Capítulo único
Resumen: SeHun es un chico malo. Siempre fue un mal hermano para ChanYeol, porque él amaba mucho y nunca parecía querer llorar y SeHun sólo era feliz haciéndole daño a los demás. Y SeHun quería romper la sonrisa de ChanYeol.
SeHun siempre fue un mal hermano, desde bebé.
Un pequeño ChanYeol de tan solo tres años estaba muy emocionado con la perspectiva de tener un hermanito menor y todas sus ilusiones fueron destrozadas en el minuto cero en el que SeHun despreció su osito Teddy.
El chiquillo apenas acaba de cumplir un año hacía un par de horas -porque SeHun nació de madrugada y era temprano de mañana. ChanYeol quería ver su dibujo animado favorito.- y tan solo llevaba andando un par de días, pero ya era capaz de romper corazones.
Entró en el salón con andares inestables típicas de un bebé que usa pañales, en una mano iba sujeta firmemente una mantita suave y en la boca un chupete -que su madre quería quitarle ya-. ChanYeol como siempre que veía a su lindo hermanito, abrió los brazos esperando que este por azares del destino decidiera venir solo a él, algo que no ocurrió, porque SeHun sólo se acostaba en brazos de mamá para dormir y prefería ver a ChanYeol hacer berrinches que viéndolo reír.
Teddy era un oso feo. A decir verdad, todos en casa despreciaban a Teddy menos ChanYeol, pero a nadie parecía preocuparle esto, porque ChanYeol siempre amaba mucho y nunca parecía querer llorar.
Se suele decir que no está bien decirle a un niño que es malo. Los niños son puros, los niños no son malos, los niños aprenden de los adultos a ser malos. Pero el caso era que ChanYeol y SeHun fueron criados por igual, de la misma manera y SeHun era malo.
El primer indicio fue tan puro y típico como el rechazo de un juguete. ChanYeol observó como Teddy era tirado al suelo con demasiada rabia por SeHun. Aunque esa no fue la primera cosa que le hizo a Teddy. Sus padres no lo saben, pero SeHun logró que el osito de peluche perdiera un ojo, arrancándoselo con rabia. ChanYeol sí, pero nunca lo dijo. En el fondo, al pequeño de tres años, le asustó que un bebé chiquitito, regordito y sonrojado, lograra romper a Teddy. Pero lo hizo.
ChanYeol no lo sabe, pero incluso de niño, supo identificar que algo no iba bien con SeHun, y como hizo de mayor, lo ignoró y lo suprimió de su mente. ChanYeol quería tener un hermano pequeño y ser un buen hermano mayor y eso era más importante que el que fuera bueno o malo.
Por supuesto, no puedes calificar a una persona como mala solo por haber despreciado y dejado tuerto un osito de peluche. O eso le dijeron sus padres a ChanYeol con unas palabras más sencillas, cuando acusó a SeHun de ser malo porque rompió a Teddy. SeHun no se dio cuenta, eso dijo mamá, es un bebé, dijo papá.
Pero SeHun ya no es un bebé y es malo, diría ChanYeol ahora.
El segundo acto fue algo tan común como quemar hormigas en un día de verano. Todos los niños lo hacían. ChanYeol no, pero SeHun sí. Él observaba cómo el pequeño chiquillo de seis años reía con verdadera felicidad y de nuevo, ChanYeol no comprendió el porqué. SeHun era feliz haciendo a otros llorar.
Después de eso, le siguieron otros actos que ChanYeol miró en silencio sin intervenir, entre curioso y asustado. SeHun se dedicó a hacer cosas que los adultos definían como cosas de críos. Tirarle pintura en la cabeza a una niña, romper el trabajo de plastilina de un niño, hablar con palabras hirientes. Y ChanYeol siempre en la sombra, siempre deseando ser un ejemplo para SeHun sin lograrlo, porque no había objetivo preferido para el menor que su hermano mayor. Pero ChanYeol no lloraba.
