La tormenta de nieve
No veo la hora de ver a mi hermano. Desde hace tres años vive en una cabaña de lujo en la montaña. En esta época del año todo está cubierto de blanco. Es mi estación favorita. Después de renunciar a mi trabajo, necesitaba salir de la ciudad. Quería pasar tiempo con mis libros y mirar la nieve caer por la ventana. Su cabaña es como un sueño. Él trabaja con su mejor amigo en un centro de esquí cercano. Me advirtió que es posible que haya una gran tormenta de nieve, pero no me importa. Quiero escaparme y no tengo prisa por volver. Espero afuera del aeropuerto. Por la tormenta, el pueblo no tiene muchos turistas ni taxis.
«¿Dónde estás?», le escribo por texto a Jason.
«Lo siento, hermanita. Mandé a Alex a buscarte. Tenía que terminar algo en el trabajo». Uff, ¿por qué Alex? Él me odia. Siempre se burla de mis curvas y sus palabras me duelen. Tengo algo de sobrepeso. No me importa, mis curvas son grandes pero están en los lugares correctos. He tenido novios a los que les encantaba adorar mi cuerpo. Pero escuchar esas burlas del chico que me ha gustado toda la vida es demasiado. No lo entiendo. Nunca le hice nada.
Espero en la puerta del aeropuerto cuando veo a un chico sonriéndome. ¡Es lindo! Alto y guapo.
—¿Emily? —escucho que alguien me llama. Giro la cabeza y ahí está él. El hombre más sexy del mundo camina hacia mí.
—Hola, cupcake. ¿Qué onda? —pregunta y yo pongo los ojos en blanco. Me encantan los cupcakes. Como son los únicos dulces que como, siempre me molesta con eso.
—Estoy bien, Alex. ¿Y tú?
—Estaría mejor si no hubiera tenido que cruzar todo el aeropuerto corriendo —dice, pero no veo su cara porque está metiendo mis maletas en el Jeep.
—Podría haber esperado a Jason o tomado un taxi.
—Sí, ya vi que tenías transporte al complejo —dice mirando al chico lindo. El chico me sonríe, pero cuando ve a Alex, mira hacia otro lado.
El viaje hacia el complejo y la cabaña de Jason es largo y silencioso. Él no dijo nada más y lo agradezco.
POV Alex
Siempre he sentido algo por Emily. Es hermosa, amable y dulce. Tiene un cuerpo con curvas que me hace correrme de solo pensar en ella. Pero al verla de nuevo, ya toda una mujer, sus curvas son más grandes y firmes. Dios, desearía explorar ese cuerpo centímetro a centímetro. Me pongo duro de solo pensarlo. Intento mirarla; ella mira por la ventana con las manos en el regazo. Cómo se sentiría si me tocara la polla. Maldita sea, Alex, es la hermana pequeña de Jason, fruta prohibida. Él necesitaba ayuda y por eso me pidió que viniera por ella. Si no, él estaría aquí. Si fuera por él, no me dejaría acercarme. Con mi rudeza intento mantenerla lejos. Claro que me gusta su cuerpo, me encanta. Y la forma en que ese tipo la miraba en el aeropuerto, uf, quería darle un puñetazo en la cara.
La dejé en la cabaña de Jason y le mostré el lugar. Tenía que volver al complejo. Con la tormenta cerca, tenemos que organizar algunas cosas. Dios, espero no estar mucho cerca de ella. No puedo controlarme.
POV Emily
Han pasado dos días desde que llegué y no he visto a Alex. Eso es bueno, no puedo estar cerca de él.
—Tengo que ir a revisar algo al complejo. Vuelvo en una hora —dijo Jason.
—Dijiste que la tormenta llegaría pronto.
—Volveré rápido. Tenemos que cubrir unas cosas.
—Está bien. Cuídate y vuelve pronto —le digo y se va. Dicen que por la tarde estallará la tormenta. Espero que regrese pronto. Me doy una ducha y me pongo unos leggings negros y un suéter ligero. El calor de la chimenea cubre toda la casa.
—¿Jason? —Oh no, Alex. Voy al borde de la escalera y lo veo.
—No está. Fue al complejo un momento.
—Ah, vale. Tomaré unas cosas del sótano y me iré —dice y camina hacia las escaleras del sótano. Bajo las escaleras; espero que se vaya pronto.
Voy a la ventana y me siento en el sofá cercano. Tomo mi libro y escucho el teléfono de la casa.
—¿Hola?
—¿Emily? Lo siento. La tormenta empezó antes de tiempo y estoy atrapado en el complejo.
