AFTERDARK | Draco Malfoy

Sinopsis

━Draco- ━Murmuró ella, a lo que él posó su mirada sobre la de ella, expectante. Por un segundo, Draco pensó que ella se alejaría; que la había asustado y que quería irse de ahí lo más pronto posible. ━Theo no puede saber.━Continuó hablando; mientras su pecho subía y bajaba violentamente ante la situación. ━Theo no puede saber.━Repitió él, dejándole en claro que no querría que Theo supiese las cosas que estaba a punto de hacerle a su hermana. La hermana de su mejor amigo. Ella volvió a agarrarlo por el cuello; esta vez inclinándose un poco hacia atrás, dejando que los brazos del platinado la sostuvieran por completo. Después de una ruptura amorosa, Margaret Nott se ve envuelta en una situación complicada con la persona que menos esperaba. Nadie le dijo que involucrarse con el mejor amigo de su hermano sería algo tan difícil. Pero al mismo tiempo - nadie le advirtió que sería tan adictivo. [Hufflepuff OC x Draco Malfoy]

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
-tinamoon
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Welcome party

—¿No crees que es algo... pronto?—Dijo la castaña con duda.


La novia de su hermano estaba ayudándola a elegir una vestimenta adecuada para la fiesta de bienvenida de esa noche.


—¿Pronto para una fiesta? ¿O pronto para finalmente superar a Diggory?—Se burló Pansy, la cuál estaba concentrada buscando entre las prendas de ropa de Margaret.


Había pasado ya tres meses desde que su ex novio había terminado con ella. Había sido un acuerdo mutuo, ya que él al ser dos años mayor, se había graduado a mitades de año. Ambos llevaban saliendo dos años, pero el hecho de que el ya tenía una nueva novia, la hacía dudar si es que esa era realmente la razón de su ruptura.


—Mar... seré sincera.—Pansy se dio la vuelta, con una falda y un top en sus manos. Se acercó lentamente a la cama de la chica, sentándose a su lado y posando su mando en su brazo.—Diggory vale mierda. Es hora de que busques algo más - te hará bien, créeme.


Margaret la miró dudosa, pero asintió de todos modos. Tampoco era como si algo iba a pasar esa noche.


Es decir, no pasó en los años anteriores, y claramente no había manera de que justo hoy sucediera algo. Ambas chicas terminaron de arreglarse, hasta que una media hora después, se estaban dirigiendo a la sala común de Slytherin. Margaret siempre había sido raramente querida por todos ahí. Su hermano siempre había tratado de incluirla en todas las fiestas que podía, y también la invitaba siempre a comer con ellos a su mesa en el Gran Comedor.


Margaret era la adoración de Theo. Desde pequeños, había tomado su rol protector sobre ella, y aún más desde que su padre había muerto.


La madre de ambos chicos había caído en una gran depresión alcohólica, por lo que su tía decidió que era mejor si se iban a vivir con ella y su marido.


Y fue la mejor decisión que habían tomado.


—¿Vas bien?—Pansy le preguntó a la castaña, preocupada al notar su mirada perdida en su rostro.


Margaret sacudió su cabeza.—Sí, sí.


Ambas chicas salieron de su dormitorio, con cuidafo de que nadie más las viera. Margaret se encontraría con sus mejores amigos en la fiesta - Trinity había sido encargada de llevar el alcohol, por lo que Finn la había acompañado obligadamente una hora antes.


Había costado un par de años para que la "rivalidad" entre las casas se solucionara, pero ahora todo parecía funcionar bien.


Después de un rato de caminar hacia la entrada, ambas se encontraron dentro del lugar. Luces verdes, música y ya varios estudiantes bebiendo se podían ver, no pasó mucho tiempo antes de que Theodore llegara a recibirlas a ambas.


—Mis chicas favoritas, ya estaban tardando.—Se acercó a darle un beso en la frente a Margaret, para después dejar un corto beso en los labios de Pansy.


Theo pasó uno de sus brazos por encima de los hombros de su novia, mientras Margaret miraba a su alrededor en busca de sus amigos.


Finalmente, Finn apareció a su vista. En su mano llevaba una botella de lo que parecía whisky de fuego - mientras que Trinity le hablaba enojada. Parecía que lo estaba regañando por algo.


—Vuelvo en un rato. Iré con los chicos.—Mar le hizo un gesto a su hermano con la cabeza, a lo que él asintió mientras tomaba la mano de Pansy y se iba a un grupo de Slytherin sentados en uno de los sillones en la sala común.


