Sparkle of Life(Mafia love story #1)

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Sinopsis

DARK ROMANCE. Historia de un amor prohibido. Corrí a la sala de estar y había seis hombres de pie con trajes. Y un hombre que se veía diferente a ellos, con un aura extremadamente peligrosa, un cuerpo alto como el de una bestia, vistiendo una costosa chaqueta de cuero, jeans azules y botas. Sostenía un arma que apuntaba hacia la cabeza de mi padre. Grité: "¡NO!". Todas las miradas se posaron en mí y el tipo del arma me miró con sus penetrantes ojos verdes y se quedó observándome. Yo ya estaba llorando y las lágrimas acariciaban mis mejillas. Mi padre me miró y gritó: "¡VE A TU HABITACIÓN AHORA!". Ese tipo desvió la mirada de mí hacia mi padre y dijo con su voz profunda: "Como no tienes el dinero para pagarme, me llevaré a esta chica tuya". ****************************************** Alizey, una chica de 21 años que es estudiante universitaria y vive feliz con su familia. Ella usa hiyab y es una musulmana practicante. Para ella, su familia lo es todo y puede hacer cualquier cosa por ellos. Alexander, el don del bajo mundo, conocido como Alex. Es un hombre despiadado y de corazón de piedra. ¿Qué pasará cuando pose sus ojos en una chica que nunca podrá ser suya? ¿Qué hará para conseguirla? LEE PARA DESCUBRIRLO.

Estado:
Completado
Capítulos:
53
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4.8 153 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Hoy es mi último día del cuarto semestre. Estudio la carrera de fisioterapia, que dura cuatro años. Bueno, me llamo Alizey y tengo 20 años. Vivo con mis padres y mi hermano pequeño. Mis mejores amigas son Sarah y Anna. Son como mis hermanas. En nuestro grupo de amigos estamos Sarah, Anna, Amir, Malik y yo. Todos nos llevamos muy bien.

Sarah es una chica rellenita y preciosa, con ojos color avellana y pelo negro. Anna, en cambio, es atractiva e inteligente, con ojos azules y pelo rubio. Malik es el mejor de la clase; es guapo, tiene ojos color avellana, pelo castaño y un cuerpo atlético.

Como es nuestro último día de semestre, planeamos ir a las atracciones del nuevo parque cerca de la universidad. Quedamos en encontrarnos todos allí. Después de mis clases, fui hacia la parada del autobús. Esperé como 10 minutos, pero el autobús no pasaba, así que decidí irme caminando. Me tomaría entre 15 y 20 minutos. Hacía un tiempo estupendo.

Cuando llegué, solo vi a Amir. Al verme llegar, me preguntó: —¿Dónde están los demás?

Le sonreí al ver su cara de fastidio, porque odia esperar. —Llegarán en 15 minutos. Malik me acaba de escribir.

Amir y yo nos hicimos amigos en mi primera semana después de inscribirme. Tenía problemas para encontrar mi clase porque nadie me decía dónde estaba; al contrario, empezaron a burlarse de mí, a decir tonterías y a ponerme apodos. En ese momento apareció Amir, me ayudó y le advirtió a todos que se mantuvieran alejados de mí. Él era un chico famoso en la universidad por ser muy guapo. Probablemente mide 1.88 metros y tiene cuerpo de atleta. Sus ojos son de un color miel claro y tiene facciones hermosas, con una mandíbula marcada y la barba bien recortada. A menudo tengo que aguantar el odio de sus admiradoras (pero ¿a quién le importa?...)

También estábamos en la misma clase; siempre está ahí para mí cuando lo necesito, como un hermano mayor. Por eso se convirtió en una de las personas más importantes de mi vida. Han pasado dos años desde que somos amigos.

Después de un rato llegaron Anna, Sarah y Malik, así que fuimos hacia las atracciones. Yo quería subirme a la montaña rusa, estaba muy emocionada: —Oigan chicos, subamos a esa montaña rusa.

Anna le tiene miedo a las alturas y empezó a negar con la cabeza: —¡Ni hablar! No me voy a subir a esa cosa.

Malik empezó a reírse: —Vaya, así que nuestra pequeña tigresa le tiene miedo a algo.

Anna puso cara de molestia: —Cállate, ustedes súbanse, yo me quedo aquí. Ella se sentó y nosotros nos subimos a la atracción. Yo me senté con Sarah, mientras que Amir y Malik se sentaron juntos.

Amir dudaba en subirse, pero Malik lo obligó mientras lo provocaba: —No te comportes como una niña, hermano. Pero Amir se defendió diciendo: —Ah, ¿y tú sí te estás comportando como un hombre?

Ya me tenían harta: —Vamos, chicos, dejen de molestarse. La atracción comenzó y nos divertimos mucho, excepto Amir, que gritaba como un niño y nos hacía reír a carcajadas.

Luego llamamos a Anna, nos subimos a otras atracciones y Amir nos invitó a algo de comer porque su equipo ganó el partido de fútbol de la universidad. Después de eso, nos despedimos.

