JUST ONCE

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Sinopsis

Un pequeño accidente les llevó a tener el mejor verano de sus vidas. Dónde el amor, la complicidad, y todas las travesías estaban a flor de piel. A veces bien vale la pena arriesgarse, y tomar decisiones alocadas, porque al final de cuentas... Sólo se vive una vez. ✨ Historia Original ✨ Pareja Principal : Kookmin ✨ Genero Romance con toque sensual ✨ Contenido Homosexual ✨ Contenido adulto / maduro ✨ No copiar ni adaptar sin mi permiso total o parcialmente

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Completado
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5.0 4 reseñas
Clasificación por edades:
18+

CAPÍTULO ÚNICO

Un suspiro salió de sus delgados labios al sentir cómo el cálido cuerpo que yacía plácidamente dormido a su costado se removia emitiendo leves balbuceos dispersos, por lo que agradecía profundamente tener el sueño ligero. Sin dudarlo se colocó de lado usando su mano derecha cómo soporte en su cabeza, y no pudo evitar suspirar mientras miraba con total fascinación la forma en que Jimin abultaba los labios y fruncia el ceño en señal de estar en medio de lo que parecía ser un sueño. Llevó la mano que tenía libre hacía su boca para evitar que se escapara una risita ante lo adorable que se miraba su pareja murmurando en un hilo de voz.


Cuándo Jimin finalmente halló su lugar, instantáneamente cesaron los ronroneos, ahora... Su bonito rostro se encontraba sereno, relajado e irradiando una inmensa paz mientras dormía, haciendo que Jungkook esbozara una sonrisa de oreja a oreja, y sus enormes ojos negros brillaran cómo auténticos luceros, para después terminar mordiéndose el labio inferior en cuánto Jimin dejó al descubierto gran parte de su sensual y satinada espalda perlada en total desnudez .


La primera reacción de Jeon fue sonreir fascinado y con sumo cuidado procurando no despertarlo, se acercó al cuerpo contrario sólo para depositar un delicado beso que caía más en una tenue caricia a la altura del omóplato izquierdo, justo dónde el hermoso rubio tenía su tatuaje tribal.


Tratando de resistir la tentación y haciendo un esfuerzo bestial por mantener sus enormes manos alejadas de ese perfecto cuerpo, Kook suspiró por lo bajo, y evitando hacer el menor ruido posible, se levantó de la cama e inmediatamente se colocó los bóxer negros, así cómo una playera de manga corta del mismo color.


Antes de salir, miró el reloj de la habitación que estaba situado en la mesita de noche y éste apenas marcaba la una con treinta de la madrugada, a pesar de que ya era tarde, se podía sentir el clima templado, no podía negar que definitivamente era una noche agradable, por lo que agradeció fervientemente su falta de sueño para meditar en lo mucho que había cambiado su vida en tan poco tiempo.


Pero antes se dirigió hacía la cocina para tomar algunas cosas que necesitaba y tras darle una última mirada a Jimin para asegurarse que continuara en brazos de Morfeo, decidió salir al balcón.


Ahora... La agradable y fría brisa nocturna acariciaba con sutileza su atractivo, varonil y relajado rostro, mientras permanecía cómodamente sentado en una de las sillas del comedor ubicado en la terraza de su modesto, pero muy acogedor departamento.


Las luces multicolores de los edificios centellaban sin cesar, al igual que las constelaciones del oscuro y despejado cielo estrellado, dónde la luna nueva brillaba por todo lo alto con su gran magnificencia. Hasta se podía decir que la vista nocturna de la ciudad, era igual o aún más espectacular que durante el día.


Así que pensó ¿Porqué habría de perdérse semejante espectáculo?


Un largo suspiro pausado repleto de maravillosos recuerdos salió involuntariamente de su boca y una dulce sonrisa apareció sobre sus finos labios. Él no era un tipo fumador, pero había ocasiones cómo esa noche en las que había la necesidad de sentir la nicotina filtrandose en su organismo, y que mejor que acompañarlo con una copa de buen merlot.


