Capítulo 1
Cuando Jimin llegó a la casa de la familia Park, era solo el hijo bastardo del hombre que se había enamorado de una empleada. Habían tenido un desliz, y eso trajo consecuencias para el pobre niño de apenas quince años
Tuvo que vivir unos meses de infierno, ya que era maltratado por su media hermana y por la madre de esta
—¡Eres un maldito bastardo! —le gritó la esposa de su padre, mientras él abrazaba con fuerza un pequeño muñeco que su madre, con mucho esfuerzo, le había comprado— ¡Nunca llevarás el apellido de mi familia!
—¡Cállate ya! —gritó su padre, y al mismo tiempo golpeó a la mujer— Ese «bastardo», como lo llamas, es mi hijo varón: algo que tú nunca supiste darme, por ser tan fría
Le gritó, y acto seguido tomó a Jimin de la mano para irse de allí. Mientras tanto, su hermana lo miraba con un odio absoluto, culpándolo de todo lo que había ocurrido
Más tarde, cuando su padre lo dejó instalado en una habitación, su media hermana no tardó en acercarse para gritarle lo detestable que era y cuánto lo odiaba. A partir de ese momento, le hicieron la vida imposible por meses: lo golpeaban, lo maltrataban de todas las formas posibles y, cada vez que su padre se iba de viaje por negocios, llegaban incluso a encerrarlo en su cuarto sin darle nada de comer durante días
Cuando el padre regresaba de sus viajes, Jimin nunca le contaba nada de lo que le pasaba, para no causar más problemas. Pero el hombre no era tonto: notaba sus heridas, su mirada cansada y el miedo que se reflejaba en sus ojos cada vez que estaba cerca de su esposa y su otra hija
Por eso, tomó una decisión firme: se lo llevó lejos de esas dos personas, lo inscribió para estudiar en los Estados Unidos y le dijo que allí comenzaría la nueva vida que le correspondía, libre de maltratos y con la oportunidad de construir su propio futuro
La nueva vida de Jimin comenzó siendo muy diferente a todo lo que había conocido hasta entonces. Se instaló en una casa inmensa, rodeada de amplios jardines y habitaciones luminosas, muy distinta al pequeño cuarto oscuro donde había vivido bajo el mismo techo que su madrastra y su media hermana
Allí contaba con todo lo necesario: sirvientes atentos que se encargaban de su bienestar, le preparaban sus comidas, mantenían todo en orden y le daban el trato respetuoso que nunca antes había recibido
Su padre, decidido a garantizarle estabilidad, contrató a un abogado de confianza para que se hiciera cargo de todos sus asuntos legales, administrativos y económicos mientras él no estaba presente
Ese profesional se convirtió en su guía y apoyo: supervisaba sus estudios, se aseguraba de que no le faltara nada y respondía por cualquier necesidad que surgiera
Así fueron pasando los años
Lejos del odio, los golpes y las humillaciones, Jimin fue transformándose: dejó de ser el muchacho asustado y delgado para convertirse en un joven fuerte, seguro de sí mismo y con una gran disciplina. Se dedicó con todo su empeño a aprender, a formarse y a construir su propio camino, manteniéndose alejado de los conflictos y en paz consigo mismo
Pero la tranquilidad se rompió de repente
Un día, el abogado recibió una llamada urgente directamente desde Corea: era el padre de Jimin, quien le comunicó con voz débil y preocupada que estaba gravemente enfermo. Su estado de salud se había agravado rápidamente, y lo único que pedía era ver a su hijo lo antes posible
Sin dudarlo, el abogado transmitió el mensaje a Jimin, quien supo de inmediato que debía regresar a su país natal sin demora, sin saber aún qué le esperaba al volver al lugar que había dejado atrás hacía tanto tiempo
(...)
El avión aterrizó en Seúl con un peso diferente en el corazón de Jimin. Habían pasado diez años desde que salió de allí siendo un adolescente asustado, y ahora regresaba como un hombre maduro, bajo, de mirada firme y porte seguro pero con feminismo
Nada quedaba ya del muchacho delgado que se encogía ante cualquier grito
Acompañado por su abogado, Kim Seokjin —un hombre serio, alto, de palabras medidas y conocimiento profundo de las leyes—, se dirigió directamente a la antigua residencia de la familia Park
Al cruzar el umbral, sintió el mismo aire pesado y frío que recordaba, pero esta vez no le provocó miedo ni ganas de huir. Las dos mujeres salieron a recibirlo: su madrastra, con la misma expresión altiva y despectiva de siempre, y su media hermana, ahora adulta, con una sonrisa falsa que ocultaba el mismo odio de años atrás
—Así que regresaste, bastardo —escupió la madrastra con voz agria, sin disimular su desprecio
—Pensamos que te habías olvidado de que existías —añadió su hermana, mirándolo de arriba abajo como si fuera algo sucio
Pero Jimin no se inmutó. Se limitó a cruzar los brazos y responder con calma, pero con autoridad
—He vuelto por mi padre. Y créanme, nada de lo que digan o hagan me afecta ya
Detrás de él, Seokjin intervino en tono firme y profesional
—Estoy aquí para representar todos los intereses del señor Park Jimin. A partir de ahora, cualquier asunto relacionado con su padre, sus bienes o sus derechos se tratará exclusivamente a través de mí
Ese fue solo el comienzo de todo el problema
Jimin tenía claro su objetivo: iniciaría una lucha silenciosa pero implacable, una venganza calculada para devolverles cada humillación, cada golpe y cada día de hambre que le hicieron pasar. No actuaría con violencia directa, sino con estrategia, usando las leyes y su posición para despojarlas de todo aquello que tanto valoraban: su estatus, su dinero y su comodidad
Sin embargo, justo cuando comenzaba a trazar sus planes, apareció algo que no esperaba. En la sala entró un hombre de aspecto tranquilo y mirada amable, acompañado de una niña pequeña de apenas dos años, de cabello rizado y ojos brillantes. Era el esposo de su media hermana y su hija
En cuanto los vio, algo en su interior cambió
Sin quererlo, sintió una atracción profunda hacia el hombre y un cariño inmediato hacia la niña, ambos representaban una calidez que nunca había conocido en esa casa. Pero esa nueva sensación se mezcló con su odio y sus planes de venganza, creando una contradicción peligrosa
Entonces, en su mente se formó una estrategia más retorcida: fingiría ser la víctima inocente, el hijo olvidado y maltratado que solo buscaba un poco de paz y reconocimiento
Por fuera parecería frágil y sin intenciones malas, pero por dentro sería como una serpiente: guardaría todo su rencor, aprovecharía esa cercanía que comenzaba a sentir hacia el esposo y la niña, y usaría cualquier vínculo para desmoronar a las dos mujeres sin que nadie sospechara que él era quien movía todos los hilos
buen comienzo