por todo el edificio vacío.

Book sintió un extraño nudo en la garganta.

No sabía si era nostalgia, pena o simplemente el peso de un lugar lleno de recuerdos.

Mientras ambos permanecían en silencio, no muy lejos de allí otro joven caminaba por las calles con una cámara colgada al cuello.

Se llamaba Note.

Vivía con sus padres, estudiaba en la universidad y aprovechaba cualquier momento libre para tomar fotografías.

No buscaba fama inmediata.

Solo quería capturar historias.

Mientras ajustaba el enfoque de su cámara frente a un edificio antiguo, sonrió.

—Algún día viviré de esto.

Ignoraba por completo que, en algún rincón de la ciudad, existía un viejo teatro cuya historia estaba a punto de cruzarse con la suya.

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