Kitten

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Sinopsis

When the bold, cocky bad boy Brian O'Brien returns to his hometown, he discovers that some things changed in his absence. Brian has a new neighbor—a shy, smart girl Leah, who seems to hate his guts since the moment she sees him from her bedroom window. Intrigued by the girl who is unlike anyone he's ever met, he calls her Kitten and tries to discover who she really is. Her claws only come out with him, but how many layers are there to the good girl with a perfect boyfriend and a strict mother? Small towns make it hard to avoid a person. As Brian and Leah spend more time together, a series of events set something much bigger in motion—something that will forever change them both. Brian loves the wind in his hair and the rumble of his bike's engine. Leah is sheltered in her little world. What would happen if he showed her that there is more to life than what she has seen? What if she starts to realize how much she's been missing?

Genero:
Romance
Autor/a:
A. Knighton
Estado:
Completado
Capítulos:
52
Rating
5.0 167 reseñas
Clasificación por edades:
18+

1. Home Again

Brian

La carretera está extrañamente vacía en mi camino a casa. Echo un vistazo al espejo retrovisor de mi Fat Boy y acelero. Sonrío al escuchar el rugido del motor y saludo al tipo de un camión viejo al que acabo de dejar atrás.

Mi viejo me va a joder por conducir tan rápido, pero él no es ningún santo. Siempre puedo decirle que tenía hambre. No será mentira; no he comido nada desde la mañana. Justo a tiempo, mi estómago ruge y me centro en las llanuras de campos de maíz y en el cielo gris y tormentoso.

Si tengo suerte, tendré tiempo de echar una siestecita antes de ir a The Temple. Solo es un claro en el bosque a las afueras del pueblo, pero cuando Mac le puso ese nombre hace años, se quedó así.

Sonrío de nuevo al pensar en mi amigo de la infancia. El tipo no tiene ni idea de que he vuelto, nadie lo sabe. Quiero ver la cara de sorpresa de esos cabrones cuando aparezca de golpe en su pequeña reunión.

Me falta una milla. El paisaje familiar hace que se me encoja el estómago. Visité a mi viejo todo lo que pude, pero no era lo mismo.

Mamá ya está allá, en su nuevo apartamento. Me pregunto si vendrá a cenar con nosotros. Ella y papá están bien; no hubo insultos ni drama. Se tomaron un tiempo el uno del otro, y yo necesitaba un tiempo lejos de mi pueblo.

Si hubiera sabido que los echaría tanto de menos a ellos y a los chicos, me habría quedado y dejado que mamá se mudara sola al otro lado del país. Ella era feliz enseñando allá, pero yo esperaba que se hartara de ese agujero y quisiera volver.

La Fat Boy entra en mi barrio. Necesito estirar las piernas y tengo el culo entumecido. No importa cuántas veces haya montado, no me acostumbro al asiento. Mac diría que soy un flojo. Me muero de ganas de abrazar hasta reventar a ese cabrón.

Nuestra casa está más adelante. Mi viejo no está en el jardín; debe estar trabajando en el garaje. Me quito el casco en cuanto pongo los pies en el suelo y paso los dedos por mi pelo oscuro y alborotado. Probablemente debería cortármelo, pero a las chicas les gusta tirar de él, y me encanta esa mierda demasiado como para negarme el placer.

Muevo los hombros mientras subo los escalones de madera del porche. —¡Viejo! —grito, golpeando la puerta principal con el puño.

Se abre apenas un segundo después, y mi gigantesco padre me da un golpe en la cabeza antes de envolverme en sus brazos y darme palmadas en la espalda. —Bienvenido a casa, hijo.

—Qué bien se siente estar de vuelta. —Le guiño un ojo y le doy un repaso visual. Sigue tan fuerte, alto y tatuado como siempre, y sus ojos brillan de la misma manera. Mi padre tiene cuarenta y tantos, es lo bastante joven para hacer lo que le salga de los huevos. Mi hermano y yo tuvimos suerte con nuestros padres. Ojalá todos mis amigos pudieran decir lo mismo.

Mi viejo señala la Fat Boy con la cabeza. —Mete tus cosas. Supongo que tienes hambre.

—Un hambre de puta madre —me quejo, y me gano otro golpe de Axel O’Brien.

—Soy el único que dice palabrotas aquí, ¿entendido? Ustedes, pequeños cabrones, nunca aprenden. Cuida la moto y arrastra el culo a la cocina. Yo también me muero de hambre.

—¿Y mamá?

—Tiene reunión de su club de lectura. Pasará mañana. Más vale que no vengas con resaca.

—No prometo nada. —Me encojo de hombros y salgo de la casa. No tardo nada en agarrar mi alforja a reventar y dejar la Fat Boy en el garaje. Vuelvo a entrar y subo las escaleras hacia mi vieja habitación.

Mi viejo no ha tocado nada. Los pósteres de mis bandas favoritas siguen en la pared. Añadiré uno de Jimmy, mi hermano mayor, la superestrella.

Dejo mis cosas en la alfombra; desempacar puede esperar. Si mi padre tiene hambre, su paciencia es inexistente.

Me quito la ropa de cuero y la tiro sobre la cama. Luego, abro la cremallera de la bolsa y saco unos vaqueros limpios y una camiseta negra sencilla.

Estoy a punto de vestirme cuando noto movimiento en una de las ventanas de la casa de al lado. Había estado vacía durante años porque los dueños no encontraban a nadie que la alquilara. Mac decía que esa mierda estaba encantada, mientras que yo pensaba que necesitaba demasiadas reparaciones.

Mientras meto los brazos por las mangas de la camiseta, tomo nota mental de preguntarle a mi viejo por los nuevos vecinos. Más vale que sea una tía buena. Me divertiría mucho con eso.