Feroz 7 - Saga Nuevas Especies

Sinopsis

Jimin ha bebido demasiado y está en el lugar equivocado en el momento equivocado. Él sabe que va a morir. Cuando abre sus ojos de nuevo, un hermoso hombre feroz lo sostiene en sus brazos. Es demasiado tentador para resistirse a él “su ángel caído”. Él se envuelve alrededor de su cuerpo, decidido a tener el mejor sexo de su vida. Pero la realidad lo golpea cuando el resulta ser de carne y hueso. Jimin no podía creer que había seducido a un tipo de las nuevas especies. El shock de Jungkook rápidamente se convierte en una pasión intensa cuando el pequeño humano lo besa, tratando de quitarle la ropa y quiere tener sexo con él, pero están encima del capo de su Jeep y él está participando en una misión del grupo de operaciones. Jungkook ha dejado claro que él nunca tendrá un compañero humano. Sólo había un pequeño problema: ambos no pueden quitar las manos el uno del otro. El gusto y el tacto de él dejan a Jungkook queriendo más. ………………… • KookMin • Jungkook Activo / Jimin Pasivo • Menciones de otras parejas NamJin VHope • Esta es una adaptación solo para entretenimiento y sin fines de lucro • La temática y los personajes no me pertenecen, los créditos son para su autor original • La historia tiene variaciones en su trama original

Genero:
Romance
Autor/a:
Juliana
Estado:
Completado
Capítulos:
23
Rating
5.0 10 reseñas
Clasificación por edades:
13+

Prólogo

Prólogo

Jimin sabía que estaba en un mundo de mierda. El aún no sabía cómo al salir a tomar unas copas para ahogar sus penas se había metido en un lío, pero lo había hecho. Un vaso se estrelló contra la pared cerca de él, la cerveza salpico su piel, y se acurrucó en su asiento para ser un blanco más pequeño. Un cuerpo cayó a pocos metros de distancia. El hombre soltó un gruñido al golpear el suelo duro y luchó para ponerse de pie. Él se puso de pie rápidamente y la silla de madera raspó el suelo mientras se giraba.

La pelea se había movido a su lado. Los idiotas borrachos estaban haciendo todo lo posible para golpearse el uno al otro y él estaba atrapado en el otro extremo de la barra. Su mirada buscó desesperadamente una salida, una puerta o una ventana para poder huir. Tres muros sólidos lo rodeaban y la única salida era pasar a través del círculo de clientes del bar que rodeaban la lucha.

—Oh infiernos, —murmuró.

Una de las mesas cercanas a él cayo cuando uno de los hombres se tambaleó hacia atrás contra esta tras llevarse un puñetazo en la cara. La mesa aplastada aterrizo a los pies de él a pocos centímetros y se dio la vuelta, marcho hacia al asiento que había dejado vacante y se subió encima de la mesa del rincón. No había ningún otro sitio al que ir. Dos cuerpos más cayeron al suelo demasiado cerca de él para su comodidad. Uno más se zambulló encima de la pareja caída y rodaron peligrosamente cerca de su posición. Ellos intercambiaron golpes e incluso uno tiro del pelo de su oponente.

La vista de la habitación era mucho mejor desde la parte superior de la mesa, pero él seguía atrapado. Dos grupos pequeños de hombres que se peleaban por el partido de fútbol de la televisión se habían convertido en una reyerta que abarcaba toda la longitud de la sala, de pared a pared. Por lo menos cuarenta hombres estaban involucrados. Las pocas mujeres que habían estado en el interior del bar estaban saliendo por las puertas y Jimin las envidiaba. De ninguna manera podía pasar con seguridad a través de la lucha y seguirlas al exterior.

Apoyo su espalda firmemente a la pared, su respiración se convirtió en un suspiro y rezó para que la policía llegara y los separara antes de que lo peor de la pelea lo alcanzase. Los hombres que se peleaban en el suelo golpearon la parte inferior de la mesa, lo sacudieron y un gemido escapó de sus labios entreabiertos. Echó un vistazo a la mesa de al lado, dispuesto a saltar sobre ella, pero un hombre corpulento de repente se estrelló contra esta. La mesa se deshizo bajo su peso y él hizo una mueca cuando él cayó encima de la mesa rota.

Él se arrepintió. Debería haberse quedado en casa. Él sólo había querido olvidar sus miserias tras pasar la noche de mal humor por la bofetada que la vida le había dado. Dejar Busan para ir a Suwon parecía como un sueño hecho realidad cuando le habían ofrecido un trabajo mejor pagado. Se había trasladado, gastado hasta el último centavo de sus ahorros en la compra de su primera casa y había pensado que todo saldría bien.

