Capítulo 1
No. No era eso lo que quería. ¿Qué es esto? Ni por casualidad se asemeja a lo que yo quería. No es ese el libro que yo esperaba. Escribí sin parar, horas y horas frente a la computadora. ¿Este es el resultado? No, no lo creo, fueron mis palabras y sin embargo son tan ajenas a mí, que nos las reconozco. No fui yo. ¿Quién fue? No. Es imposible.
-Ya termino, un párrafo más, y me voy a la cama. Ya ni distingo las letras, pero debo seguir. No puedo parar ahora.- Mis dedos recorren las teclas como si no hubiese tiempo que perder, teclean sin pausa, parecen danzar sin compasión sobre cuadros inestables. Hasta que de repente se detienen, parecen haber perdido la noción del tiempo y el espacio. Mi cuerpo no los controla. Se paralizan, y mis ojos recorren a alta velocidad el texto en la pantalla. Me quedo sin palabras, ya no puedo escribir por esta noche. Me paralizo y me detengo a mirar la cantidad de palabras que aún me faltan por escribir. De a poco desaparecen las letras de la hoja. Se hacen irreconocibles. Guardo mi progreso y cierro todo. Mis manos tiemblan y mi cabeza palpita. Me derrumbo en la cama y respiro agitadamente. Cierro los ojos y no recuerdo nada más. Al abrirlos ya es de día y cuando se hace visible la hora en el reloj, mi corazón da un vuelco. No consigo el aire para llenar mis pulmones.
La sangre parecía ya no correr por mis venas, pero el tiempo no se había detenido. Ni aunque lograse pararlo, recuperaría mi tiempo perdido. Me sentía paranoico. No sabía que se sentía algo como esto escribir un libro. Cuando el tiempo apremia, nada más de lo que te propusiste hacer importa. No importa si comes, o no lo haces, incluso más de una vez te pregustas si lo has hecho. Tampoco importa si has dormido, o si has solo tomado varias tazas de café. Ya nada importa.
Solo escribir el libro. Puede que incluso la inspiración no se presente en los momentos más esperados. Yo he pasado por cada una de esas cosas, y las sigo viviendo año tras año. Pero al ver ese conjunto de hojas decoradas con símbolos de tinta entre mis manos, siento que doy lo mejor de mí. Suelto un suspiro, y pienso cuales han de ser mis siguientes palabras. Tomo un lápiz y un papel, y empiezo a garabatear.
Las líneas son desconocidas, ilegibles ante cualquiera. Paro. Tomo con ambas manos aquello que pudo llegar a ser el siguiente capítulo de mi libro. Lo junto todo y formo con él, un bollo nada especial. Lo arrojo al basurero, pero cae fuera. Me enfado más por no haber encestado que por no haber escrito nada coherente. Me levanto y lo recojo. Me doy cuenta entonces que podría solo cambiar algunas palabras, en lugar de tirar todo mi trabajo. Lo abro nuevamente y lo arreglo a mi gusto. Decido no tocarlo más y escribir un nuevo capítulo.