Mientras daba una profunda calada a su alargado cigarrillo, miraba a lo lejos el bullicio de la gente al ir y venir por las calles parisinas tranquilamente sin importarles siquiera las horas, los sutiles acordes musicales aún podían escucharse a lo lejos, y daba grata la sensación de que estuviesen sincronizandose con el ritmo de las miles de luces deslumbrantes y parpadeantes de la Torre Eiffel.


La vista que tenía resultaba ser realmente espectacular, hasta se podría decir que era privilegiado por habitar en una de las zonas residenciales idóneas para vivir en París.


Su agudo instinto protector le hizo voltear una vez más con rapidez hacía el interior del dormitorio y dibujar en su rostro una deslumbrante y apabullante sonrisa, al ver a su precioso chico justo tal y cómo lo dejó antes de salir. Con esa imagen le fue inevitable agradecerse mentalmente una vez más por haber sido capaz de tomar esa alocada, certera y apresurada decisión. Esa que lo llevaría a cometer la más increíble travesía que alguna vez se imaginó y fue precisamente esa locura la que justamente lo llevó a dónde se encuentra actualmente pleno y feliz, junto al amor de su vida.


Recordar ese preciso momento le hizo suspirar y esbozar una leve sonrisa que fue ensanchandose con rapidez al grado de formarle en el contorno de sus enormes y expresivos ojos negros esas pequeñas marcas producto de la edad. Sin pensarlo dos veces, alzó por todo lo alto la copa que traía en su mano, se giró hacía la habitación y brindó en honor del precioso y sensual hombre que continuaba plácidamente dormido y desnudo sobre su cama.


Un nuevo suspiro ahora lleno de sentimientos, y amor pletórico salió de manera involuntaria provocando con ello que su sonrisa compitiera tratando de eclipsar a la luna de manera espectacular y rebosante, al tiempo que sus enormes ojos negros contendieran llevando consigo una auténtica ventaja en contra de las luminosas farolas que brillaban incesantemente por toda la ciudad.


Posicionando de nueva cuenta su vista hacía la avenida principal, recargo cómodamente su cabeza sobre el respaldo de la fría silla de herrería, cerró los ojos con perspicacia permitiendo una vez más que la brisa continuará con sus delicadas y tenues caricias en su relajado rostro, sin dejar de disfrutar de una agradable, pero sobre todo inigualable noche.


Tratando de aprovechar al máximo el momento de soledad en el que se encontraba, decidió remontar sus recuerdos tres años atrás, para rememorar con cariño cómo su vida y él mismo habían sufrido un maravilloso antes y después de que Jimin apareciera en su vida de manera repentina e inesperada cómo si éste último fuese un tipo de tornado provocando a su paso un sin fin de reacciones diversas, y cómo lo que en su momento consideró adecuado, le llevó descubrir que estaba muy lejos de serlo.


Porqué sin importar cuánto tiempo hubiese transcurrido desde ese día hasta la fecha, jamás dejaría de agradecer el haberse arriesgado a tomar la decisión correcta, misma que lo llevó a una magnífica liberación permitiéndose redescubrir quién era en realidad, y qué era lo que deseaba a partir de ese encuentro. Fue precisamente ese pensamiento fue el causante de que se encuentre justo cómo está en esos momentos con el hombre más maravilloso ante sus ojos y que por cierto... Ama con locura.


Así que tras beber de un trago el líquido violáceo que había en su copa, suspiró permitiéndole a su mente volver a ese inolvidable y memorable momento ...



****


El sol brillaba al máximo cómo ningún otro día de verano en todo su esplendor, dónde justo podía apreciarse perfectamente un intenso cielo azul celeste gracias a la pulcritud que éste poseía. Era increíble lo despejado que podía llegarse a ver el cielo, sin nada que pudiera opacar su solemnidad, cubriendo así la maravillosa e inigualable ciudad de la luz, cómo se le conocía comúnmente a París.


Por fin lo había logrado...


Por fin tras todos esos años de arduos esfuerzos e innumerables sacrificios, finalmente todo su esfuerzo había dado resultados, ahora... Finalmente se encontraba feliz y extasiado en la famosa ciudad del amor.