A las tres semanas que él supo la jodida serie de errores que había cometido después de comenzar su nueva vida. Su jefe resultó ser un negrero sádico y un cerdo inmundo. El tipejo sabía lo mucho que él dependía de conservar su puesto de trabajo y de que estaba por encima de él, aprovechándolo al máximo. Se había pasado la última semana haciendo su vida miserable. Él lo había trastornado hasta el punto de que había terminado en el Bar Holligba. Otra equivocación.

Los dos hombres combatientes, luchaban, ahora a sus pies. Ambos se estrellaron contra la pared cerca de él y tropezaron contra el hombre que todavía estaba tratando de desenredar su cuerpo borracho de la mesa destruida. Ambos se cayeron encima de él. Jimin frenéticamente miró al otro lado de la habitación de nuevo, rezando porque todo el mundo dejara de luchar.

Las puertas del bar se abrieron de golpe y vio entrar a varios hombres inusualmente altos. Todos vestían uniformes negros a juego y equipos antidisturbios. Él estaba feliz de ver sus cascos, los chalecos negros sobre sus pechos y sus rostros cubiertos por un escudo. La alegría se apodero de él porque la ayuda había llegado y estos lograrían el control de la sala rápidamente.

Él no fue el único en notar su llegada. Los cuerpos aumentaron en su camino — borrachos posiblemente temerosos de ser arrestados— y Jimin gritó cuando alguien cayó ante su mesa. La mesa se inclinó, la madera crujió bajo el peso del hombre, él agito sus manos para aferrarse a algo, cualquier cosa, pero terminó cayendo con fuerza en el suelo, sobre su trasero.

El dolor se disparó por su espalda y le sorprendió, pero se recuperó rápidamente cuando alguien casi le pisó los dedos. Jimin lucho para sostenerse sobre sus manos y rodillas. Se arrastró frenéticamente hacia otra mesa para esconderse debajo de ella ya que estar en la parte superior de una no había resultado, pero no lo logró.

Algo grande y musculoso aterrizó sobre su espalda, lo empujó contra el suelo y expulso el aire de sus pulmones. El hombre encima de él no se levantó. Era increíblemente fuerte y pesado y lo mantenía apretado contra el suelo duro cuando otro cuerpo cayó encima de él. Su peso se desplazó lo suficiente para permitirle a él tomar aire.

El talón de alguien se apoyó en su cadera, un hombre maldijo en voz alta y este se desplomó sobre sus piernas cuando él tropezó hacia atrás. Jimin gimió por el dolor de tener al menos tres hombres tendidos encima de él. Rápidamente la cosa se puso aún más infernal a medida que más hombres tropezaban con los caídos.

El horror de su situación llenó sus pensamientos cuando él trató de moverse. Ellos lo habían aplastado. Ni siquiera podía meter aire en sus pulmones por la enorme cantidad de peso sujetándolo y estaba a punto de morir en el suelo de un bar asqueroso debajo de un montón de idiotas borrachos. Se las arregló para poner delante de la cara un brazo en alto, intentando protegerse, cuando alguien le dio un codazo o un puñetazo la parte posterior de la cabeza.

Los cuerpos se desplazaron cuando empezaron a luchar entre sí. Él tomó una respiración dolorosa, con la sensación de que su cuerpo entero estaba pulverizado, y logró ahogar otro grito de terror.

¿Por qué ellos no se daban cuenta de que lo están matando? ¿No saben que estoy debajo de ellos? ¡Oh Dios! Más cuerpos aterrizaron sobre él, sus caderas y la caja torácica parecían a punto de romperse por la presión del peso de todos. Eso le enseñó una nueva definición de la pura agonía. Tenía tanto dolor que no podía tomar aliento incluso si hubiera sido capaz de inhalar.

Un puño golpeó su brazo, el material roto y alguna cosa lo golpeo dolorosamente en un cachete del culo. Uno de sus zapatos se salió cuando los cuerpos rodaron un poco por encima de él. Una tela de algodón áspero raspo la parte inferior de su pie y la mayor parte del peso sobre él parecía como si se centrara en sus pulmones. Él no podía respirar.

El pánico puro se apoderó de él cuando ningún luchador salió de encima de él. Él clavó las uñas en el suelo de madera, sin importarle lo sucio que estaba y retorció la cara. Sus ojos se abrieron. Vio la pata de una mesa a pulgadas de su brazo extendido y logró enroscar los dedos alrededor de la madera.

