Dentro de ti

Sinopsis

Se podría decir que ChanYeol era la pólvora y Byun BaekHyun fue su chispa. Porque quería estar tan dentro de BaekHyun que le costara respirar. Necesitaba dejar de estar vacío, roto, incompleto y BaekHyun besó cada unas de sus heridas, convirtiéndolas en cicatrices.

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18+

Actor

ChanYeol alzó la copa sonriendo falsamente ante sus invitados y miró a ShanShan pletórica y hermosa con ese vestido rojo y su cara infantil. Jugaron a mirarse como lo hacían siempre, cómplices, enamorados, mintiendo. Y después todos rompieron en aplausos entusiastas, choques de cristalería fina y felicitaciones con sabor a champán burbujeante.

Era como una obra de teatro, calculada y medida al milímetro para que cada reacción, sonrisa o mirada fuera la adecuada. Ni mucho ni poco, simplemente perfecto. ChanYeol llevaba tanto tiempo jugando a ese juego que se había vuelto experto en fingir, tanto que se olvidó de ser él.

Porque el hombre que estaba al lado de Yuan ShanShan, no era ChanYeol, era un producto que había creado y moldeado su esposa para hacerlo a su justa medida. Un muñeco, un trofeo, una joya bonita que lucía con orgullo y colgaba de su brazo.

Como un ajedrez de cristal, bonito, elegante y caro, ChanYeol era mostrado, pero nunca nadie lo usaba para jugar. Era estúpido. Tres años habían pasado desde que se casaron y con el tiempo, dejó de preguntarse si su sonrisa era demasiado grande o si debería enseñar mejor el encanto de su mirada. Aprendió a convertirse en el esposo perfecto de ShanShan y eso lo destruyó.

Vacío, roto, incompleto. Así se sentía ChanYeol cada mañana al despertar y cada noche al acostarse al lado del cuerpo esbelto y curvilíneo de su mujer. No había amor, tampoco odio, ni siquiera sentimientos, solo era un actor que se había perdido en su propia obra y no sabía cómo encontrarse.

Hasta que apareció él.

—ChanLiè—susurró ShanShan en su oído, su acento mandarín filtrándose en su coreano y dándole un matiz dulzón y extraño a su nombre, de esa forma que él comenzó a despreciar.

ChanYeol la miró estoico y sin expresión. Ya no eran ellos el centro de la fiesta, el discurso bonito y medido de ShanShan hacía su padre había terminado y ahora el cumpleañero era el centro de atención. La mujer sonrió bella, tan bella que era fatal.

—Deberías sonreír más. —comentó después de haber ganado su atención, un dedo de uña larga paseándose por la chaqueta de su esmoquin. —Has perdido la práctica.

—No me apetece sonreír ahora, ShanShan.

—Te has vuelto un aburrido. —añadió con una mueca infantil. —Antes disfrutabas de las fiestas conmigo, ¿recuerdas? Me agarraba de tu brazo, paseábamos entre los invitados y nos divertíamos.

Sip, lo hacían. Porque ese antes del que hablaba ShanShan era anterior a sus tres años de matrimonio y en esa época, cuando tan solo eran críos de familias ricas, no existía presión, miradas o críticas. Únicamente eran niños jugando en las fiestas de los adultos. Pero ShanShan ya no era su noona bonita y ChanYeol ya no era un crío de quince años enamorado de la amiga de su hermana mayor. Ahora eran adultos que debían interpretar un papel en esas fiestas y ya no podían divertirse.

—Tú lo has dicho, antes éramos así.—le dijo con severidad, apartando su delgado brazo con delicadeza y dando un paso atrás.

La mujer arrugó los labios finos y pintados de un escandaloso labial rojo, tan intenso como su vestido.

—Podemos seguir siendo así si tú quieres, ChanLiè.

—Ya no existe ChanLiè, ShanShan. —y fue como si la bonita ShanShan recibiera un impacto y la repentina crudeza de escuchar una verdad en sus palabras la impactara.

Quizá porque no estaba acostumbrada a escuchar la verdad.

ChanYeol no se quedó para comprobarlo. Huyó de la fiesta de cumpleaños de su suegro con paso sereno, tan entero como se esperaba que estuviera, sonriente para las miradas indiscretas. La música clásica quedó en un segundo plano, las voces estruendosas de conversación dejaron de tener sentido y cuando dejó de sentir cientos de ojos sobre su espalda, ChanYeol aceleró el paso.

Quería huir, pero se quedó atrapado en el invernadero de la difunta madre de ShanShan.

—¿No se supone que tenías que seguir fingiendo, ChanYeol?

—A lo mejor me cansé de fingir, BaekHyun.

No lo miró de inmediato, pero sabía que estaba tres pasos por detrás de él, en la entrada del invernadero, observándolo, como siempre, casi podía sentir su mirada clavada en su nuca, haciéndolo arder.

A veces le resultaba estúpido cómo todo se había desarrollado. Porque era estúpido, pensaba.

ChanYeol se casó con ShanShan por un acuerdo entre sus familias, y sin embargo, creyó que estaba enamorado de esa chica tres años mayor que él que conocía desde su tierna infancia. Tenía veinte años cuando se comprometieron, se casaron un año después y estaba embelesado y confundido por su juventud y el rostro bonito y delicado en el cuerpo de una mujer. El tiempo no tardó en darle una bofetada en la cara y demostrarle que eso que sentía por ShanShan no era amor, sino capricho, y la decepción llegó después cuando se dio cuenta de que estaba atrapado y a merced de la joven Yuan y sus órdenes canturreadas.

Su familia se había endeudado y si ChanYeol se divorciaba de su esposa, lo perderían todo. Él no quería ser el responsable de la deshonra de sus padres y ShanShan jugaba esa carta a su favor para manipularlo y tenerlo comiendo de la palma de su mano.

Al menos fue así durante mucho tiempo. No obstante, las personas tienen límites y cuando se atraviesa esa línea, es fácil que exploten.

