Atrévete mi amor 7 - Saga Guerreros

Sinopsis

Park Jimin es el pequeño de la familia. A diferencia de sus hermanas y hermanos, que cumplen la voluntad de sus padres, él es más inquieto. Su carácter independiente y retador espanta a todos los que se le acercan. Jeon Jungkook, un guapo y joven guerrero con un excelente sentido del humor, se dedica a la cría de caballos junto a sus amigos Hoseok y Yoon Gi. Los Park y los Jeon se odian desde hace años por algo que ocurrió entre sus antepasados y que llevó a los Jeon a entregarles unas tierras que Jungkook está dispuesto a recuperar a toda costa. Y la oportunidad le llega de golpe cuando Jimin, intentando salir airoso de un problema y sin apenas conocer a Jungkook, le ofrece las tierras que desea a cambio de que se case con él. En un principio Jungkook se niega. ¿Acaso aquel Park se ha vuelto loco? Al final, viendo que de este modo recuperará las propiedades que su padre tanto ansía, termina aceptando el enlace de un año y un día con Jimin. Pasado ese tiempo no renovará los votos matrimoniales: volverá a ser un hombre libre y con las tierras en su poder. Pero ¿qué pasará si durante ese año se enamoran? Pd: Esta historia se basa en los personajes de Yoon Gi y Lisa del libro anterior. *************** • KookMin / temática m-preg • Jungkook Activo / Jimin Pasivo • Menciones de otras parejas NamJin VHope • Esta es una adaptación solo para entretenimiento y sin fines de lucro

Genero:
Romance
Autor/a:
Juliana
Estado:
Completado
Capítulos:
71
Rating
5.0 8 reseñas
Clasificación por edades:
16+

1

Fortaleza de Sunglyemun, Corea.

Acompañado por una parte de su ejército de guerreros, Jeon Jungkook había regresado al hogar de su infancia, la fortaleza de Sunglyemun, situada en un afloramiento rocoso en Hanam, para celebrar las nupcias de su primo Woo Seok con la joven Jeon Soo Ah.

Jungkook y sus dos hermanos Jung Hyun y Tae Sung observaban cómo su recién casado primo bebía junto a su mujer, cuando el primero, al ver cómo Jung Hyun le sonreía a su novia, comentó:

—Arin hoy está preciosa.

Jung Hyun asintió en el acto. La chica a la que amaba desde niño era una auténtica belleza que llamaba la atención de todo el mundo.

—Es la más bonita del lugar —murmuró.

Tae Sung sonrió, puesto que su hermano y Arin eran la pareja perfecta. Pero entonces, al ver que Jungkook contemplaba a una mujer que estaba más allá, cuchicheó:

—Mejor no la mires.

Al oír a su hermano pequeño, Jung Hyun siguió la dirección de su mirada y soltó un suspiro cuando vio a quién se refería.

—Tarde se lo dices, Tae Sung —comentó. El aludido parpadeó con sorpresa.

—¿Te estás viendo con ella? —preguntó dirigiéndose a Jungkook.

Este último sonrió. La mujer de la que hablaban era Jeon Xing Fei, la muchacha que años atrás había ocupado sus pensamientos y que terminó casándose con otro.

Con el tiempo, Xing Fei había pasado de ser una jovencita espabilada y educada a convertirse en una mujer preciosa, elegante y sofisticada. Había enviudado hacía unos tres años, y en ese tiempo Jungkook y ella habían vuelto a verse.

Molesto, Tae Sung se dispuso a protestar. El dolor que su hermano Jungkook había ocultado para que su madre no sufriera y saber que se tuvo que marchar de Sunglyemun para alejarse de aquella mujer y de sus circunstancias era algo que no le había perdonado a Xing Fei.

—Pensaba que eras más listo —susurró al ver su sonrisa—, pero...

—Hermano —lo cortó Jungkook—, ¿acaso no ves que es una preciosa y distinguida mujer digna de admirar?

—Pero esa mujer...

Sin ganas de explicarle por qué se veía con ella, Jungkook volvió a interrumpirlo.

—Fin del asunto —soltó.

Jung Hyun y Tae Sung intercambiaron una mirada. No les gustaba en absoluto que Xing Fei estuviera de nuevo en la vida de su hermano, pero aun así Jung Hyun sentenció:

—Como él ha dicho, ¡fin del asunto!

