Sometida a su voluntad

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Sinopsis

¿Qué sucede cuando una chica huye de casa para terminar secuestrada y atrapada con un hombre con graves problemas de control y dominación, derivados de los abusos y violaciones que sufrió a manos de su propia madre durante la infancia? Bueno, esta chica está a punto de llevarse una sorpresa, al igual que su secuestrador.

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Capítulo 1

—¡VALE, ME PIRO! —le grité a mi padrastro mientras salía corriendo.

—¡VUELVE AQUÍ! —me gritó él.

Agarré mi mochila y el móvil y salí disparada hacia la casa de mi novio.

Mientras corría, al final tuve que seguir caminando sola. Vivía con mi padrastro desde que mi madre murió el año pasado. Nunca nos llevamos bien, siempre discutíamos. No me quedaba mucha familia, así que no tuve más remedio que quedarme con él.

Tengo diecisiete años y estoy en el último curso del instituto. Me llamo Kelly Peterson, tengo el pelo largo y rubio y los ojos verdes.

Caminé por la calle y lo llamé. Me dijo que fuera, que me dejaría la puerta abierta. Vivía literalmente a dos manzanas.

Mientras iba, un coche se detuvo a mi lado.

—¡Eh, nena! ¿Quieres que te lleve? ¡Hace un frío que pela! —gritó un tipo, repasándome de arriba abajo sin ningún disimulo.

—¡No! —le grité, y apreté el paso. Me puso nerviosa la forma en que me miró.

Al final se marchó, y yo seguí caminando rápido.

Ya estaba cerca de la casa, a punto de llamar a mi novio, cuando alguien me agarró por detrás.

—¡SUÉLTAME! —grité, forcejeando.

—¡Quédate quieta y cierra el pico! —me ordenó el tipo, sujetándome con fuerza.

Le di un codazo en la cara y eché a correr.

Vi la casa de mi novio y aceleré, pero el tipo me placó contra el suelo.

Me tapó la boca con un trapo.

Punto de vista desconocido.

Me llamo Matt, así que no me llames "desconocido".

Iba conduciendo y, al rato, ella despertó. Estaba esposada y atada, sentada a mi lado.

—¿D-dónde estoy? ¿Qué ha pasado? —preguntó, mirándome.

—¡OYE, SUÉLTAME! ¡NO PUEDES SECUESTRARME! —gritó.

—¡CIERRA EL PICO! —le grité yo.

Intentó moverse, pero no pudo.

—Aguanta, cariño, que ya casi llegamos a casa —le dije con una sonrisa.

Punto de vista de Kelly.

Lo miré. Me sonaba de algo, pero no caía en quién era.

Me quedé sentada a su lado, observándolo conducir. Paró en un semáforo y me miró.

—No veo la hora de metértela… —dijo, sonriendo.

Me puso la mano en el coño y empezó a frotar. Se inclinó y me besó, pero le di un cabezazo rápido.

—No me toques, joder —le espeté, furiosa.

Se rio, aparcó el coche y vino a mi lado para sacarme.

Me llevó a una caravana destartalada, me metió en una habitación trasera y me tumbó en una cama.

—Iba a esperar, pero ahora quiero hacerte gritar —dijo, quitándose los pantalones.

Lo miré. Estaba fuerte, musculoso. Se bajó los calzoncillos y la tenía enorme.

Dios mío, el tamaño de eso. Cerré los ojos con fuerza.

—Te voy a follar tan fuerte… —dijo.

Abrí los ojos. Se acercó a la cama, me ató las piernas abiertas a unos ganchos laterales, sacó unas tijeras y me cortó los pantalones y las bragas.

—Preciosa —murmuró, mirándome. Luego bajó la cabeza hacia mi coño.

Me quedé quieta, con los ojos cerrados y las lágrimas asomando.

Me lamió, me chupó y me metió la lengua dentro, moviéndola por todas partes.

—Gime para mí, nena —me ordenó.

No lo hice, y me dio una bofetada fuerte.

—Más te vale empezar a gemir —dijo, enfadado.

Siguió lamiendo, metiéndome la lengua y follándome con ella. Me chupó y me metió los dedos.

Aguanté los gemidos, y él se incorporó.

—Vale. Entonces gemiré yo —dijo, y se subió encima de mí.

Me puso la polla cerca de la boca y me la metió hasta el fondo.

—Ahhh, joder, sí… chúpala… y si me muerdes, te hago daño. ¡Chupa! —me ordenó, dándome una bofetada.

Chupé, y él gruñó y gimió. Luego se arrodilló, me sentó contra el cabecero de la cama y me metió la polla en la boca, empujando.

