Prólogo
Hasta ahora todo iba bien; ni siquiera me había rozado con otra persona. Faltaban dos minutos para la primera clase y en los pasillos ya quedaban pocos estudiantes. De alguna manera, me había salvado de una buena.
Ahora solo tenía que averiguar qué clase me tocaba y estaría fuera de peligro.
Miré mi horario y busqué el número de salón para la primera hora: matemáticas. Justo cuando lo encontré, me choqué con algo sólido. Estaba claro que no había un poste en medio del pasillo, así que eso solo podía significar una cosa.
El corazón se me cayó a los pies al mirar a la persona con la que había chocado. Mis ojos se cruzaron con la mirada molesta de Liam Coleman. El chico malo del instituto y la última persona con la que quería tropezarme.
Bueno, allá voy.
«¿Puedo besarte?», pregunté, intentando que mi voz sonara más segura de lo que me sentía.
Su cara era una mezcla de sorpresa y confusión, pero asintió lentamente dándome permiso.
Sin dudarlo, pegué mis labios a los suyos.
Al principio nos quedamos paralizados, pero él se recuperó rápido y rodeó mi cintura con sus brazos para atraerme hacia él. Nuestros labios se movieron en perfecta sincronía y, justo cuando el beso empezaba a intensificarse, sonó el timbre y rompió el hechizo.
No fui capaz de mirarlo a los ojos mientras corría pasando a su lado por el pasillo vacío hacia mi clase. Solo deseaba que todo esto fuera una pesadilla horrible de la que me despertaría pronto.