Margaret se apresuró a llegar con sus amigos - si bien no le incomodaba estar sola con otras personas, estar con ellos era mejor.


—¡Llegó!—Finn exclamó al verla. Margaret rodó los ojos y se acercó a él, mientras el castaño pasaba su brazo por sus hombros para darle un ligero beso en su frente.


—¡Aspen! Esta conversación no termina aquí.—Trinity llegó, aún con una expresión molesta en su rostro. Se giró hacia Margaret, cambiando su enojo por completo a una sonrisa dulce.—Mar, viniste.—Se acercó a abrazarla, dejando un pequeño beso en su mejilla y empujando a Finn lejos de ellas.


—¿De qué trata todo esto?—La Hufflepuff río, mientras Fin rodaba los ojos y cruzaba sus brazos frente a su pecho.


—Tri piensa que es mala idea invitar a salir a Hermione Gran-


—¡Es una pésima idea! Ron es nuestro amigo - o algo así. No puedes hacer eso.—Bufó, quitándole la botella de su mano, para luego agarrar la de la castaña.—Acompáñame, debemos ir a acomodar unas últimas cosas.


Margaret le frunció el ceño a Finn, el cuál sólo se encogió de hombros. Ambas chicas comenzaron a caminar, mientras la chica pedía disculpas cada vez que su amiga empujaba a alguien para pasar.


—Woah, tranquila. Vas a lastimar a alguien.—Una voz las detuvo a ambas, a lo que Trinity sólo rodó los ojos y bufó.


—No estoy de humor, Malfoy. Sigue con lo tuyo.—Trinity estuvo a punto de seguir caminando, pero Margaret la detuvo rápidamente.


—No seas grosera-


—Tranquila, Maggie. Ya sé cómo Young puede llegar a

ser.—Se burló él, dejando caer su mano sobre su hombro, dándole un pequeño apretón.


—Hola, Draco.—Margaret le sonrió amablemente, con una expresión de disculpas ante la actitud de su mejor amiga. Draco movió la mano, restándole importancia.


—¿Y Theo?—Preguntó, ignorando la presencia de la Gryffindor furiosa a su lado.


—Por allá.—La castaña apuntó hacia los sillones detrás de ella.


Draco simplemente asintió, antes de darle un último apretón donde había dejado su mano. Draco bajó su cabeza lo suficiente como para llegar a la altura de su oído y susurrarle:


—Trata de que no mate a muchas personas, ¿sí? Sería una lástima que se fuera a Azkabán a tan corta edad.—Rió, refiriéndose a Trinity. Margartet dejó salir una pequeña sonrisa, y asintió.


—¡Te escuché, Malfoy! ¡Jódete!—La morena exclamó, profundizando su ceño.


—Es mejor que corras, antes de que la persona que mate seas tú.—La castaña murmuró de vuelta, ganándose una última sonrisa por parte del platinado.


—Te veo, Maggie. No me hagas llevarte a tu sala común como la última vez.—Le guiñó un ojo, besando cortamente la coronilla de su cabeza.


Antes de que pudiese responder, Draco ya se había encaminado hacia dónde Margaret le había indicado.


Draco y Margaret se conocían desde que eran niños - pero sólo hace unos dos años, habían comenzado a hablar más. Theodore y Draco habían sido mejores amigos desde que tenía memoria, por lo que siempre había habido una buena relación de por medio.


Ambas chicas continuron su camino, hasta que llegaron a una esquina del lugar.


—¿Y qué se supone que debemos ordenar?—Margaret preguntó, mirando a su alrededor.


Escuchó a su mejor amiga bufar, llamando su atención.


—¿Hola? ¡¿No es obvio que quería salir de ahí?!—Le respondió, moviendo sus brazos en el aire. La castaña levantó sus brazos en defensa ante la actitud de Trinity.


—Woah, tranquila. ¿Pasa algo?—Margaret la agarró del brazo, llevándola a un sillón de dos cuerpos que había frente a ella. Ambas se sentaron, mientras la chica de piel morena suspiraba.


—Claro que pasa algo. Claro que sí.—Comenzó a hablar.—Finn es demasiado tonto para darse cuenta de que me gusta, ¿sí? Lo dije. No puedo esconderlo más.


Margaret soltó una risa, mientras su mejor amiga la fulminaba con la mirada. Después de unos segundos, se agarró el estómago, el cuál le había dolido de lo fuerte que había reído - Trinity sólo la miraba confundida y con el celo fruncido.


