Capítulo 1.
Pov Jongin.
El sentimiento de perdida, era el peor del mundo y a pesar de que podía ocultarlo, no quería hacerlo. Fue difícil decir "adiós" a una persona tan llena de vida. Era imposible negar la salida de aquellas saladas lágrimas, sentía que no era natural, pero ahí estaba tratando de no volver a revivir aquello.
—¿En qué piensas?
Negué. No había necesidad, de contestar a esa pregunta. Por más de que intentara, no lo lograría. Era muy difícil.
—Ánimo, pronto pasará.
Agradecía sus buenas vibras. Pero no era así, entendía que él quería ayudarme y de verdad que lo apreciaba, solo que en estos momentos mi corazón no lo entendía.
—No puedo.— suspire. —Fue tan poco el tiempo, y ahora me toca irme también.— frote mis ojos con las palmas de mis manos.
Estaba muy cansado, no quería pasar por esto de nuevo, pero al parecer el destino quería jugar una vez más conmigo.
—Voy a esperarte, incluso si es necesario voy a buscarte. Baekhyun lo entenderá.— sonrió.
Por lo menos, estaba agradecido de que Chanyeol no pasara por esto también, él ya pertenecía a este lugar y cuando fuera su momento de partir, lo haría con Baekhyun.
Sus corazones estaban sincronizados. Ambos podían sentir lo mismo, pero de diferente manera, podían sentirse así estuvieran lejos, se entendían y yo estaba seguro que ambos se cuidarían entre sí.
El tiempo se detuvo con ellos en el momento exacto cuando sus ojos se cruzaron, ellos habían pasado la pequeña y frágil línea que el destino nos había puesto. Nosotros no éramos normales, pasamos muchas veces por esto, aunque el éxito no era el deseado, seguíamos en pie. Cada nacimiento, crecimiento y muerte era distinta.
Lo único que se mantenía era el orden, ambos aparecíamos juntos, aunque no nos conociéramos, estábamos ahí. Las sensaciones volvían poco a poco, por lo que esa, era la única clave que teníamos.
Pero, ¿Y ahora? ¿Cómo me encontraría? Chanyeol tenía que empezar a olvidarme, aunque sabía que no era fácil, tendría que hacerlo, así fuera complicado.
—Sabes que ya es hora ¿Cierto?— murmuré. No era necesario fingir que no dolía, porque ambos sabíamos que sí. —Es hora de que vivas tu vida como siempre lo soñaste, ya no tienes que irte ni mucho menos buscarme. Baekhyun ahora es tu vida y es todo.— puse mi mano sobre su hombro, para después darle un leve apretón.
—Eres mi mejor amigo, claro que te voy a encontrar. Baekhyun lo entenderá y...
—No Chanyeol, ya es hora de que me dejes ir, tienes a tu vida, ya no es necesario que estemos juntos en esto. Te toca ser feliz.— deje mis cosas por unos minutos en el suelo.
Me acerque más para después fundirnos en un abrazo, éramos más que amigos, aunque no existiera un lazo de sangre, nosotros sentíamos la hermandad y eso jamás iba a desaparecer.
Ya no había necesidad de que siguiera con esta conversación, Chanyeol era muy terco, por lo tanto esto era un poco más fácil. Fue un corto abrazo, al final de cuentas nos volveríamos a ver, quizás no como la misma persona, pero lo recordaría, como siempre.
Después de aquel abrazo, volví a tomar mis cosas, de Baekhyun ya me había despedido, fue triste verlo llorar, pero le prometí que volvería sano y a salvo.
—Nos vemos pronto, amigo.— sonreí, era bueno no verlo llorar. —Cuidate y cuidalo. Se feliz mientras no estoy, porque cuando regrese te haré la vida imposible de nuevo.
Verlo reír, aligeraba un poco mi carga emocional, sabía que estaría en buenas manos, así que ya podía irme. Sonreí una vez más para después darle la espalda y emprender mi camino.
Obviamente no sabía hasta donde iba a parar, pero era necesario alejarme, me quedaba poco tiempo, incluso en mi corazón lo sentía, cada vez latía más despacio, mi cuerpo se sentía más cansado a cada paso que daba y eso era suficiente como para darme cuenta. Por ahora solo viajaría, tenía dinero de sobra para esto, así que no repararía en gastos, tanto tiempo pasando por lo mismo debía de ser como método de aprendizaje.
Teníamos dinero como para mantener a los hijos de nuestros bisnietos, aunque no supiéramos dónde estaba, teníamos la certeza de que en algún lado permanecía guardado. Y es ahí hacia donde me dirigía, Chanyeol y yo planeamos los escondites, ninguno reveló la ubicación exacta, esto era para fines de protección.
No estaba tan lejos, quizás viajar por unas horas me ayudaría a olvidar lo que no importaba realmente. El aeropuerto estaba algo lejos, así que decidí ir por el camino largo, tenía poco tiempo lo sabía, pero quería asegurarme de no dejar nada "importante" atrás.
Al final me costó dos horas llegar al aeropuerto, muchas cosas pasaron en ese pequeño lapso aunque mi rumbo no fuera el planeado desde un principio, ahora me alegraba tener un pequeño objetivo. Aquél chico de ojos soñadores sería mi primera distracción. Aunque al parecer su novio no iba a dejarlo solo, yo haría lo necesario para poder hablar con él, así sea un poco.
—Disculpa, yo no quería. ¿Te lastime?
Iba a enojarme mucho por esto. Había perdido de vista al chico y a su idiota novio, por culpa de alguien más tonto que yo.
—Deberías fijarte por dónde vas a la próxima...— mis ojos se abrieron más de lo normal, cuando puse verdadera atención a la causante de todo este alboroto.
—Lo siento, en verdad. Es solo que me empujaron y yo no pude parar.— sus ojos eran muy hermosos cosa que me cautivo por unos instantes.
Mi corazón dio un brinco extraño, no entendía que era lo que estaba pasando, pero ahora quería saber más de ella. ¿Cómo se sentiría tocar su cabello? Sacudí mi cabeza un poco ¿Por qué estaba pensando en esa tontería? ¿Acaso estaba loco?
—¿Se encuentra bien?— parecía preocupada por mí, cosa que me hizo sonreír. —¿Necesita algo? ¿Un médico?
—No, estoy bien.— murmuré.
¿Qué le pasaba a mi voz? ¿Por qué de un momento a otro había cambiado mi semblante?
—¿Está seguro?— volvió a preguntar. Era muy linda y tierna, la quería para mí.
Me sorprendió ese hecho ¿Para mí? ¿En serio? No la conocía, pero al parecer mi corazón no estaba reaccionando de forma normal.
—¿Cómo te llamas?— al final me animé a preguntar.
Quería saber todo sobre ella en estos instantes, no me interesaba dónde estábamos, ni mucho menos el alboroto que se estaba haciendo, por no dejar pasar a las demás personas.
—Minha, un gusto.— sonrió. —¿Y usted?— era cosa mía ¿o de verdad estaba interesada?
—Jongin, pero tú puedes llamarme mi amor y no soy usted, soy tuyo desde ahora.— sonreí con nerviosismo.
Cuando ella empezó a reírse, me di cuenta que había encontrado algo especial. Mi corazón había dado un vuelco repentino y entendí que ella también lo sintió, porque me miró tratando de buscar una respuesta razonable.