ChanYeol, al principio se dejó engatusar por el encanto de la alta sociedad, las fiestas, los cócteles y las sonrisas. La falsa cortesía era un tema recurrente y el alcohol ayudaba a tragar el nudo de su garganta cuando la risa no quería salir. Pero tres años era mucho tiempo y cuando ya no supo quién era, solo necesitó una excusa para querer explotar.

Se podría decir que él era la pólvora y Byun BaekHyun fue su chispa.

—Las cosas no funcionan así. —volvió hablar el tipo después de mucho tiempo.

ChanYeol ni siquiera fue consciente de cuánto se había acercado, de la manera en la que sus brazos se rozaban y en cómo la diferencia de alturas entre ambos, evitaba que el aliento de BaekHyun cayera sobre su oído. Eso no evitaba que él lo estremeciera. Siempre lo hacía.

BaekHyun estremeció su vida desde que entró en ésta y fue casi irónico.

De hecho, sí, fue irónico. Y estúpido.

Porque ShanShan fue la que quería que ChanYeol tuviera un guardaespaldas personal y ella eligió personalmente a la persona que menos hubiera querido su esposo. Porque BaekHyun tenía sonrisas torcidas de bastardo, ojos ocultos detrás de lentillas de color azul, un piercing en el labio y en las orejas y era jodidamente atractivo vestido de negro. No parecía un guardaespaldas, ni siquiera aparentaba poder patear el trasero de nadie y su cara bonita y frágil lo invitaba más a querer comérselo que otra cosa. Sin embargo, él se comió a ChanYeol.

Actitud chulesca, carácter de mierda y desinteresado de la vida, Byun BaekHyun gritaba problemas desde el primer día, calientes problemas para ChanYeol. No conseguían congeniar y tampoco se lo propusieron, BaekHyun notó la forma del alto de juzgarlo por su apariencia inadecuada y ChanYeol fue un idiota rico tratando de ser más listo que él.

Se retaban constantemente, ironías, sarcasmos y bufidos. BaekHyun sabía que ChanYeol era la marioneta de ShanShan y se valía de eso para ganar siempre. ChanYeol en cambio no sabía nada de su guardaespaldas, nada que él no le dejara ver y le frustraba.

Le frustraba pelear con él, le frustraba desearlo pese a todo. Porque le irritaba BaekHyun, su impuntualidad, sus cigarrillos, sus sonrisas ladinas y sus burlas maliciosas, pero le jodía más la forma en la que lo hacía arder con una mirada. Lo irritaba desear querer quitarle el piercing de su labio con los dientes y anhelar sentir sus delicadas manos acariciando su piel.

Y eso lo llevó a ese punto ¿no es así?

Porque quería estar tan dentro de BaekHyun que le costara respirar.

—¿Por qué estás aquí?—preguntó ChanYeol mirándolo por fin.

Sus ojos azules artificiales brillaron, clavándose en su mirada y su nariz se arrugó lo suficiente para notar su incertidumbre por su pregunta. Estaba tan guapo, joder.

—Tengo que protegerte, ¿recuerdas? —se burló con su voz suave.

—No me refería a eso. —frunció el ceño.

Claro que no lo hacía y BaekHyun lo sabía.

El día que sus cuerpos al fin se conocieron ChanYeol estaba enojado con ShanShan, hastiado de su vida, cansado de fingir. La mujer había decidido sin preguntar, vender la casa de su difunto abuelo, ni siquiera era la habitual, solo era una casa de verano en Busan vieja y oxidada, pero ChanYeol tenía buenos recuerdos de sus veranos en ella y le molestó que ShanShan se deshiciera de ésta como la niña que tira una muñeca con la que ya no juega.

Pero no podía hablar, no podía gritar, ShanShan era la dueña de todo lo que perteneció una vez a los Park y él era un títere sin voz. BaekHyun pareció un buen objetivo para descargar toda su rabia y le hizo falta una mera provocación para que ChanYeol explotara. Lo golpeó y luego lo besó.

Fue extraño y a la vez conocido, caliente y frío de la misma forma. Sobre todo, había desesperación por sentir. Porque ChanYeol había sido un actor que se perdió en su interpretación, se dejó dominar por su papel y no sabía salir de su obra. Necesitaba dejar de estar vacío, roto, incompleto y BaekHyun besó cada unas de sus heridas, convirtiéndolas en cicatrices.

Aunque tan solo fuera sexo. Al menos al principio.

Después del ardor, venía la calma, las consecuencias y la explosión de lo que había hecho martilleaba a ChanYeol, no porque sintiera remordimientos por engañar a su esposa, sino porque ni siquiera era libre para poder follar sin esconderse. Y BaekHyun se convirtió en su pequeño escándalo.

De hecho, BaekHyun se convirtió en todo. Era la fuente de escape de su mundo hipócrita y falso, con él ChanYeol no tenía que mentir ni ser correcto, tampoco tenía que fingir una sonrisa si no la sentía. Con él, tenía voz y esa aprehensión que tenía instalada en el centro del pecho que se le clavaba como miles de agujas, desaparecía. Y joder, llevaba tres años vacío, roto, incompleto y se aferró tan fuerte a BaekHyun y a todo lo que le hacía sentir, que podría haberse ahogado en él.

—¿Qué quieres preguntar realmente, ChanYeol?

Pero no todo se puede tener, no todo es perfecto y estar con su guardaespaldas conllevaba riesgos. Era peligroso, BaekHyun gritaba problemas por todas partes y ChanYeol no sabía si estaba preparado para asumir las consecuencias de sus actos.

Porque quizás, ya no era tan solo sexo.

—No lo sé, joder.

Y no podía enfrentarse a eso.

Tenía miedo de romper sus cadenas, de ser libre y huir más lejos del invernadero de la madre de ShanShan, más lejos de su casa, simplemente más lejos. Porque si lo hacía no habría vuelta atrás y el divorcio significaba perder lo que una vez fue.