—¿Qué es tan chistoso?—Habló finalmente.


—Merlín, es que - me haces reír. ¡Se nota mucho que te gusta!—Exclamó, a lo que su amiga llevó sus manos a su boca callándola.


—¡Mierda, Margaret!—Dijo desesperada, cambiando su expresión a una de completa preocupación.


—La música está alta, nadie va a escuchar-


—¡Chicas!—Una voz femenina nos hizo girar sus rostros.


Ginny Weasley se encontraba sonriéndoles, agarrada del brazo de la chica rubia de Ravenclaw.


—Esta conversación no termina aquí.—Trinity dijo, antes de levantarse del sillón a saludar a las chicas.


—Claro que no.—Se burló Margaret, siguiéndola de inmediato.





[...]




—¡Perra! Dime que conseguiste algún chico esta noche.—La voz ebria de Pansy inundó los oídos de Margaret, la cuál apenas había tomado un vaso de whisky de fuego - y ahora estaba bebiendo gustosamente una cerveza de mantequilla que su hermano le había dado.


—Merlín, Pansy.—Rió Margaret, agarrándola por sus brazos pues casi se había caído.—¿Y Theo?


—Oh, ese imbécil. Dijo que volvía hace cinco minutos - ¡se acabó todo el alcohol!—Se quejó, sin dejar de reír.


—Pansy, joder. Ven aquí.—Otra castaña apareció a su lado, con una expresión preocupada en su rostro.—Oh, hola Mar.


La chica le sonrió tiernamente cuando se percató de su presencia.


—Hola Astoria, ¿buena noche?—Rió, al ver a la chica con un vaso de agua para Pansy. Ella sólo reía, mientras apoyaba su cabeza en el hombro de la pequeña Greengrass.


—Theo me la dejó aquí - fue con Blaise a buscar... algo. No sé. Joder, ¡Pansy!—Exclamó, al ver que las rodillas de la chica comenzaban a debilitarse.


—Vamos, llevémosla allá.—Margaret la ayudó a sostenerla, mientras se dirigían a uno de los divanes de cuero que habían cerca de ellas.


Muchos estudiantes ya estaban medios ebrios - bailando entre ellos, bebiendo y conversando animadamente. Tuvieron que empujar a muchas personas para finalmente sentar a Pansy en el lugar.


—Toma, bebe esto.—Astoria le indicó, arrodillándose frente a ella mientras llevaba el vaso a sus labios.


—Es... ¿es ponchecito especial?—Hipó, mientras su cuerpo se iba hacia adelante inconscientemente. Margaret negó con la cabeza mientras reía, ayudándola a erguirse en el lugar.


—Sí, Pansy.—Astoria rodó los ojos, finalmente adentrando el líquido por la boca de la chica frente a ella.


Cuando bebió lo suficiente, Pansy se echó hacia atrás, suspirando.


—Poción de sobriedad - es bueno que guardé algunas del año anterior.—Astoria explicó, dejando el vaso en la mesa de su lado.


—Deberías guardárme una de esas.—Respondió Margaret, tomando asiento a su lado. Pansy ya estaba medio acurrucada en el hombro de Astoria, cerrando los ojos lentamente con una sonrisa tonta en su rostro.


—¿Cómo estuvo el verano? No pudimos vernos.—La chica giró su cabeza hacia Margaret, dándole una sonrisa.


—Sí - estuvimos con Theo en Italia la mayoría del verano.—Dijo ella, tomando un sorbo de su cerveza de mantequilla.


—Oh. Nosotros fuimos a Francia. Pero sólo dos semanas.—Dijo ella, mirando a las personas que bailanan en frente. Volvió su mirada a Margaret, esta vez con una expresión apenada en su rostro.—Supe lo de Cedric, Mar. Lo lamento tanto.


Lo lamento tanto.


Era algo que había escuchado y leído en cartas de varios de sus amigos durante el verano.


Margaret sintió náuseas - recordar a Cedric le hacía sentir eso siempre.


—Oh. Sí, claro. Pero estoy bien.—Tragó duramente, fingiendo su mejor sonrisa.


Astoria llevó su mano al brazo de ella, apretándolo suavemente.


—Puedes hablarlo conmigo cuando quieras.—Subió su mano a darle una amistosa caricia en su mejilla.—Estoy para tí, Mar.


Una sonrisa sincera se posó en sus labios, a lo que Margaret sólo pudo asentir.


