Pídeme un deseo 1 - Saga Guerreros

Sinopsis

Si algo tiene claro Park Jimin es que ningún hombre doblegará su carácter y su voluntad. Acostumbrado a cuidar y velar por la seguridad de sus hermanos, Jimin es un joven intrépido, de bello rostro, al que le divierten los retos y no le asusta el sonido del acero. Si algo tiene claro el guerrero Jeon Jungkook es que su vida es la guerra. Acostumbrado a liderar ejércitos y a que la gente agache atemorizada la cabeza a su paso, al llegar al castillo de Hwasong para asistir a la boda de su amigo Kim Namjoon, se encuentra con un tipo de enemigo muy distinto al que conoce: el joven e inquietante Jimin. La palabra de un guerrero en Corea es su ley. Y la promesa de Jungkook al abuelo del muchacho une sus destinos y desemboca en una trepidante y accidentada boda de un año y un día. ¿Conseguirían Jimin y Jungkook sobrevivir todos esos meses sin ahogarse? O, por el contrario, ¿la pasión les terminará consumiendo? ________ … _________ • KookMin • Jungkook Activo / Jimin Pasivo • Menciones de otras parejas NamJin VHope • Esta es una adaptación solo para entretenimiento y sin fines de lucro • La temática y los personajes no me pertenecen, los créditos son para su autor original • La historia tiene variaciones en su trama original

Genero:
Romance
Autor/a:
Juliana
Estado:
Completado
Capítulos:
47
Rating
4.4 5 reseñas
Clasificación por edades:
16+

1

Chuncheon (Corea), Año 1308

Park Jimin no podía creer lo que estaba oyendo. Escondido tras el arco de roble macizo escuchaba a su tía Yang Mi hablar con Bae Dong-yul, el obispo que tan poco le había gustado en vida, a su madre.

—Ilustrísima. Es de extrema importancia que oficiéis las bodas aun sin las amonestaciones pertinentes —dijo Yang Mi con su atípica voz ronca.

— Yang Mi —asintió el obispo—, para mí será un placer ocuparme de esa doble boda.

—Tengo que decir, en favor de los caballeros, que ambos conocen a los donceles desde pequeños y están satisfechos con la idea de desposarse con ellos y enseñarles los modales y la clase que les falta —rio con malicia—. Además, ya cuentan con dieciocho y dieseis años.

—La entiendo, Yang Mi —murmuró el rollizo obispo tomando una nueva torta de semillas de anís.

—Será un acuerdo beneficioso para todos. Además, no se han podido negar — rio Khan Dak-ho, esposo de Yang Mi y tío de los muchachos—. Entre los favores que me deben los caballeros y el pensar en someterlos en sus camas se han animado con rapidez.

—No veo el momento en que esos salvajes desaparezcan de mi vista —escupió sin escrúpulos Yang Mi, mientras entregaba al sacerdote más pastas.

¡Cuánto odiaba a aquellos tres mestizos! En especial, a los muchachos mayores. Siempre habían sido la vergüenza de la familia. Ella misma había sufrido las consecuencias de que su hermano se casara con una salvaje de clase baja. Cuando todo el mundo se enteró de aquella boda, Yang Mi y Dak-ho dejaron de ser invitados a los bailes y actos sociales de la época. Pero ahora que su hermano Seung y la salvaje de su cuñada habían muerto, ella se ocuparía del futuro de aquellos mestizos.

Incrédulo, Jimin escuchaba los oscuros planes de su tía, apoyado sobre el bonito arco que su padre mandó construir. Aquella casa, que tantos momentos bonitos había albergado en vida de sus padres, ahora se había transformado en un hogar siniestro a causa de la presencia de sus tíos.

«Esta mujer está loca», pensó Jimin, pálido como la cera. Al escuchar aquello, casi se le había paralizado el corazón. Pretendían que su hermano y él se casaran con dos enemigos de su padre. Los hombres que siempre le repudiaron por el simple hecho de unirse en matrimonio con su madre, Yoon Hye. Aquellos que siempre los habían mirado con ojos llenos de lujuria.

