Corazón Ganador (BL)

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Sinopsis

"¡Que el mejor deportista gane! O que la pasión los consuma por completo". Elian es un nadador olímpico de alto rendimiento que necesita con urgencia un contrato con la marca deportiva mas prestigiosa de la región para salir a flote. Niklas es un jugador de hockey que esta dispuesto aplastar a quien se interponga en su camino al éxito, incluso al lindo y geek chico de su universidad que lo trae loco desde el primer semestre. ¿Quién sera el mejor postor para ganar el contrato millonario? ¿O sera que la química entre ellos sera demasiado irresistible como para competir? Dos deportes. Un contrato. Una sola oportunidad de salvación.

Genero:
Lgbtq/Romance
Autor/a:
Mirii
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Chapter 1

Ellie

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Fame is a Gun – Addison Rae

Ellie no era un fanático empedernido de las fiestas universitarias.

Probablemente era porque en la mayoría de estas la pasaba sobrio, y de esa forma no era divertido ver a dos tipos beber del ombligo de su mejor amigo; tampoco era lo suficientemente imprudente para enrollarse con uno de último año en esos mugrientos sofás que literalmente habían sentido y visto de todo. Pero de vez en cuando, no le molestaba pasar su tiempo con la música retumbando en su canal auditivo, ni hacer cosas estúpidas de universitarios de las que sus católicos padres se horrorizarían y mandarían a un padre a quitarle todos los demonios, y algo de jugo gástrico también.

Pero esta no era una de esas noches.

Con cuerpos sudorosos chocando contra su monitor de glucosa y el mugriento piso moviéndose por la cantidad de chicos saltando y corriendo de un lado para el otro, no entendía cómo una gigante casa de sororidad se sentía tan pequeña y asfixiante; pero tener a más de la mitad de los deportistas de su universidad seguramente ayudaba a mantener las cosas algo… pobladas.

—¡Vamos, solo es una cervecita! —uno de sus compañeros de biología sacude una botella frente a él como si fuera un huevo de oro.

—Tyler, ya te lo dije mil veces, que no...

—Eres un aburrido —se retira este con una conejita pegada a su hombro.

Bueno, puede que sea un aburrido, pero uno que no va a caer en esa alfombra cubierta de vodka desmayado. Y claro estaba que mañana por la mañana su entrenador lo mataría.

Su celular empieza a sonar con ese tono irritante para forzarlo a ver. De inmediato ve que sus niveles de azúcar en sangre están peligrosamente bajos, y ahora tiene sentido que haya visto a dos Tyler en lugar de solo uno.

Se abre paso entre la multitud escuchando algunos quejidos de sus amigos, que seguían en la fiesta sin prestarle mucha atención. Si no conseguía algo para subir eso, tendría que ser el tipo que murió en una fiesta de sororidad al inicio de su segundo año de universidad por el resto de la eternidad.

Busca en la cocina, vacía por supuesto, encontrando algunos caramelos; pero si quería poder conducir de regreso hacia su apartamento, necesitaba más carbohidratos que eso.

Se recuesta contra la encimera al lado del lavavajillas para tomarse un respiro. Su piel se siente pegajosa y todo su alrededor pasa en cámara lenta; su vista está nublada. Su corazón está a punto de salirse de su pecho, de no ser por unas manos cálidas que lo rodean en el segundo en que estaba seguro de que caería como peso muerto en el piso.

—¡Hey! ¿Estás bien? —una voz habla a la lejanía, o al menos así lo percibe.

Al abrir los ojos y levantar la mirada, se encuentra con un hombre con los ojos más hermosos que ha visto en toda su vida. Le lleva como una cabeza y media, y eso es mucho decir gracias a su metro setenta. Es todo músculo e incluso sin tocarlo de manera directa puede sentir un abdomen firme y bien trabajado por lo cerca que están.

Por Dios, la falta de azúcar sí que le estaba subiendo a la cabeza.

—Sí… yo solo….

—¿Estás drogado?

Ellian solo niega con la cabeza y levanta ligeramente su camiseta negra, revelando su monitor de glucosa. El chico tiene que escanearlo unos segundos para descifrar qué es, tal vez no por ignorancia, sino porque estaba borracho hasta la cuba.

Perfecto. Jodidamente perfecto.

Ellian toma un largo respiro esperando rendirse y dejarse caer de espaldas a la refri.

—¡Oh! ¿Es un monitor de diabetes? ¿Necesitas insulina?

—Azúcar… —logra murmurar entre dientes.

El tipo lo deja sentado en un taburete y él por un momento llega pensando que lo ha abandonado para seguir en la fiesta. Nunca pensó morir en una fiesta universitaria; es, de hecho, la cosa más patética del mundo. Esperaba dormir ya de viejo, o ahogado en el fondo de las islas de Hawái donde pensaba pasar sus años después del retiro.

¿Cuál era su trabajo? ¡Ah, sí! Era nadador profesional.

—Son barras de granola y un jugo, no sé si te ayuden, pero es lo único que puedo conseguirte —la voz regresa, tambaleando algunas palabras.

