La teoría del silencio
He estado huyendo de la noche, a sabiendas de la imposibilidad que suponía.
Huir de la vida práctica, pero sin desear la abstracción.
Huir de las pasiones, pero drenando la lógica.
A veces (sólo a veces) la teoría del silencio funciona; te echas de menos.
Confío en que el guardián del crepúsculo me diga lo que quiero oír,
aunque de adornos lingüísticos se trate,
aunque no pueda materializarlos.
Al fin y al cabo, la idea es tan valiosa como la experiencia: vivir en lo etéreo es cómodo, acogedor.
Frustrante.