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Mi muñeco perfecto

Sinopsis

Cuando la realidad supera la ficción o mejor dicho cuando te llega un pedido muy realista

Estado:
Completado
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Muñeco

Perspectiva Jimin

Jimin un dulce y tierno chico tenía un problema muy serio.O eso decían todos sus amigos. Era adicto a los vibradores.

Para él, tener una colección de juguetes sexuales no era un problema.

Era autoexploración avanzada eso decía el.

Tenía vibradores cortos, largos, con succión, doble estimulación, de silicona médica, de gelatina comestible… incluso tenía uno que se conectaba con música para vibrar al ritmo de sus playlists más sucias, hasta tenía el vibrador más famoso que existía el turbo 3000.

Pero nada funcionaba.

Podía correrse, una y otra vez, pero siempre sentía ese vacío incómodo. Ningún plástico le devolvía el aliento agitado, ni el calor de un cuerpo real, ni el gruñido bajo que tanto fantaseaba escuchar mientras lo dominaban.

Y así fue como, entre el insomnio y una noche aburrida, se topó con una aplicación llamada “Diseña a tu muñeco perfecto”.

“Muñecos sexuales hiperrealistas, hechos a tu medida. Literalmente.”

Picó el enlace.

Entró y configuró sus preferencias como si estuviera creando al novio perfecto:

Piel dorada

Cuerpo marcado

Sonrisa de pecado

Ojos oscuros

Fuerza dominante

Voz profunda

Y por supuesto, grande de unos 49cm o mas así bien venosa y poderosa. Que cogiera duro y sin remordimientos.

Y le dio a “Confirmar pedido”.

—Entrega inmediata. Por favor, manténgase disponible —dijo una voz robótica para confirmar el pedido.

Jimin no esperaba mucho. Tal vez un muñeco de plástico o látex algo más bonito, o un maniquí caliente con funciones limitadas. Pero lo que tocó a su puerta 30 minutos después lo dejó paralizado.

Un hombre. De carne, hueso y testosterona.

—¿Eres… mi muñeco? —preguntó Jimin, atónito.

El otro sonrió. Tenía un labio perforado y una cadena en el cuello que decía “JK”.

—Puedes llamarme Jungkook.

Y sin pedir permiso, lo empujó dentro del apartamento, lo levantó como si no pesara nada.

—Estoy diseñado para satisfacerte en todo lo que desees, una y otra vez hasta que supliques que pare… o que no pare nunca.

Jimin no pudo responder.

Jungkook lo tomó sin previo aviso besándolo por doquier, caminaron a trompicones hasta llegar a la habitación.

Jimin jadeó, cuando lo arrojó sobre la cama, sentía los muslos temblar y las mejillas sonrojadas, todo su cuerpo ardía,por el calor del momento.

Jungkook se movía sobre él como una bestia hambrienta, con los ojos oscuros fijos en su presa, los músculos de su abdomen marcados, tensos, tan reales que costaba creer que alguna vez Jimin pensó que era un simple muñeco.

—No tienes idea de cuánto te me antojas—gruñó Jungkook, deslizando dos dedos por el interior de su muslo, hasta rozar la entrada húmeda y abierta por la preparación previa.

—Entonces deja de hablar… y fóllame de una vez —susurró Jimin, con voz temblorosa pero desafiante.

Jungkook le sonrió con malicia, se inclinó para lamerle el pezón con lentitud, mientras alineaba su erección caliente y gruesa contra su entrada. El primer roce lo hizo arquearse.

—Sujétate —murmuró Jungkook.

Y Jimin lo hizo. Se aferró a los brazos del otro mientras Jungkook empezaba a entrar. Era lento, pesado, profundo… Jimin se mordió el labio, sintiendo cómo su cuerpo era forzado a abrirse, a adaptarse a ese grosor imposible que ningún juguete había podido imitar. Jungkook era real.

Demasiado real.

—Mierda, eres tan apretado… estás hecho para mí —susurró Jungkook con voz ronca, inclinándose para besar su cuello mientras se hundía por completo.

Jimin gritó.

No pudo evitarlo.

La sensación de estar lleno hasta el fondo, de que el cuerpo de Jungkook lo invadía sin dejar espacio a nada más, lo hizo ver estrellas.

Los movimientos comenzaron lentos, intensos, empujes largos que lo hacían gemir cada vez que la punta rozaba su punto más sensible. Jungkook lo tomaba por la cintura, lo levantaba y lo bajaba con fuerza, sudor resbalando por sus pechos, por su espalda, por su vientre.

—Mírame, Jimin —ordenó, y cuando sus ojos se encontraron, fue como si el aire se rompiera.

Jungkook aumentó el ritmo, fuerte, rápido y cruel.

El sonido de la piel chocando contra piel llenó la habitación, mezclado con gemidos, jadeos, gruñidos guturales.

Jimin se corrió sin tocarse, con las piernas temblando, el cuerpo arqueado y la voz rota.

—¡Jungkook! Dios… ¡más… no pares!

Pero Jungkook no paró.

Lo giró boca abajo y lo tomó de nuevo, sujetándolo por la cadera, empujando con tanta fuerza que Jimin gritaba con cada embestida.

Era demasiado.

Demasiado bueno.

Demasiado real.

Y cuando se vino dentro de él, con una mano en su garganta y la otra sosteniéndolo contra su pecho sudado, Jimin supo que jamás volvería a necesitar otro juguete.

El lo tocaba como si conociera cada milímetro de su piel, como si hubiera leído su historial de búsquedas y sus sueños húmedos más privados.

Jungkook le abría las piernas con una mezcla perfecta de rudeza y ternura, y lo tomaba sin apuro, con hambre, con precisión quirúrgica.

Lo llenaba ¡Dios!, Si que lo llenaba como ningún juguete había podido jamás.

Jimin lloró literalmente de placer.

—¿Cómo… cómo eres real? —gimió, con la voz hecha un hilo.

Jungkook lo besó tan profundo que casi lo hizo venirse solo con eso.

—Tal vez soy un experimento. Tal vez eres especial. Pero no importa —le dijo con los labios rozando su oreja—. Estoy aquí para quedarme.

Esa noche, ningún vibrador volvió a tener sentido.

Jimin se deshizo de todos al amanecer.

Solo necesitaba uno.

Y era humano.

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