DETRAS DE SU SONRISA

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Sinopsis

Kaela solo queria encontrar el amor. El solo queria encontrar la pieza que le faltaba. Ella buscaba un refugio, pero terminó atrapada en un laberinto de secretos donde, por desgracia, una sola mirada puede cambiarte la vida… o destruírtela para siempre.

Estado:
Completado
Capítulos:
39
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

CAPÍTULO I

Llevo un año viviendo en esta casa y todavía no sé cuántas somos. Lo más extraño es que conozco los nombres, conozco los horarios y, sobre todo, conozco los objetos que no debo tocar.

Sé que Ines es el tintineo de las copas de cristal a las siete de la mañana; sé que Marina es el portazo sordo que retumba en el ala oeste cuando el sol cae, y que Eva es el olor a lavanda y estofado que intenta disfrazar el hedor a encierro de este lugar.

Dejé escapar un suspiro, aunque no lo hago notar, estoy exhausta de estar aquí.

En este lugar, no se prohíbe nada de forma directa; las puertas no se cierran por mandato, sino por inercia; los pasillos no se cruzan porque la atmósfera pesa; las voces no se escuchan porque hemos aprendido que el silencio es la única forma de no ser detectadas. En esta casa, nada está prohibido porque, técnicamente, ya nada es posible.

Jhon me hace pensar de esta forma.

Al principio no lo veía de esta manera, pero al pasar los meses tu mente se acostumbra a la absoluta soledad y los nuevos muros de tu nuevo hogar.

Mi habitación está al fondo del pasillo; al parecer siempre lo estuvo, antes de que yo supiera que este sería mi hogar, ya estaba lista para recibirme. No porque yo fuera especial, sino porque en el inventario de Jhon, yo era la pieza que faltaba. Aquí todo es funcional y el orden se mantiene... o eso necesito creer para no volverme loca.

¿Te has preguntado qué se sentiría estar en un psiquiatra?

Esto es lo más cercano que estaré y no lo digo por las absurdas paredes blancas.

Se porque lo digo, a veces me cuestiono, me hago preguntas muy interesantes, preguntas que aún no me respondo porque se si ese momento llega, sé que perdí la cordura, pero la quietud es tan pesada que me pregunto si las otras chicas existen de verdad o si son solo fragmentos de mi imaginación.

Porque aquí, el silencio es absoluto.

No hay pasos.

No hay conversaciones.

No hay llanto.

Cada mañana encuentro señales, por eso una parte de mi sabe que no está completamente sola; una taza fuera de lugar; una puerta mal cerrada o un jabón distinto en el baño y no son descuidos, para Jhon sería un caos, pero para mí son recordatorios y eso es lo que me ha mantenido con vida estos últimos meses.

¿Qué hora será?

Lance otro largo suspiro, me gusta mantener la habitación limpia, no por Jhon, tampoco por aburrimiento, es una costumbre que suelo tener de pequeña, «Lo que no brilla, estorba, Kaela; y en esta casa no guardamos estorbos.» Mi tía… solía decirme todos los días la misma frase, solo por ver un plato sucio, una migaja de pan, una gota de agua… la verdad es que sería perfecta para vivir aquí.

Tome el pequeño almohadón del sofá y me deje caer en la cama, sé de las chicas que estuvieron antes que yo. Pero de la única que guardo un recuerdo exacto, una presencia física, es de Laura. Ella fue el origen, el molde que Jhon intenta replicar sin éxito, en mí.

Tengo entendido que ella cubría el miedo en su cordura.

Encontré su vida en una hendidura bajo la tabla suelta del suelo, a un costado de mi cama. Sin querer pisó muy duro la madera en un momento de arrebato y la tabla se levantó.

Lo que encontré no era un libro, era un diario de 16 páginas. Dieciséis rutas, dieciséis horarios, dieciséis esperanzas de cruzar el umbral hacia la libertad. Pero al final de cada página, escrito con una caligrafía que se volvía más errática conforme avanzaba el papel, era el mismo.

Yo no soy como ellas.

No quiero aceptar que esta será mi vida de ahora en adelante.

Tampoco quiero aceptar que todo lo que me dice Jhon es cierto, pero aquí, escuchando solamente tu voz, comienzas a creer que tiene razón, aunque morado sea verde y amarillo, rosa.

Miré hacia la puerta, buscando con urgencia los pasos de Jhon, si no me equivoco en cinco minutos escuchare la puerta de Marina cerrarse con crueldad. A estas alturas, ya no me parece extraño, si en realidad existe creo que podemos llegar a ser buenas amigas.

Aproveche y me incliné hacia un costado, con suavidad encaje la tabla del suelo con la uña para moverla, segundos después, el diario de Laura volvió a la oscuridad.

Ese es el mismo final para todas las salidas.

Jhon no la dejó ir; simplemente decidió que su capacidad de perdonar se había agotado, no sé cómo realmente funciona su cabeza, del año que llevo viviendo aquí solo lo he visto 7 veces y no necesariamente para hablar.

Y para él, si dejas de darle lo que busca, simplemente dejas de ocupar un espacio en su mundo.

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