Por más consuelo que necesitara, necesitaba salir de ahí de inmediato. La presión en su pecho le había dado ganas de llorar - y no quería dar pena en medio de una fiesta dónde todos estaban pasándolo bien.


—Iré a... tomar aire. Estoy algo mareada.—Mintió rápidamente.—No tardo.


Y antes de que Astoria pudiese decir algo, Margaret se levantó del sillón y comenzó a caminar entre las personas que bailaban en medio de la sala común.


Pidió disculpas varias veces, hasta que llegó a la puerta de salida.


Ahora se encontraba en el pasillo; caminando hacia cualquier lugar que le diera algo de paz mental.


Finalmente, llegó a una pequeña abertura en el pasillo de las mazmorras, dónde había una banca. Se apresuró a sentarse en ella, apoyando su cabeza en el muro de piedra mientras cerraba los ojos y dejaba salir un suspiro.


Nunca pensó que una ruptura la afectaría de esa manera, su relación con Cedric había sido la primera que había tenido en su vida.


Como todo primer amor, Margaret se vio en un futuro con él. En una linda casa, con un gran jardín y dos hijos.


Pero claro, eso formaba parte de la ilusión del primer amor.


—¿Maggie?—Una voz la sacó de sus pensamientos. Draco se encontraba parado frente a ella, con una expresión de preocupación en su rostro.


Margaret se apresuró a limpiarse unas cuantas lágrimas que habían caído por sus mejillas - ni siquiera se había dado cuenta de que estaba llorando.


—Draco, hola.—Le respondió, dándole una pequeña sonrisa.


El platinado se acercó, arrodillándose frente a ella para que sus rostros quedaran a la misma altura. Draco levantó su mano, llevando su pulgar para secar una de las gotas en su piel.


—Estás llorando.—Murmuró él, ahora dejando caer sus manos en sus rodillas desnudas. A Margaret esto no la exaltó ni un poco - él siempre había sido una persona muy cariñosa con ella.


—Sólo me abrumé un poco, tenía que tomar aire. Vuelvo de inmediato. No te preocupes.—Esnifó, negando con la cabeza para restarle importancia.


Draco alzó una ceja, esta vez con una risa burlona en su rostro.


—Creo que eres la primera persona que se le ocurriría tomar aire bajo tierra. La mayoría iría a la Torre de Astronomia, ¿sabes?


Margaret rió ante su broma, golpeándolo suavemente en el brazo. Draco se puso de pie nuevamente, para sentarse a su lado.


—¿Qué haces aquí?—Preguntó ella, tratando de cambiar el tema. Había girado su cuerpo levemente para poder mirarlo mejor; sus rodillas chocaban, mientras Draco pasaba su brazo por detrás de la espalda de Margaret para apoyar su mano en la banca.


—Escapando de alguien.—Se encogió de hombros.


—¿Daphne?—Margaret trató de adivinar, recordando la historia que ambos tenían juntos.


—Daphne.—Afirmó él, frunciendo sus labios.—Pero no importa. Iba a la cocina a buscar algo del licor que usan los elfos para cocinar, ¿quieres venir?


Ella lo miró unos segundos, considerando el ir o no. Llegó a la conclusión de que prefería tener compañía a pasar el resto de la noche sola llorando en un rincón.


—Claro.—Asintió ella. Draco le sonrió, y se levantó de la banca, ofreciéndole su brazo para que ella lo tomara.


Ella rodó los ojos ante su intento de caballerosidad - pero de todos modos lo tomó.


Ambos comenzaron a caminar en silencio hacia el otro lado del pasilo; las cocinas quedaban casi al lado de la sala común de Hufflepuff.


—¿Vas a decirme por qué estabas llorando?—Habló Draco, después de un rato de silencio por parte de ambos.


—Ya sabes por qué.—Suspiró, mientras doblaban una esquina.


—Claro que lo sé, pero se veía educado preguntarlo.—Se detuvieron frente a unos cuadros, dónde Draco levantó su mano para frotar sus dedos contra la pera de la pintura. Ésta se volvió una manilla, la cual el giró, para luego abrir una puerta.—Después de ti.—Hizo un gesto para que ella entrara primero.


La cocina era enorme; y ningún elfo se veía en el lugar. Lo más probable era que todos estuviesen ya durmiendo.


—Es algo que voy a superar eventualmente. Sólo me abrumé un poco, como te dije.—Habló ella, respondiendo a su pregunta anterior.


