El teatro de los perfectos

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Sinopsis

Marcus Miller se encuentra completamente perdido. Tras ser suspendido de la policía, despojado de su placa y de sus armas, todo lo que construyó a lo largo de su carrera se ha venido abajo. Pero el verdadero vacío no es profesional: Marcus está destrozado por dentro tras la pérdida de Rose. Solo y lidiando con el trauma, camina sin rumbo bajo la llovizna de Londres, imitando los movimientos de un hombre vivo pero sin nada que lo empuje desde el interior. Sin embargo, el dolor se transforma en una obsesión peligrosa. Marcus decide que no va a quedarse de brazos cruzados y toma una decisión definitiva: investigar el caso hasta el fondo por su cuenta, sin importar las órdenes de sus superiores. Su único propósito ahora es hacer justicia por su amada y desenterrar los oscuros misterios que rodean el caso Brooks. Utilizando cintas de casete con grabaciones del pasado y las pocas pistas que le quedan, Marcus se adentrará en una red de secretos que amenaza con destruirlo. Sabe perfectamente que este caso lo va a condenar, que no habrá un final feliz ni salvación para él, pero ya es muy tarde para volver atrás: prefiere terminar hundido con la verdad antes que vivir un segundo más en el silencio.

Genero:
Mystery
Autor/a:
Ashly
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 0


"El infierno no tiene fuego ni demonios,

Solo seres humanos"

-Gian F. Huacache

"Eres un cobarde y un egoísta. Quien se queda a tu lado termina jodido porque lo único que sabes hacer bien es arruinar vidas."

Esa puta frase se repetía una y otra vez en mi cabeza como un bucle tortuoso, de esos que por mucho que intentes pensar otra cosa te carcomen por dentro, como si tú mente te odiara.

No sabía cómo habia llegado hasta aquí. Mi instinto me decía que ella debía estar aquí, y me daba miedo saber para que. No puede dejarme. Dios, se que he sido un imbécil durante toda mi vida, pero, por favor... no la dejes morir.

Subía las escaleras de tres en tres. Contaba cada minuto, cada segundo. Los pulmones me ardían demasiado... Muévete, muévete, muévete, me gritaba a mí mismo, sintiendo que nunca llegaría a ella. Cuando por fin llegué a la azotea quise soltarme a llorar, no sabía si de frustración o desesperación, pero cuando intenté abrir la puerta de metal no abría; le solté una patada con todas mis fuerzas y cedió al quinto golpe en un estallido violento.

-¡Rose!

El aire gélido de Londres me golpeó, cortándome la respiración y haciendo que su nombre saliera de mi boca como un ruego ahogado.

Ella no se movió. No desvió la mirada de las luces de la ciudad, ni le importo el crujido violento de mis botas sobre la grava suelta del techo. Estaba ahí, en el borde del abismo, con las manos metidas en los bolsillos de esa chaqueta de cuero que me robó una noche. Me dio nauseas verla tan jodidamente pequeña ahí arriba. El vapor de su respiración subía en hilos suaves, perfectos, limpios. Yo, en cambio, sentía que me iba a desmayar del pánico.

-La ciudad se ve hermosa desde aquí. Es una bella vista. -susurró, sin dignarse a mirarme.

Escuché su voz flotando en la niebla. «No, Rose... Tú eres la hermosa vista, carajo» pensé, pero el miedo me tenía la garganta seca, hecha un nudo.

-Ya no me quedan palabras, Marcus. -dijo, y sus labios se movieron como una marioneta autómata- No sabes el dolor que siento. El dolor te apaga por dentro. Cuando se lleva todo lo que tienes, el silencio es lo único que queda.

Cerré los puños con tanta fuerza que sentí como mis uñas se clavaban en mis palmas. NO LO HAGAS. Di un paso corto, odiándome por tener que calcular cada paso con tal de no alterarla mucho más. Si hacia un solo ruido, un movimiento en falso, podría empujarla al vacío. Me estaba volviendo loco.

-Recibí tu mensaje. Las coordenadas del bosque... La encontramos. Lo siento tanto. Lo juro por mi jodida vida, lo siento. Estoy aquí para ti. ¡Baja de ahí, por la mierda, baja Rose!

