El espiral

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Sinopsis

El espiral de los monos nos sumerge en la pesadilla de un hombre atrapado en una caída infinita; una prisión de metal, frío y escarcha inspirada en un conocido juego infantil. Justo cuando la desesperanza amenaza con consumirlo, una luz cálida y una mano familiar emergen de la oscuridad para ofrecerle una promesa de salvación y amor. ​Sin embargo, el verdadero desafío no se encuentra dentro de la pesadilla, sino en el instante exacto del despertar. Un relato corto, visual y conmovedor sobre la soledad, el refugio que encontramos en los demás y el temor a enfrentarse a una realidad vacía.

Genero:
Horror
Autor/a:
SAMID GASVAR
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

El espiral de los monos

El espiral de los monos

Había una vez un hombre que soñó con caer. No era una caída cualquiera, sino una espiral infinita, como si su cuerpo se hubiera convertido en uno de esos monos del juego infantil, suspendido entre varillas que se retiraban una a una. Pero en su sueño, él no jugaba: era el juguete que caía.El metal que lo rodeaba era morado oscuro, y el frío subía desde lo profundo como una marea invisible. La escarcha se adhería a los barrotes, y el aire se volvía tan denso que podía ver su propio aliento. Intentó moverse, pero a cada lado solo había más barrotes y más vacío. Entonces comprendió que estaba atrapado en una prisión sin fin, donde el miedo a tocar el suelo era más terrible que la muerte misma.Cuando la desesperanza lo envolvía, una voz lo llamó desde arriba:—Hey, no estás solo. Mírame.Una luz cálida, amarilla, atravesó la oscuridad. La escarcha se detuvo, y el frío retrocedió. Con las fuerzas que le quedaban, comenzó a escalar hacia esa claridad. Cada metro era una batalla, pero también una promesa. El aire se llenó de aromas familiares, y entonces la vio: una mano extendida, luminosa, viva. No era una lámpara, sino la mano del amor que había perdido.Al tocarla, el hielo se derritió. Ambos estaban aún dentro de la prisión, pero juntos. Los barrotes seguían allí, morados y eternos, aunque menos crueles. Caminaron tomados de la mano, buscando la salida, sabiendo que mientras se tuvieran, la oscuridad no vencería.Despertó a las tres de la mañana. La cama estaba fría, vacía, habitada solo por sus mascotas. Ellas daban compañía, pero no el calor del refugio que solo puede dar el corazón del amor verdadero. Desde entonces, teme dormir: teme volver a caer, ser salvado, y despertar otra vez en la realidad del vacío.