Draco la miró - ella se había sentado en uno de los mesones vacíos, balanceando sus pies distraídamente mientras miraba a su alrededor.


Ella había estado en las cocinas una sola vez además de esa - había sido en quinto año, cuando Pansy le dio a probar hierba por primera vez y ambas habían estado hambrientas al cabo de una hora.


—Bueno, Mar. Qué te puedo decir.—Dijo él, alcanzando uno de los muebles de la pared, sacando una botella transparente con un líquido color caramelo dentro.


Draco se volvió a ella, apoyando su cuerpo en el mueble, justo al lado de donde Margaret se encontraba sentada.


—Dickory nunca me agradó.—Continuó, levantando la botella para mostrársela. Margaret rió ante el infantil apodo.


Cedric y Draco jamás se habían llevado bien, y el nombre había sido algo que Blaise y él le habían puesto un tiempo después de que ambos se habían hecho novios oficialmente.


—¿Qué es eso?—Preguntó ella, refiriéndose a la botella que había traído momentos antes. Él sonrió y leyó la etiqueta.


—Licor de roble.—Respondió él, para luego girar su rostro nuevamente a la chica a su lado.—Los elfos cocinan con esto. Tienen unas mil botellas, no se darán cuenta que falta una.


Él giró la tapa, para luego acercar su nariz a la boquilla y olerla.


—Huele.—Le dijo él, esta vez acercándola al rostro de Margaret. Ella hizo caso, y un olor dulce y picante invadió sus fosas nasales, causando que arrugara la nariz levemente.


—¿Por qué parece que no es primera vez que haces esto?


—Me conoces tan bien, Maggie.—Respondió él.—¿Quieres probarlo?


Ella asintió de inmediato, recibiendo la botella en sus manos. Acercó ma boquilla a su boca, tomando un corto sorbo. El líquido espeso quemó suavemente su garganta, y el dulzor del licor la hizo sonreír.


—Es rico.—Respondió, devolviéndole la botella.


Él asintió, haciendo lo mismo, pero tomando un trago más largo.


—Apenas bebí un trago del whisky de fuego que había en la fiesta. Theo ya se había acabado todo cuando volví del baño.—Dijo él, ganándose una risa por parte de Margaret.


—Apenas bebí también. Me entretuve conversando con Ginny y Luna.—Dijo ella, agarrando la botella nuevamente para tomar otro sorbo.


Ambos se quedaron en silencio unos segundos, antes de que Draco hablara nuevamente.


—¿Quieres volver?—Preguntó, cerrando la botella y dejándola a un lado.


Margaret arrugó su nariz nuevamente, mientras sus piernas comenzaban a balancearse una vez más.


—La verdad no. Creo que volveré a mi dormitorio. Mañana debo ordenar algunas cosas para comenzar bien las clases el Lunes.—Dijo sinceramente.


—Tampoco quiero volver. No tenía tantas ganas de beber - y ya todos están muy idos allá.—Suspiró, dejando caer nuevamente su brazo tras la espalda de la castaña.


Ella lo miró unos segundos, moviéndose un poco más cerca de él.


—¿Por qué no te agradaba Cedric?—Preguntó, ganándose la completa atención del platinado. Él simplemente se encogió de hombros.


—Siempre pensé que merecías algo mejor. Pensábamos, Theo y yo.—Aclaró rápidamente.


Margaret inclinó su cabeza a un lado, de repente interesanda en qué más tenia que decir Draco sobre su ex novio.


—¿Algo mejor?—Cuestionó.


—Claro. El tipo es demasiado egocéntrico por su propio bien.—Sus ojos se encontraron con los de ella. Verde y gris chocando como dos luces potentes bajo la tenue iluminación del lugar.


—¿Y tú no?—Se burló ella, golpeándolo suavemente en el brazo.


Draco rodó los ojos, pero de todos modos rió junto con ella.


—Simplemente no me daba buena espina. Había algo en él - su rostro simplemente me daba ganas de golpearlo cada vez que lo veía.


Ella negó nuevamente con la cabeza, para luego posar su mirada en sus piernas.


—Alguien mejor llegará para ti, Maggie.—Le dijo él, a lo que ella nuevamente llevó sus ojos hacia los suyos.


Ella jamás creyó que encontraría a Draco tan atractivo como lo estaba haciendo en ese momento. De alguna manera, sus ojos se encontraron notando detalles que antes no había visto.


Unas cuantas pecas sobre su nariz; una pequeña cicatriz en su labio.


Sus labios. Margaret estaba mirando sus labios por ya demasiado tiempo sin notarlo.