Sin pensarlo dos veces, los dos se dirigen a una habitación vacía que parece ser la lavandería. El tipo intenta abrir el jugo con las manos temblando por la adrenalina y los litros de alcohol en su sistema.

Ellian le da el primer sorbo al jugo en caja y siente cómo la vida regresa a su cuerpo. Mientras más se alimenta de ese brebaje de los dioses, que parece ser jugo de mango barato, más puede volver a la realidad. Ni siquiera se da cuenta de que hay alguien más con él en esa habitación hasta que levanta la mirada para botar la caja de jugo vacía.

—¿¡Eres Niklas Kaiser!? —dice en total estupor, aún algo aturdido por la repentina bajada de azúcar.

—Eh, creo que sí. ¿Estás bien?

—Sip… —es lo único que logra decir.

Niklas estaba iniciando no solo el último año en administración deportiva, sino que era la puta estrella de la ciudad. Ellian lo envidiaba un poco.

—Creo que deberíamos salir de aquí, uf, hace mucho calor —dice Niklas, jalándose el cuello de su camiseta deportiva y dejando ver una clavícula perfecta.

Nop, debían salir de ahí lo más pronto posible, antes de que Ellian empezara a babear por un jugador de hockey heterosexual.

Al intentar girar el pomo de la puerta, resulta que está cerrada con llave. Se han quedado encerrados. En una puta fiesta, con la música a todo volumen.

—¿Por qué cerraste la puerta con llave?

—¡Mierda! ¡Es que estoy borracho!

—Sí, creo que pude deducirlo.

Ellian se sube de un movimiento rápido a la lavadora para quedar enfrente de Niklas, que camina de un lado para el otro, nervioso, en el pequeño espacio que hay.

—¿Tu teléfono?

—Descargado —le responde sin mirarlo a los ojos.

—Magnífico, dejé el mío en la encimera.

Los dos se quedan en silencio, hasta que una risa histérica inunda el lugar; Ellian no puede detenerse ante lo irónico de la situación. Si alguien tenía mala suerte respecto a su vida social, era él. Ahora seguramente publicarían en la página de Instagram de la facultad cómo Ellian Reyes encerró a un jugador hetero para jugar cinco minutos, o lo que sea, en el paraíso.

—¿De qué te ríes? ¡No es divertido!

—Un poco que sí lo es. ¿Por qué me trajiste hasta aquí?

—¡Quería que tuvieras espacio! No sé cómo es eso de la diabetes, deberías darme las gracias por no dejar que te desmayaras.

—Bueno, muchas gracias.

—Pues de nada.

Ellian suelta una risita silenciosa, y no sabe si es por el calor infernal que hace en esa habitación sin ventanas, o son los niveles de azúcar regulándose, pero hay algo en el ambiente que siente que es electrizante.

No puede despegar los ojos de esa espalda ancha y esos hombros destapados. La camiseta blanca se pega perfectamente a sus abdominales; tiene un cuerpo grande y definido pero no demasiado exagerado, es perfecto, es tan su tipo. Si tan solo pudiera…

¡No! ¡Absolutamente no! Apenas ha salido del clóset con su hermana mayor, de ninguna manera se va a besar con el defensor estrella de su universidad. ¿Verdad?

—Deberíamos hacer algo para matar el tiempo —dice sin pensarlo, esperando recibir una mirada de asco. Es lo más impulsivo que ha hecho, bueno, en toda su vida.

No sabe si es el tequila o lo que sea que ese tipo se haya fumado, pero lo mira de la misma manera. Escaneando cada parte de sí, cada lugar de la piel destapada por sus jeans desgastados, el piercing en su oreja derecha y las pecas que recorren sus hombros y mejillas. Lo recorre con la mirada como si estuviera hambriento.

—No te conozco de nada —el tipo arrastra las palabras mientras se inclina.

—No espero que te cases conmigo, grandote. Solo…

—¿Hacer algo más útil con nuestras bocas que hablar?

—Digo que… —no lo deja terminar cuando la boca ya está en la suya de manera depravada.

Niklas envuelve sus brazos alrededor de él como hacen en todas esas películas eróticas; Ellian se aferra a su definida espalda clavando sus uñas lo más profundo que puede, con el ritmo de sus bocas juntándose en perfecta armonía. Niklas baja su boca hacia su manzana de Adán, donde reparte besos húmedos en su clavícula.

No ha vivido nada como esto en toda su vida. Siempre fue un chico abnegado a casa, a su familia y a su religión. Pero esto, joder, se siente tan bien que no quiere parar.

—¡Niklas! Unas tetonas vinieron por… —las palabras desaparecen en el vacío cuando la puerta de su cueva es abierta de par en par.

Niklas suelta un gruñido y fulmina con la mirada al hombre.

—Ups, parece que te adelantaste a la orgía.

Ellian quiere hacer un hoyo en la arena y que el mundo lo trague, lo escupa y lo haga pedacitos.