Al mencionarla, Rose giró levemente la cabeza. Logre ver lagrimas traicioneras resbalar por sus mejillas, brillando bajo la luz de los reflectores.

-¿La encontraste? -preguntó, y su voz sonó tan vacía que me provocó un escalofrío terrible- ¿Encontraron su cuerpo o lo que dejaron de ella, detective? La policía siempre llega tarde. Este mundo no la merecía.

-¡No me llames así! ¡Para ti no soy solo el detective! -avancé un paso más, mandando al demonio la precaución con tal de romper el muro invisible entre los dos- Rompí la ley por ti, Rose. Me alié contigo, robé archivos, arriesgué mi puesto... Podemos hundirlos a todos, pero necesito que bajes.

-Hice todo eso para recuperarla, ahora que ya no está, no tiene sentido seguir con todo esto -volvió a clavar la mirada en el abismo, como si yo no existiera- Marcus, no sigas con esto. Ya terminó.

-Déjame salvarte.

-Nadie salva a un náufrago cuando el barco ya está en el fondo, Marcus.

Lo que pasó después me va a perseguir el resto de mis días. Rose se giró sobre sus talones. No me dio la espalda, al contrario, se dio la vuelta para mirarme de frente, a los ojos, y dio un paso hacia atrás. El corazón se me detuvo. Dejó de latir, lo juro por Dios. Se inclino hacia el vacío.

-¡No, espera! -grité tan fuerte, con tanta desesperación que ni siquiera me reconocí.

Mis piernas reaccionaron antes que mi cerebro. Me impulsé hacia el frente en un salto ciego, estirando los brazos mientras los pies de ella se despegaban del borde de concreto. Ella no salto; no hubo drama ni impulso. Simplemente se dejó ir, cayendo de espaldas a hacia la oscuridad. No grito. Solo se rindió.

Me estampe contra el suelo. Mi pecho golpeó violentamente contra la cornisa de concreto y el impacto me saco todo el aire de los pulmones; vi luces negras por el dolor. La inercia me empujaba hacia abajo, casi caigo con ella, pero logre trabar las piernas en el borde. Mi brazo crujió y se estiro de manera dolorosa, pero logre atrapar su muñeca junto a tiempo.

El peso de su cuerpo me jaló hacia debajo de un tirón brutal que me raspó la barbilla contra el cemento, pero no me importo. No la vas a soltar, imbécil. No la sueltes. Jale hacia arriba con todas mis fuerzas, arrastrándola a mi paso.

Caímos de golpe sobre la grava suelta. Me arrastré de rodillas, temblando como idiota, cegado por las lágrimas. La cubrí por completo con mi cuerpo. La apreté contra mi pecho, escondiendo la cara en su cuello, respirando su aroma junto a la brisa de la noche.

-Estás aquí, mi Rose... Estás aquí... -repetía una y otra vez, llorando sin control, buscando con los dedos el pulso de su cuello para asegurarme de que el corazón le seguía latiendo. No podía perderla- No te vayas, por favor. No me dejes solo con todo esto.

Esta vez, Rose reaccionó. Sus brazos subieron despacio y se aferraron a mi espalda como si yo fuera su única ancla en el mundo. Escondió la frente en mi pecho y un temblor violento empezó a recorrerle todo el cuerpo.

-No puedo, Marcus... Me duele -susurró contra mi abrigo. Era la primera vez en meses que escuchaba una grieta de pura vulnerabilidad en su voz- Me duele tanto que ya no sé dónde termina el sufrimiento. No puedo más. No puedo.

-Ya pasó -mentí, con el pecho destrozado, mientras le plantaba un beso en la frente- vámonos de aquí. ¿Sí?

Ella asintió despacio contra mí. Nos quedamos en el suelo de la azotea mucho tiempo, pero fue el tiempo suficiente. Cuando por fin logramos reaccionar, nos levantamos del suelo. La tomé por la cintura con delicadeza mientras juntaba nuestras frentes.

Todo paso muy rápido y a la vez muy lento. No logre comprender en ese momento la magnitud del problema, solo pensaba en ella. En ellas.

-Todo estará bien, Rose.

No debí decir mentiras, aunque me estuviera muriendo por dentro por que fueran reales...