Jeon Jungkook, había planeado el viaje de sus sueños desde que estaba en la universidad, para ser precisos... Desde que inició con la carrera de fotografía, y de eso ya habían pasado algunos años.


Era tanta su efusividad, que ni siquiera le importaba el intenso calor que hacía en esos días, ya le habían advertido que ir a Europa en verano era una locura, pero al parecer eso no importaba, así cómo tampoco el no saber hablar francés, aunque agradecía poder dominar el inglés a la perfección, además del hangul, su lengua natal... Aunque no creía que lo fuese a necesitar.


Sin nada más que una maleta repleta de sueños de toda una vida, se había aventurado en la odisea de viajar sin compañía. Estaba tan enfocado en disfrutar de cada segundo tanto cómo lo había planeado meticulosamente que no deseaba tener ningún tipo de distracción que lo alejara de su cometido.


Lástima que aveces los planes no siempre salen cómo deseamos... O mejor dicho, los planes se hacen para no llevarlos a cabo, ya sea de manera consciente o inconscientemente.


Ahora, el apuesto joven de cabello negro azabache, y gran estatura, a sus veinticinco años, no podía sentirse pleno y más ilusionado por encontrarse finalmente en la cima de la espectacular Torre Eiffel, era tanta su algarabía que bien podría ponerse a gritar, pero el miedo de que lo llevasen preso en su primer día no estaba dentro de sus planes. Por lo qué sólo se dedicó únicamente a disfrutar de la panorámica que ésta brindaba, logrando capturar centímetro a centímetro, y cuadro por cuadro la ciudad completa.


No tenía idea de cuánto tiempo llevaba en dicho lugar, sólo se percató que algo no andaba bien, porque ahí estaba ese pinchazo de alerta en su interior, supo lo tarde que era al no ver al tipo del tour agitando de lado a lado el banderín.


Maldijo en silencio al darse cuenta que el tour que había contratado en cuánto llegó, no se encontraba por ningún lado, su pulso se incremento de manera peligrosa, hasta había empezado a sudar frío, realmente haber perdido el tour era lo que menos le preocupaba...


Lo que en verdad le importaba, era esa pequeña maleta con todas sus pertenencias que había dejado dentro del pequeño bus, a pesar que les dijeron una y otra vez de llevar consigo todas y cada una de sus pertenencias, durante la visita a dicho monumento. Pero en lugar de acatar la instrucción, optó por dejar todo dentro del camión, para así evitar andar batallando y cuidando equipajes que pudieran distraerlo.


Lo cierto, es que su preciado viaje de ensueño no estaba resultando cómo lo había previsto, eso no podía estarle pasando a él, por lo que bajo lo más rápido que pudo con sus pulmones ardiendo ante la falta de aire, corrió rápido sin detenerse en ningún momento, únicamente lo hizo hasta que por fin llegó hasta la planta baja, pero no había señal alguna del famoso tour del cual ni siquiera podía recordar el nombre.


Sin importarle lo que pudiesen pensar de él, corrió y corrió tan rápido cómo podía mirando en todas direcciones, pero al parecer su esfuerzo era en vano. Pero aún así, no cesó en su búsqueda, lo malo... Es que andaba tan concentrado buscando, que en un descuido sintió cómo su gran cuerpo se había estrellado contra algo y ahora se hallaba en el piso tras haberse ido de bruces.


Maldijo una vez más en su idioma natal... Con toda la pena que poseía ante la mirada de curiosos se puso de pie y no dudó en ayudar a un joven rubio que yacía a su lado tratando de levantarse.


—Le ofrezco una disculpa, no debí correr - repetía una y otra vez en inglés sin parar.


—Tranquilo, no pasa nada... - se escuchó una dulce voz — además, todos podemos tener un accidente - musito el joven con demasiada tranquilidad al tiempo que sacudía el polvo de su ropa.


Jungkook le miraba con bastante preocupación, esperando que no se encontrase lastimado o algo por el estilo, por lo que se dedicó a mirarle de pies a cabeza con detenimiento.