BaekHyun lo miró a los ojos, no había una expresión clara en su rostro y ese era uno de los motivos por los que odiaba su presencia al principio, de hecho, aún le frustraba un poco no saber qué diablos estaba pensando ese hombre. Y de todas formas, algo cambió en el ambiente entre ambos, algo se hizo pesado, candente y sensual y ChanYeol sintió que podía arder.

Era la chispa.

El hombre más bajo, pasó una mano por su nuca, atrayéndolo de manera dominante, dejándolo a dos centímetros de sus labios sonrosados. Su lengua jugó con su piercing y ChanYeol jadeó, sin saber que había contenido el aliento, joder. BaekHyun entonces sonrió, despacio, insinuante, como un hijo de puta que sabe el efecto que causa, y sip, lo sabía, después lo besó.

El mundo de ChanYeol explotó como la primera vez que sus bocas se encontraron y siempre se maravillaba de ese efecto del tipo en él. No se cansaba de besar a BaekHyun, del choque de sus labios, de la dureza y deseo que había en la caricia de éstos sobre su boca. Y gimió al introducir su lengua y explorar a fondo su cavidad ya más que conocida.

El beso se alargó hasta que ChanYeol estuvo apoyado contra la mesa y BaekHyun entre sus piernas delgadas, poseyéndole los labios, dominando al tipo alto por completo. Al separarse dejó caer su mirada azul caliente sobre él y ChanYeol le mordió el labio inferior justo donde el piercing marcaba la mitad y tiró en la justa medida entre el placer y el dolor, tentándolo. A BaekHyun le gustaba jodidamente eso y a él también.

—¿No deberías volver a la fiesta de lameculos y ser un estirado, ChanYeol? —preguntó en un susurro erótico, sus manos desmintiendo la malicia de su voz, tocándolo por la cintura.

—¿No deberías cerrar el pico, BaekHyun?

—No se me da bien callarme.

—No se me da bien ser un estirado.

—Sabes que uno de los dos está mintiendo y no soy yo, cariño.—murmuró sobre su boca.

ChanYeol no tuvo tiempo de responder. Odiaba cuando lo llamaba cariño con esa connotación dulce y caliente que lo hacía hervir por muchos motivos diferentes. Porque era sexy y a la vez había una burla en la afilada lengua de BaekHyun, siempre dispuesto a hacer un poco de daño con cada palabra, y joder, ¿no era eso lo que lo hacía tan ardiente? Ese reto, esa chulería y arrogancia. Porque Byun BaekHyun era un chico malo que gritaba problemas y a ChanYeol le ponía jodidamente.

BaekHyun atacó su cuello como el depredador que agarra a su presa por la yugular y no la deja respirar. Él ni siquiera estaba haciendo presión, bastaba una caricia suya sobre su cuerpo para que ChanYeol se dejara hacer y le molestaba y le gustaba a partes iguales. Pero no se sentía con fuerzas de luchar hoy.

Porque su relación era completa, un tira y afloja, sí, pero completa. Le daban al otro lo que necesitaba en ese momento e igual que a veces había un intercambio verbal retador y malicioso, o habían puños y dolor físico que sustituyera el emocional, también había caricias, rudeza y posesión. Y era diferente a cualquier cosa que ChanYeol hubiera experimentado. Nunca se sintió así con ShanShan, nunca tuvo la confianza de hacer un encuentro de cuerpos más significativo de lo que era. Con la mujer eran momentos fugaces de pasión, como el que enciende una cerilla que tan solo dura unos segundos. Con BaekHyun era eterno.

ChanYeol sintió las manos de dedos largos y expertos de BaekHyun tirar de su camisa hacia arriba, sacándola de sus pantalones y supo lo que iba a ocurrir si no lo detenía. Y no quería hacerlo. No iba a detenerlo. Porque quería sentir a BaekHyun, quería olvidarse por un rato de la fiesta, de los invitados, de su esposa, de en quién debería ser y ser quién era.

BaekHyun no estaba siendo gentil, no esta vez y para ChanYeol estaba bien, porque sentía fuego, ardor y una jodida presión en el pecho que le dificultaba el respirar y no quería saber nada de eso. BaekHyun lo sabía y su boca experta sobre sus clavículas le arrancó gemidos roncos que lo ayudaban a concentrarse en él, solo en él.

Lo empujó contra la mesa, sus rodillas doblándose un poco más y sus manos anclándose en las caderas contrarias para sujetarse. BaekHyun estaba siendo cada vez más demandante, más exigente y no tardó en demostrarle que no había forma de detenerlo ahora cuando restregó su miembro semi erecto contra su muslo.

ChanYeol buscó su bragueta, bajándola y los ojos de BaekHyun ardieron sobre los suyos, la sonrisa ladina dibujándose en sus labios rojos e hinchados iguales a los de ChanYeol y se besaron de nuevo, fuerte, boca contra boca en una lucha de poder que tenía un vencedor claro.

BaekHyun lo masturbó primero, rápido, sin miramientos, dándole todo el placer junto porque, joder, no tenía tiempo para jugar con él. Necesitaban hacer esto rápido, la urgencia de sus cuerpos se lo pedía y lo peligroso del momento también. A fin de cuentas, BaekHyun era su secreto y ChanYeol era un hombre casado.

Y cuando alcanzó el orgasmo y se corrió en la mano de BaekHyun, el tipo lamió su esencia metiéndose cada dedo en la boca y mierda, podría haber gemido más fuerte y más alto si no es por la zurda de su guardaespaldas que se encargó de callarlo.

—Silencio, ChanYeol. ¿No querrás que nos interrumpan ahora, verdad?

—Muérdeme, BaekHyun. —gruñó en un jadeo, apartando la mano del tipo.

BaekHyun sonrió.

—Voy hacer algo más que morderte.

Siempre lo hacía, pensó.

