LA PUERTA AL INTRA ORBIS VOLÚMEN I

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Sinopsis

Alué es un joven adulto que vive su vida muy tranquilamente con su familia, un dia toda su realidad dio un giro inesperado cuando acompañó a su padre en un repentino viaje.

Genero:
Fantasy/Adventure
Autor/a:
Amun
Estado:
En proceso
Capítulos:
12
Rating
4.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

CAPÍTULO 1: ALUÉ

Me crié en una pequeña población costera ubicada en la parte sur del imperio Ishtar.

Pasé la mayor parte de mi infancia con mi padre, un hombre ligado al mar, enamorado de las olas y los botes.

Largas horas pasó él adentrado entre mareas; a veces no volvía hasta muy entrada la noche, en algunas ocasiones con peces para comer, otras con otro tipo de seres a los cuales diseccionaba y extraía distintos líquidos y tejidos.

Yo lo observaba en silencio, en ocasiones tocando mi guitarra, lo que le ayudaba a concentrarse. A veces se tomaba el tiempo de saciar mi curiosidad, nombrando las partes y procedimientos que ejecutaba. Era para mi propio beneficio, decía él, mientras ocultaba su entusiasmo por compartir su conocimiento.

Solía salir temprano por las mañanas, dejando fuego ardiendo y comida sobre la mesa. Yo pasaba mis días tirándome las bolas y leyendo libros de cultivo interno; a veces malgastaba horas atrapado viendo el fuego, leyendo en sus movimientos letras imaginarias, formas de comunicación sutiles y fantasías por el estilo.

**(Nota del autor: el cultivo interno es un proceso en el cual los seres vivos pueden aumentar la densidad de su energía interna. En este caso, la energía predominante en este mundo sería el chakra, que cuando es muy denso se refina en maná, el cual puede variar en su naturaleza según el atributo regente que tenga más predominancia y afinidad con el ser vivo. Por ejemplo, un pez sería más afín al atributo del agua, por lo cual su maná se refinaría como maná de tipo agua.)**

A medida que iba madurando, me dejaba absorber cada vez más por los apuntes de mi madre, una estudiosa de la naturaleza, amante de la vida, de la aventura y del mar. Ella era una mujer libre; solía venir a casa intermitentemente y para mí era costumbre verla poco. De igual forma, la aceptaba y amaba del mismo modo que a mi padre.

A mis 15 años, mi padre me regaló un bote de remo construido por él mismo y mi madre, un bolso de cuero negro con una brújula y otras herramientas de navegación. Además, me entregaron una técnica especial de cultivo y me llevaron donde la Sabia Ancestral* más cercana, con el fin de comprobar mis canales energéticos.

Con estas herramientas he incursionado en las islas más cercanas a mi área, encontrándome cara a cara con criaturas salvajes y todo tipo de plantas.

Sabia Ancestral: Vendría siendo una anciana con un vasto conocimiento que ha superado la barrera de la vejez. Se considera a una anciana una sabia ancestral cuando ha vivido más de 150 años.

EN LA ACTUALIDAD

Mientras hacía mi actividad favorita (nota del autor: por si tienen dudas de qué actividad ejecutaba Alué era el cultivo de su energía espiritual), mi padre se adentró en mi habitación, corriendo el velo que la separaba del comedor.

—¡Hombre, que tengo 20! No sabes que puedes ver algo que no quieres ver. Debes tener más cuidado, ¿eh? —dije queriendo molestarlo como solía hacerlo.

—Ven —me dijo con tosquedad, retirándose del lugar.

Me levanté y lo seguí hasta la puerta donde lo encontré preparando sus cosas.

—¿Vuelves a navegar? Hombre, deberías esperar a que vuelva mamá antes de eso. No la hemos visto en bastante tiempo, ¿no crees que se sentiría mal si no estás cuando ella llegue?

—Es precisamente eso, Alué —me dijo sin voltearse—. Debo ir por tu madre. Ya deberíamos haber recibido noticias de ella hace 3 o 4 días. Probablemente ocurrió algo que no le ha permitido comunicarse y si es algo malo, este hombre no podrá mirar su propio interior y sentirse en calma si no hace nada al respecto.

—Déjame acompañarte —le pedí mientras se ponía sus botas para el agua—. Puedo ir rápidamente por lo esencial para salir lo antes posible.

—Sígueme si quieres. Esta vez iremos en el barco mediano —respondió volteándose—. Apresúrate antes de que sea más tarde.