Cuándo el joven rubio por fin alzó la mirada dejando expuesto su rostro, simple y sencillamente la respiración de Jeon Jungkook dejó de existir.


El pelinegro parpadeo un par de veces completamente anonadado, estuvo a punto de darse un buen pellizco en el antebrazo sólo para verificar que no se trataba de una visión y en efecto ese hermoso chico de rubia cabellera, mejillas sonrojadas, pequeños ojos color miel y carnosos labios carmesí no se trataba de un ángel, o un tipo de alucinación por el buen golpe que se había llevado al caer.


Tal vez Jeon Jungkook había sido bastante obvio, porque el rubio de inmediato le regaló una hermosa sonrisa logrando que sus ojos se transformarán de dos adorables líneas, al punto de eclipsar al sol en su totalidad.


—Woww... - exclamó sin pensar el pelinegro.


El sonido de una dulce risita fue el causante de que su pequeña burbuja se rompiera, para darle ahora paso al sonrojo que cubría el varonil rostro del más alto.


—Lo lamento... En verdad... Yo lo lamento muchísimo - Jungkook se disculpaba incesantemente una y otra vez en un perfecto inglés con sus mejillas cubiertas de un leve color rosáceo. Había sido tanto su ensimismamiento por el atractivo joven, que no había sido capaz de detectar que el guapo rubio le había respondido en un perfecto coreano.


—Relajate hombre... ¡Estás en París! - respondió sonriente con sus brazos extendidos por todo lo alto, quién al momento de hacer el gesto dejó expuesta su estrecha cintura, a esas alturas, Jungkook sentía su cara arder a más no poder de tan roja que se encontraba. —Vamos hombre, no es para tanto... - indicó el rubio en medio de una sonrisa pispireta.


Fue hasta entonces que por fin el pelinegro pudo darse cuenta que el joven rubio le estaba hablando en su mismo idioma natal y en ese preciso instante deseo que la tierra se abriera para regresarlo de vuelta a Corea.


Jungkook no podía apartar la mirada del hermoso joven que estaba de pie frente a él, al grado de olvidarse completamente del problema con el tour y su maleta, el camión o hasta del día en que había nacido.


—¿Eres coreano? - preguntó con curiosidad el rubio


—Si, ¿cómo lo supiste? - preguntó Jungkook un poco confundido


—Por la sarta de maldiciones que has dicho. Vaya, si que estoy sorprendido. Es más, había unas que ni siquiera había escuchado en mi vida - respondió con gran tranquilidad y tras escuchar eso, las mejillas de Jeon ahora estaban a punto de estallar.


—Lo lamento... - se escuchó en voz baja y con la mirada fija en el suelo.


—Deja de disculparte - espetó a modo de reproche, y Jungkook sólo deseaba haberse dejado caer desde la cima de la gran Torre Eiffel antes de seguir pasando tremenda vergüenza.


—¿De qué parte de Corea eres?


—Busan - respondió a la brevedad —¿Tú también eres de Corea?, preguntó curioso, y el rubio sólo negó.


—Yo nací aquí, aunque bueno... Mi padre era precisamente de Busan y mi madre era francesa, de la provincia de Lyon.


El pelinegro exclamó una perfecta "O" con los labios y suspiró mientras jugaba nervioso con sus grandes manos y mirando a todas direcciones lejos de ese guapo rubio que hacía latir con fuerza su corazón.


—Que descortés soy, me llamo Park Jimin - el rubio extendió su delgado brazo a la espera de que el alto y atractivo pelinegro correspondiera el saludo.


—Jeon Jungkook - respondió sólo con tres segundos de diferencia estrechando su gran mano con la contraria.


Ambos se miraban fijamente sin tener la intención de apartar la vista de los ojos contrarios, aún cuándo sus manos continuaban unidas sintiendo una peculiar energía fluir entre ellos. Ninguno de los supo cuánto tiempo habían permanecieron así, lo único de lo que estaban plenamente seguros es que así hubieran continuado por más tiempo, pero el tumulto de gente pasando a su alrededor y empujandolos de un lado a otro les hizo salir de su improvisada y agradable burbuja.