ChanYeol buscó sus labios primero, tirando de su nuca con demanda, después, cuando estuvo satisfecho, mordisqueó su lóbulo y su cuello. Los gemidos de BaekHyun lo excitaron y su polla contra su muslo exigía atención, reclamando lo que ChanYeol podía darle. No iba a negárselo. Él mismo se dio la vuelta y se abandonó a BaekHyun.

El más bajo, pese al ardor y la necesidad, fue gentil preparándolo. Era un cambio brusco y un contraste entre su personalidad segura y orgullosa y lo delicado de sus dedos largos introduciéndose en su cavidad para dilatarlo. Y le gustaba tanto joder, le gustaba que fuera considerado con sus dígitos, teniendo especial atención con él para no hacerle daño, antes de entrar en ChanYeol y saciar su pasión.

Esta vez no fue diferente, había prisa, mucha, por el lugar, por la fiesta, porque jugaban un juego peligro, pero BaekHyun no se bajó el pantalón hasta que no estuvo seguro de que estaba preparado y ChanYeol estaba gimiendo, pidiendo por más y le dijo bastardo con voz gruesa y ronca, ahogado por el deseo. Porque BaekHyun siempre se permitiría un momento para enloquecerlo, tentarlo y obligarlo a pedirle más.

Sin embargo, pese al pequeño juego, lo penetró de una sola vez, brusco y duro. ChanYeol apretó la mandíbula y los puños, se tragó su grito y se concentró en respirar por el escozor de la intromisión. BaekHyun le acarició la espalda, esperando, trazando líneas eróticas por su columna vertebral, tranquilizándolo, después, comenzó a moverse rítmico, deseoso, muy caliente.

BaekHyun se agarró firme a sus caderas, sosteniéndose y clavándolo contra el filo de la mesa. ChanYeol se metió una mano en la boca, tragándose sus gemidos y buscó su miembro, tocándose a sí mismo con dedos temblorosos y sin hallar un ritmo.

Fue rápido, sucio y ardiente. BaekHyun no le dio tregua y él no podía evitar tratar de moverse en contra del tipo para hacer las penetraciones más profundas. Cuando alcanzó el punto dulce de ChanYeol, se estremeció, jadeó y casi se quedó afónico. Después de unos embates más, tocando su próstata, se corrió y BaekHyun alcanzó el orgasmo pasados unos minutos.

No se escuchó nada más en el invernadero, solo respiraciones agitadas, las plantas siendo testigos de su infame relación y ChanYeol deseando haber estado en otra jodida posición para ver los ojos de BaekHyun, aunque supiera de antemano que solo se encontraría con las lentillas azules como una máscara que cubre el verdadero reflejo del hombre.

BaekHyun salió de él uno segundos más tarde, un chasquido obsceno retumbó contra sus oídos y el semen hizo el recorrido hacia abajo, manchándolo, creándole una sensación pegajosa.

—Qué situación más embarazosa para un hombre como tú. —ronroneó contra su oído tan malicioso como siempre. —Es muy caliente.

—Hijo de puta. —lo insultó con un gruñido, de la misma forma que se esperaba, sonriendo, poniéndose derecho y sacando un fino pañuelo del bolsillo de su esmoquin.

BaekHyun tomó el pañuelo de seda con una ceja alzada y cara divertida y lo limpió, deteniéndose en hacer un trabajo riguroso para molestarlo. Juguetón, natural, tan natural que ChanYeol se preguntaba cómo llegaron a ser así juntos.

Cuando estuvo listo, se subió los pantalones, acomodó su camisa y aunque sabía que ya no era la imagen impoluta del marido de ShanShan, le importó una mierda, porque BaekHyun seguía mirándolo tan intenso, tan real y tan todo, que tiró de él para besarlo.

El sonido de mocasines chocando contra el mármol los hizo separarse, avisándolos de la intromisión de un desconocido y el momento se rompió para ambos. ChanYeol se pasó los dedos entre los mechones negros, tratando de recolocarlos y de colocarse la careta de perfección sin romperse. A BaekHyun, en cambio, le costó un segundo parpadear y conjurar ese gesto de indiferencia y aburrimiento, como si no acabaran de follar, de compartir algo juntos y joder, a ChanYeol le dolió más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—Oh, ChanYeol, estabas aquí. —dijo JunMyeon desde la puerta del invernadero.

Su mejor amigo desde la infancia los miró tan detenidamente que ChanYeol tuvo deseos de esconderse como cuando era un niño y no era capaz de mentirle a JunMyeon. Él lo sabía, sabía lo que ocurría, lo que había pasado, lo que ellos eran. Y aun así, fingía una sonrisa indulgente y no decía nada al respecto.

—Necesitaba tomar aire. Se me subió el champán. —explicó con la voz normal, serena, odiándose por ser tan falso.

—Claro. —sonrió su amigo, pero no era una sonrisa real. JunMyeon lamentaba su situación, sabiendo que no era feliz.—ShanShan está buscándote, van a darle los regalos a tu suegro.

ChanYeol asintió, pero no estaba preparado para volver, no todavía y no obstante, no estaban preguntándole si él quería hacerlo, era su deber. Porque era Park ChanYeol, y ese hombre era el marido de Yuan ShanShan. Y cuando miró a BaekHyun él tenía las manos en los bolsillos, el semblante indiferente y su mirada fue tan fría sobre sus ojos, que ChanYeol se congeló.

No volvieron hablarse el resto de la velada, pese a que sabía que estaba allí observándolo, justo a su espalda, protegiéndolo. Porque ese era su deber, como el suyo era ser el esposo de alguien más.

***

Había una rutina casi perfecta en la mansión. Una combinación orquestada entre lo adecuado, lo ideal y lo teatral. La loza brillante, el comedor iluminado, la larga mesa para dos comensales obscenamente repleta con diferentes manjares y dos criados de uniformes tan relucientes que se veía casi absurdo. El servicio de seguridad de la mansión se levantaba al amanecer, rotando el turno de los seguritas de vigilaban y velaban por el sueño de los dueños. Alrededor de la estancia habían tres hombres vestidos de negro por cada punta de la habitación, no obstante, la esquina derecha al lado de la salida estaba vacía. BaekHyun aparecía siempre diez minutos tarde en su puesto.