Mientras decía eso, ya me encontraba en mi habitación reuniendo lo más esencial. Al cabo de unos minutos, salí a seguir a mi padre, que acarreaba provisiones a nuestro barco mediano llamado “Esmeralda”.

Luego de cargar todo lo necesario y haber calentado motores, levanté los amarres del barco y comenzamos el viaje.

Ya adentrados en aguas profundas, entre las nubes, la luna se mostró y el reflejo de su brillo me iluminó el rostro. Me volteé para ver a mi padre; sus expresiones, entre preocupación y esperanza, denotaban su amor por mi madre. Cuando notó que lo estaba viendo, me hizo una señal para que entrara a la cabina.

—Hijo, esta es nuestra última parada. Hay algo importante que hacer en este lugar antes de seguir —me comentó tranquila y casualmente. Llegó a ser inclusive un poco sospechoso, pero decidí no prestarle tanta atención.

—¿Y... eso qué sería? —Él sabía muy bien lo curioso que era este hijo suyo; escudriñarle la información era tan natural como respirar para mí.

—Hijo querido, tu curiosidad es una gran virtud, procura no abusar de ella. Recuerda que, hasta la más poderosa medicina, puede convertirse en el peor de los venenos si no lo dosificas —a veces tenía esas salidas, con el fin de desviar mi atención de lo importante—. Cuando lleguemos a la isla no podremos llegar hasta la orilla en “Esmeralda”. Necesito que tomes esta maleta y las cosas que trajimos y las traslades al bote antes de que bajemos.

Me dispuse a preparar las cosas y, luego de un tiempo, llegamos lo más cerca que pudimos a la isla. Como era de noche, me costó un poco identificar qué isla era, ya que conocía la mayoría de las islas cercanas, pero esta no me parecía conocida.

Luego de bajar en el bote pequeño, nos acercamos a la isla. Al llegar a la orilla, mi padre me pidió que recolectara lo necesario para iniciar un fuego y hacer un campamento. Entonces, lo que vinimos a hacer aquí lo haremos mañana. Aun así, estábamos ambos preocupados por mamá. Luego de dividirnos los roles, me dispuse a hacer fuego y salí a recolectar ramas secas. Me demoré casi media hora; fue una pésima hora para buscar ramas, todo estaba humedecido. Tendremos que iniciar este fuego con el brasero solar para que prenda con ganas.

Cuando volví a la orilla, me reí irónicamente. Este padre mío era realmente un troll... A lo lejos, vi cómo se alejaba en el barco y ni el bote pequeño había dejado para volver a casa. ¿Tenían algún sentido sus acciones? Mientras me hacía esta pregunta, noté una carta sostenida del viento por una piedra. Revoloteaba intentando volar.

“Hijo, por motivos que comprenderás con el paso del tiempo, tuve que tomar este curso de acción. Tu madre nunca estuvo mal; ella me envió cartas periódicamente. Lamento haber recurrido a tales trucos contigo, eres un chico demasiado astuto e inteligente. Si descubrías mis intenciones, ¡probablemente te habrías opuesto a la voluntad de este padre tuyo! Piensa en esto como un dar y recibir. Estás en un área rica en energía espiritual; el aether de esta isla es distinto al de nuestro hogar, lo que te permitirá estabilizar tu cultivo y volverte mucho más fuerte de lo que podrías llegar a ser en 10 vidas.

Ahora te explicaré por qué te traje a este lugar. Lo más importante de esta isla es el “Orbis”. Para entender lo que el Orbis es, tendría que haberme dedicado a la escritura de varios libros. Tú sabes que la escritura se le da más a tu madre que a mí, pero en pocas palabras, el Orbis es una “Puerta”. Esta puerta custodia un dominio en el cual existe tecnología arcana. Esta tecnología arcana aún se encuentra en funcionamiento y es sumamente poderosa y peligrosa. No puede caer en posesión de personas con mal corazón, ni pueden ingresar personas que pongan en peligro el equilibrio del mundo. Como dato útil, he estado cuidando esta “Puerta” por un largo tiempo. Es de gran importancia para mí, hijo mío, que tú cuides esta puerta de la misma forma que yo. Para esta misión, tendrás que desarrollar tus capacidades a un nivel superior al actual. Sé que te estoy pidiendo mucho y que esto es demasiado arrebatado, pero este “Orbis” no es la única puerta que existe. De hecho, algunas de las puertas que se encuentran alrededor del mundo han sido profanadas y la tecnología arcana ha sido saqueada. En pocas palabras, esto podría descontrolarse y transformarse lentamente en un conflicto bélico internacional o, peor aún, en un conflicto interplanetario."

