Capítulo 1
Las redes sociales colapsaron aquella mañana. Las fotos eran claras: Jimin, la superestrella de voz angelical y rostro de porcelana, sonreía dulcemente con un pequeño bebé dormido en sus brazos.
Su bebé.
—“Mi sol de dos meses” —decía el pie de foto, sin más detalles.
Nadie lo podía creer. Jimin había sido hermético con su vida privada, casi sagrado. Ningún escándalo, ningún romance confirmado. Pero ahora, el modelo e ídol más deseado del continente sostenía a un bebé que, según los fans más rápidos en hacer comparaciones, tenía sus mismos ojos rasgados y labios carnosos.
Los rumores no tardaron. El fandom se dividió. Algunos aseguraban que el padre era Taemin, con quien Jimin compartía una química sospechosa en sus recientes colaboraciones. Otros apostaban por Yoongi, el enigmático productor con el que había trabajado en secreto durante casi un año.
Pero ninguno estaba cerca de la verdad.
Porque el verdadero padre del bebé era Jeon Jungkook, el artista más codiciado del planeta: cantante, modelo, imagen de las marcas más exclusivas y también… el secreto más ardiente de Jimin.
Se conocieron en una fiesta de premiación privada, una noche bañada en luces doradas y champaña. Jungkook lo había observado desde el otro lado del salón, vestido con un esmoquin negro que resaltaba su imponente presencia. Jimin, de blanco, parecía un ángel.
—¿Te vas a quedar toda la noche mirándome sin hacer nada? —había susurrado Jimin al oído de Jungkook cuando finalmente se encontraron junto a la barra.
Esa noche ardieron. Y no fue la única.
Entre viajes, grabaciones, desfiles y contratos, los encuentros entre Jimin y Jungkook se volvieron un secreto exquisito: habitaciones de hotel, camerinos cerrados con llave, llamadas a medianoche que terminaban en sábanas desordenadas y pieles sudadas.
Pero nunca fue una relación. Nunca lo hablaron. Ni uno se atrevía a ponerle nombre a lo que compartían.
Hasta que Jimin se enteró de su embarazo.
Y eligió el silencio.
No por miedo al escándalo, sino porque Jungkook ya tenía el mundo en sus manos… y él no quería ser la razón por la que todo se derrumbara.
Pero ahora, dos meses después del nacimiento de su hijo, Jimin decidió mostrarlo al mundo.
Porque su bebé no merecía esconderse.
Porque ya no podía callar más.
Aunque aún no dijera su nombre, tarde o temprano, el mundo descubriría la verdad.
Y Jungkook también.