Resumen
Él vigilaba cada uno de sus movimientos.
Sabía a qué hora se despertaba ella.
Sabía a qué hora se iba a la cama.
Se juró a sí mismo que la tendría. No le importaba lo que tuviera que hacer para conseguirlo.
—Haz lo que tengas que hacer mientras preparo el baño para los dos —ordenó él caminando hacia la bañera.
—No voy a hacer mis necesidades frente a ti. Tampoco me voy a bañar contigo —dije mirándolo como si estuviera loco—. Ni siquiera sé cómo te llamas.
Se acercó a mí y me jaló el cabello para ponerse frente a mi cara. Intenté soltar sus manos de mi pelo porque sentía que la cabeza me ardía.
—Soy tu futuro esposo. Me vas a escuchar y me vas a obedecer —dijo él con tono siniestro, pegado a mi rostro.