Jimin trató de tirar de su cuerpo, pero su fuerza había disminuido. Aparecieron puntos ante sus ojos. Sentía la cara muy caliente y sabía que se estaba ahogando. Él parpadeó, se centró únicamente en su mano y su brazo temblaba por los músculos tensos. La madera raspó el suelo. La mesa se movió un poco, en lugar de él. Más puntos brillaron y supo en ese momento que él estaba a punto de morir.

Joder. Su cabeza se desplomó hasta descansar la mejilla contra el frío suelo. Sus pulmones ardían, pero el aire no entraba en su boca abierta. Un recuerdo de su madre le pasó por la cabeza, — el de su vigésimo primer cumpleaños cuando él había recibido la charla sobre los peligros de ir a los bares y que las personas buenas los evitaban. — Su madre trataba de evitar el pecado.

Jimin luchó contra la oscuridad que amenazaba con derrotarlo, poco dispuesto a renunciar a la vida. Él sólo podía imaginar a la policía informar a sus padres de cómo había muerto, en lo decepcionados que estarían con él una vez más. Convertirían su muerte en una lección acerca de la bebida para toda la familia. Puede ser que incluso que fuesen tan lejos como compartir con toda la iglesia que él había muerto en el suelo de un bar.

Un rugido animal se oyó por encima de los sonidos de la pelea. Jimin había oído historias de personas cercanas a la muerte escuchando ángeles cantando, pero nadie le había dicho nada sobre esos ruidos espantosos. En ese momento él supo que iba a ir al infierno. Él admitió que probablemente había ganado un poco de condenación eterna por algunas de las cosas que había hecho en sus treinta y un años de vida, pero esto apestaba.

La vida se le escapaba y él no tenía más remedio que aceptar su destino ya que todo se desvaneció.

Jungkook estaba furioso. La Organización de las Nuevas Especies había ofrecido al jefe de policía local cualquier ayuda que pudiera necesitar, pero nadie esperaba que el viejo fuera a hacerlo tan literalmente. La Reserva había recibido una llamada de emergencia del jefe de policía Kang Ho Dong para pedirles ayuda inmediata para disolver una pelea de bar. Él y sus agentes no podían separar la pelea ellos solos.

Miró con disgusto a los hombres de las nuevas especies que rápidamente había reunido. — No hagáis daño a los estúpidos borrachos. Sólo separadlos y limpien el edificio.

Ninguno de los hombres quería estar allí. Habrían preferido estar todavía de guardia. Tratar con los humanos no era un buen presagio. Las nuevas especies eran temidas o despreciadas por los humanos. Su genética humana alterada e híbrida animal los hacía diferentes, más fuertes, y la mayoría de la gente no podía aceptarlos. Cuando los llamo la policía de la ciudad cercana, eso le pareció un desastre a Jungkook, pero él sólo seguía órdenes. Namjoon había extendido la mano a los vecinos, ofreció ayuda para ganarse su buena voluntad y ellos estaban atrapados separando una pelea.

Los dos hombres más cercanos vieron a Jungkook cuando él los agarró de los hombros para separarlos. Les dirigió una mirada y estos huyeron por la puerta, le tenían más miedo a él que a cualquier ofensa que le hubiese hecho dar el uno al otro un puñetazo en primer lugar. Él se trasladó al siguiente grupo de combate, se abrió paso entre ellos y se quitó la careta para asegurarse de que podían ver sus rasgos.

—Alto, — gruñó él, no dudando en utilizar el miedo como una forma de vaciar el bar.

Un grito ahogado sonó al fondo de la sala y la cabeza de Jungkook giro en esa dirección. El chico parecía aterrorizado. Su mirada se fijó en un joven pelirrojo encogido encima de una mesa en el rincón más alejado, pero de repente se cayó al suelo y lo perdió de vista.

Jungkook miró a sus hombres que trataban de sacar a los humanos fuera, pero no eran lo suficientemente rápido como para llegar al joven rápidamente. Siguió mirando hacia donde había desaparecido. Era más alto que los humanos y tenía una vista mejor, pero él no vio reaparecer a la cabeza pelirroja.

¿Qué hacia un chico así, en el medio de una pelea de borrachos? No tenía la respuesta, pero pensó que no tenía sentido común. Algunos humanos son frágiles y no agresivos. Los instintos de Jungkook le gritaron que él estaba en peligro. Decidió ponerse a buscarlo y se abrió paso en esa dirección.

—Apártense, — gruñó a los humanos, agarrándolos sin cuidado y empujándolos a un lado. No veía al chico, pero vio a hombres que caían en esa zona. Vio otra cara desaparecer en el mar de cabezas y tenía la horrible sensación de que el chico estaba en algún lugar de esa maraña de cuerpos que caían.