—¿Alguien mejor?—Repitió ella, volviendo sus ojos a los de él, los cuáles estaban mirándola de la misma manera que la castaña había hecho segundos antes.


El aire de repente se puso espeso - algo había cambiado.


Draco también se encontraba preguntándose a sí mismo el por qué sus pensamientos hacia la hermana menor de su mejor amigo se habían ido a lugar que no debían.


—Alguien mejor.—Murmuró él, sin darse cuenta de que su rostro se había acercado demasiado al de ella.


Margaret acercó su cuerpo un poco más al de él al sentir su dedo pulgar dibujarpequeños círculos bajo su espalda.


No sabía por qué estaba sintiendo lo que sentía. Quizás el encontrar consuelo en él la había hecho sentir la incontrolable necesidad de besarlo.


Ella se sentía sola, y él estaba ahí.


El mundo pareció detenerse un segundo cuando de un impulso, ella chocó sus labios con los de él, para luego separarse de inmediato.


Se maldijo a ella misma cuando vio la expresión perpleja del platinado frente a ella; él claramenre estaba sorprendido ante su repentino movimiento. Ella se bajó del mesón rápidamente, dispuesta a irse de allí lo más pronto posible, mientras comenzaba a hablar mirando el suelo.


—Perdón, no sé que fue eso, yo-


—No.—La interrumpió de inmediato.


Ella levantó la mirada ante esto, con miedo de encontrar rechazo en su expresión.


Su estómago dio un vuelco cuando él llevó una de sus manos a su mejilla, sin quitar su mirada de sus labios.


—¿No?—Suspiró, nerviosa ante su silencio.


Draco no sabía qué pasaba, que todo lo que quería ahora era probar sus labios una vez más.


Era raro sentirse embriagado por completo cuando apenas había tomado unas gotas de alcohol en toda la noche.


—No deberíamos hacer esto.—Susurró él, mientras sus acciones contradecían completamente sus palabras.


Su cuerpo se había pegado al de ella como un imán; su respiración estaba completamente acelerada, mientras admiraba el pequeño rubor que se había formado en las mejillas de la castaña.


No debería. No debería. No debería.


Se repitió en su cabeza varias veces; pero una voz más fuerte sobrepuso todos sus intentos por convencerse a sí mismo de no hacer lo que quería hacer.


Hazlo.


—Bueno.—Respondió ella, mientras sus manos subían lentamente a reposar sobre los brazos del platinado.


Todo pasó muy rápido.


De un segundo a otro, ambos se encontraban deseando el tacto del otro.


Draco decidió seguir sus impulsos - como siempre. Sus labios fueron a encontrarse nuevamente con los de ella, causando que Margaret apoyara con fuerza su mano en el mesón a sus espaldas para ganar estabilidad.


Ninguno dijo nada. Su deseo era más fuerte que cualquier sentido común que pasara por sus pensamientos en esos momentos.


Ella recibió el beso sin dudar; algo en sus labios no le permitía alejarse de ellos.


Sabía que estaba mal. Sabía que Theodore se volvería loco si sabía siquiera que Draco la había tocado de la manera más mínimamente indebida.


Pero de todos modos, lo hizo.


Las manos de Draco habían bajado a su cintura, mientras sus bocas continuaban chocando con desesperación. Era un beso intenso - se sentía bien besar algo que estaba prohibido para ella.


El platinado levantó su cuerpo de un movimiento, dejándola nuevamente sentada en el mesón tras ella; sus manos fueron a caer nuevamente sobre sus muslos - con cuidado de no ir demasiado lejos y asustarla.


Pero todos sus sentidos se volvieron borrosos cuando Margaret envolvió sus piernas alrededor de su cintura, acercándolo más a él.


Un pequeño gruñido salió de su garganta cuando la sintió llevar sus manos a su cuello, tironeando suavemente el cabello en su nuca.


Draco aprovechó esto para llevar su lengua a su labio inferior, pidiendo permiso para entrar en su boca. Ella tarareó en el beso al sentir su lengua chocar contra la de ella; ahora las manos del platinado subiendo pos sus muslos desnudos levantando su falda hasta dejarla arrugada por arriba de sus bragas.


Ella se separó un segundo, al darse cuenta de que claramente esto iba más allá de unos besos calientes entre ambos.


—Draco- —Murmuró ella, a lo que él posó su mirada sobre la de ella, expectante.