Eran casi las 4 de la tarde. Para tomar el autobús a mi casa, estaba cruzando la calle hacia la parada. El semáforo estaba en verde para los peatones. Me estaba acomodando el hiyab mientras cruzaba, asegurando el alfiler. De repente, escuché un chirrido de llantas y, al instante siguiente, estaba tirada en el suelo; mi frente golpeó el asfalto y mi rodilla sangraba mucho. Aún estaba consciente de lo que pasaba a mi alrededor.

Miré el semáforo y seguía en verde para cruzar. Eso me enfureció, estaba hirviendo de rabia. Me levanté con dolor en la rodilla y fui hacia la puerta del conductor de ese hermoso Bugatti Veyron negro. Las ventanas y todos los cristales estaban polarizados. No podía ver quién estaba dentro, pero una cosa estaba clara: quienquiera que fuera, se iba a arrepentir. Golpeé la ventana del conductor y no hubo respuesta. ¿Qué demonios? —¡Salga, señor! —grité prácticamente, pero seguía sin haber respuesta.

Estaba echando chispas, iba a matar a esa persona. —Oh, Alá, dame sabr (paciencia). —¡Señor! —empecé a golpear la ventana con fuerza. Mi bolso y mis cosas seguían en la calle frente a su auto. La sangre de mi rodilla manchaba mi ropa. —¡Salga, cobarde! ¡Pedazo de...!

De repente, la puerta se abrió empujándome un poco hacia atrás, alguien me lanzó algo de dinero y volvió a cerrar la puerta. ¿Pero qué carajos?

Siempre llevo un martillo en el bolso; oh, por favor, no pregunten por qué, es por mi seguridad, digamos. También llevo gas pimienta. Saqué el martillo de mi bolso y golpeé la parte delantera del auto.

El hombre salió del asiento del conductor y, vaya, era enorme, muy musculoso, mediría como 1.90 metros. Era un hombre alto, con gafas de sol y una máscara que le cubría la boca y la nariz para que no pudiera ver bien su rostro. No parecía un hombre normal, más bien un hulk o una bestia. Tenía la mandíbula apretada, demostrando que estaba enojado (Ay no, ahora sí está furioso...)

Tenía un aura aterradora y parecía ser muy dominante, pero volví a golpear el auto y le dejé una marca perfecta. Él gruñó: —¡¡¡MUJER!!!

Vino hacia mí a toda prisa. Recogí el dinero que me había lanzado, se lo tiré a la cara y le dije: —Quédate con el cambio.

Él estaba furioso, y decir que estaba asustada sería poco, estaba aterrorizada, pero que me parta un rayo si le muestro cualquier debilidad. Me arrebató el martillo y lo tiró lejos. Dio un paso adelante, invadiendo mi espacio personal, así que retrocedí.

Inmediatamente me agarró el brazo derecho con fuerza. Me moría de miedo. Empecé a forcejear: —¡Suéltame!

No hizo nada, solo se me quedó mirando con el rostro inexpresivo. No podía verlo bien. Me agarró del otro brazo y me atrajo hacia él. ¿Qué demonios le pasa? ¿Es un psicópata? Forcejeé con todas mis fuerzas, pero era tan fuerte que ni siquiera se movió. Entonces se acercó a mí; mi corazón latía como si estuviera en una maratón, a punto de salírseme del pecho. Empezó a olfatear mi hiyab cerca de mi oreja. Las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos: —¡¡¡SUÉLTAME!!! —grité. Me soltó como si hubiera salido de un trance, se dirigió al auto, me miró una última vez y se marchó. Intenté no llorar. Me llevé la mano al pecho para calmar mis latidos. Recogí mis cosas y me fui a casa en un taxi.

Mamá estaba enojada y me regañaba por no ir atenta por la calle; baba estaba preocupado por mis heridas, pero ya estaba bien. Mi madre me curó; tenía una pequeña venda en la frente y en la rodilla. Mi hermano también estaba preocupado. —Lo siento, mamá, pero ya estoy bien, no te preocupes. Y tengo hambre, por favor, dame de comer.

Pero mamá dijo: —Nada de comida para ti. Y además, hoy hice biryani para la cena.

¡Oh, sí! Biryani, me encanta. —Mamá, por favor, te quiero mucho, no te preocupes. Vamos papá y Ali, comamos. Por favor, anímense y cambien el humor, que mi estómago me está pidiendo comida a gritos. —Mi padre soltó una carcajada, seguido por Ali y mamá.

Después de cenar, fui a mi habitación. Hice mis abluciones, recé la oración de Isha y leí el Corán. Después, hice una súplica a Alá: —YA ALÁ, bendice siempre a mi familia y a mis amigos, y mantenlos felices. Cuídalos bajo tu protección. Ayuda a los pobres y necesitados, y dame la fuerza y el poder para protegerme a mí misma. AMÉN.

Después me metí a bañar. Cuando me vi en el espejo, tenía un moretón en el brazo derecho por donde esa bestia me agarró. Oh, Alá, perdóname por dejar que me tocara. Nunca quise volver a ver a ese hombre en mi vida; ni siquiera sé cómo es su cara, pero sus manos y su cuello estaban cubiertos de tatuajes. (Ugh, ¿por qué estoy pensando en él?...) Me puse el pijama, me acosté en la cama y me quedé profundamente dormida enseguida.