Un hombre borracho giró y lanzó un puñetazo a la cara de Jungkook, pero los reflejos de este último eran mejores. Él hizo un gesto con la cabeza hacia un lado. El puño fallo al menos por una pulgada y su mano enorme se cerró sobre la otra mano antes de que pudiera retroceder para dar otro golpe. Su temperamento se desbordó y aplico un poco de fuerza excesiva. El hombre agarrado gritó cuando se rompieron sus huesos y Jungkook rugió al borracho antes de liberarlo.

El borracho llevo su mano herida hacia su pecho, se echó a llorar como una niñita y se tambaleó hacia la salida del bar. Jungkook se movió, buscando con la mirada al pequeño pelirrojo mientras apartaba cuerpos fuera de su camino.

Su extraordinaria audición percibió un suave lloriqueo un segundo más tarde, por encima de las maldiciones, el sonido de carne golpeando carne, la pesada respiración de la gente alrededor de él y de los muebles que se rompían. Penetro en esa área, empujo contra los cuerpos y los aparto de él. El chico estaba en serios problemas y le importaba un comino si dañaba a unos pocos humanos buscándolo.

Jungkook se detuvo donde había visto por última vez al pelirrojo y vio a un grupo de hombres tendidos en el suelo. Estaban dándose golpes con los codos y los puños. Un hombre seguía estirando la cabeza hacia atrás sobre el estómago de un hombre debajo de él que le tiraba del pelo. Jungkook rápidamente escaneo el grupo y vio un brazo que sobresalía por debajo. Era uno delgado y pálido. Tenía la palma de la mano hacia abajo situada junto a la pata de una mesa, las uñas de color blanco por la fuerza que hacía para sostenerse de ella. Él no se movía.

La ira invadió a Jungkook. Los idiotas borrachos estaban encima del chico, aplastándolo bajo sus cuerpos más grandes y sólo su pequeño brazo podía ser visto. No pudo detectar nada de su cuerpo a excepción de su antebrazo, la muñeca y la mano. Otro rugido desgarró su garganta. Se agachó, agarró al primer cuerpo que vio y saco al hombre fuera de la pila. El hombre gritó mientras volaba por el aire y se estrelló contra la pared. A Jungkook le importaba un comino. Agarro a otro hombre, lo lanzó en otra dirección y liberó una de las piernas del joven.

Por último, lo liberó y se dejó caer de rodillas junto a él. Tenía la cabeza girada, el pelo de color rojo derramado sobre sus facciones, ocultándolas. Rugió de nuevo, pidiendo la ayuda de sus hombres cuando se dio cuenta de que el pecho de él no subía y bajaba. Min Ho apareció de repente de rodillas frente a él con el chico entre ellos. Más hombres acudieron en su ayuda, manteniendo lejos a otros humanos y se despejo la zona.

Jungkook movió las manos con cuidado para evaluar al humano. Tenía marcas de huellas en el culo, la espalda y los muslos donde los hombres lo habían pisado. Un gruñido salió de su garganta. Deseando haber matado a los que le habían hecho esto a él. Tuvo mucho cuidado al darle la vuelta por si había algún hueso roto.

Él lo levanto suavemente, adivinando que sólo pesaba alrededor de sesenta kilos y medía un metro setenta y cinco de altura. Llevaba unos vaqueros y una camisa roja hasta los codos. La camisa estaba rota desde el codo hasta el hombro, prueba de que no sólo había sido pisoteado sino también golpeado. Sus huesos eran pequeños y rápidamente apoyo la cabeza de lado sobre su pecho suave. No oyó ningún latido del corazón e hizo un sonido angustioso.

—Mierda, — susurró Min Ho. — Mataron al chico.

Jungkook se levantó y agarró su caja torácica, comprobando si había fracturas, pero no noto ninguna. Él estaba caliente al tocar su piel. Calculó cuánto tiempo había pasado desde que había oído su gemido, y supuso que era menos de un minuto. No era demasiado tarde. Revisó sus costillas otra vez, sabía que si estas estaban aplastadas no tendría ninguna esperanza, pero de nuevo no encontró ningún hueso roto.

—¿Qué demonios estás haciendo? — Jadeó el jefe Kang. — ¿Estas tocando demás a ese joven?

—No, — gruñó Jungkook. Sujeto su chaleco, se lo saco y levantó suavemente la cabeza del chico para usarlo como almohada en el suelo.

—Él no está respirando, —informó Min Ho al hombre mayor. — Los borrachos lo aplastaron.

—¡Hijos de puta! — Suspiró el jefe Kang. —Malditos hijos de puta.