—Y... Mmm... No quisiera parecer indiscreto, ¿pero por que corrias de esa manera?


Fue justo en ese instante que Jeon volvió a pensar en su maleta, el tour y toda su preocupación llegó de nueva cuenta y con ello otra ola de maldiciones.


—¿Tan malo es? - cuestionó Jimin y Jungkook se limitó en suspirar.


—Deje mi maleta dentro del bus del tour y éstos se fueron sin esperarme, - empezó a narrar bastante apenado, más cuándo el gesto de perplejidad en el rubio lo decía todo.


—Merde... - fue lo único que pudo exclamar Jimin.


—Cómo puedes ver, sí es bastante malo. - respondió alzando los hombros. —Bueno... Yo... Ujmm.. dio mucho gusto conocerte, Jimin, pero debo tratar de encontrar mi maleta - manifestó con evidente preocupación.


—Ay Jungkook, quisiera poder decirte que todo saldrá bien... Pero lamentablemente encontrar tu maleta intacta, prácticamente sería cómo buscar un grano de azúcar en una montaña de sal - el pelinegro no pudo evitar suspirar con profundidad al entender a la perfección a lo que el joven rubio se refería.


—Oh...


—¿Qué harás ahora? -


Jungkook tenía sus manos dentro de los bolsillos del pantalón para tratar de ocultar su nerviosismo, ¿Qué se supone que debería hacer a partir de ese instante?, era una buena pregunta a la cuál no tenía respuesta. Lo que llevaba puesto era su única vestimenta, al menos hasta que fuera de compras y gastara un dinero que no tenía previsto.


Se agradecía mentalmente haber llevado consigo su cartera, su pasaporte y su preciada cámara, esas eran sus únicas pertenencias en un país que conocía únicamente a través de imágenes.


—La verdad, es que no tengo idea - respondió con honestidad, sus anheladas vacaciones de ensueño definitivamente no estaban saliendo cómo lo había planeado, así que no podía responder con exactitud qué haría a partir de ahora.


—Sé que no nos conocemos y que tal vez sea una gran locura, pero al fin de cuentas... Sólo se vive una vez, así porque no vienes conmigo y mis amigos a Niza, ¿Qué dices? ¿ Te animas a pasar conmigo un fin de semana en una de las playas más lindas que puedas concocer?


Jungkook no podía dar crédito a la invitación que acababa de recibir, y al parecer el precioso chico esperaba ansioso por una respuesta. ¿Realmente tendria el valor para hacer semejante locura con alguien desconocido?, pero sólo bastó que Jimin hiciera unos adorables ojitos para tener la respuesta.


—¿Estás seguro de ello?, - Jimin asintió con una enorme sonrisa al ver que el atractivo hombre de negra cabellera estaba pensando en su invitación —no quisiera dar molestias, además... ¿No tendrás problemas con tus amigos? - cuándo preguntó aquello hasta él mismo se sorprendió al considerar aceptar la propuesta.


—En lo absoluto - respondió con auténtica rotundez —es más... Yo creo que hasta van a llevarse de maravilla - afirmó sin titubeos — ellos, al igual que yo somos de ascendencia surcoreana, que por azares del destino coincidimos aquí, en París. —¿Qué dices?... ¿Vienes conmigo? - Jimin le extendió la pequeña manito y Jungkook finalmente la tomó sin miramientos.


Al llegar a La Place du Tertre, ambos se detuvieron frente a un joven pintor de cabellos castaños que parecía estar terminando de empaquetar uno de sus cuadros recién vendidos. Casi al instante llegó otro joven de cabello rubio con el estuche de una guitarra y saludo a los tres hombres.


—Jungkook, ellos son mis mejores amigos con los que iremos a Niza, Kim Taehyung y Min Yoongi - los mencionados se miraron bastante confundidos entre sí — chicos, el es Jeon Jungkook, y ha aceptado ir con nosotros de viaje.


El pelinegro esperaba que alguno de los dos hombres hiciera algún comentario, pero en cambio... Recibió dos saludos cordiales dándole la bienvenida.