El desayuno se servía a las nueve en punto, ni un minuto antes ni uno después y ShanShan caía con gracia sobre la silla, siendo absorbida por la enorme corpulencia de la misma tan delicada y bella como una muñeca preparada para su primer acto.

ChanYeol se sentó frente a su esposa en silencio, ajeno a la sonrisa de la joven y sin verdadero apetito. Se sentía agotado y estaba agotado, debajo de sus ojos había unas ojeras marcadas debido a la falta de sueño y no se había encargado de ordenar bien su pelo. Sabía que su aspecto no era lo que ShanShan esperaba de él y que solamente causaba gracia más que molestia con sus pequeños actos de rebeldía. Pero a veces se cansaba de actuar y del teatro que significaba ser el esposo de ShanShan.

Removió la comida servida sin ganas, a su mujer le gustaban los desayunos occidentales y comer con tenedor y cuchillo, fingir una elegancia europea y en vanagloriarse de poder permitirse tener un cocinero francés en su cocina, solo para ella, pese a que la mayor parte de los platillos nunca eran tocados y las porciones que se servía ShanShan para comer eran absurdamente pequeñas.

Él miró el reloj grande, redondo y de un estilo antiguo perteneciente a la familia Yuan, sus punteros marcaban las nueve y diez y BaekHyun apareció tan confiado como siempre. Ropas negras, pero sin llegar a ser iguales a las de los demás seguritas, porque ninguno usaba pantalones de cuero ni camisetas negras, solo BaekHyun lo hacía. Él no lo miró, se acomodó en su lugar, dobló la rodilla derecha contra el marco de la puerta y se cruzó de brazos con una máscara impenetrable en su rostro que poco decía sobre él o su noche.

ShanShan carraspeó tan sutilmente que ChanYeol brincó al escucharla.

—Te perdiste anoche, ChanLiè. —comentó con dulzura, una que casi era palpable y que podría pasar como el pequeño reclamo de una esposa preocupada.

Ya no la creía cuando usaba ese tono. Durante mucho tiempo si creía que su noona se preocupaba por él.

—Se me subió el champán. —sin connotación, usando la misma excusa que le dio a JunMyeon.

Ella lo miró por debajo de sus largas pestañas. ChanYeol apenas había tocado su copa para brindar.

—¿En serio? —murmuró la pregunta con una risilla infantil. —Pobre ChanYeol, nunca te sentó bien el alcohol. —meneó su cabeza, sonriente. —Cada vez se te sube más fácil.

Hubo un matiz, fue sutil, tanto como lo era ShanShan, pero ChanYeol lo podía descifrar. Era reproche, disgusto, no le gustaba que se fuera, que la dejara sola tanto tiempo en medio de sus invitados, porque él era su complemento y debía ir colgado de su brazo, no desaparecer.

ChanYeol prefirió callarse, como siempre le ocurría, no queriendo discutir, no queriendo disgustarla, tan patético. Al principio, lo hacía por su idolatría hacia su noona, porque el idiota de ChanYeol de diecinueve años adoraba a ShanShan y todo lo que ella decía tenía sentido para él. Sin embargo, después, con el paso de los años, dejó de estar ciego, empezó a ver sin el velo del capricho nublando su razonamiento y comprendió lo vacío e inútil que se sentía y entonces, ya no obedecía por cariño o respeto, sino por compromiso y miedo a lo desconocido. Porque ShanShan tenía las riendas de una vida que era todo lo que ChanYeol había conocido.

—Esta noche YiFan da una fiesta en el Lucky One. —comenzó picoteando de su plato sin comer en realidad. —Vamos a ir, es algo más informal.

Él bufó sin poderlo evitar y ShanShan lo miró, alzando una fina ceja bien delineada y maquillada.

—¿Algún problema, ChanLiè?

A veces se preguntaba si lo que quería su esposa no era un perro en vez de un marido.

Claro que tenía un jodido problema. Anoche se acostaron tarde, tenía su cuerpo destruido y YiFan no era su maldito amigo, ¿por qué tenía que ir a una estúpida fiesta? Ni siquiera le atraía la idea de ir a un club, no como antes, ya no.

—No me apetece otra fiesta esta noche, ShanShan.

—Nos ha invitado YiFan, no podemos despreciar su invitación.—soltó el tenedor, controlándose, su voz tensa por su resistencia, no acostumbrada a que nadie le dijera que no, mucho menos él.

—No he dicho que tú no puedas ir. —respondió con cierta molestia. —Estoy cansado de la fiesta de anoche.

Su esposa se limpió la boca con pequeños toquecitos elegantes con la servilleta, tomándose su tiempo para cada gesto, sin apresurarse. Miró a ChanYeol con el mentón alzado, su actitud arrogante y dispuesta a conseguir su capricho.

—Entonces deberás de cubrir esas ojeras con corrector y fingir una sonrisa, querido. —le dijo dulcemente, tan dulce que sonó a una amenaza melosa. ChanYeol apretó los labios y ella conjuró una sonrisa ensayada muchas veces delante de un espejo.

—YiFan ni siquiera me cae bien. —gruñó por lo bajo.

No te pregunté si querías venir, ChanLiè. Yo voy a ir y tú vas a acompañarme. —le contestó usando su mandarín natal con lengua afilada, cada palabra pronunciada despacio, como si él no pudiera entenderla, cuando sabía que no era así.

ChanYeol apretó los puños sobre sus muslos, conteniendo su malestar, su rabia, el deseo de gritar que no era su jodido títere y callándose, una vez más. ShanShan se levantó, su desayuno casi intacto, el empleado acercándose con rapidez para retirarle la silla y fallando porque ella fue más veloz. Ella le dio una sonrisa, rodeando la mesa para tocarle los tensos hombros y darle un beso en la mejilla.