Por un segundo, Draco pensó que ella se alejaría; que la había asustado y que quería irse de ahí lo más pronto posible.


—Theo no puede saber.—Continuó hablando; mientras su pecho subía y bajaba violentamente ante la situación.


—Theo no puede saber.—Repitió él, dejándole en claro que no querría que Theo supiese las cosas que estaba a punto de hacerle a su hermana.


La hermana de su mejor amigo.


Ella volvió a agarrarlo por el cuello; esta vez inclinándose un poco hacia atrás, dejando que los brazos del platinado la sostuvieran por completo.


Draco llevó su boca al cuello de ella; besándolo con cuidado de no dejar marcas que los delataran la mañana siguiente.


Llevó su mano a su mandíbula, agarrándola con fuerza para poder dejar aún más acceso a su cuello desnudo.


La castaña gimió cuando una de sus manos subió hasta uno de sus pechos, apretándolo suavemente sobre la tela que los cubría.


Ella llevó sus manos a su espalda, bajándolas hasta que sus dedos tocaron el borde de su camiseta. Mientras Draco seguía bajando sus besos por su clavícula, ella la subió lentamente, dejando que sus uñas rasguñaran sin querer su pálida piel.


Draco gruñó ante esto, mientras la mano que estaba en su pecho subía a una de las tiras de la camiseta de ella. Dejó un suave beso en su hombro desnudo cuando la bajó, causando que las caderas de Margaret empujaran hacia adelante en busca de un poco de fricción.


Finalmente, ella subió la camiseta del platinado aún más, por lo que él se separó un poco para poder quitársela por completo.


Si bien hacía frío; ambos sentían la necesidad de deshacerse de sus prendas por completo, la sangre de ambos hervía dentro de ellos, y sus cuerpos se deseaban mutuamente.


Draco terminó de bajar por completo la camiseta de ella, dejando su torso descubierto. La observó un par de segundos, antes de deslizar su mano por dentro de sus muslos; desesperado por sentirla.


Ella abrió sus piernas un poco más, echando su cabeza hacia atrás cuando el dedo pulgar de él la tocó en dónde más lo necesitaba.


Sus dedos fríos se deslizaron por un lado de sus bragas, sintiendo la húmedad que se había formado entre sus piernas.


—Joder- —Murmuró él contra su cuello, mientras uno de sus dedos entraba en ella lentamente.


Ella gimió al sentirlo enroscarse dentro de ella; el sonido de su dedo entrando y saliendo llegó a sus oídos, haciéndola desearlo aún más.


Ella se acomodó en el mesón, llevando sus manos al cinturón de Draco, desabrochándolo con desesperación. Él al mismo tiempo, besó el lóbulo de su oreja, dejándola hacer lo que le plazca con él.


La castaña finalmente desabrochó por completo sus pantalones, para luego bajarlos junto a sus bóxers, dejando que la longitud de él quedara al descubierto.


Margaret se mordió el labio al sentir las manos de Draco ir nuevamente a sus bragas - esta vez agarrando con fuerza el elástico para bajarlas. Ella enredó sus brazos en su cuello para levantarse un poco y que así se deslizaran con facilidad sobre sus muslos, hasta que cayeron en el suelo de la cocina.


—Espera- ¿estás tomando algo para cuidarte?—Recordó rápidamente.


—Sí.—Asintió, apenas dejando salir las palabras de sus labios. Él suspiró, dejando un corto beso sobre sus labios antes de volver su atención a otra parte.


Draco de inmediato agarró su miembro, llevando ma punta a la entrada de ella. Esparció su humedad desde su punta a su base; bombeando un par de veces antes de mirarla.


—¿Quieres esto, Maggie?—Murmuró él, buscando alguna señal de duda en su rostro.


—Sí. Lo quiero, Draco.—Respondió, uniendo sus labios una vez más con los de él.


Draco pasó sus brazos por debajo de los muslos de ella, apoyando sus manos sobre la fría superficie del mesón. Se adentró lentamente en ella, con cuidado de no hacerle daño.


Ella gimió contra su boca cuando su longitud entró por completo en ella, y echó la cabeza hacia atrás cuando dio una estocada más fuerte después de salir de ella un momento.


Él comenzo a moverse a un ritmo más constante, mientras su boca atacaba la piel expuesta de su cuello con deseo. Margaret gimió al sentirlo tocar un punto sensible dentro de ella, mientras sus manos iban a su espalda sosteniéndose en él como si su vida dependiese de ello.