Inmediatamente ambos no pudieron evitar sonreir, era una completa locura, prácticamente ellos eran dos desconocidos que habían coincidido de una manera bastante inusual, y ahora ambos corrían tomados de la mano hacía un lugar determinado, iniciando así su alocado primer fin de semana juntos. Mismo que cambiaría significativamente para siempre sus vidas, justo cómo la conocían.



****


Una risita salió de sus labios al instante que unos delgados y firmes brazos que conocía a la perfección le rodearon por el cuello desde la parte trasera, y más cuándo empezó a hacer un reguero de besos por el cuello y mentón del mayor.


—¿En qué tanto piensas, amor? - se escuchó una dulce voz que se podía sentirse cómo una tenue y sutil caricia contra su fresca piel.


—Ven acá - Jeon le tomó con cuidado de los brazos alejándolo un poco para que ahora quedara frente suyo. —pienso en lo afortunado que he sido desde que te conocí - respondió sin ningún titubeó y con la mirada rebosante de amor genuino.


Esa respuesta fue de total agrado para el hermoso rubio que ahora se hallaba sentado plácidamente a horcajadas de esos grandes y firmes muslos desnudos.


—¿Creí que dormías? - Jeon le cuestionó dándole una última calada a su cigarrillo antes de apagarlo en una de las plantas que usaba cómo cenicero ante una amielada mirada acusadora por lo que acababa de hacer con su planta.


—¿Quieres que me vaya? - no dudó en preguntar aún sabiendo la respuesta que obtendría


—Jamás - respondió Jungkook acortando la poca distancia que los separaba para besar con vehemencia la esponjosa boca de su pareja, quién por instinto no dudó ni un segundo en rodear el cuello contrario tratando de profundizar el beso.


Tras algunos minutos en los que ambos se transmitían todo sin la necesidad de emitir palabra alguna a través de ese ósculo, la falta de aire empezó a hacerse presente.


Lentamente Jungkook fue el primero en alejarse sólo un poco para admirar detenidamente a la preciosa e inmaculada criatura que se encontraba de manera sensual sobre su regazo usando únicamente la delgada y fresca sabana blanca y dejando expuesto su hombro izquierdo.


—Te amo tanto, Jimin - susurró en la comisura de los esponjosos belfos contrarios, sin tener la mínima intención de apartarse de esa boca carmesí que tanto le volvía loco. La sonrisa del rubio se hizo presente, completamente embelesado ante las caricias que estaba recibiendo y en cómo su pareja le atrapaba sensualmente el regordete labio inferior.


—Te amo mucho más, mi amor - Jimin susurro jadeante contra el cuello contrario dejándose llevar sin pudor alguno por las suaves y delicadas caricias que estaba recibiendo, y que rápidamente le hicieron sentirle completamente extasiado, sintiendo cómo su sangre empezaba a hervir cuál lava de un volcán a punto de erupcion .


Lentamente y con sumo cuidado Jimin se alejó, sólo lo suficiente para poder admirar al atractivo hombre que yacía bajo suyo y le miraba con auténtica adoración.


—¿Qué? - preguntó Jungkook con curiosidad al tiempo que éste le acomodaba un rebelde mechón rubio detrás de la oreja. —¿En que tanto piensas?


Jimin suspiró y su sonrisa se amplio a gran escala haciendo que sus hermosos y seductores ojos amielados se convirtieran en dos medias lunas.


—En qué me sigues mirando justo cómo la primera vez que nos conocimos - respondió con una mirada rebosante de amor hacía su pareja.


—Jamás podré verte de otra manera - afirmó contundente tomándolo por la nuca para volver atraerlo a su boca y apaciguar un poco la necesidad por devorarlo entero.


Si la noche ya era espectacular para Jeon Jungkook, ahora que estaba con Jimin, se podría decir que la noche ahora era simple y sencillamente espléndida.


Ya no era más una noche fresca, porque el calor que sus cuerpos emanaban bien podrían derretir un enorme témpano de hielo a la mitad del océano, Lentamente y sin importarles el lugar dónde se encontraban, la necesidad que había en sus cuerpos, empezaron por adherirse con gran urgencia.