A continuación se quedaron unos instantes en silencio, hasta que Jungkook preguntó dirigiéndose a Jung Hyun:

—¿Cuándo vas a hacer de Arin una Jeon? Él se olvidó de Xing Fei y sonrió al oírlo.

—¿Esa sonrisa de bobo significa que pronto celebraremos otra boda? —inquirió Tae Sung.

Jung Hyun asintió. La belleza y la dulzura de Arin lo traían loco. Y, sacándose del bolsillo del pantalón un anillo que había comprado días antes, declaró:

—Se lo voy a pedir esta noche, cuando la acompañe a su casa.

Jungkook y Tae Sung se miraron sorprendidos. Al parecer, Jung Hyun lo tenía claro, y comenzaron a reír mientras le daban la enhorabuena discretamente.

Divertidos, los tres hermanos sonreían cuando el patriarca del clan, el señor Jeon Hong Seok, se acercó a ellos y preguntó orgulloso:

—¿Puedo saber de qué se ríen mis hijos?

Ellos se miraron entre sí divertidos. La noticia debía darla Jung Hyun, y, después de que este lo hubiera hecho, su padre lo felicitó abrazándolo.

Durante unos minutos padre e hijos charlaron y rieron, hasta que Jung Hyun cuchicheó viendo que Xi Yeon, su madre, se aproximaba a ellos:

—Ahora solo queda decírselo a madre...

Todos suspiraron al oírlo. La matriarca era harina de otro costal en lo referente a las parejas de sus hijos.

—Jungkook —dijo ella al llegar a su altura—, mi amiga Hae Ra acaba de contarme que antes de venir aquí pasaste por Ansan a visitar a su sobrina, Jeon Xing Fei... Pero ¿cómo no me lo habías dicho, hijo?

—¿Jeon Xing Fei? —preguntó Hong Seok sorprendido.

Jungkook sonrió al ver a Xi Yeon emocionada: que su hijo y aquella se entendieran era una de las mejores cosas que le podían pasar.

—¿Se puede saber qué te pasa? —inquirió ella al observar el gesto ofuscado de su marido.

Hong Seok miró a Jungkook con complicidad, y este le indicó con su expresión que callara. Xi Yeon ignoraba cómo se habían desarrollado los acontecimientos.

—Nada, mujer —respondió Hong Seok resoplando—. Es solo que tanta música me confunde. Encantada y feliz, ella sonrió y, mirando a Jungkook, que había permanecido en silencio, insistió:

—Hijo, ¿piensas responderme? ¿Te ves o no con Xing Fei?

Tae Sung le dio un codazo a su hermano y este, volviendo en sí, contestó:

—De acuerdo, madre, nos estamos viendo, pero...

—Oh, Dios santo, querido, ¡qué felicidad! —exclamó ella.

Jungkook suspiró. Xing Fei era una hermosa viuda adinerada que a su madre y a otras madres les encantaba por la buena posición que ocupaba en la corte.

—Hijo..., hijo..., hijo..., ¡qué alegría! —volvió a decir la mujer—. ¡Jeon Xing Fei, nada menos! Pero él, que la conocía de sobra, replicó:

—Madre, no comiences a hacer castillos en el aire.

No obstante, Xi Yeon ya se veía formando parte del selecto grupo de Xing Fei.

—Nada me gustaría más que organizar un precioso enlace matrimonial para ti y para Xing Fei... — añadió—. ¡Sería fantástico que te casaras con ella!

Tae Sung resopló, y Jungkook, dispuesto a cortar ahí la conversación, sentenció:

—Fin del asunto.

Xi Yeon maldijo. Aquella joven viuda, sobrina de su amiga, que en Ansan era tratada por los nobles casi como si fuera una princesa, era la nuera ideal que ella merecía. Y cuando iba a hablar de nuevo, Jungkook se le adelantó.

—Madre, no.

Sus hermanos y su padre volvieron a reír; sin embargo, Xi Yeon insistió:

—Según dice Hae Ra, Xing Fei borda maravillosamente bien, canta como los ángeles y es una excelente mujercita de su casa.

Jungkook sonrió al oír eso. Jung Hyun también. Xing Fei era buena en muchas cosas que su madre ni siquiera imaginaba.