Draco aceleró sus estocadas cuando sus gemidos se hicieron más fuertes - sin preocuparse de que alguien los escuchara.


De todos modos, nadie sabía que ellos estaban ahí.


—Ahí, justo ahí.—Jadeó ella, mientras sentía sus piernas comenzar a temblar ante la sensación.


Él bajó su dedo por su abdomen, mientras pegaba su frente a la de ella y comenzaba a frotar rápidamente su clítoris para poder darle aún más placer del que estaba sintiendo.


Si bien sentirla apretada alrededor de él lo llevaba al extremo del éxtasis; verla gimiendo bajo él definitivamente lo llevaba a las nubes.


Porque se veía jodidamente perfecta con la boca entreabierta y sus ojos girando hacia atrás.


—¿Te gusta así, cariño?—Susurró contra sus labios, aguantándose todas las ganas de besarlos.


Pero necesitaba escucharla más, necesitaba saber lo bien que la estaba haciendo sentir.


—Sí. Me encanta, Draco.—Su nombre salió de sus labios en un tono sensual; un tono que casi lo hizo correrse ahí mismo.


Pero tenía que asegurarse de hacerla venir antes. Y se aseguraría de hacerlo de tal manera que jamás olvidara la manera en que él se la había follado.


Ella comenzó a moverse cuando sintió un nudo comenzar a formarse en su estómago; la estimulación que Draco le estaba dando la iba hacer correrse en cualquier momento.


Draco continuó penetrándola como pudo - si bien no estaba haciéndolo como el hubiese querido, sobre en una cama para poder ponerla en la posición que le plazca - se estaba asegurando de hacerla sentir bien.


Y joder, ella lo estaba sintiendo más que bien.


—¿Te vas a venir por mí, Maggie?—Murmuró nuevamente, llevando su mano a que envolviera su garganta con fuerza.


Ella cerró los ojos ante esto, mientras asentía repetidas veces. Gemidos y jadeos inundaron el lugar, ambos estaban a punto de llegar a lo más alto, mientras sus pieles chocaban con fuerza entre ellas.


Draco apretó con más fuerza su agarre en su cuello, aumentando las estocadas para finalmente hacerla llegar a su esperado clímax.


Al cabo de unos segundos, Margaret estaba gimiendo su nombre mientras su cabeza caía hacia atrás; con el rostro de Draco enterrado en su cuello mientras sus estocadas se volvían más lentas.


Sus piernas temblaron al sentir su vientre explotar, la sensación espariéndose por todo su cuerpo. La liberación de Draco se sintió tibia dentro de ella, y él bajó su rostro para besarla descuidadamente mientras daba las últimas estocadas antes de salirse.


Ambos se quedaron en una especie de abrazo un par de segundos; sus respiraciones estaban agitadas, y sus cuerpos estaban sudados y calientes.


No habían notado cuanto se necesitaban hasta este momento - y ninguno estaba arrepentido en lo más mínimo por lo que acababan de hacer como se esperaba.


Draco llevó sus labios hacia su mejilla, besándola cariñosamente mientras la ayudaba a subirse su camiseta hasta dejarla donde debía estar. Dejó un beso corto en su hombro, antes de agacharse a buscar sus bragas y deslizarlas devuelta a dónde correspondían.


Se quedaron mirando unos segundos, sin decirse una palabra. Sólo mirándose profundamente mientras él subía su mano a su mejilla.


—¿Estás bien?—Preguntó él, mientras subía sus pantalones y se abrochaba su cinturón rápidamente. Ella alcanzó la camiseta de Draco que estaba a un lado de ella, y se la entregó.


—Sí. ¿Tú?—Respondió, mientras el platinado se acomodaba su prenda sobre su torso.


Él volvió a acomodarse entre sus piernas, acariciando suavemente sus lados mientras dejaba en corto beso en sus labios.


—Bien.—Rió él.—¿Te llevo a tu sala común?


Draco no estaba seguro de lo que hacer ahora - pero vio cómo la chica frente a él se veía cansada, y supuso que lo mejor era llevarla de vuelta a su sala común para que descansara.


Podrían hablar de esto por la mañana.


Ella asintió, bajándose del mesón y acomodando su cabello con cuidado, antes de seguir a Draco fuera de la cocina.


La botella de licor quedó encima del mesón, pero a ninguno de los dos pareció importarle.


Esa noche, ambos se quedaron mirando el techo sin poder dormir, preguntándose cómo eso podía haber pasado.


Y preguntándose por qué ambos querían más del otro.