Secret Lover

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Sinopsis

¿Qué pasaría si pudieras explorar tus deseos más oscuros… sin revelar nunca tu rostro? Nora nunca esperó una invitación a un club exclusivo donde las identidades se ocultan, las fantasías se cumplen y las reglas están hechas para romperse. Ace nunca esperó obsesionarse con una mujer cuyo nombre no conoce y cuyo rostro nunca ha visto. A medida que Nora y Ace se ven arrastrados a lo más profundo de este seductor mundo de secretos y anhelo, deben enfrentar la verdad: ¿qué tan lejos están dispuestos a llegar por una conexión que desafía los límites de la realidad?

Genero:
Erotica
Autor/a:
Meghann Crane
Estado:
Extracto
Capítulos:
5
Rating
4.7 51 reseñas
Clasificación por edades:
18+

1: La invitación

Nora

Alexander, mi mejor amigo, estaba sentado junto a mí en nuestro restaurante favorito. Otra vez estaba coqueteando con una mesera. Intentamos almorzar juntos una vez por semana para mantenernos al día, aunque nos vemos seguido. Es nuestra pequeña tradición y hemos logrado mantenerla a pesar de nuestras agendas tan ocupadas. Todos los miércoles nos reunimos en nuestro lugar preferido para charlar.

Mientras lo miro, me pongo celosa porque él puede conquistar mujeres en un abrir y cerrar de ojos. Siempre le he tenido envidia por esa habilidad. No tiene que esforzarse mucho; es un hombre guapo, encantador y las mujeres se sienten atraídas por él. Debo admitir que entiendo perfectamente qué es lo que ellas ven en él.

Conozco a Alex desde hace mucho tiempo. Nuestros padres eran amigos, lo que obligó a nuestras madres a ser amigas también en cuanto los conocieron. Algunos dirían que tenemos un problema de codependencia. Sin embargo, yo creo que nuestra conexión es mucho más profunda. Siempre hemos estado ahí el uno para el otro en las buenas y en las malas. Nos apoyamos en nuestros proyectos personales y celebramos juntos nuestros logros.

—¿Puedes dejar de coquetear unos minutos y hablar conmigo? —le solté con brusquedad.

—¿Y de qué quieres hablar? —respondió él en el mismo tono, con la voz llena de frustración.

No entiendo qué le pasa. Quizás estoy siendo un poco egocéntrica. Es posible que me haya enfocado demasiado en mi propia perspectiva sin intentar comprender su punto de vista. Tal vez está pasando por algo que desconozco y eso hace que se comporte de una forma que me confunde.

—Lo siento. No quise hacer que te enojaras. —Siempre soy la primera en pedir disculpas en cualquier situación. Me desvivo por complacer a los demás. Me tomó años darme cuenta de que este patrón de conducta venía de una necesidad muy profunda de agradar. Siempre ponía las necesidades ajenas por encima de las mías y buscaba validación constantemente. Me volví una experta en reprimir mis propios deseos y opiniones. Era un mecanismo de supervivencia para protegerme del rechazo o el abandono.

—No me hiciste enojar. Solo tengo un par de mierdas que estoy tratando de resolver, no quise hablarte así —se disculpó él también.

—Es que no puedo tener una aventura de una noche. Necesito compromiso, una conexión.

Alex suspiró y me miró.

—Es fácil, Nora. No llegas a conocer a la persona. Cuanto menos personal sea, más fácil es marcharte. Una vez que conoces a alguien, los sentimientos se involucran. Tienes que entender que es sano tener sexo fuera de una relación.

Alex puso los ojos en blanco antes de decirme que tenía que irse para volver al trabajo.

—¿Vas a venir a mi casa esta noche?

—No me perdería los miércoles de película por nada del mundo —respondió. Me entregó efectivo para pagar su comida y se fue.

Poco después de que Alex se fuera, la mesera se acercó.

—Tu amigo tiene razón, ¿no? —dijo ella.

—¿Perdón? —¿Por qué estaba escuchando? Qué mala educación.

—Sobre eso de que sea menos personal. Hay una fiesta este sábado. Es una fiesta de máscaras y creo que sería perfecta para ti.

La mesera deslizó una tarjeta de presentación sobre la mesa con una dirección. —Di que vas de parte de Scarlett y te dejarán entrar.

—¿Gracias?

—La casa invita la comida. Espero verte allí. —Me guiñó un ojo antes de alejarse.

Eso fue muy raro. ¿Quién carajos usa una tarjeta de presentación como invitación a una fiesta? ¿Y me estaba coqueteando? Si es así, definitivamente es la primera vez que me pasa.

Aparte del extraño encuentro con la mesera, el resto de mi día transcurrió como siempre. Estaba terminando como cualquier otro miércoles y ya estaba lista para irme a casa.



Ahora mismo me estoy preparando para nuestra noche de cine semanal. Nunca hemos pasado más de dos semanas sin vernos. Como dije, creo que tenemos problemas de dependencia.

—Traje el alcohol —anunció Alex al entrar en mi casa.

—La comida ya casi está. Estoy terminando el pollo para las fajitas, ¿puedes ir acomodando todo en la sala?

Alex llevó los vasos y las botanas a la sala para preparar la mesa de centro. Noté que tenía muchas cosas en la cabeza y que necesitaba distraerse de sus propios pensamientos.

—Oye, esa mesera se puso muy rara después de que te fuiste hoy.

—¿Ah sí? ¿Qué hizo? —preguntó con la boca llena de comida.

—Al parecer estaba escuchando nuestra conversación. Me dijo que tenías razón sobre lo de las aventuras de una noche y me invitó a una fiesta el sábado.

