Odio amarte

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Sinopsis

—¿Cuando seamos mayores serás mi pareja, verdad, Julian? —le dije al mejor amigo de mi hermano cuando solo tenía seis años. —No es así como funciona —se rio él—. Pero no hay nadie a quien desearía más, Alice. Charles, el hermano de Alice, desapareció sin dejar rastro hace dos años, dejándole su puesto como Gamma en la manada y una brecha insalvable entre ella y el mejor amigo de Charles, el Beta Julian. Ahora que está a punto de alcanzar la mayoría de edad y encontrar a su pareja destinada, todos esos sentimientos resurgen. Y aún más cuando descubre quién es su mate... ¿Será capaz de hacer que funcione y, quizás, encontrar a su hermano desaparecido?

Genero:
Romance/Fantasy
Autor/a:
M. Syrah
Estado:
Completado
Capítulos:
40
Rating
4.8 19 reseñas
Clasificación por edades:
18+

1

Alice

El sol calentaba mucho en esta tarde de verano. Disfrutaba de la brisa fresca mientras estaba tumbada en la hierba templada. Tenía los ojos cerrados y estaba totalmente relajada. Suspiré de gusto cuando escuché una risita no muy lejos de mí. Una sonrisa se dibujó en mi rostro; conocía esa voz.

«Aquí estás», dije.

«Me preguntaba qué estaría haciendo mi futura Gamma y aquí te he encontrado», dijo Jasper.

Él era mi joven Alfa. Jasper apenas era tres años mayor que yo, pero ya actuaba como Alfa de la manada, más o menos, mientras esperaba a que yo cumpliera con mi papel. El puesto de Gamma debería haber sido para mi hermano mayor, pero... Desapareció hace dos años y me dejó a mí para asumir el rango.

Jasper era amable, fuerte y de fiar. Era perfecto para ser Alfa. Además de eso, era un buen partido. Era alto, con el pelo largo de color castaño oscuro y unos penetrantes ojos verdes; tenía un cuerpo musculoso para alguien de 21 años, y aún le quedaba margen para crecer. Todas las hembras de la manada estaban locas por él. Debo admitir que no me importaría ser su pareja. Todavía tenía algo de tiempo para pensarlo, porque mi cumpleaños número 18 estaba a la vuelta de la esquina.

«Está siendo una vaga, como de costumbre», dijo Julian.

Chasqueé la lengua por la rabia. Julian. Él era nuestro Beta, pero le odiaba. Era tan alto como Jasper, con el pelo rubio oscuro y revuelto, y ojos azul oscuro. Solía ser el mejor amigo de mi hermano y yo estaba colada por él cuando era niña, pero ahora... Solo sentía resentimiento. Me culpaba de la desaparición de mi hermano y eso era injusto... Abrí los ojos y le lancé una mirada asesina.

«Por favor, compórtate, Jul», dijo Jasper, acostumbrado a nuestros piques. «Pensé que estarías en casa preparando tu cumpleaños».

«Me estoy tomando un descanso», dije, acomodándome de nuevo en la hierba. «Mi cumpleaños es en dos días, así que tengo tiempo. Además, ya sabes que soy muy organizada, así que todo está listo».

«Genial», asintió Jasper sentándose a mi lado. «¿Tienes ganas de cumplir la mayoría de edad y encontrar a tu predestinado?»

Jasper era cercano a mí debido a nuestro futuro papel; sabía que podía hablar de ese asunto con él. No me hacía gracia que Julian también lo oyera, pero podía ignorarlo mientras él hiciera lo mismo.

«En realidad, me pone nerviosa. No quiero dejar la manada, así que espero que mi predestinado esté aquí», confesé.

Julian soltó un bufido ante eso y apreté los dientes. Él sabía que sería malo para la manada si mi predestinado no estaba aquí, porque eso significaría que tendría que irme. Los lobos siempre adoptan el rango más alto de sus parejas, así que podría acabar unida a un Beta o a un Alfa; eso significaría que dejaría a mi manada sin una Gamma. Jasper suspiró entre nosotros y giró la mirada hacia mí.

«No tienes por qué preocuparte por esto, Li, estoy seguro de que todo saldrá bien», dijo para tranquilizarme.

«Espero que tengas razón», suspiré.

«De todos modos nos las arreglaríamos sin ti», dijo Julian con naturalidad.

Era imposible. Giré la cabeza bruscamente para mirarle y él me estaba devolviendo la mirada. Eso enfureció aún más a mi lobo, pero él lo sabía y probablemente lo estaba haciendo a propósito. Menudo imbécil. Ambos éramos dominantes, pero él era dominante conmigo, lo que significaba que nunca ganaría en una pelea de dominancia contra él. De todos modos, me sacaba una cabeza y era el doble de ancho que yo; además, sabía pelear.