—Salimos a las nueve. Se puntual, sabes que detesto llegar tarde. —le susurró sobre su oído, dando el asunto por finalizado y declarándose vencedora.

Dos de los guardaespaldas se movieron, siguiéndola. En comparación a él, a ShanShan le gustaba ir con más servicio de seguridad rodeándola, era la hija de un político importante y toda precaución era poca para ella. Él, en cambio, no aceptó moverse con seguridad, al menos no mientras estuviera solo y fue su esposa la que insistió en que tenía que tener un guardaespaldas personal.

ChanYeol buscó la mirada del mayordomo y le hizo una seña para que empezara a retirar la mesa, ya no tenía apetito. Observó durante unos minutos a los empleados mover las piezas de loza a los carritos de metal y desmontar la mesa frente a sus ojos. Luego, miró al guardaespaldas de la esquina cerca de la puerta, y los hizo retirarse.

BaekHyun se acercó a él dos minutos después de quedarse totalmente solos. Nunca antes, siempre esperaba esa fracción de tiempo, como si se asegurara de que realmente iban a estar ellos dos. Prevenido.

El hombre más bajo se apoyó en el borde de la mesa de caoba con las manos en los bolsillos y la mueca irónica en sus labios. ChanYeol miró los ojos azules artificiales y maldijo encontrar su mirada tan rápido, siendo tan obvio al mostrar sus sentimientos, porque con BaekHyun él era así, nítido, claro, tan legible que podría haber estado gritando sus emociones pese a ser un muñeco sin voz.

No se dijeron nada por un rato, quizás segundos o a lo mejor minutos, pero BaekHyun estaba analizándolo, descifrando qué necesitaba y ChanYeol se dejó.

—¿Quieres dar un paseo? Te traeré antes de las nueve para la fiesta. —rodó los ojos, sardónico y burlón.

—Sácame de aquí.

—¿Te importa despeinarte un poco más?—se burló otra vez, alzando su mirada cuando él se levantó en toda su altura.

—Jódete. —respondió con un bufido.

BaekHyun le sacó el dedo de en medio, pero sonrió como un bastardo y caminó hacia la salida de la mansión.

Le gustaba montar en moto. Sin embargo, la primera vez que se subió con BaekHyun en una motocicleta, ChanYeol se acojonó un poco. Al tipo le gustaba la velocidad y estaba dispuesto a poner sus manos en el fuego para afirmar que giró más brusco de lo necesario en todas las curvas que tomó, solo para ponerle el corazón en la garganta y probar su punto de que eres un estirado, ChanYeol.

BaekHyun solía meterse con él, llamarlo niño rico o estirado y retarlo por vivir rodeado de lujos y algodones desde su infancia. Era su manera de molestarlo, irritarlo y en parte, de sentir prejuicios por lo que significaba pertenecer a su círculo social y ser ChanYeol. Por lo que, no creyó que sintiera remordimientos por obligarlo a enredar con fuerza las manos en su cintura y rezar para que ese hijo de puta controlara la moto y no se mataran.

No obstante, si la primera vez tuvo miedo, ahora ChanYeol estaba acostumbrado a la forma de manejar de BaekHyun y puede que el tipo ya no tratara de asustarlo, al menos no como antes. Porque él siempre jugaba con él, de una manera o de otra.

ChanYeol disfrutaba esos momentos con el guardaespaldas. BaekHyun no solía subir a nadie en su moto, como él mismo le confesó una vez que lo llevó a la playa y follaron en el mar con el atardecer despuntando en el horizonte, y el alto se encargaba de enredar las manos en las caderas del hombre y a veces, pegarse todo lo posible a él, deseando solo mantenerlo así, tan jodidamente cerca.

Y era tan difícil acercarse a BaekHyun. Porque el tipo levantaba muros de hormigón entre él y lo demás, nadie lo conocía, nadie veía más allá de la sonrisa cínica y los llamativos ojos azules. Y él no quería que nadie más lo conociera. Ni siquiera ChanYeol y joder, él quería estar tan dentro de BaekHyun.

Condujo por lo que le parecieron horas, pero en realidad no fue tanto tiempo. Seúl se hacía pequeña cuando podías moverte con tanta facilidad entre los coches y BaekHyun se conocía la ciudad como la palma de su mano. Lo llevó de paseo, como si él fuera un tipo rico aburrido de la monotonía de su vida de lujo, y ChanYeol se preguntó si no era exactamente eso lo que le ocurría.

Visitaron el monte Namsan, aunque a BaekHyun no le gustara del todo la naturaleza, estar en paz y toda esa mierda de folletos. A ChanYeol esos lugares lo solían tranquilizar y disfrutaba paseando entre vegetación, lo encontraba relajante y aliviador cuando sentía que el estrés iba hacerlo explotar. Además, ShanShan nunca iría con él a un sitio así. Ella era bulliciosa, burbujeante, no disfrutaba de parajes perdidos, flores y árboles, necesitaba vida, personas que la siguieran y la admiraran y ojos que reconocieran su belleza.

BaekHyun, pese a su hastío por el lugar, sonrió en algún punto cuando ChanYeol sacó su móvil y comenzó a sacar fotografías de los pájaros y los árboles, incluso atreviéndose hacer poses ridículas como recuerdo.

—Se supone que eres un señor, ChanYeol. —le dijo BaekHyun con tono aburrido y las manos en los bolsillos.

—¿Y los señores no se toman fotos?—alzó una ceja, aún rodeando con un brazo un árbol y el móvil en alto.

—Te ves ridículo abrazando un árbol.

—Jódete o mejor, sácate una foto conmigo.

—Jódeme tú o mejor, deja de sacarte fotos con árboles y vamos a comer.

