Prólogo
«Apenas se conocieron, se miraron; apenas se miraron, se amaron; apenas se amaron, suspiraron; apenas suspiraron, se preguntaron el motivo; apenas supieron el motivo, buscaron el remedio; y por estos pasos han construido una escalera hacia el matrimonio».
William Shakespeare.
Prólogo
—¿Acepta usted a Angelina Adenike Walters como su legítima esposa? —preguntó el ministro.
—Acepto —respondió él cortante. Miraba hacia la nada, con los ojos vacíos de cualquier emoción.
El ministro se dirigió a la novia y preguntó: —¿Acepta usted a Nathaniel Xander Hugh como su legítimo esposo? —A ella le dio un vuelco el corazón. Se quedó mirando el rostro inexpresivo de su marido antes de responder con voz quebrada—: Acepto.
—Por el poder de Dios, los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia —sentenció el ministro.
Aquel esposo que era un extraño para ella se acercó despacio. Le levantó un poco el velo blanco mientras ladeaba la cabeza. Ella cerró los ojos con esperanza, esperando sentir esos labios fríos contra los suyos, pero solo una ráfaga de aire rozó su cara.
Parpadeó desconcertada y abrió los ojos para ver qué lo detenía. Sin embargo, se encontró sola en el altar, humillada.
Él la había dejado.
Ella no era más que un reemplazo.
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Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación de la autora o se usan de forma ficticia. Cualquier parecido con eventos reales, lugares o personas, vivas o muertas, es pura coincidencia.
¿Y si todo lo que pasó en su obsesión con las curvas fue solo una fantasía de Angelina?
¿Y si Nathaniel no era como la autora lo pintaba?
Prepárate para subir a otra montaña rusa emocional de una obsesión mucho más oscura.