Y se asustó. Lo hizo una tarde de octubre, cuando SeHun golpeó a un perro en el estómago porque se puso en su camino. ChanYeol vio la crueldad en los ojos de SeHun, la satisfacción en una sonrisa que no era típica de un niño de diez años y ese día se preguntó si eso aún era calificado por sus padres como cosas de críos.
—Es sólo un estúpido perro, hyung.
Sí, pero Tao no era un perro.
ZiTao se convirtió en la sombra de un Sehun de catorce años. Nadie sabe cómo se hicieron amigos, de hecho, nadie entiende cómo soportaba a SeHun ni por qué el chico independiente y frío aceptaba la presencia de otra persona. ChanYeol entendió más tarde que él fue su primer títere y su interés en ZiTao no iba más allá de la curiosidad que siente un niño por su juguete. Hasta que se cansa y lo rompe.
—Eres un idiota, Tao.
Llevan el uniforme escolar, es el quince cumpleaños de SeHun y Tao está mirándolo casi como si se tratara de algún superhéroe o algo así. El pobre chico está tan enamorado de SeHun que no puede respirar otra cosa que no sea su aire y ChanYeol está escondido detrás de la puerta de la habitación de su hermano con la merienda de los dos chicos en las manos. No se atreve a entrar porque Tao tiene la camisa abierta, una mejilla roja y la voz fría de SeHun al pronunciar su nombre hace que ChanYeol se congele. No reconoce a su hermano.
—¿Crees que puedes llegar a gustarme? —ZiTao apretó la mandíbula fuerte. —No, Tao, no puedes. No sirves para nada. —en ese punto, Tao apartó la mirada y SeHun lo obligó a mirarlo y ChanYeol se preguntó cuántas veces había ocurrido aquello, porque en los ojos del chico vio esa clase de aceptación que solo proviene de personas que están acostumbradas a que los rompan.
Y lo folló. ChanYeol no se siente especialmente orgulloso de haber visto eso como un vil pervertido, sin embargo, sus pies se clavaron detrás de la puerta, sus ojos se quedaron fijos en la rendija de la puerta y presenció la manera ruda y cínica de SeHun de penetrar a Tao. Lo rompía de dentro hacia afuera y eso, de alguna forma, lo asustaba, asqueada y excitaba a la vez. ChanYeol tuvo una erección, la bandeja se quedó en la entrada de la habitación y él tuvo que tocarse en la ducha.
SeHun lo supo. Siempre. Desde que era un niño sentía la necesidad de hacerle daño a ChanYeol, robarle la sonrisa de los labios, aguar sus ojos, quitarle el estúpido brillo que desprendía. SeHun aprendió a detectar la presencia de ChanYeol y sabía que lo vio tirarse a Tao. Eso en vez de detenerlo, lo hizo embestir al otro con más rabia, más fuerte y rápido, importándole poco o nada dañar a ZiTao, porque él, ya estaba deshilachado y pronto se terminaría de romper.
Tao se rompió un precioso amanecer de julio. Se cortó las venas y gritó durante horas cuando se halló vivo encerrado en un hospital. ChanYeol se tapó los oídos mucho tiempo, pero seguía escuchando al chico. SeHun ni siquiera formó algún tipo de expresión en su rostro y no volvió a ir a visitarlo. Tampoco quiso volver a ver a ZiTao. Ya no era un muñeco que sirviera.
Después de él, otros vinieron. SeHun sentía predilección por chicos frágiles, de esos que puedes abrazar durante horas y dañarlos con un par de palabras hirientes. LuHan quizá fue el que marcó alguna diferencia luego de Tao, y ChanYeol no comprendió por qué el otro en primer lugar lo permitía, porque LuHan conocía a SeHun desde hacía mucho y sabía que era malo.
—Lo quiero.
Fue la respuesta llana de LuHan. ChanYeol lo comprendió, porque SeHun era su hermano y cerraba los ojos a lo que él hacía con las personas. Él también lo quería.
