CAPÍTULO CERO
Miraré hacia un mundo más grande y un sueño más grande. Un nuevo comienzo.
Que complicadas son las mudanzas.
—¡Abel, hijo! —gritó su señora madre, subiendo las escaleras—. Dice tú papá que cuántas cajas más vas a subir.
Abel no tuvo que ni responder pues ya se encontraba en el reducido pasillo con la última caja en manos, era solo una caja con su laptop y el Nintendo, los cómics y los libros ya se habían ido en dos cajas aparte, cuando su madre tomó la última caja para llevarla al carro, Abel aprovechó ese momento a solas para darle un último vistazo al que alguna vez fue su habitación. Las paredes con ese azul cielo manchadas de humedad y con restos de tape por los posters que tenía colgados sobre sus bandas favoritas.
No se sentía triste por dejar el lugar, aunque en sus adentros la nostalgia se le colaba por los ojos de pensar que sus memorias aqui ya habian terminado, sin embargo su ánimo subió cuando salió de la casa y el cielo estaba despejado, el sol en su punto mas alto, segun su madre esto era perfecto para un dia de mudanza; un buen presagio.
Definitivamente la casa nueva era mucho más grande. Tenía el espacio suficiente para estacionar cuatro carros bien acomodados a uno de los costados de la casa, el porche era tal cual se lo habia comentado su madre: amplio y fresco, ideal para cafés mañaneros y cómodo para los convivios o los asados del Sr. Díaz. Cuando entraron a la sala, Abel le mencionó a su padre que tenia unas vibras muy setenteras sin embargo contaba con el potencial para ser un buen espacio.
Abel nunca habia dimensionado cuanto habia beneficiado a su padre ese ascenso laboral hasta que una noche cualquiera, durante la cena, comenzó a mencionar vagamente que la propiedad que estaba a dos calles de la casa del tío Eduardo, hermano de la madre de Abel; la estaban vendiendo y tenía pensado sacar una cita para verla un día que tuviesen libre.
Nunca habian vivido con precariedad, su padre es médico y su madre trabajaba desde casa, sin embargo en el hospital para el que trabaja no le pagaba tan bien en su antiguo puesto a comparación de su puesto actual como jefe directivo de pediatría.
Terminó por confirmarlo cuando después de su clausura de preparatoria, en el asado su padre pidió unos minutos de atención agradeciendo a todos por el cariño que han recibido durante tanto tiempo y anunciando que pronto serian los propietarios de una casa. “Trabajo nos ha costado a mí y a Luci, pero después de tantos años, el árbol que hace más de veinte años sembramos, comienza a dar frutos” dijo con orgullo.
Para más de uno fueron la envidia, hay que ser honestos. En la economía actual ser poseedor de una propiedad es casi un milagro, estaba claro que la familia Díaz Mendoza de ahora en más iría en ascenso.
Subiendo por las escaleras de la casa nueva, su padre le dijo que en la segunda puerta estaba su habitacion. Al abrirla se percató de tres cosas: no.1 era muy amplia, no.2 tenia un papel tapiz horroroso y No.3 detrás de la puerta habia un libero enorme incrustado en la pared.
—Ya quiero ensuciarme las manos con esto —fue lo primero que dijo su padre desde el marco de la puerta.
Abel asintió dándole la razón, mirando todo a detalle, el papel tapiz ya estaba muy maltratado y la pintura descarapelada, la lámpara de techo no le gustaba, parecía un huevo al que le faltaban pedazos de cáscara. El abanico estaba roto y habian muchos hoyos de tornillos en la pared donde pondría la televisión.
—Sin duda es una buena casa —reconoció Abel.
—Planea todo lo que quieras cambiar —dijo su padre mirando las paredes—. De verdad todo. El próximo fin de semana vamos a comprar lo que se ocupe.
Cuando el Sr. Díaz salió de la habitación para ver la de su hija más pequeña, Amelia, Abel se dedicó a buscar la caja con la etiqueta de “escritorio” y de ahí sacó un bloc de notas, un cuaderno y su pluma favorita. Se sentó en el piso polvoso y comenzó a hacer un boceto de cómo sería su habitación perfecta. Apenas terminó su boceto, se puso de pie y comenzó a pegar notas en todo lo que quería cambiar o sacar. El librero no pensaba cambiarle absolutamente nada.
—¡Abel, baja por fa! —gritó Lucia desde el porche.
Abrió la única ventana de la habitación, polvorienta y algo trabada pero al sacar la cabeza, el aire fresco corría de una forma tan… rica, que no sabría explicar.
Ahi mismo, al voltear hacia abajo logró ver el carro de Gustavo y a él junto con su tío platicando con su mamá. Abel ya sabía de qué se trataba todo esto. Cuando llegó abajo confirmo el fructífero plan que habian hecho. Gustavo seria el chofer designado para llevarlo y tráelo a la escuela. A ver, si bien no era su idea favorita, dentro de sus planes no estaba ir en transporte público sabiendo perfectamente que desconoce por completo estos nuevos suburbios, aún si ya cuenta con el conocimiento básico de conducción, le aterraba estar frente al volante.
Gustavo, aunque algo inflexible y sin estar convencido, terminó por aceptar siempre y cuando lo acompañara al teatro hasta que saliera de las prácticas los dias de ensayo.
Gustavo era todo un artista, ahora trabajaba en una obra independiente para un profesor, así que parte de sus tardes las llevaba en el teatro ensayando para su gran presentación.
Preferiría eso mil veces antes que tener que ir apretado en un taxi del que ni siquiera estaba seguro que lo lleve o al menos pase por una calle cerca de su casa.
Agosto 22, 15:32
En otros tiempos, el quedarse quieto en un solo sitio era la forma más segura de desaparecer del plano terrenal. Antes de casas minimalistas en serie y nombres de calles repetitivos o poco creativos, la gente seguía a la gente. Una mudanza era un signo de renovación; estar en busca de algo nuevo. Su hogar era hubiera mejor clima o se sintieran cómodos los recursos fueran abundantes para abastecerse. De ahí fueron llamados nómadas, por no quedarse en un solo lugar, por no ser aferrados a un espacio.
Mudarse hoy en día puede sentirse casi igual. Es una oportunidad para probar cosas nuevas, respirar otros aires, renovarse. Y así, como aquellos antepasados, a uno no le queda más que tomar lo imprescindible y marcharse del lugar del que alguna vez fue su hogar. En su tiempo fue por no cargar tantas cosas en el lomo, ahora es porque solo me dieron tres cajas chicas y una grande pues mi papá no está dispuesto a poner un solo peso más para más cajas.
¿Cómo haces para que toda una vida quepa en tan solo unas cajas?
Mi mamá tenía razón cuando dijo que la casa nueva es muy bonita y con mucha luz natural, así como también la tuvo cuando dijo que el porche era amplio y perfecto en el cual podríamos tomar el café juntos mientras vemos a la gente pasar.
Cada sábado temprano me siento con ella a beber una taza. Casi no me gusta el café, pero me gusta estar con ella.
21:17
Ciclo de sueño: completo. 21:30-5:30
Hidratación: regular. 1.7L aproximadamente.
Lectura: La tregua +35 págs.