—Si no tuviera planes, iría contigo.

—No estoy segura de querer ir. —Me parece algo turbio, pero si se lo digo a Alex, dirá que siempre pienso lo mismo de todo. Me da miedo arriesgarme y luego arrepentirme por el rechazo o por encontrarme a otro perdedor.

—Tienes que ir. Te vendría muy bien y seguro será divertido. Leí un artículo sobre estos clubes que están apareciendo en las grandes ciudades. Se anuncian como comunidades seguras donde puedes cumplir tus fantasías. La única forma de entrar es con la invitación de un cliente habitual.

Parecía muy emocionado con mi invitación. Quizás debería dársela a él; sé que la aprovecharía.

—No lo sé.

—Tienes que ir. Si vas, dejaré de molestarte con tus malas elecciones de hombres. Necesitas salir más y confiar en ti misma. Eres una persona increíble, Nora, y tienes que darte cuenta. Necesitas encontrar a un tipo que te lo demuestre —dijo con su sonrisa característica.

La sonrisa de Alex es una de las razones por las que logra que casi cualquier chica haga lo que él quiere. Pero conmigo no funciona. Creo que es porque lo conozco de verdad después de tantos años de amistad.

—Está bien, pero si no me divierto, dejas de darme lata con que no salgo lo suficiente.

—Hecho.

Espero no arrepentirme de este trato. Solo acepté porque tengo algo de curiosidad. Tal vez Alex tenga razón y necesite arriesgarme de vez en cuando. Quizás sea divertido y hasta conozca a alguien.

—¿Y qué planes tienes para este fin de semana?

—Planes, nada más.

—¿Son secretos?

—No. Son los típicos planes de sábado.

—¿O sea que vas a tener una cita?

—Yo no lo llamaría cita.

—Bueno, espero que te diviertas.

Alex solo ha tenido una novia formal en toda su vida, y eso fue en la universidad. Empezaron a salir en primer año y aguantaron hasta tercero antes de terminar. Desde entonces, no ha vuelto a ser el mismo con las mujeres. Prefiere divertirse y largarse por la mañana. Creo que hace falta mucho valor para estar con alguien que apenas acabas de conocer.

También me resulta extraño que Alex esté tan distante y de mal humor conmigo. No sé si hice algo malo, pero si fue así, espero que sepa que puede decírmelo.

Nuestra noche de películas terminó más tarde de lo previsto, como siempre. Alex me ayudó a limpiar como suele hacer, solo que esta vez estaba muy callado. Normalmente comentamos la película mientras recogemos. Tal vez si voy a ese club deje de estar tan molesto. Sé que le fastidia que no intente cosas nuevas. Odio que haya tensión entre nosotros porque él es la única persona en la que confío plenamente.



Mi objetivo era encontrar una máscara que ocultara mi identidad. Si voy a ir a esa fiesta, lo haré por todo lo alto y saldré de mi zona de confort. Creo que será más fácil si uso una identidad distinta. Puedo ser quien yo quiera; al fin y al cabo, la persona a la que juzguen ni siquiera existirá.

No tuve mucha suerte hasta que encontré una pequeña tienda de disfraces. Tenía un vestido rojo muy lindo que podía ponerme, así que buscaba una máscara que hiciera juego y que me cubriera bien la cara.

—Hola, ¿puedo ayudarla a encontrar algo? —preguntó la empleada.

—Busco una máscara para un baile de disfraces. Algo que combine con un vestido de noche rojo.

—Creo que tengo algunas en la parte de atrás.

Seguí a la mujer hasta el fondo de la tienda, donde se puso a hurgar en unas cajas.

—Deme solo un momento.

Después de unos instantes, regresó con cuatro máscaras. La primera me recordó al Fantasma de la Ópera, pero era toda de encaje. La segunda era de seda roja y negra con detalles de pedrería. La tercera fue la ganadora. Era un antifaz negro con detalles de encaje rojo que se sujetaba tras las orejas y tenía brillantes en el rabillo de los ojos.

—Esta es perfecta.

—Es preciosa. Creo que le quedará de maravilla.

—Gracias.

Ahora que ya tengo la máscara, empiezo a emocionarme por la fiesta. Por una noche, mi vida no será aburrida. Puedo dejar de ser la sosa Nora y convertirme en quien yo quiera.



Pensé que sería una fiesta en una casa normal, pero esto no es una casa, es una mansión. Quienquiera que esté organizando esto debe tener muchísimo dinero.

Llegué un poco tarde con la esperanza de que ya hubiera gente mezclándose. No quería ser la nueva que espera incómoda a que lleguen los demás. Si el lugar ya está lleno, será más fácil pasar desapercibida.

Llamé a la puerta principal y me recibió un hombre alto y robusto que llevaba una máscara.

—¿Está en la lista?

—No estoy segura. Scarlett me invitó —dije tímidamente.

El hombre consultó su lista.

—Necesito que firme esto. —Debía de estar en la lista como invitada de Scarlett. No sé cómo, porque ella ni siquiera sabía mi nombre. ¿Tal vez puso un acompañante extra y ya?

Miré la tableta que me entregó. Era un acuerdo de confidencialidad y me hizo arrepentirme de haber venido. ¿Qué clase de cosas pasan aquí?

—Cualquier cosa que vea o haga aquí es confidencial. Para mantener esa privacidad, necesitamos que firme esto y nos dé una identificación. Las únicas personas que tendrán acceso a esto somos el dueño y yo.

—Está bien. —Respiré hondo, firmé el documento y le entregué mi identificación para que la escaneara. En cuanto me la devolvió, se hizo a un lado para dejarme entrar.

Aquí vamos.