—No sé de qué os reís —gruñó ella.

Jung Hyun, conocedor de muchas cosas de las que era mejor no hablar allí, tras mirar a Arin, que bailaba, indicó:

—Madre, nos reímos porque ni a Jungkook ni a Tae Sung ni a mí nos emociona el hecho de que alguien sepa bordar.

—Pues bordar proporciona distinción a una mujer —protestó Xi Yeon.

Los tres hermanos se miraron con complicidad mientras su padre, agarrando a su mujer, iba a hacerle una arrumaco, pero ella se zafó.

—Por favor, Hong Seok, ¡déjate de tonterías! —exclamó.

El hombre la soltó. Adoraba a su esposa, a pesar de lo fría que podía ser en ocasiones. Una frialdad que hacía que los abrazos o las palabras cariñosas no formaran parte de sus vidas. Estaba suspirando por eso cuando ella añadió:

—En cuanto comience una nueva pieza de música, tú, Jung Hyun, saca a bailar a Jeon Na Sun; Tae Sung a Lee Hyi Ji y Jungkook...

—Madre —la cortó el último—, creo que soy lo suficientemente mayor para elegir con quién quiero bailar, y déjame decirte que Jung Hyun y Tae Sung también.

Xi Yeon parpadeó con gracia. Desde siempre, sus hijos se defendían los unos a los otros. Y, dando un paso hacia delante para acercarse a Jungkook, cuchicheó:

—Me da igual lo mayor que seas. Eres mi hijo y me vas a obedecer.

Los hombres soltaron una risotada al oír eso, pero Xi Yeon, acostumbrada desde hacía mucho a lidiar con su marido y sus tres hijos varones, agregó:

—No me impresionáis con vuestras carcajadas de rudos guerreros. Y os pongáis como os pongáis, vais a hacer lo que yo os digo, o juro por san Dangun que esta noche será la peor de vuestras vidas, porque yo misma me voy a encargar de que así sea.

—¡Madre! —le reprochó Jung Hyun divertido.

No obstante ella, sin dejarse amilanar, miró a su marido e insistió:

—Y tú, Jeon, sería de agradecer que me apoyaras frente a nuestros hijos en vez de reírte con ellos para hacerme parecer tonta.

Hong Seok miró a los muchachos. Los adoraba, como adoraba a su mujer.

—Querida, no empecemos —cuchicheó.

Xi Yeon miró a su marido, que era el señor del clan.

—Jeon, por si no te has dado cuenta, estoy intentando encontrar unas parejas dignas de nuestros hijos con la finalidad de que tengan un futuro dichoso —gruñó.

Oír eso los hizo reír de nuevo a todos, por lo que este, sin tocar a su mujer para no volver a ser rechazado, susurró:

—Entonces, mi señora, siempre y cuando ellos acepten lo que propones, cuentas con todo mi apoyo.

—¡Menudo apoyo me das! —se quejó Xi Yeon. Hong Seok y su mujer se miraron.

—Madre, bailaré con Arin —terció Jung Hyun.

—No empecemos.

—Madre —protestó él—, no empieces tú.

Ella suspiró. Sin embargo, no deseaba enfadarse con su hijo.

—Pero, Jung Hyun... —insistió.

—Madre —la cortó él—, mi corazón se desboca cada vez que la miro, y es mi elegida.

—Hijo..., ¿tengo que volver a recordarte que es una Kim sin tierras ni nada que ofrecer?

Los hombres resoplaron. Aquella conversación ya la habían tenido cientos de veces. Y entonces Jung Hyun, convencido de lo que iba a hacer, le enseñó el anillo que había comprado días antes en Ansan.

—Pues asúmelo, madre —declaró—. Arin, sin ser una Lee, una Jeon, una Han, una Kang ni cualquier otra mujer de un clan amigo, será mi esposa porque esta noche se lo voy a pedir.

—¡No te atreverás! —susurró ella al ver el anillo.

—Por supuesto que sí.

Horrorizada, la mujer miró a su marido e insistió:

—Hong Seok, ¡dile algo!

Él se encogió de hombros divertido.

—Es su vida, querida, y Arin es un encanto... ¿Qué le voy a decir? Enfadada, Xi Yeon se disponía a protestar cuando Jung Hyun sentenció:

—Madre, Arin y yo nos casaremos y será una Jeon.