Jungkook ignoro a los hombres para concentrarse en el chico mientras él le echaba la cabeza hacia atrás y lo dejaba tumbado en el suelo. Tenía el corazón acelerado, pero él había sido entrenado para responder a las emergencias por el Dr. Taehyung. Namjoon había insistido en que todos los oficiales aprendiesen habilidades básicas para salvar vidas y Jungkook estuvo de acuerdo. Nunca había estado tan feliz de ir a las clases de lo que estaba en ese momento.

Su mano temblaba ligeramente mientras aparataba el pelo rojo de la cara del joven. Era bonito, con sus delicadas facciones humanas, labios carnosos y nariz delgada. La mejilla que había estado apoyada en el suelo estaba un poco roja, pero el resto de su piel estaba demasiado pálida. Él aún no respiraba.

Se sentó y encontró el área correcta, entonces puso sus manos sobre su pecho. Esperaba no hacer mucha presión para evitar romper los huesos. Hizo treinta compresiones torácicas.

—¿Qué demonios estás haciendo ahora? — Avanzó el jefe más cerca.

—RCP, — gruñó Jungkook.

Se quitó la camisa, hizo una bola, y la metió detrás de la parte posterior del cuello del chico para mantener la cabeza inclinada. Miró para asegurarse de que sus vías respiratorias estaban despejadas, le pellizcó la nariz con cuidado, separo sus suaves labios y presionó su boca sobre la de él. Su mirada se desvío hacia su pecho. Se quedó mirando por encima de su camisa y obligó a entrar aire en sus pulmones. Su pecho se movía al respirar por él.

Jungkook tomó aire, le cubrió los labios otra vez y sopló aire en su interior. Su mirada clavada en su escote, vio su pecho expandiéndose. Él comenzó un nuevo ciclo de compresiones en el pecho y él se sacudió un poco debajo de él. Él se apartó y lo vio contraer los músculos faciales. Bajó la cabeza para descansar su oído sobre el pecho y escuchó los latidos de su corazón. Él inhaló por su cuenta, un jadeo más que un suspiro, y se relajó mientras se enderezaba.

—Él ha vuelto a respirar y su corazón late de nuevo. —Él miró al jefe. — Deben haber presionado todo el aire de sus pulmones hasta que su corazón se detuvo, pero llegué a él a tiempo.

—Voy a llamar a una ambulancia. — El viejo agarró su radio. — Muchas gracias.

Jungkook estudiaba cuidadosamente al joven. Su color había mejorado al respirar y odiaba verlo en ese suelo. Había sido entrenado para proteger a un herido y a esperar la ayuda una vez que él había hecho todo lo que podía, pero algo dentro de él aborrecía verlo tendido donde los humanos le habían herido.

Se inclinó hacia delante y ligeramente paso sus brazos debajo de él. El chico era tan ligero como él había imaginado cuando lo levantó contra su pecho y utilizo la fuerza de las piernas para ponerse de pie. Su mirada se encontró con Min Ho.

—Recoge mis cosas. Voy a llevarlo hacia fuera por aire fresco mientras esperamos la ambulancia.

Min Ho asintió con la cabeza, agarrando la camisa destruida de Jungkook y el chaleco del suelo. Jungkook desplazo su preciosa carga y se volvió, evaluando del resto de la barra. Sus hombres habían echado a los humanos. Los combates habían cesado y sus oficiales asistían a los heridos. Algunos de ellos eran los que él había empujado para llegar al joven, pero no se sentía culpable.

Él salió del bar y caminó alrededor del edificio, desesperado por escapar de los humanos que habían herido al joven. Eran borrachos, estúpidos, y no quería correr el riesgo de ponerlo en peligro de nuevo. Lo llevó a uno de los Jeeps en los que habían llegado. Él usó su codo para comprobar el calor del capo antes de depositarlo suavemente encima de este y apoyo en su brazo la cabeza mientras estudiaba su rostro.

Su color era mucho mejor, casi normal, pero todavía pálido. Supuso que podría ser su color natural al ser pelirrojo. Las hebras del pelo eran rizadas, largas y hermosas. Le caía libre sobre sus ojos y era suave. El chico se movió un poco, movió una de sus piernas y sus labios se abrieron un poco dejando salir un suspiro.

Jungkook rezo para que él no se despertara hasta que llegase la ambulancia. Él vería sus rasgos alterados, se daría cuenta de que era una nueva especie y tal vez comenzaría a gritar. Las luces de estacionamiento eran brillantes y él vería lo suficientemente claro como para saber que no era uno de sus hombres.

