Prólogo
«Esto es todo lo que puedo darte. Ni matrimonio ni hijos. Solo… esto». Y entonces me besó hasta robarme el aliento y hacerme temblar en sus brazos. «¿Estás de acuerdo?».
«Sí», susurré mientras rozaba sus labios con los míos. Ni siquiera sabía lo que estaba diciendo. No pensaba en la promesa que estaba haciendo ni en lo que podría costarme. Estaba perdida en el momento, en aquel placer que me envolvía como un remolino multicolor.
Nueve meses después, todo estaba a punto de cambiar.
Mientras subía la escalera de su mansión londinense, el corazón me golpeaba furiosamente el pecho. Un hijo… Me agarré a la barandilla de roble mientras mis temblorosos pasos resonaban en el pasillo. ¿Sería un niño con los ojos de Jungkook? ¿Una preciosa niña con su sonrisa? No pude evitar sonreír al pensar en el bebé que muy pronto tendría en mis brazos.
Pero entonces recordé mi promesa y apreté los puños.
¿Pensaría Jungkook que me había quedado embarazada a propósito y que lo había engañado para tener un hijo en contra de su voluntad?
No, no podía pensar eso. No podía… ¿O quizá sí? El pasillo del piso superior era frío y oscuro, como el corazón de Jungkook. Bajo su encanto y atractivo ocultaba un alma de hielo. Y yo siempre lo había sabido, por mucho que hubiera intentado ignorarlo.
Le había entregado mi cuerpo, lo que él quería, y mi corazón, lo que no quería. ¿Había cometido el mayor error de mi vida?
Tal vez Jungkook pudiera cambiar. Respiré profundamente. Si al enterarse de que iba a ser padre se creyera capaz de cambiar, de que pudiera querernos a mí y a nuestro hijo…
Llegué al dormitorio y abrí lentamente la puerta.
—Has tardado mucho —la voz de Jungkook se oyó grave y profunda desde las sombras—. Ven a la cama, Diana.
«Ven a la cama».
Apreté los puños a los costados y me adentré en la oscuridad.