—Me imagino que ambos desaparecerán de estas tierras —prosiguió el obispo con indiferencia, mientras se limpiaba las comisuras de su arrugada boca con una delicada servilleta de lino—. Con sinceridad, Yang Mi, quitaros de encima a esas dos molestias es lo mejor que podéis hacer.

—Cada día es más difícil la convivencia —reprochó Dak-ho—. Se niegan a ser sumisos y obedientes, y a comportarse como caballeros. Pero claro, ¡qué se iba a esperar de ellos, teniendo la madre que han tenido y la educación que les ofrecieron!

—Se marcharán y desaparecerán de nuestras vidas —dijo tajante Yang Mi—. Sólo permanecerá en esta casa el pequeño Min Ho, bajo mi tutela. Es el heredero y, como tal, lo criaré. Eso sí, sin la influencia de esos dos salvajes. Le enseñaré a ser un buen noble para que machaque a esos malditos salvajes.

Jimin no pudo escuchar más. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas dejando surcos a su paso. Necesitaba salir de allí. Con sumo cuidado, desapareció saliendo al patio trasero de la casa, junto a las preciosas flores que su madre plantó años atrás. Tomó varias bocanadas de aire mientras corría, y se internaba en el bosque.

Necesitaba hablar con Kan Dae-hyun, el mejor amigo de sus padres, por lo que se internó en el bosque en busca de aquel que siempre les había dado consuelo, desde que sus progenitores desaparecieran.

Agotado por la carrera, paró unos instantes a descansar. La angustia le hacía maldecir en voz alta convulsivamente.

—¡Bruja! ¡Maldita bruja!

—¿Qué te ocurre, Jimin? —dijo una voz junto a él asustándolo.

—¡Oh, Taehyung! —exclamó al reconocer a su hermano—. Tenemos que encontrar con urgencia a Dae-hyun.

—Está en las cuadras con Bon-hwa. Pero ¿qué te pasa?

—Taehyung, tía Yang Mi pretende casarnos. A ti con Jang Hyuk y a mí con Hyun Bin.

—¡¿Qué?! —gritó incrédulo. Odiaba a esos hombres, tanto como ellos los odiaban—. Pero... pero si esos hombres nos desprecian.

—¡Ojalá se pudran en el infierno! —vociferó Jimin—. Pretenden quitarnos de en medio, para educar a Min Ho y quedarse con todas las propiedades de papá. ¡Ven, debemos encontrar a Dae-hyun!

El corazón les latió con fuerza cuando comenzaron a correr por el florido bosque de álamos.

—Pero Dae-hyun ¿qué va a hacer? —preguntó lloroso Taehyung—. Él no puede ayudarnos. Le matarán.

—No sé qué hará —respondió sin aire Jimin—. Pero al morir papá, me pidió que, si alguna vez me veía en peligro, acudiera a él.

Cogidos de la mano llegaron hasta las majestuosas caballerizas, donde uno de los hombres de Dae-hyun los saludó y les indicó dónde encontrarlo. Sorteando con celeridad a hombres y caballos, llegaron hasta el lateral de las caballerizas. Agotados, vieron a Dae-hyun con las riendas de un precioso caballo en sus manos.

—¡Cuánta belleza junta! —bramó Dae-hyun acercándose a ellos.

Aquel gigante de casi dos metros adoraba a los muchachos, al igual que había adorado a su dulce madre Yoon Hye. De pronto se paró en seco y, observando los ojos vidriosos de los jóvenes, rugió:

—¿Qué ocurre aquí?

—Una vez dijiste que si alguna vez nos veíamos en peligro te lo dijera —jadeó Jimin agarrando a su hermano—. Tía Yang Mi quiere casarnos este fin de semana con Jang Hyuk y Hyun Bin.

—¡¿Qué estás diciendo, muchacho?! —gritó mientras el corazón le latía acelerado.

Era imposible. ¿Cómo iban a hacerles aquello a esos dos adorables muchachos? Hyun Bin y Jang Hyuk eran dos caballeros del monarca Seyong el grande, duros y despiadados, que nunca aceptaron el matrimonio entre Seung y Yoon Hye por el simple hecho de ser ella pobre y salvaje. ¿Cómo demonios se iban a casar con ellos?