Realmente odiaba cuando los humanos lo miraban y perforaban sus tímpanos con sus gritos. A veces lo hacían y eso lo volvía loco. Vio su cara, esperando que no se despertara, pero notaba que iba a hacerlo.

Él se movió otra vez, moviendo su cabeza en el hueco de su brazo. Jungkook observo cuando él dejo escapar un suspiro, él despedía un olor afrutado agradable. Sus ojos se abrieron. Jungkook esperó a que viese su cara y empezase a gritar.

Los ojos de él eran verdes oscuros y hermosos. Se quedó mirando el cielo, parpadeó y finalmente se centró en él. La confusión era una emoción fácil de leer. Él parpadeó de nuevo y estudió sus facciones. Él tomó aliento y su mirada viajó sobre sus hombros desnudos, los brazos y el pecho. Se estremeció interiormente. Se había olvidado de que se había arrancado la camisa y sabía que probablemente creería que estaba siendo asaltado sexualmente al ver su torso desnudo.

Él no gritó, sino que hizo lo último que esperaba cuando miró de nuevo hacia él. Una sonrisa curvó sus labios y él podría haber jurado que vio destello diversión en esos hermosos ojos.

Jimin había abierto los ojos a un mar de estrellas en un cielo oscuro. Su mente estaba espesa, como si acabara de salir de un sueño profundo, pero no estaba en su cama. Él parpadeó y desvió la mirada un poco sólo para ver el par más llamativo de ojos azules felinos que había visto nunca. El color, la forma y las pestañas muy largas enmarcándolos daban la sensación de estar hipnotizándolo.

La intensidad del color azul era única y se dio cuenta de el oro que rodeaba los bordes exteriores de los iris ovalados. Podía haberse quedado mirándolos fijamente para siempre, pero la curiosidad le hizo estudiar la estructura ósea de él, también extraña con pómulos gruesos y elevados, pero muy atractivo. Él era el hombre más masculino que había visto nunca, hermoso, sorprendente y fascinante, todo al mismo tiempo.

El tono de su piel dorada adornaba la espesa melena de cabello que enmarcaba su rostro. Una mezcla de colores luminosos desde el rubio arenoso al rojizo se entretejía en los mechones que caían sobre unos hombros muy anchos. Su mirada se detuvo justo encima de sus pezones de color oscuro, planos.

Él saboreó la visión de su pelo, su ancho pecho, perfecto. Una piel bronceada, músculos bien definidos y los bíceps de un tamaño impresionante captaron su atención. Su mirada bajo a su vientre plano, el apretado paquete de seis abdominales se veía claramente. Su corazón empezó a golpear salvajemente contra sus costillas. Era magnífico, un Dios.

No era un Dios, le decía la pequeña voz de la conciencia. Tiene que ser un ángel. Él frunció el ceño, tratando de pensar más allá de su confusión. ¿El infierno tiene ángeles? ¿No era un ángel caído Lucifer? Él tenía vacíos en sus estudios bíblicos de la infancia, pero estaba bastante seguro de lo que eso era. Eso significaba que la criatura preciosa delante de él tenía que ser un ángel caído también.

—Ya estoy preparado para ir contigo, — susurró.

El ángel parpadeó y sus cejas se elevaron ligeramente. — ¿Ir conmigo a dónde?

Tenía una voz profunda, ronca, que le produjo unos escalofríos placenteros. Había oído que el diablo tienta a pecar y si él enviaba ángeles caídos que se parecían a éste después de morir, él estaba totalmente dispuesto a hacer lo que quisiera.

Él sonrió. — Puedes llevarme directamente al infierno si estás allí también.

Una sonrisa suavizó sus facciones y lo hacía aún más atractivo. — Has estado bebiendo demasiado.

Jimin había sabido que su vida sería la que le mordiera el culo algún día. Él debería haber escuchado a su madre, pero ya era demasiado tarde. Jimin trató de incorporarse. Quería tener una mejor visión del ángel. La almohada debajo de la cabeza que resultó ser uno de sus brazos mientras él tiraba de él hacia arriba para ayudarlo a sentarse. Su otra mano se curvó alrededor de su cintura, lo sostuvo mientras él se volvió hacia él y su mirada fija en sus abdominales de nuevo. Pura perfección.

—Lo sé. He hecho un montón de cosas que yo sabía que no debía hacer. Así es como llegué aquí. — Él se lamió los labios y notó cómo su mirada bajaba a la boca. Era tan hermoso, el hombre más guapo que jamás había visto, no había visto antes uno así alguna vez. Ese fue el punto. Él se acercó más a él y le sonrió.