Mientras pasaba de palabra en palabra, mi corazón se aceleraba y la confusión se apoderaba de mí. ¿Me habían ocultado eso todos estos años? ¿Algo tan genial? Y hay cosas que no podría entender aún... Este padre mío sí que sabe cómo hacerme enfadar.

Busca a Elkion, él debería estar en la isla cuidando el Orbis. Lo más probable es que él te encuentre primero, solo no te sorprendas tanto cuando te hable, eso sería ofensivo para él.

P.D.: Elkion es un zorro.

P.D.2: Esa maleta contiene unos últimos obsequios para ti. Espero los aceptes y, si nos volvemos a encontrar, quisiera que no pongas la rabia en tu corazón y encuentres el perdón para este padre tuyo. Te amo.

Sahir.”

Me recosté en un tronco que se secaba a la entrada del bosque y contemplé la noche, las olas cercanas más suaves que danzaban en la orilla, la luna que se asomaba entre las nubes. Entre esta belleza, la claridad llegó a mí y comprendí que la expresión que mi padre llevaba en su rostro no era por mi madre, sino por mí. Tendría toda esta noche para pensar en lo que había leído. ¡Maldición! La codicia del ser humano ha puesto en peligro a toda su especie. Una pena inundó mi cuerpo, pero no me embriagué en ella y, en su lugar, comencé a preparar un pequeño campamento. Para mi suerte, todas las cosas que mi padre había cargado eran provisiones, útiles y herramientas de supervivencia para excursiones, por lo que no tendré problemas para sobrevivir. Luego de preparar un spot*, me dispuse a descansar. Los malditos mosquitos iban a ser una molestia de ahora en adelante; este joven hombre reforzaría gran paciencia para lidiar con ellos.

(Nota del autor: dentro de la jerga que utilizaré en esta historia va a ser importante ir aclarando algunos conceptos. Spot correspondería, en este caso, a un lugar de descanso o un refugio; suelo usar más este concepto para referirme a un “sitio en el que pasar el rato”)

A la mañana siguiente, desperté por un frío viento que me acarició el rostro. Luego de recordar la carta de mi padre, gemí y maldije mi flojera. No sin antes recuperar la fuerza de voluntad, me puse en pie y decidí explorar la isla y buscar a Elkion. Así que, luego de tomar algunas provisiones y herramientas de cacería, me adentré en el bosque.

Mientras avanzaba por el bosque, me sobresalté por una liebre que salió de la nada y desapareció en un santiamén, dejando caer unas hojas cerca de mi camino. Saqué de mi bolso mi honda con algunas piedrecillas; si volvía a encontrar otra oportunidad así, no sería tan tonto como para dejarla escapar. Mientras preparaba mi honda, otra figura salió de entre los matorrales y siguió a la liebre. No pude distinguir muy bien qué era por la velocidad a la que apareció, pero si una criatura así fuera a atacarme a mí, estaría en graves problemas. ¡Tengo que encontrar a Elkion pronto y comenzar a cultivar!

Con ese pensamiento rondando mi cabeza, seguí avanzando hasta que llegué a un gran árbol de manzanas. Caminé cerca de él y traté de tomar una fruta, pero una serpiente se acercó y rápidamente clavó sus colmillos en mi muñeca.

-¡AHHHHH! - grité malhumorado. - ¡Estúpida! ¿Cómo te atreves a morderme? ¿Acaso no ves que el árbol está lleno de manzanas?

Para mi sorpresa, la serpiente se quedó mirándome y abrió sus fauces mostrándome los colmillos. Sin duda alguna, me estaba intimidando. Este era su territorio y yo no era más que un intruso. Comencé a sentirme mareado; la maldita era venenosa y me había inyectado una buena dosis de su veneno.

Mientras me alejaba de su territorio, revisé la mordida, que inmediatamente cambió de color. Rompí la parte inferior frontal de mi polera y con la tela apliqué un torniquete con la poca fuerza que tenía. Mantenerme en pie se volvió una tarea difícil. Miré hacia un costado y vi una figura animal borrosa.

¡Mierda! Poco a poco, mi conciencia se fue desvaneciendo. Probablemente la serpiente se va a alimentar de mí. Una vez estire la pata (nota del autor: estirar la pata es fallecer), la vida lentamente dejó mi cuerpo.

-Lo siento papá, este hijo tuyo no fue capaz de...


¡Gracias por la lectura!