Prólogo
Durante tres años he tenido el mismo sueño. Uno en el que un hombre extraño, con una voz cautivadora y ojos rojos, viene a verme. A veces, hasta podía escuchar su voz en mi mente.
Nunca pude verlo, solo su silueta y sus brillantes ojos rojos.
Él me toca, me consuela, me besa.
En un mundo solitario, sin nadie que se preocupara por mí, lo tenía a él. Era un ser creado por mi imaginación y mi depresión. Era mi amigo imaginario, mi única familia, el producto de mi locura.
Al menos, eso era lo que pensaba hasta que él llegó y me reclamó como su amada.
Desear algo es peligroso.