Prólogo: El diario del nerd
Querido diario:
Quiero follarme a ella.
Nunca he querido nada tanto en mi vida. Nunca he deseado sacar dieces ni entrar a la universidad tanto como deseo entrar en ella.
En fin, la quiero. Quiero su coño y lo quiero con ganas.
Cada día se sienta frente a mí y su perfume me inunda como una ola de puro sexo embriagador. Siempre me pone duro.
Y hoy, ¡joder! Nunca había tenido un empalme tan doloroso que me hiciera llorar, pero ahí estaba yo, sentado en clase de ciencias llorando como un puto crío porque tenía la polla durísima. Todo porque se inclinó delante de mi pupitre. La tela transparente de su vestido me dio una vista perfecta de su coño cubierto de encaje fino.
Llegué a casa, me metí directo a la ducha y me hice una paja imaginando que era su coño caliente y húmedo.
Qué mal que soy el nerd.
Una chica como Prescilla no sale con nerds. Probablemente por eso se está follando al Quarterback. Al menos eso es lo que él me contó. El muy capullo tiene la manía de contarme mierdas todo el tiempo, mierdas que realmente no quiero escuchar. Dijo que es porque soy un nerd y, aunque tuviera los huevos de contarle a alguien lo que él dice, nadie se lo creería.
La única razón por la que no trato de alejar al imbécil es porque habla de ella. Y aunque es una putada, probablemente es lo más parecido a un «amigo» que tengo.
En fin, diario, aunque me encanta ver el coño de Prescilla, espero de putísima madre que mañana no lleve nada parecido a ese invento transparente de sexo andante.
Me voy a correr en los pantalones.
Hablo muy en serio,
Arnold.