Oh, maldita sea. Yo ya me voy al infierno, ¿por qué no merecerlo realmente? Temía que lo acompañase allí y se marchase. Él enumeró mentalmente la lista de cosas malas que había hecho. Las relaciones sexuales prematrimoniales. Había robado objetos de oficina de su último trabajo. Una vez había pateado a uno de sus ex novios en las bolas cuando lo había encontrado engañándolo. Estuvo mal, pero, por Dios, había disfrutado al verlo caer al suelo gimiendo. Él le había roto el corazón y ni siquiera se disculpó por lo que he había hecho, por lo que él se había asegurado de que sufriera un poco. Eso lo llevó a los divorcios y dejó de enumerar sus pecados.

—Tú eres la cosa más hermosa que he visto nunca, — admitió Jimin en voz baja. — Puedo también hacer lo que yo quiera, más en este momento ya que me voy al infierno de todos modos, ¿no?

El hombre estrechó la mirada ligeramente. — ¿Qué?

Jimin tomó una decisión y la siguió. — A la mierda. Te quiero a ti.

Jimin extendió la mano y se agarró a sus hombros cálidos. Él extendió sus muslos mientras le estiraba para estar más cerca, colocándose en las caderas alrededor donde él estaba sentado. Jimin envolvió sus piernas alrededor de la espalda de él y apretó su cuerpo al de él.

El suspiro y lo miró atónito. Jimin sonrió. Él estaba a punto de enseñarle a pecar. Puso una mano en la parte posterior de su cuello, mientras la otra se deslizó por su pecho firme para disfrutar de la sensación de su piel cálida y suave. Sus dedos se extendieron abiertos sobre su vientre, sintió sus músculos bajo su palma, y sólo se detuvo cuando él toco la cintura de sus pantalones, lo que le impidió seguir explorando.

—¿Qué estás haciendo? — El ángel gruñó las palabras.

Esto es tan condenadamente sexy. — Bésame. Él parpadeó, pero no se movió.

Jimin le agarro el pelo de su nuca y tiro de él. Acerco su boca y entonces le dio un beso. Labios firmes, llenos presionaban contra los suyos. Él lamió la comisura de estos y él gimió cuando los abrió. Jimin lo aprovechó, no estaba seguro de cuánto tiempo tenían antes de tener que llevarlo donde quiera que fuesen. Su lengua entró en su boca. Las puntas de sus dientes rastrillaron su lengua, pero no le dolió.

Tenía colmillos también. Los colmillos, ojos de gato y una voz que gruñía. Eso le excitaba aún más y le encantaba el sabor de él cuando lo besó de nuevo. Parecía que tenían un sabor a cerezas en la boca y era su favorito. Sus manos se movieron sobre su cuerpo, lo abrazo y le agarro el culo con fuerza apretándose contra él. Jimin vio el cielo al instante cuando el borde duro de su erección se frotó contra su culo a través de la ropa.

Él apretó su agarre a él cuando lo levantó con firmeza contra su cuerpo. Él se movió contra él, anclado a su polla, y se sentía tan bien. Su pecho le dolía. Él lo quería más de lo que nunca había querido a nadie y de repente se sintió en el infierno también. Él no lo podía follar con la ropa puesta.

Su mano quedó atrapada entre ellos, pero encontró un botón lo abrió, y luego otro para conseguir abrir su pantalón. Movió la mano, toco la piel desnuda, caliente y movió los dedos hasta que encontró su polla. Su ángel no llevaba ropa interior. Sus dedos lo encontraron erecto y hacia la izquierda cuando él envolvió sus dedos alrededor de la circunferencia gruesa de su eje.

Él ronroneó contra su boca, gruñó y el beso se convirtió en casi brutal. A Jimin le importaba un comino si él lo rasgaba con sus colmillos porque sus besos acababan de hacerlo arder de deseo por tenerlo. Él trató de mover su pene para liberarlo de los malditos pantalones, pero estaba muy duro. Sus cuerpos estaban presionados demasiado apretados y conectados.

¡Infierno! Tal vez ese era el punto, se dijo, sintiéndose frustrado. Él quería que ambos estuviesen desnudos, con él enterrado profundamente en su interior, pero lo único que podía hacer era acariciar cualquier parte de él que pudiese alcanzar.

Él aparto su boca para romper el beso, los dos estaban jadeando y Jimin lo miró a los ojos magníficos. —Follame, — suplicó. —Eres enorme y te quiero dentro de mí tanto que me duele. Quitémonos la ropa.