—¿En serio?
—Sí, lo siento.
—No es tu culpa —asiento con un suspiro.
—Serán un par de días. Tengo suficiente comida y todo lo que necesites en la casa. Ya sabes cómo funciona la calefacción, así que estarás bien.
—Vale. Cuídate.
—Trataré de llamar otra vez. No sé cuánto tiempo más habrá señal.
—De acuerdo, corto.
—¿Está Jason ahí? —Me doy la vuelta y veo a Alex.
—Sí. Vino a buscar algo.
—¿Puedo hablar con él?
—Claro. Cuídate, Jason. Alex quiere hablar contigo —y le paso el teléfono. Hablan de algo, pero no escucho bien mientras camino de regreso a la ventana. La nieve es espesa; de verdad la tormenta se adelantó.
—Mierda.
—¿Qué pasa? —le pregunto a Alex. Lo veo en la puerta. La nieve le llega a las rodillas y sigue cayendo más.
—No puedo irme.
—¿Cómo que no puedes irte? —Él cierra la puerta.
—Quiero decir que no puedo pasar para ir a mi casa.
—Vives aquí al lado —le digo. Dios, no puede quedarse aquí.
—No me digas, Sherlock.
—No tienes que ser grosero —le digo y vuelvo a mi libro. Llama a Jason otra vez y luego se sienta frente a mí.
—Es definitivo. Pasaremos la tormenta juntos —dice y yo suspiro. Joder, joder, ¿por qué?
El resto del día lo pasé evitando a Alex, enterrada en mis libros y mirando afuera mientras escuchaba música. Lavo los platos después de cenar mientras Alex intenta localizar a Jason por teléfono.
—¿Nada? —pregunto secándome las manos.
—No. La línea está muerta —dice. Es obvio que no quiere estar aquí. Evita mirarme a los ojos, pero a veces siento que me observa.
—La tormenta pasará y pronto te irás. No te molestaré, no te preocupes —le digo y camino hacia las escaleras.
—¿Crees que mi problema es estar cerca de ti? Pues tengo un problema, pero no es lo que crees —dice indignado. Me doy la vuelta para mirarlo.
—Lo que digas, Alex. Siempre me has odiado y no sé por qué. Nunca te molesté. —Él se acerca.
—Sí, estabas enterrada en tus libros sin mirar a nadie más.
—¿Cuál es tu puto problema, Alex? —digo enojada.
—Tú eres mi puto problema.
—Sí, ya me quedó claro, pero no sé por qué —pregunto. Los dos estamos furiosos y gritando.
—¡Porque no sabes cuánto te deseo y no puedo tenerte! —me grita de vuelta y me quedo helada.
—¿Tú...? —Intento hablar, pero las palabras no salen. Él suspira y se pasa las manos por el pelo. Me mira a los ojos.
—Dios, Jason me va a matar, pero vale la pena —dice y sus labios chocan contra los míos. Al principio me quedo quieta, pero pronto me derrito en su beso. Sus manos en mi cintura me pegan a él y mis brazos descansan en sus hombros. Mis dedos acarician su cabello y, cuando me aprieta el culo, ambos gemimos.
Me levanta y me pregunto cómo puede cargarme hasta la mesa del comedor. Me deja sentada y da un paso atrás para mirarme. Luego me besa otra vez. Me quita el suéter y agarra mis pechos mientras me besa de nuevo.
—Joder, caben perfectamente en mis palmas —dice y yo gimo.
—Déjame ver ese culo —dice. Me hace ponerme de pie, me da la vuelta y se arrodilla. Agarra mi culo y lo aprieta.
—Dios. Mira qué culo tan redondo. —Si de algo estoy orgullosa es de mis caderas y mi trasero. Después de la universidad empecé a ir al gimnasio y cuido mucho esa parte. Me baja los leggings y lo escucho gruñir.
—Mierda —lo oigo decir. Me besa una mejilla del culo y luego la otra.
—Tan suave —dice y me baja también las bragas.
—Pierna izquierda —dice. Levanto una pierna, luego la otra y me quedo solo en sujetador. Me aprieta las nalgas, las separa y hunde su cara ahí.
—Ay, Dios —digo e intento mantenerme erguida apoyada en la mesa. Gruñe mientras me saborea y la vibración me excita más. Joder, tengo a Alex lamiendo y mordiendo mi clítoris desde atrás.