ChanYeol sonrió, pero tiró del brazo de su guardaespaldas. BaekHyun lo miró entonces, escéptico y divertido, esperando a lo que fuera que pensara hacer. El alto bufó y lo acercó más a él, pasándole un brazo por los hombros y buscando el cuadre perfecto con la cámara. El otro conservaba su sonrisa sardónica en la foto, tan aburrido del mundo como siempre trataba de parecer, no obstante, podía ver esa curvatura más amable al final de sus labios que suavizaba su rostro bonito en algo más natural. O al menos ChanYeol lo veía de esa forma.

—¿Podemos ahora comer?

—Luego el aburrido soy yo. —se quejó, pero guardó el móvil. —Supongo que no comerás nada con vegetales ¿no es así, BaekHyun?

—Los depredadores comen carne, ChanYeol.

—Sigue diciéndote eso cuando estés enfermo.

Le sacó el dedo del medio y le tiró el casco.

Comieron en plena ciudad, en un restaurante de comida rápida, no eran los favoritos de ChanYeol, pero tampoco los de BaekHyun. El tipo lo llevó a una cadena de ese estilo su primer día de trabajo, solo para sacarlo de sus casillas y ver cómo se las arreglaba para comer, como si su traje de diseñador le impidiera entrar y comer una hamburguesa. Casi fue divertido, pero reconoce que sí le tocó las narices ese día que él tratara de retarlo con cualquier maldita cosa.

Pensándolo bien, ambos fueron muy idiotas. Se juzgaron por lo que debían ser y pagaron con el otro sus frustraciones. BaekHyun no se veía como un guardaespaldas, siendo todo lo que ChanYeol no hubiera querido en uno, no apreciando su aspecto y encontrándolo poco formal, educado y adecuado. Tan delicado, tan bonito, orgulloso y arrogante, muy caliente. En cambio él era un aristócrata, un tipo criado entre algodones que no sabía lo que significaba estar solo y sin ayuda y BaekHyun no dejó de recordárselo ni una sola vez.

No querían conocerse, sin embargo, de alguna manera lo hicieron. Empezaron a ver más allá de lo que ofrecían al mundo y quizás no eran tan jodidamente diferentes como pensaban. Porque ChanYeol era un títere de su mujer y BaekHyun un títere de la vida.

—Hemos llegado, ChanYeol. —anunció la voz de su guardaespaldas, cortando su hilo de pensamiento.

Se percató entonces de que la moto no vibraba debajo de sus muslos y que efectivamente, habían llegado. BaekHyun lo había traído antes allí. Fue una noche en la que tuvo que cenar con sus suegros, sus padres y ShanShan. Su madre lo retó cuando ChanYeol le sugirió en privado que su matrimonio no iba tan bien como todos pensaban y le recordó que lo perdemos todo si tú te divorcias. No puedes hacernos eso. Se asfixió por la presión y BaekHyun se lo llevó a las doce de la noche de paseo, permitiéndole conducir durante un rato, hasta que decidió que su abuela lo haría mejor.

Lo llevó al Barrio Rojo de Seúl, bajó la velocidad de la motocicleta, permitiéndole ver los escaparates con mujeres en ropa sugerente y maquillaje excesivo y ChanYeol no supo cómo diablos sentirse, porque ellos en ese tiempo no eran aún nada, al menos no habían ido más allá de un beso pasional y fogoso en el despacho de la empresa de su suegro. Pero la tensión y el deseo estaba allí, tan presente como ellos y tan real como el anillo de boda de ChanYeol.

El motel de paredes rojas y cartelería fosforito donde se leía Exodus estaba en la misma esquina y con el mismo aspecto cutre, a lo mejor se veía un poco menos imponente de día, a las cuatro de la tarde, sin todas esas sombras que lo hicieran parecer un lugar donde tus secretos estaban a salvo. ChanYeol lo miró dejándose inundar por los recuerdos y se vio a sí mismo teniendo sexo por primera vez con BaekHyun en una de esas habitaciones, la que más tarde se transformó en la habitual para ellos, aunque no el único lugar donde se dejaban llevar por aquello sin nombre que tenían.

Como la primera vez, ChanYeol no sabía qué sentir en ese instante, porque había cerrado los ojos en su paseo, enredó las manos en la cintura de BaekHyun y dejó que la velocidad de la motocicleta absorbiera por algunos minutos sus problemas. Esperaba y a la vez no, ser llevado a ese motel, o a lo mejor sabía que terminaría en el Exodus cuando BaekHyun lo llevó a Namsan, pero deseaba que no lo hiciera y que ir a otros lugares significara algo, cualquier maldita cosa. Y estar más dentro de BaekHyun de otra jodida forma.

—¿ChanYeol?—insistió él, mirándolo por encima del hombro.

ChanYeol suspiró y se quitó el casco, bajándose de la moto.

—Hagámoslo. —aunque no sabía a qué se refería exactamente, ni siquiera si se lo estaba diciendo a BaekHyun.

Porque esa sensación de vacío no debería estar en su pecho. BaekHyun lo completaba, lo llenaba, lo hacía sentir vivo de nuevo, pero cuánto más arriba subía por los escalones del motel rojo, más y más roto se sentía ChanYeol. Y quizás su infidelidad le estaba pasando factura no de la manera correcta.

BaekHyun estaba justo detrás, siguiéndolo, solo rodeó su cintura para colar la llave de la habitación catorce en la cerradura y darle una sonrisa ladina. Después, ChanYeol lo empujó hacia dentro, importándole poco o nada la fuerza o dónde cayeran los cascos. El guardaespaldas lo agarró por los antebrazos, manteniéndose, fingiendo que peleaba, cuando ambos sabían que podía ganarle, pero no haría nada. ChanYeol lo besó con dureza, clavándolo contra la puerta y gimiendo contra sus labios por su lengua traviesa devorando su boca.

Él quería que la sensación pesada desapareciera, porque se sentía vacío, pero ese vacío lo estaba hundiendo y no quería entender por qué. Besó a BaekHyun hasta que se quedó sin aire y los labios de ambos estuvieron rojos e hinchados. Lo tiró sobre la cama con rabia y deseo y el tipo le sonrió torcido, malévolo y retador, esperándolo.