Él gruñó, sus ojos se estrecharon y de repente lo había clavado sobre la superficie dura en la que él estaba sentado. Una de sus manos soltó su trasero, agarró la camisa de él y se la saco. Una palma áspera y caliente se deslizó por el lateral de su tórax y se deslizo a su pecho, aplastando sus pezones debajo de él después de probar uno de ellos. Él lo abrazo, gruñó contra su lengua y sus caderas se presionaron firmemente en la V de sus muslos abiertos. Con la otra mano agarró su muñeca mientras se movía de nuevo y apartó la mano de su pantalón para obligarlo a soltar su polla. Luego ajustó su postura hasta que la dura longitud se frotó contra su culo.

Jimin gimió. La jodida ropa, — esto no era su idea de la perfección, pero él aceptaría cualquier cosa que él le diese. Él movió sus caderas, empujando contra él de nuevo y se agarró al hombro de él con la mano que sostenía su polla. El agarro el lado de sus vaqueros. Arrancando el material mientras tiraba y su nivel de excitación se incrementó. Él iba a arrancarle la ropa y llenarlo.

—¡SÍ!

—Um, ¿perdón? — Era una voz de hombre fuerte y cercana. — La ambulancia viene y alguien va a verte a ti y al humano. Puedes decir que él estaba teniendo dificultad para respirar, pero dudo que crean que eso es la RCP.

Su ángel aparto la boca de la de él y le hizo girar la cabeza para mirar a algo detrás de él. — Maldita sea, — gruñó. — Gracias, Min Ho. Había perdido todo el control.

—Ya lo veo. — El otro hombre se aclaró la garganta.

La confusión embargo a Jimin cuando se sentó al lado del ángel y este lo soltó. Él lo miró fijamente con sus ojos impresionantes mientras retrocedía y sus manos bajaron a sus pantalones.

Jimin volvió la cabeza para mirar a la otra criatura de pie a unos metros de distancia. Vestía de negro y tenía ojos de gato también. Él no lo miraba, sino que él sonrió a su ángel caído.

—Lo siento, — dijo la criatura de negro con suavidad. — Si yo no los interrumpo él te habría tomado y la ambulancia hubiera llegado a ver eso. Ambos habríais estado probablemente avergonzados al tener testigos viéndolos tener sexo encima del capó del jeep.

Algo estaba escrito en letras blancas en la camiseta negra del hombre. Jimin entrecerró los ojos, leyó las tres letras y supo que lo había visto en alguna parte antes. La memoria regresó a él en un instante. ONE es una abreviatura de la Organización de la Nuevas Especies.

Su mirada se dirigió de nuevo a su hermoso ángel caído. Estaba respirando con dificultad y sus ojos estaban fijos en los de él mientras examinaba su rostro. Jimin sintió como se ponía colorado.

—Yo no estoy muerto, ¿verdad?

El hombre que había estado besando negó con la cabeza. — ¿Eso creías?

Sintió que el cuerpo se le enfriaba rápidamente del ardiente deseo de saltar sobre el hombre y tumbarlo, para continuar lo que habían empezado. — Oh mierda. Tú no eres un... — No podía decir ángel caído, él pensaría que estaba loco. Demonios, él lo estaba. No, se corrigió, estoy borracho.

—¿Soy un qué? — Su tono profundo y la ira pareció brillar en sus ojos.

—Tú eres una de esas nuevas especies de la Reserva, ¿no es así?

—Sí.

Jimin cerró los ojos y se abrazó a su pecho. Se dio cuenta de que acababa de molestar a una nueva especie. Eran seres humanos que habían sido alterados con ADN animal. Algunas compañías farmacéuticas locas los habían hecho parte animal y hecho pruebas ilegales en ellos. Hijo de puta. Sus ojos se abrieron de golpe.

Lanzó una mirada a su alrededor y reconoció el estacionamiento de un bar. El jefe y algunos de sus agentes se veían a lo lejos, cerca de la parte delantera del edificio bajo las luces exteriores. Había algunos borrachos discutiendo con ellos. Él no había muerto en el suelo del bar como había creído, pero de repente le hubiera gustado hacerlo. Cerró los ojos de nuevo. Él no pudo encontrar el coraje para mirar al hombre que había confundido con un ángel. Él esperó en silencio a la ambulancia en su lugar.

Pd: Este libro se basa en el personaje de Taemin de los libros anteriores este pasara hacer Jungkook y los que hacían de Jimin y Jungkook en el libro 6 pasaran hacer Hyun Jin y Félix respectivamente.

Libro 1 Furia Tao y Kris

Libro 2 Origen Hoseok y Taehyung

Libre 3 Valiente Wonho y Hyungwon

Libro 4 Justicia Namjoon y Seokjin

Libro 5 Fuerza Sehun y Luhan