—Entiendo que tienes que pensar en ti —prosiguió Jimin, quien ardía de rabia por lo que querían hacerles—. Nosotros no queremos que tengas problemas ni con ellos ni con nadie. Pero estoy desesperado, Dae-hyun, no sé dónde ir, ni qué hacer para que mis hermanos no sufran la injusticia que mis tíos quieren para ellos.

—Muchacho —dijo Dae-hyun tocándole el cabello con afecto—. Hace años prometí a tu padre que, si algún día él faltaba, yo me ocuparía de vosotros. Después de su muerte, vuestra madre también me lo pidió, y ¡juré ante Dios que así lo haría, y lo haré!

—Pero ¿dónde podemos ir? —lloriqueó un asustado Taehyung—. Siempre hemos vivido aquí. Éste es nuestro hogar. Ésta es nuestra casa.

—Os llevaré con vuestro abuelo.

—¡¿Qué?! —exclamó, perplejo, Jimin—. ¿Nuestro abuelo?

—Eui-Sung, del clan Kim —asintió con firmeza Dae-hyun.

—Pero... pero... —comenzó a balbucear Taehyung, pero las palabras se ahogaron en su garganta, horrorizado por tener que acercarse a las terribles tierras salvajes como el las conocía.

—Vive cerca del castillo de Hwasong.

—¿Crees que querrá ocuparse de nosotros? —preguntó Jimin tomando aire. Salir de las tierras nobles para meterse en zona salvaje era muy peligroso—.

Nunca hemos tenido contacto con él, y quizá tampoco quiera saber nada de nosotros.

—Vosotros no. Pero vuestra madre siguió en contacto con él a través de mí durante todos estos años. Eui-Sung es un buen hombre, adoraba a vuestra madre y sufrió mucho cuando ella decidió abandonarle para correr a los brazos de vuestro padre. Al principio se enfadó muchísimo. No entendía cómo su preciosa hija se podía haber enamorado de un noble. Pero el amor que sentía por vuestra madre y la amabilidad de vuestro padre le hizo entender y aceptar ese amor.

—¿Será buena idea acudir a él? —volvió a preguntar Jimin mientras intentaba calmar a su hermano, que seguía sollozando.

—Sí, muchacho —asintió Dae-hyun con rabia en la mirada y en sus palabras—. Creo que ésta es la única opción que tenéis para libraros de la crueldad de vuestros tíos y de esos maridos que os quieren imponer.

—Está bien —aceptó Jimin sintiendo cómo un frío extraño le recorría la espalda—. ¿Cuándo salimos? Y, sobre todo, ¿cómo avisaremos a nuestro abuelo?

—Mañana por la noche, cuando todos duerman, será un buen momento.

—Estaremos preparados con Min Ho —afirmó Jimin, decidido.

—Iremos a caballo, no podemos ayudarnos de ninguna carreta, por lo que coged lo justo. ¡Ah!, y llevad ropa de abrigo, en las montañas las necesitaréis.

Aquella noche, en el saloncito azul, mientras esperaban a que terminaran de servir la cena junto a sus crueles tíos, ambos hermanos permanecían en silencio.

—Estáis muy callados hoy, niños —reprochó su tía mirándolos con ojos de serpiente venenosa, mientras se metía una cucharada de caldo en su arrugada boca.

—Hoy dimos un largo paseo por los alrededores de Chuncheon —inventó Jimin—. Creo que eso nos cansó en exceso, tía.

—Y, como es lógico, habréis estado montando a caballo como un par de salvajes, ¿verdad? —preguntó la mujer sabiendo cómo los muchachos montaban sus caballos.

—Hemos montado a caballo como nuestra madre nos enseñó —contestó Taehyung mirándola desafiante.

—¡Otra salvaje! —se mofó Kwan Dak-ho, su tío.

—No os permito que habléis así de nuestra madre —murmuró Jimin dando un golpe en la mesa con la mano, mientras le miraba a través de sus ojos verdes con odio y desprecio.

—Y a mí no me gusta que me hables con ese descaro —respondió secamente Dak-ho.

—¡Tengo hambre! —protestó Taehyung intentando tranquilizar a su hermano.

—Tranquilo, Dak-ho —carraspeó Yang Mi, limpiándose la boca con la servilleta de lino—. Esta situación durará poco tiempo. Relájate y disfruta.