𝐚𝐦𝐚𝐧𝐭 𝐮𝐬𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐝 𝐦𝐨𝐫𝐭𝐞𝐦 // 𝐤𝐦

Sinopsis

⇋ 𝘚𝘰𝘭𝘰 𝘵𝘢𝘭 𝘷𝘦𝘻, 𝘭𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘵𝘳𝘦𝘭𝘭𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘪𝘯𝘮𝘦𝘯𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦𝘭 𝘤𝘰𝘴𝘮𝘰𝘴 𝘴𝘦 𝘩𝘢𝘣í𝘢𝘯 𝘢𝘭𝘪𝘯𝘦𝘢𝘥𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘱𝘳𝘦𝘴𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘳 𝘶𝘯 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘯𝘭𝘢𝘤𝘦 𝘥𝘪𝘨𝘯𝘰 𝘥𝘦 𝘢𝘥𝘮𝘪𝘳𝘢𝘳. ⇌ ↳ One - Shot. ↳ jjk ⚜ pjm. © 2022; jmjk_ygth

Genero:
Romance/Fantasy
Autor/a:
Gigi
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

« 𝙚𝙩 𝙙𝙖𝙗𝙤 𝙩𝙞𝙗𝙞 𝙖𝙣𝙞𝙢𝙖𝙢 𝙢𝙚𝙖𝙢. »



"¿Recuerdas lo que me dijiste?...

Que me amarías hasta que muriera."




【 • • • 】




En algún antiguo y olvidado fragmento del vasto mundo, existía un paraje. Uno caracterizado por la frondosidad de su vegetación y la desolación de lo que alguna vez fueron las humildes viviendas de su población.


En alguna de las edificaciones que los terrenos comprendían aún en la actualidad, dos personas de la tercera edad se hallaban contemplando la sublime belleza de la naturaleza desde la amplia ventana de aquella solitaria y tétrica habitación, mientras los dedos de sus manos se entrelazaban como signo de su unión.


El par de sillas de ruedas que simulaban ser un par de cómodos asientos individuales en los que estaban se encontraban uno al lado del otro. Una acción simple, pero reconfortante para sus corazones. Porque estaban juntos, tal como había sido durante tanto tiempo.


El mayor de los individuos exhaló un suspiro de regocijo al ensoñar que juntos presenciaban el alba. Al mismo tiempo, en la mente del menor se reproducía la delicada imagen de una aurora boreal. Ambos destellos siendo tan efímeros como hermosos.


El dulce y melodioso cantar de las diversas aves que revoloteaban alrededor ambientaba el entorno. Hacían de este uno mucho más ameno, agradable y tranquilo. La paz y ataraxia que transmitía aquel melifluo tarareo eran sencillamente maravillosas.


Se giraron al tiempo para observar al contrario, y las líneas de expresión marcadas en sus semblantes denotaban la senectud que implicaba la etapa de la vida que vivían.


El más alto tomó las manos de su amado y al divisar la pequeña ancla grabada en sus muñecas, la comisura de sus labios se elevó formando una tenue sonrisa en el par de longevos rostros.


Aún cuando gran parte de la piel de ambos estaba marcada con tinta, aquel pequeño tatuaje en especial significaba mucho para ellos.


Era simple, una pequeña ancla rodeada por un par de flores de cerezo.


Por un momento admiraron con cariño la sortija de oro que reposaba delicadamente en el dedo anular de la mano izquierda de cada uno. Esos pequeños aros simbolizaban su amor y eran recuerdo latente de la pequeña pero significativa ceremonia nupcial que había tenido lugar hacía mucho.


Se acercaron con pausados movimientos, pues carecían del ímpetu de la juventud en sus cuerpos ya que tiempo atrás habían culminado su mocedad.


—Te agradezco por el tiempo que hemos pasado juntos —susurró el mayor tras dirigir la mirada a los ojos -ahora grisáceos- de su compañero de vida.


Llevaban alrededor de sesenta años siendo cónyuges.


—Yo también te lo agradezco —contestó el contrario, girando su rostro levemente—. Ha sido realmente maravilloso.


Tras el pequeño intercambio de palabras, regresaron a su anterior postura y de nuevo el silencio reinó en la habitación. Al menos, hasta que el sonido de un par de pasos se manifestó a sus espaldas.


Una joven y bella chica de esbelta figura y rostro serio hizo acto de presencia, y con una respetuosa reverencia dispuso un par de cápsulas color esmeralda sobre el mueble de madera frente a los sujetos, para luego retirarse con dilación.


La pareja se miró una vez más con gesto alegre, y acto seguido de un leve asentimiento cada uno tomó una cápsula y la llevó a sus labios para degustar el sabor dulzón de las píldoras. Se sonrieron levemente, mientras mantenían la mirada fija en el otro.


Momentos después, todo rastro de vejez había abandonado sus cuerpos.


Ahora lucían de la misma forma que hace un par de décadas atrás.


Ya no eran un par de ancianos.


Su sangre era joven de nuevo.




【 • • • 】




Sus cuerpos habían rejuvenecido.


Sonrieron espléndidos.


La pareja se levantó, abandonando la estancia a paso rápido mientras la energía y la adrenalina fluía en su interior. Habían olvidado lo asombroso que se sentía la lozanía vibrar en su espíritu.


Era un sentimiento inefable y etéreo.


Nunca se habían sentido tan vivos. Tan llenos de vigor y fortaleza. El alborozo era rebosante; una sensación inédita, mágica e indescriptible, pues la chispa que ahora resplandecía en su interior era realmente incandescente.


