Xander Maximillian

Había caído la noche en Nueva York; las luces brillaban en medio de la oscuridad. En Manhattan, la ciudad bullía con gente que disfrutaba de la vida nocturna. Sin embargo, en un edificio particularmente alto, se celebraba una fiesta lujosa a la que solo estaban invitados los ricos.
Dentro del edificio, había enormes candelabros y muchas mesas repletas de diversas comidas y bebidas. Los camareros circulaban ofreciendo copas de champán. Los hombres y mujeres vestían sus mejores galas para impresionar y hacer alarde de su estatus. La fiesta había sido organizada por nada menos que el CEO Xander Maximillian.
Era considerado uno de los hombres más ricos de los Estados Unidos. Xander estaba en medio de los festejos, saludando a sus invitados. Medía un metro ochenta y tenía una complexión algo musculosa; su cabello rubio oscuro estaba cuidadosamente peinado hacia atrás. Sus ojos eran de un azul oscuro, que le daban un ligero brillo. Tenía un rostro amplio y unas facciones que lo hacían parecer un modelo. La piel de Xander era clara y sin imperfecciones. Muchos querían estar ante él; los hombres intentaban convencerlo de asociarse en sus negocios, mientras que las mujeres trataban de impresionarlo con sus físicos.
Xander regalaba su sonrisa encantadora a todos sus invitados, pero no era más que una fachada. En el fondo, odiaba a muchas de las personas que había invitado. Sabía que la gente quería algo de él. Eran negocios, pero Xander los odiaba a casi todos. Aun así, se hacía el "amigo" de quienes despreciaba para mantener su estatus y su fortuna.
En su mundo, los ricos no tenían amigos de verdad. Si alguien los tenía, existía la posibilidad de que esos "amigos" usaran a sus adinerados contactos. Solo se ayudaban si sacaban algún beneficio. Así es como muchos sobrevivían y mantenían su nivel de vida; era cruel, pero habitual.
Xander creció en una familia muy rica; desde niño fue a las mejores escuelas privadas y luego a la Universidad de Columbia, una de la Ivy League. Sin embargo, no tuvo una infancia feliz. Era hijo único. Sus padres no le prestaban mucha atención. Le daban todo lo que quería para que no fuera una molestia para ellos. Ambos padres tenían sus amoríos y se preocupaban más por sí mismos.
Él no tenía amigos, y su niñera convenció a su padre de contratar a otros padres para que sus hijos jugaran con Xander. Pero, aunque era un niño, él sabía que los otros niños no tenían interés en ser sus amigos. Eran obligados por sus padres, a quienes les pagaban. A medida que Xander crecía, su madre murió de cáncer y su padre falleció en un accidente. Se quedó con la fortuna familiar a los veintidós años.
Xander nunca supo lo que era el amor verdadero. Se acostaba con las mujeres más hermosas: actrices, modelos u otras socialités, pero no sentía nada. Había tenido algunas relaciones que duraban menos de dos meses. El joven estaba acostumbrado a eso y estaba preparado para vivir y morir solo. Sin embargo, en lo más profundo, quería saber qué se sentía amar. Xander esperaba que alguien le brindara y le mostrara el amor verdadero.
No obstante, sentía que sus esperanzas nunca se cumplirían. Xander quería a la mujer perfecta, alguien hermosa tanto por fuera como por dentro. Sentía que su mujer ideal le daría la familia que siempre quiso; ella estaría en casa con sus hijos. Quería que su mujer lo esperara al llegar a casa con una comida bien preparada y que pasaran tiempo juntos.
Sin embargo, muchas mujeres modernas no eran el tipo de mujer tradicional que él buscaba. El CEO sabía que muchas harían lo que fuera para poner sus manos en su fortuna, pero no era tan tonto como para caer en sus trampas. El empresario se negaba a renunciar a su búsqueda, pues sentía que su mujer ideal estaba ahí fuera; solo tenía que encontrarla.
Se juró a sí mismo que nunca la dejaría ir cuando encontrara a su verdadera mujer.
Nunca.