Pero era complicado para ChanYeol. Porque hubieron más veces como las de ZiTao, donde intencionalmente SeHun dejaba que su hermano mayor lo viera follar a su muñeco de turno y como aquella vez, ChanYeol no se podía mover. No quería hacerlo y a la vez sí, y terminaba masturbándose solo y sintiendo repulsión de sí mismo.
Y con LuHan, todo se fue un poco de control y le estalló la mierda. Porque LuHan soportó más que cualquier otro títere de SeHun. LuHan era frágil y duro, y parecía estar preparado para ser usado una y otra vez por el chico malo. Como si ese fuera su objetivo de vida y no pudiera aspirar a otra cosa que no fuera ser el juguete de SeHun.
—¿No te cansas de menearte tú solo la polla, hyung?
SeHun acaba de follarse a LuHan, ChanYeol se había encerrado en el baño y ambos se miraban a los ojos. SeHun parecía glorioso, como siempre que hacía daño a otra persona. ChanYeol estaba enojado, como se había vuelto una costumbre desde que LuHan se había vuelto habitual en su casa. Estaba jodidamente celoso.
—Eres un bastardo.
—Creía que querías ser un buen hermano mayor para mi, hyung.
—Rompes todo lo que tocas.
—¿En serio?
SeHun se acercaba a medida que hablaba y su voz era tan ronca, tan burlona y sus ojos tan intensos y brillantes que ChanYeol tuvo que cerrar los párpados para no cegarse por la felicidad que brotaba de ellos. Había una ironía cínica en la situación, porque SeHun vestía unos vaqueros con la bragueta abierta y ChanYeol tenía una erección visible y cuando el hermano menor tomó entre su mano la polla del mayor, hubo un siseo y una risa, y ellos hablaban de romper cosas.
Masturbó a ChanYeol, permitió que se corriera en su mano y le mordió los labios hasta que el sabor metálico inundó su boca. Y como había entrado, SeHun salió, dejando a ChanYeol solo, vacío y confuso, porque su hermano acababa de llevarlo hasta el orgasmo y nada de aquello era normal.
Sin embargo, pese a que ChanYeol le provocara nauseas, deseaba a su hermano menor. Lo hizo desde la primera vez que lo vio tirarse a ZiTao y lo negó una y otra noche, desvelado por el asco que sentía hacia sí mismo. Y SeHun quería romper a ChanYeol.
Se follaba a LuHan y tenía encuentros calientes con ChanYeol más tarde y ChanYeol estaba sucio y triste y a la vez permitía que SeHun lo besara, porque eso era lo que había estado buscando todo este tiempo sin saberlo.
—Fóllame, hyung.
Para ChanYeol fue surrealista y el éxtasis. Y estaba jodido, porque SeHun tenía predicción por corromper a chicos frágiles y ChanYeol era el primero en penetrarlo. Eso casi acabó con la cordura del hermano mayor y tuvo que comprender que, aun así, SeHun tenía el control. SeHun estaba pintándolo de negro.
Y no se dio verdadera cuenta de lo que estaba haciéndole SeHun, hasta que LuHan los encontró follando y vio los ojos del chico mirándolos como si algo se hubiera desquebrajado en él.
—Él te va a romper, ChanYeol.
ChanYeol se sentía culpable y tuvo que buscar a LuHan, pero las disculpas se le atragantaron en la garganta, y hubiera preferido mil veces que LuHan lo odiara, lo maldijera y lo llamara puto enfermo, a encontrarse de frente con una sonrisa que era tan chueca y vacía como el reflejo de lo que era el chico por dentro. Era otra de las consecuencias de SeHun y lo que pronto ChanYeol sería si seguía permitiendo que SeHun lo jodiera.
—Lo sé. Mierda, lo sé.
Y lo sabía, de verdad lo sabía, pero ChanYeol seguía follando con SeHun. Aunque fuera su hermano pequeño y él su hermano mayor. Aunque su sonrisa se desdibujara al mismo ritmo que aumentaba la felicidad de SeHun. Aunque SeHun fuera un chico malo y ChanYeol amara demasiado y supiera que iba a romperse.
FIN