Jungkook y Tae Sung sonrieron por la felicidad de su hermano. El padre abrazó gustoso por la buena nueva a su hijo, mientras su madre, sin moverse, musitó montando en cólera:

—Te estás equivocando, Jung Hyun.

—¡Madre! —le reprochó Tae Sung.

Pero ella siempre que se enfadaba perdía los papeles. Gritaba o lloraba. El carácter de Xi Yeon era complicado. Y, cuando vio que todos la miraban, añadió:

—Mi intuición de madre me dice que no es la apropiada para ti.

—¿Por qué será que toda persona que no sea la que tú escoges nunca te da buena sensación? —señaló Jungkook con mofa.

—Porque no son buenas. Fin del asunto.

—¡Ya estamos! —gruñó Tae Sung mirando de reojo a una muchacha llamada Hong Eui Jin.

Su madre negó con la cabeza y, dirigiéndose al que acababa de hablar, que era el menor de sus tres hijos, soltó:

—Precisamente tú deberías callar. Fui yo la que te advirtió de que esa Moon te iba a traer problemas.

Tae Sung maldijo y guardó silencio. Recordó la experiencia vivida con Moon Byul Ji y, le gustara o no, debía reconocer que su madre aquella vez había tenido razón.

Al ver el gesto serio de su hermano, Jungkook le dio un codazo y, cuando este sonrió, Jung Hyun, que era el mayor y más tranquilo de los tres, se guardó el anillo y señaló:

—Pues lo siento, madre. Me da igual lo que diga tu intuición porque Arin es la mujer que ha elegido mi corazón, y aunque...

—¡Me niego! —lo cortó ella—. Los Kim nunca me han gustado.

—Xi Yeon —le recriminó su marido.

Pero ella necesitaba decir lo que pensaba, por lo que insistió:

—Esa muchacha nunca ha sido santo de mi devoción, y bien que lo sabes.

—Y si no lo sabe, ya te has encargado tú siempre de recordárselo. —Tae Sung se mofó.

—Entiendo que estés deslumbrado por su belleza —prosiguió la mujer tras intercambiar una enfadada mirada con aquel—, pero esa muchacha ¡es poco para ti!

—Pero, madre, si Arin es dulce y encantadora —musitó Jungkook.

—Encantadora de serpientes, además de sosa y anodina... —protestó ella.

Los hermanos se miraron entre sí. Cuando a su madre se le metía algo en la cabeza, era dura de pelar.

—¡Madre! A mi mujer la elegiré yo —afirmó Jung Hyun incómodo.

—Escucha, hijo —insistió ella—. Los Kim son mentirosos, ladrones y egoístas. Son como los Park o los Choi o los...

—¡Ya estamos! —cuchicheó Hong Seok.

—Esa Arin... ¡es una Kim! —continuó Xi Yeon, deseosa de tener la razón—. No te puedes fiar de ella porque, cuando menos lo esperes, ¡te la puede jugar!

—¡Madre! Eso que dices no está bien —se quejó Tae Sung.

Jung Hyun resopló, odiaba que su madre generalizara, e indicó tras mirar a su hermano Tae Sung:

—Madre, ni los Kim ni Arin tienen que agradarte a ti, sino a mí. ¿Por qué no me das un abrazo y la enhorabuena por mi decisión como haría cualquier madre?

Oír eso molestó a la matriarca. Su desapego siempre le había impedido dar besos y abrazos, y, molesta, iba a protestar cuando Jung Hyun, viendo que era incapaz de hacer lo que le había pedido, sentenció:

—Vale, acabemos con esto. Es la boda de Woo Seok y no quiero que nada enturbie su bonito día y, menos aún, que nada empañe la felicidad que siento por lo que estoy a punto de hacer.

Xi Yeon rechinó los dientes. Que sus hijos hubieran crecido y ya tomaran sus propias decisiones era algo que no llevaba muy bien. Como la única mujer que era entre sus hijos varones, su marido y su hermano, siempre había decidido por ellos, y utilizando eso que sabía que siempre la había beneficiado, que eran los lloros, susurró con voz temblorosa mientras se le llenaban los ojos de lágrimas:

—La tristeza me embarga...

