1. Prólogo
¡HISTORIA ANTIGUA! ¡NO ESTÁ MUY BIEN ESCRITA!
Con solo una vela en sus manos para alumbrarse en el pasillo oscuro, Lucy siguió el sonido mientras caminaba de puntillas sobre las frías baldosas.
—Ahh... más rápido...
Ahí estaba el sonido de nuevo. Gemidos y una respiración agitada.
Al final del pasillo, una puerta no estaba del todo cerrada. Una luz parpadeante brillaba por la pequeña rendija y bailaba en las paredes.
Lucy se detuvo frente a ella. Empujó la puerta de madera un poco más para ver qué pasaba en la habitación. Lo que vio casi hace que se le caiga la vela de las manos. Su criada, Scarlett, estaba sentada sobre la larga mesa del comedor. Tenía su falda negra de sirvienta y su delantal blanco subidos hasta arriba. Sus piernas desnudas estaban abiertas tanto como podía. La mujer se apoyaba en uno de sus codos. Con la otra mano se abría ahí abajo... Sus dedos separaban los pliegues rosados, invitando a uno de los criados a darle placer con actos indecentes. Él lamía ese lugar prohibido mientras sus dedos hacían lo mismo.
El cabello castaño de Scarlett, que siempre llevaba en un moño impecable, colgaba suelto alrededor de su lindo rostro. Ella gemía y arqueaba la espalda. Sus caderas se empujaban contra la cara del hombre con un ritmo rápido, casi como si fuera un baile.
¡Lucy estaba impactada! Sin querer, empujó la puerta y esta se abrió un poco más con un crujido. Por suerte no fue un ruido fuerte. El hombre sentado en la silla ni siquiera lo notó, porque estaba demasiado ocupado haciendo ruidos de succión obscenos.
Cuando miró a Scarlett, se dio cuenta de que ella sí la había visto... La mujer mayor la miró fijamente. Lucy se asustó, incapaz de moverse o de hablar.
Los ojos verdes de Scarlett la miraban entre párpados pesados con un brillo oscuro y extraño. Sus labios carnosos se veían todavía más llenos de lo normal y sus mejillas estaban coloradas. Una sonrisa pícara se dibujó en los labios de la criada antes de echar la cabeza hacia atrás. Gimió más fuerte, corriéndose sobre toda la cara del hombre hasta que esta brilló a la luz de la vela.
Lucy salió corriendo tan rápido como sus pies descalzos se lo permitieron.
~~~ Dos semanas antes ~~~
La llegada de una nueva criada al castillo Deerhorn era el chisme del día entre los sirvientes. Los hombres parecían especialmente contentos cuando la joven bajó del carruaje. En su mano solo llevaba una maleta pequeña.
Se llamaba Scarlett. Había sido contratada como la nueva doncella de la hija menor de Sir Dearhorn, Lucy. Ella había mirado desde la ventana cómo Scarlett entraba al castillo con una sonrisa impresionante en su lindo rostro. Lucy nunca había visto a una mujer tan hermosa en su vida. El cabello de Scarlett era castaño claro y lo llevaba recogido. Unas pestañas largas y oscuras adornaban sus ojos almendrados de color verde brillante. Tenía la nariz pequeña y los labios rosados.
Lucy ya tenía dieciocho años y era toda una mujer. Esperaba que la nueva sirvienta fuera amable para que pudieran ser amigas. Se sentía sola a menudo y su vida la aburría a morir. Todos los días tenía que hacer lo mismo una y otra vez. Pintaba, bordaba con su madre y sus hermanas mayores, o jugaba al ajedrez con su padre. Por supuesto que quería mucho a sus hermanas y a sus padres, pero Lucy quería algo más que esto...
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