Cuándo Jimin ahora se alejo un poco, lo hizo para quitarse la sabana que cubría la delicadeza de su cuerpo, inmediatamente la mirada de Jungkook se oscureció completamente, porque para él alto y atractivo hombre de larga y negra cabellera rizada, jamás se cansaría del poderoso efecto que Jimin ejercía no sólo sobre su cuerpo, sino también de su alma, mente, pero sobre todo de su corazón.


Porque ante los ojos de Jeon Jungkook, su amado Jeon Jimin simplemente era, es y siempre será el hombre más perfecto en todos los sentidos que jamás haya conocido, y que por azares del destino... Era el único que tenía el privilegio de amarlo sin restricciones libre y plenamente para adorar cada ápice de su piel suave y nivea.


Porque sin importarle cuánto tiempo pasase, estaba seguro que jamás se cansaría de mirarle justo cómo lo hacía. Jamás dejaría de admirar cada milímetro de su inmaculada piel, porque bien podría pasarse toda la eternidad contemplando cómo inútilmente el sol competía afanamente en querer opacar su belleza, y en cómo resplandecía cuándo la luna enmarcaba con recelo su piel, tal y cómo sucedía en ese momento.


Porque ante los ojos de Jeon Jungkook, el hermoso rubio que yacía ahora en total desnudez sobre su regazo era, es, y será simplemente el hombre de su vida, y casualmente Jeon Jimin opinaba precisamente lo mismo de su ahora esposo.


—Llevas mucha ropa - exclamó jadeante el rubio con una pícara y seductora sonrisa


Jungkook apartó su mirada con rapidez para darse un repaso y sonrió al ver que sólo llevaba puesto sus bóxer negros que empezaban a molestarle en la entrepierna y una camisa de manga corta del mismo color, en dónde se podía apreciar la tinta que decoraban sus fuertes y trabajados brazos..


—¿Qué piensas hacer? - preguntó Jungkook con la voz ronca llena de deseo.


Sorpresivamente, no obtuvo respuesta alguna. En cambio, sintió unas pequeñas manos que tomaban la parte inferior de la prenda para alzarla lentamente aprovechando para dejar sutiles caricias en el firme cuerpo del mayor.


La respiración se volvió pesada en el pelinegro al quedar con el torso completamente desnudo dejando expuesto el arte que decoraba a la perfección su bien trabajado cuerpo, ocasionando que Jimin tragara en seco ante la espectacular vista.


Jungkook aprovechó que Jimin se encontraba bebiendo cada milímetro de su cuerpo con auténtica devoción, para hacer precisamente lo mismo, le volvía loco la peculiar dualidad de su pareja, en cómo era posible que un momento sea el chico dulce y en un parpadeo se convierta en ese ardiente hombre que irradia sensualidad por cada poro de su piel.


Admirar a Jimin en completa desnudez a horcajadas suyo le estaba llevando a la locura, pero verlo tan entregado recibiendo cada toque, cada beso, cada una de sus caricias... Era un completo deleite digno de admirar.


Porque durante el íntimo momento que tenían, trataban de entregarse al máximo sin necesidad de hablar más allá de lo que sus cuerpos por sí sólos podían decir. Porque desde el primer día Jungkook aprendió a descifrar con rapidez las necesidades del perfecto cuerpo contrario.


Porque sin necesidad de pedir nada, ambos recibían todo de sí mismos con cada entrega que tenían. Porque así como Jungkook conocía a la perfección el cuerpo de Jimin, éste cada vez se adentraba en lo profundo del alma del pelinegro, haciéndole saber cuánto le había amado desde aquel choque bajo la Torre Eiffel y cómo decidió entregar su corazón mientras permanecían abrazados, cubiertos sólo con una frazada esperando ver el amanecer en Castel Plage, justo después de hacer el amor por primera vez.


Jimin le miraba con gran amor, mientras Jungkook aprovechaba para dejar un largo sendero de besos húmedos sobre su tersa piel, aumentando aún más la temperatura de sus cuerpos. Con total sutileza el pelinegro tomó entre sus labios el pequeño pezón erecto para estimularlo, al instante los delicados jadeos, así cómo los roncos gemidos no se hicieron esperar, opacando las notas parisinas.