No lo hizo esperar. ChanYeol cayó de rodillas sobre el colchón y tiró de los tobillos de BaekHyun para acercarlo a él con las piernas abiertas y tirar de su bragueta. El hombre rió seductor, jugando con el piercing de su labio y alzándose apoyado en sus antebrazos para tentar un poco más al alto. Siempre jugando.

—¿Muy desesperado, ChanYeol? ¿Hoy no quieres que te muerda?

—Cierra la boca, imbécil.

—Ciérramela tú, niño rico.

Otro beso, más rudo, más intenso. ChanYeol mordió su labio, tirando del piercing y BaekHyun gruñó, tirándole del pelo de la nuca. Y entonces la ropa comenzó a desaparecer entre manos hambrientas y bocas fugaces que ansiaban saborear más, como si fuera la primera vez.

Desnudos, excitados y ardientes, BaekHyun quiso ponerse de rodillas, de espaldas a él y ChanYeol frunció el ceño, bloqueándolo con su cuerpo. Ni siquiera registró lo rápido que se movió e incluso el guardaespaldas alzó una ceja expectante. Lo habían hecho de tantas formas, pero a BaekHyun le gustaba seguir poniendo barreras entre ambos y ChanYeol quería mirarlo a los ojos, aunque solo fueran lentillas artificiales, cuando entrara en BaekHyun.

No lo dijo, de hecho, ninguno dijo lo que pensaba. BaekHyun buscó la erección de ChanYeol, bombeándola sin ganas para distraerlo y él gimió ronco, llevándole la mano a la boca e introduciendo tres dedos en su cavidad, exigiendo cosas que a nadie más le había pedido y con las que nadie había hecho. BaekHyun lamió sus dedos, mirándolo fijamente, calentándolo con cada pasada de su lengua y ChanYeol se permitió sonreír de alguna manera, porque ese tipo gritaba problemas desde el principio y él cayó de todas formas.

Lo preparó sin cuidado, obsceno y rudo y la vez, cerciorándose de que no sería doloroso, al menos no tanto. ChanYeol era muy cuidadoso para el gusto de BaekHyun y él siempre terminaba exigiéndole más rapidez, provocándolo de maneras tentadoras. Como en ese puto momento, cuando tomó su erección y se masturbó mirándolo sin pudor y susurrando con la voz rota que deberías penetrarme ya, capullo.

ChanYeol quiso castigarlo, continuar con sus movimientos erráticos de sus dígitos, pero el preseminal de BaekHyun salió y el gemido agudo del tipo lo enloqueció. El alto lo penetró lento, pulgada a pulgada, no de la forma en la que lo hacía el otro, rápido y duro. BaekHyun se alzó, sujetándose de su nuca, poseyendo sus labios y llevando su miembro más profundo. ChanYeol gimió, ahogado por el deseo, por él, y comenzó a moverse desesperado, mientras el guardaespaldas aumentaba la fricción sobre su pene con la palma de su mano, al ritmo que impuso él con sus estocadas.

Y podría haber sido perfecto, joder. Podría, pero ChanYeol había estado mucho tiempo vacío, roto, incompleto y ahora ya no sentía esa plenitud cuando las manos de BaekHyun lo recorrían, su lengua lo saboreaba y sus cuerpos se reconocían como viejos amantes. Ya no, y quizás ChanYeol se había vuelto a romper por motivos diferentes a los que lo llevaron a estar en esa habitación de hotel.

BaekHyun se corrió primero, mordiendo su clavícula, dejándole una marca notoria y hasta cierto punto dolorosa, pero excitante. Los gemidos eróticos del tipo sobre su oído lo llevaron a bombear más deprisa dentro de él, hasta que alcanzó el orgasmo. Después, todo fue el sonido de sus respiraciones irregulares y del colchón viejo quejándose por el movimiento de ambos cuerpos, recolocándose.

ChanYeol no quería separarse, no tan rápido, pero salió de BaekHyun en un chasquido y vio al tipo levantarse con una mueca, y caminar hacia el baño. No había pudor, tampoco vergüenza, al hombre le gustaba enseñar su cuerpo y mostrar lo orgulloso que se sentía. Él lo observó en silencio hacer su camino de regreso hasta la cama, BaekHyun se sentó a su lado con las manos detrás de la cabeza y ChanYeol se giró, aún absorto en él, joder.

El más bajo cogió entonces el paquete de cigarrillos y encendió uno, soltando el aire lentamente hacía el techo. ChanYeol se preguntó por qué todo tenía que ser tan complicado, por qué sus problemas no eran como el humo que se disolvía en el aire. Y mierda, a lo mejor sí que eran como el humo, pero era la parte que se iba a sus pulmones y lo hacía de color ceniza por dentro.

—¿Qué estás mirando?—le preguntó entonces BaekHyun, dejando que el humo saliera de entre sus labios.

—¿De qué color son tus ojos?

El guardaespaldas bufó.

—¿De nuevo, ChanYeol?

Sip, de nuevo, era una de las preguntas recurrentes de ChanYeol cuando se irritaba con él, cuando le frustraba demasiado no ver al verdadero BaekHyun y sentía que era tan sencillo como quitar unas lentillas de un azul artificial para poder conocer al verdadero BaekHyun.

—¿Nunca vas a quitarte esas jodidas lentillas?

BaekHyun lo miró, tomó otra calada del cigarrillo y suspiró al expulsar el humo por la nariz.

—Te has vuelto un romántico, ChanYeol.

—Siempre he sido así.

—No conmigo. No tienes que serlo conmigo. —le dijo con brusquedad, girándose y dándole la espalda. —Será mejor que te lleve a tu casa, no queremos que tu esposa llegue tarde.

ChanYeol lo sintió peor que un puñetazo y se rompió un poquito más.