—Joder —gimo y me inclino sobre la mesa, con mis pechos rozando la madera. Sigue hasta que me corro en su boca. Me besa las mejillas otra vez, luego la cintura, la espalda, el hombro. Me desabrocha el sujetador y me lo quita. Pasa sus brazos por mi cintura y me agarra los pechos.
—Maldita sea, Emily. ¿Por qué todo en ti tiene que ser perfecto? —gruñe y siento su polla contra mi culo. Muevo las caderas y siento que se pone más duro.
—Ay, Dios. —Apoya su frente en mi espalda. Me doy la vuelta y lo empujo un poco. Me arrodillo y le bajo los pantalones y los calzoncillos. Él se quita el suéter mientras lo tomo en mis manos y empiezo a mover mi mano arriba y abajo.
—Emily —gruñe y tiembla ante mi toque. Lo miro mientras me lo meto en la boca poco a poco. Relajo la garganta para que entre todo. Está duro, pero logro meter casi todo. Es más grande de lo que imaginaba y lo más grande que he tenido nunca. Qué suerte la mía.
—Joder, ¿qué me estás haciendo? —exclama de placer mientras me folla la boca un rato. Luego me ayuda a levantarme.
—Pon las manos en la mesa, ahora —dice y obedezco. Pasa su polla de arriba abajo por mis nalgas y luego juega con mi clítoris.
—Por favor —gimo y él me penetra con fuerza. Me falta el aire cuando se mete todo dentro.
—Joder. —Es enorme.
—Qué estrecha estás —me susurra al oído.
—¿Estás bien?
—Sí. No pares. Puedo aguantarlo. —Él me aparta el pelo hacia un lado.
—Claro que puedes. Ya eres una niña grande —gruñe en mi oído mientras me agarra suavemente del cuello. Aprieta lo suficiente para acercarme al clímax. Nuestros gemidos y gritos llenan la habitación. Me sacudo entera mientras me corro sobre toda su polla. Me sujeta fuerte mientras bajo de las nubes.
—Te tengo, amor mío.
—Joder, Alex. —Luego me da la vuelta y me levanta para sentarme en la mesa. Me acerca y vuelve a entrar en mí. Me echo hacia atrás y veo que me recorre todo el cuerpo con la mirada, desde los ojos hasta los pechos. Los aprieta y entra más profundo.
—Oh, Dios mío. —Se inclina sobre mí y lame mis pezones hinchados. Arqueo la espalda y le acaricio el pelo. Me atrae hacia él y me besa con hambre. Mis manos lo rodean y le clavo las uñas en la piel.
—Me voy a correr otra vez.
—Córrete conmigo, amor —susurra mientras me deja marcas en el cuello. Derrama su semilla dentro de mí. Menos mal que no dejé las pastillas y sé por Jason que Alex a veces se divierte con turistas pero siempre usa condones. Me mira mientras ambos intentamos recuperar el aliento. Me toca los labios.
—Valió totalmente la pena. Fue mejor de lo que imaginé.
Nos vestimos y nos tumbamos en el sofá.
—Si te gustaba tanto, ¿por qué eras tan malo conmigo? —le pregunto y él suspira.
—Tenía que mantenerme lejos. Si era rudo, me evitarías, y lo hiciste.
—¿Por Jason?
—Eres la fruta prohibida, amor. Tenía que alejarme.
—Sí, eso no funcionó muy bien —digo y nos reímos.
—Ya. Supe que estaría en problemas desde el momento en que Jason dijo que vendrías por un tiempo. —Me mira de nuevo.
—Y en el momento en que me di cuenta de que estábamos atrapados aquí juntos... —suspira.
—Supe que no podría contenerme. Lo intenté con todas mis fuerzas.
—¿Y ahora qué? —le pregunto y él me mira.
—Bueno, la verdad es que estaremos aquí al menos tres días hasta que pare la tormenta —dice con mirada seductora.
—Y pienso hacer eso otra vez. —Mis dedos acarician sus brazos.
—¿Qué? ¿Follarme? —pregunto con picardía.
—Sí. Otra vez —me besa los labios.
—Y otra vez —vuelve a besarme.
—Y otra vez —me besa de nuevo.
—No vas a poder ni caminar para salir de la casa —dice y yo jadeo.
—¿Lo prometes? —le pregunto y él sonríe.
—Lo prometo, y yo siempre cumplo mis promesas.
—Bien —digo y salgo de su abrazo.
—¿Quieres un aperitivo? Me ha vuelto a dar hambre —digo y él suelta una carcajada.
—Claro. ¿Qué tienes? —dice y camina hacia la cocina. Digamos que tuvimos un aperitivo nocturno. Va a ser una tormenta muy larga.