—¡CHUPA! —me gritó, dándome un golpe. Me sujetó la cara y me folló la boca.

—Dios, sí… mmm, joder… chupa más fuerte… así, qué rico… —gimió.

No aguanté más y le mordí. Le mordí tan fuerte que gritó de dolor.

—¡AAAAAAAAAAAAH! ¡HIJA DE PUTA! —gritó, sacándosela de la boca.

Miró su polla: estaba roja, con la marca de los dientes.

—¡SE ACABÓ! —rugió.

Salió de la habitación y volvió con un cinturón.

Se acercó, me desató las piernas y me dio la vuelta.

—¡UNO! —gritó, y sentí el latigazo del cinturón en el culo.

Dolió como el demonio, pero no iba a darle el gusto. Aguanté el grito.

—¡DOS! —

Me mordí las sábanas, con las lágrimas rodando por la cara del dolor.

—¡TRES! —

—¡CUATRO! —

—¡CINCO! —

—¡SEIS!… ¡SIETE!… ¡OCHO!… ¡NUEVE!… ¡Y DIEZ! —Me golpeó tan fuerte que me desmayé.

El culo me ardía. Me quedé ahí tirada, con los ojos cerrados, rogando que el dolor pasara pronto.

—Ahora descansa. Cuando te mejores, terminaré de follarte. Pero ahora mi polla necesita curarse. Eres mi mascota, ¿entendido? Cuando te diga que hagas algo, lo haces. O te mato —dijo, y salió furioso.

Más tarde, cerré los ojos y me quedé dormida.

Punto de vista de Matt.

Me vestí y fui a la camioneta a conducir.

Esa zorra me había mordido la polla tan fuerte que hasta me sangraba la marca.

Mi casa estaba lejos. Mientras conducía, vi una gasolinera casi vacía y entré. Dentro, una mujer me sonrió y coqueteó. La muy idiota no tenía ni idea de con quién estaba flirteando. Podría ser un asesino… ah, espera.

Lo soy.

Le sonreí.

—¿Vives por aquí? —le pregunté, con voz suave.

Ella sonrió más.

—Sí, vivo aquí…

—Pues soy nuevo por la zona… ¿sabes… eh… cuál es la ruta más rápida para llegar a Virginia desde aquí? —pregunté, haciéndome el despistado.

—¡Claro! Te lo enseño en un mapa…

Cogió uno, y yo no le quité ojo al cuerpo. La deseaba. Joder esa mocosa que me había mordido.

—Bueno, si vas tres millas al norte… —empecé a decir, pero la interrumpí.

—¿Me ayudas a meterlo en el GPS nuevo que me he comprado? No me aclaro con la tecnología —dije, sonriendo.

—Por supuesto —me respondió, con una sonrisa enorme.

Salimos, la agarré y le hice una llave en el cuello hasta que se desmayó.

La cargué y la llevé dentro, hasta la habitación donde estaba la otra chica, que seguía dormida.

La quité de la cama, la até a un lado y tiré a la mujer en la cama. Le quité la ropa.

Conduje hasta un descampado y fui a la parte de atrás. Ella estaba despertando.

—¿Dónde… dónde estoy? ¿Qué hace esa chica desnuda y encadenada? ¡Y dónde está mi ropa?! —dijo, histérica.

Me acerqué más y sonreí.

Punto de vista de Kelly.

Me desperté y lo vi violando a una mujer de unos veinte años. Era preciosa, lo bastante mayor como para ser su hija mayor. Él tendría unos treinta, pero estaba en forma, no era ningún viejo.

La embestía con tanta fuerza que ella lloraba con cada empujón. La sujetaba con las dos manos por detrás, follándola sin piedad. Me miró y sonrió con maldad, luego la destrozó a embestidas mientras ella gritaba.

Ella lloraba, se estaba rompiendo, y yo no pude soportarlo.

—Para —le dije, furiosa.

Mi madre me enseñó que hay que hacer lo correcto, aunque eso signifique luchar por los demás y sacrificarse.

—¡PARA! —grité.

Se detuvo y me miró.

La miré. Estaba llorando, aterrada, destrozada por dentro. No era tan fuerte como yo, ni mental ni emocionalmente, para aguantar algo así.

—Sí, quiero que sea mi turno… —dije, enfadada.

Él sonrió de oreja a oreja.

—Bien… pues parece que esta señora te ha salvado el pellejo. Iba a convertirte en mi esclava sexual, pero… tenemos voluntaria…

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Nota de la autora: este libro forma parte de una serie de tres. Lo escribí hace tiempo, cuando era más joven (ahora tengo treinta). Actualmente estoy terminando el último libro, así que tened paciencia, porque vale la pena y os sorprenderá.