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Isla Jeju 22 de mayo de 1995
¿Realmente existe el flechazo?
En el caso de Jungkook y Jimin, lo sintieron en el momento que sus miradas coincidieron una calurosa tarde de mayo, mientras sonaba la música de los Beach Boys en la radio de aquel bar de la playa de Jeju.
Hoseok, el amigo de Jungkook, se dio cuenta de cómo este miraba atontado a aquel muchacho rubio que había en el grupo el fondo del lugar.
—¿Tiene un cuerpo bonito? —comentó Hoseok.
—Tiene más cosas de las que tú ves —respondió sin poder dejar de mirarlo.
—Jungkook… No me asustes… ¿qué te pasa?
—No lo sé, pero creo que me he enamorado.
—Dios mío —gritó Hoseok—. ¡Aire!… ¡aire! ¡A Jungkook le falta aire!
—Calla, idiota —río al comprobar que aquel chico le miraba también a él.
No podía apartar los ojos de aquel muchacho, era precioso. Tenía el cabello rubio brillante, y unos dulces ojos cafés que le habían dejado sin aliento la primera vez que le miró. Estaba encantador con aquel short de jean. Y la camiseta blanca hacía resaltar su piel.
—Es lo más bonito que he visto en mi vida —susurró atontado.
—No está mal —reconoció Hoseok tras mirar al joven de cabellera rubia.
Al otro lado de la barra, Jimin tampoco podía dejar de mirar a aquel muchacho. No era la primera vez que lo veía. Pero, al darse cuenta que él también lo observaba, se sintió torpe.
—Jimin —preguntó Seokjin—. ¿Ese no es el chico de la playa?
—Sí, es él —respondió tras dar un trago a su Coca-Cola.
—Vaya… vaya, te come con la mirada.
—No es para tanto —respondió Jimin, aunque sabía que era cierto.
—Menos mal chico. Un poco más, se acaba el curso, y no se fija en ti. Seokjin tenía razón. Jimin se había fijado en él al mes de estar allí estudiando.
Pero él siempre estaba demasiado ocupado con sus amigos, el surf o las demás personas, como para mirar hacia otro lado. Pero hoy, sin saber por qué, finalmente sus miradas se habían encontrado. Jimin bajaba muchas tardes a la playa y se sentaba en la arena a leer, y desde allí observaba a Jungkook hacer surf siempre junto a su amigo. Aquel chico que parecía su sombra, aunque en realidad, no sabía exactamente quién era sombra de quién. Lo cierto era que siempre estaban juntos allá donde los vieras. Muchas veces, en especial si el mar estaba más bravo, si te acercabas a la playa, los podías ver haciendo surf. Se les daba bastante bien. Si les observabas el tiempo suficiente, comprobabas que sabían muy bien lo que se hacían cuando se metían en el mar con sus tablas.
A Jimin le encantaba observarles. Eran atractivos, y vestían con un aire desenfadado. Debían medir un metro ochenta, piel clara a pesar de pasar mucho tiempo bajo el sol, y pelo negro como el azabache, que siempre llevaban recogido en una coleta y, como decía Seokjin, con un cuerpo musculoso y atlético que quitaba el hipo. Sus sonrisas y aquel aire polinesio les hacían especiales. Aunque quizá en el amigo de Jungkook, era aún más latente que en él.
Jimin, acalorado, dejó su vaso sobre la barra y fue al servicio a echarse un poco de agua en la nuca. Estaba tan nervioso que las manos le sudaban. Al salir del baño oyó cómo alguien se dirigía a él.
—Hace calor ¿verdad?
—Sí —consiguió responder al ver a quién pertenecía aquella voz. Jungkook no pensaba desaprovechar la oportunidad de hablar con él.
—Hola, me llamo Jeon Jungkook —sonrió tendiéndole la mano.
—Y yo soy Jung Hoseok —dijo su amigo. Pero al ver la mirada que Jungkook le dirigió, enseguida añadió—: Y ya me iba. Adiós.
—Encantado —sonrió el joven y clavando sus ojos en Jungkook dijo—: Mi nombre es Park Jimin.