—Quiero hacerte el amor - jadeo el pelinegro en la coyuntura del cuello contrario, al tiempo que Jimin ladeaba aún más su cara para darle a su esposo acceso total.


—Eso es lo que más deseo, amor - respondió en un hilo de voz al sentir la dura virilidad del mayor clavandosele en el trasero.


—Entonces... Será todo un placer - espetó en un bajo gruñido lleno de deseo contra el blanquecino cuello contrario.


Estaba más que listo para hacerle el amor al hombre de su vida, justo y cómo él se lo merecía, con auténtica devoción, venerando y adorando cada centímetro de piel en una entrega total, en dónde el lugar dónde para consumar su amor pasaba a segundo plano.


Porque no les importaba entregarse ahí mismo en las afueras en su terraza, teniendo a la brillante luna nueva, así cómo un espectacular manto estrellado cómo testigos de su amor.


Ahora yacían completamente desnudos, en dónde las caricias iban en aumento, así cómo las pulsaciones de sus latidos, sus respiraciones se volvían pesadas al igual que la necesidad de consagrar una vez más el inmenso amor que se profesaban el uno al otro.


Lentamente y con cautela, Kook se dedicó a preparar a Jimin en medio de amorosas palabras, en cambio el rubio se dedicó a besar cada ápice de esa piel bronceada con auténtica vehemencia.


Cuándo el rubio por fin estuvo listo para recibir a su esposo, un beso lleno de complicidad se hizo presente, al tiempo que Jungkook alineaba su dura virilidad para adentrarse lentamente en el cuerpo contrario.


Sin importar que fuera de noche y la brisa ahora fuera más fresca, sus cuerpos ardían cubiertos por esa delgada capa de sudor, que bajo la luz de la luna llena parecían dos enormes diamantes.


Con movimientos lentos y pausados, sin ninguna prisa sus cuerpos empezaron a marcar el ritmo perfecto entregándose una vez más sin pudor, sin reserva, transmitiendose todo a través de sus miradas llenas de deseo y pasión, locura, pero sobre todo amor.


Dónde los sonidos de sus cuerpos al chocar, los gemidos, jadeos y las palabras en medio de bajos balbuceos era la música perfecta que ellos necesitaban.


—¿Estás listo? - gruñó Jungkook al sentir cómo las paredes de esa preciada cavidad empezaban a contraerse


—Siempre juntos - respondió por lo bajo en medio de su extasis al sentir cómo su esposo tocaba en el punto exacto haciéndolo delirar.


Sus respiraciones eran rápidas al igual que los movimientos de sus cuerpos en la búsqueda de su liberación. Una vez que ambos culminaron, unieron su frente en medio de una sonrisa llena de complicidad por lo que acababan de hacer.


Sin importar nada ni nadie más, Jungkook cargo el cuerpo de su amado esposo para sentarse en una de las tumbonas con Jimin entre sus piernas, cubriéndose únicamente con la sabana blanca a la espera de ver el amanecer, justo cómo la primera vez que hicieron el amor.


Puede que tal vez en otros años y tal vez en otras circunstancias probablemente el pudor hubiera hecho su acto de presencia, pero todo había cambiado desde la llegada de Jimin a su vida, y no es porque fueran algún tipo de exhibicionista, al contrario...


Porque éste le había enseñado que podían manifestar su amor de manera libre, sin miedo y sin penas, que la vida era demasiado corta y debía vivirla al máximo y debe tomarse cada riesgo, cada oportunidad que se nos presenta, porque al final de cuentas... Sólo se vive una vez.


Hola, aquí esta este OS que ya había publicado en mi cuenta anterior. Espero que les haya gustado. Si están leyendo en este punto y han decidido darle una nueva oportunidad. Mil, mil gracias.


Cómo lo fue antes, poco a poco iré subiendo lo que había hecho. No puedo hacerlo todo a la vez porque es desgastante y tengo miedo de perder todo.


Cuídense mucho y nos estamos leyendo pronto.


Dolly ❤️