—Xi Yeon..., no me llores —murmuró Hong Seok empatizando rápidamente con ella.

Ninguno de los guerreros llevaba bien aquello. Las lágrimas de Xi Yeon, que por lo general era una mujer tan fría, podían con ellos, y Jungkook, deseoso de no ver llorar a su progenitora, se apresuró a decir:

—Madre, bailaré con Xing Fei y Tae Sung lo hará con quien tú dices, pero Jung Hyun bailará con Arin. Dos de tres... ¡Eso debería alegrarte!

La mujer hizo un nuevo puchero. Ella querría que los tres la obedeciesen, no solo dos. Y entonces Tae Sung, consciente de que Jungkook lo hacía para facilitarle las cosas a Jung Hyun, insistió:

—Vamos, madre, ¡sonríe! Sabes que tu sonrisa ilumina nuestras vidas.

Sin muchas ganas, pues la sonrisa era algo que apenas utilizaba, la mujer volvió a hacer un puchero mirando a Jung Hyun, pero este no claudicó. Y Jungkook insistió cogiéndole las manos:

—Madre, a veces tu exigencia es abrumadora.

Oír eso hizo que finalmente Xi Yeon suspirara y dejara de lloriquear.

—Malditos Jeon... —soltó—. De acuerdo, ¡me serenaré!

Los demás sonrieron felices. La llantina de su madre se fue tal como había llegado y, minutos después, brindaban junto al resto de los invitados a la boda por la felicidad de Woo Seok y Soo Ah.

* * *

Como los buenos Jeon que eran todos, la fiesta duró horas, durante las cuales comieron, bebieron y bailaron.

Ya bien entrada la noche, Jungkook y Jeon Beomgyu, su amigo y hombre de confianza, tras despedirse de Jung Hyun, que se marchaba ilusionado a llevar a Arin a su casa, se acercaron hasta el lugar donde Hong Seok conversaba con unos hombres.

—Esas tierras eran nuestras —comentó él mirándolos—. ¡Eran de los Jeon! Le prometí a mi padre que las recuperaría, y pienso hacerlo antes de morir. Además, sé por mi hijo Jungkook, que vive cerca, que están abandonadas. Nadie las trabaja. Nadie las cuida. Si las recuperara, Jungkook se afincaría allí con su negocio de caballos y ganado, porque nada me haría más feliz que morirme sabiendo que un Jeon es de nuevo el dueño de esas tierras.

Sin necesidad de preguntar, Jungkook y Beomgyu sabían que Hong Seok hablaba de las tierras que un Park le había arrebatado una noche de borrachera a su tatarabuelo; el primero suspiró e iba a hablar cuando Jeon Yeonjun dijo:

—Me consta que Park Joon Hyung está vendiendo tierras en Wonju.

—¿El Diablo de Corea? —preguntó Hong Seok. Su primo Yeonjun asintió.

—Sí. Y lo sé porque hace menos de un mes le vendió unas tierras al marido de mi cuñada Solar y le dijo que su intención era vender algunas más.

Aquello interesó a Hong Seok. Él y Park Joon Hyung, al que todos conocían como «el Diablo de Corea» por lo sangriento que había sido en el pasado, nunca fueron amigos. Las pocas veces que se habían visto en alguna junta de clanes se habían respetado, a pesar de las reticencias que su mujer tenía contra los Park.

—En cuanto podamos, partiremos a la costa oeste de Siheung para visitar a Park Joon Hyung —señaló mirando rápidamente a su hijo Jungkook.

—Padre... —dijo Jungkook contrariado, pensando en su madre—. ¿Seguro? Hong Seok asintió.

—Pero no estás bien —insistió él—. Te fallan las fuerzas y...

—Muchacho, ¡soy un Jeon! —lo cortó con aspereza—. Y para recuperar nuestras tierras sigo teniendo fuerza y empeño. Por tanto, no repitas lo que acabas de decir.

Beomgyu y Jungkook se miraron y, cuando Hong Seok siguió hablando, el primero susurró:

—Tu padre está decidido.

—Verás cuando se entere madre... ¡Odia a los Park! —Jungkook suspiró encogiéndose de hombros mientras veía que Jeon Xing Fei le hacía señas para que se encontraran en las caballerizas.