Cuando finalmente salieron de aquella zona, se permitieron inhalar y exhalar intensamente en una respiración profunda y pausada. Había pasado mucho tiempo desde que la sensación de libertad se apoderaba de sus cuerpos.


Por supuesto, con bien fundamentadas razones.


Su mirada se enfocó, echando un vistazo a la persona a su lado, y en un parpadeo una risa alegre se percibió en medio del denso y lóbrego bosque que los rodeaba.


Se hallaban en un estado de completo júbilo.


Tomados de la mano aceleraron el paso hasta arribar a una cabaña de rústico aspecto localizada no muy lejos de donde previamente se ubicaban. Frente a esta, un bello y apacible lago se extendía un par de metros hacia el horizonte.


Al ingresar a la morada a paso apresurado, percibieron el cómo la madera crujía bajo sus pies con cada pisada. Ignorando el hecho, contemplaron sus vestimentas y se miraron coincidiendo en su pensamiento y riendo levemente ante ello. Debían cambiarse.


El -ahora joven- de cabello negro se desprendió de aquella anticuada camisa a cuadros dejando su tonificado torso y sus brazos cubiertos de tatuajes al descubierto. Uno en especial resaltaba; se trataba de la imagen de un dragón de mirada filosa en tonos dorados y negros en su extremidad derecha.


La tonalidad de su tez se apreciaba mejor bajo los finos rayos de sol que se colaban por la ventana. Su contextura gruesa y bien formada le daba ese aire imponente que tanto le gustaba. Sustituyó su viejo pantalón de franela con sus vaqueros de gabardina negra, colocando sobre este un cinturón del mismo color.


Sacó un cigarrillo de la cajetilla que conservaba en el buró y lo situó entre sus labios, tomando el encendedor y dando un par de caladas para posteriormente expulsar el humo con parsimonia.


Pasó su mano libre tanteando sutilmente superficies aleatorias del cuarto donde se encontraba y captando de soslayo los anillos que adornaban sus dedos. Rozó con sus dígitos el reloj de arena, la vieja valija cubierta de polvo y la fotografía de él y su amado algún tiempo atrás. Durante algunos segundos, su mirada se fijó en la bella rosa roja que descansaba en un antiguo florero, pero su atención se desvió rápidamente al antiguo baúl resguardado al fondo del armario. Sonrió al recordar lo que mantenía guardado allí.


Se acercó y al abrirlo admiró el contenido unos segundos. Su estimada chaqueta de cuero fino se apreciaba doblada de manera pulcra. Lanzó el cigarrillo al suelo y lo pisó; acto seguido tomó la prenda y después de ponerse una playera simple color negro, se la colocó, notando que se acoplaba de manera óptima a su figura.


Optó por usar sus botas militares y observó su reflejo en el espejo sintiendo su ego aumentar al menos dos niveles, pues lucía jodidamente varonil.


Sonrió ladino, haciendo el ademán de tirar su cabello hacia atrás y fijando su vista en el reloj de pulsera que reposaba en su muñeca izquierda.


Pulsó un botón. Al hacerlo, el artefacto mostró inmediatamente un temporizador que reflejaba una cuenta regresiva.


↝ 23h : 35m : 58s ↜


Lástima, no tenían mucho tiempo.


Por otro lado, en el aposento contiguo, un joven rubio se deshizo de su arcaico atuendo abandonándolo en algún punto de la residencia, quedando únicamente en ropa interior. Analizando con detenimiento su apariencia frente al espejo de cuerpo completo, enarcó una ceja ante su apuesto porte.


Su suave y tersa piel sumada a su contextura delgada y esbelta resultaba altamente atractiva ante sus ojos. Su mirada se detuvo un momento en las letras grabadas por el área de sus costillas del costado izquierdo. La frase "I'm just a dead man" se apreciaba en fina caligrafía del tipo gótico.


El rubio se giró un poco, viendo por sobre su hombro el reflejo de la parte posterior de su cuerpo, sonriendo al distinguir el precioso tatuaje que adornaba gran parte de su espalda.


Era un licántropo de colores grisáceos platinados y de apariencia áspera rodeado de rosas rojas y negras. No recordaba perfectamente el día en que había decidido hacerlo, pero no le importaba. Porque era magnífico.


Sonrió. Él definitivamente se sentía bien consigo mismo y su renovada juventud.


Sin embargo, muy a su pesar, era consciente de que aquello era estrictamente efímero.


Al aproximarse al armario, dio con sus vaqueros de mezclilla negra ligeramente rasgados que se ajustaban en los lugares correctos y una playera de tonalidad azul oscuro. Decidido, comenzó a vestirse en raudos movimientos. Se acercó al perchero que había en la esquina del cuarto y tomó su chaqueta de cuero bovino, en cuyo espaldar resaltaban las letras plateadas de la palabra "Nobody" y se la colocó.


Volviendo su vista al espejo, peinó su cabello hacia un lado con el pequeño peine que guardaba en su bolsillo trasero y sonrió, lamiendo su labio inferior y jugando un poco con el piercing que decoraba un poco más abajo de la comisura de este.


Ambos jóvenes se encontraron en el living, sonriendo al contrario cuando sus miradas se encontraron. Ambos pares de ojos se iluminaron, denotando un leve brillo en sus pupilas y los latidos de sus corazones comenzaron a acelerarse.


Era como si hubieran regresado en el tiempo, cuando sus fachadas de "bad boy" predominaban. Aunque conocían perfectamente lo que ello implicaba, agradecían el hecho, porque vaya que lo estaban disfrutando.


—¿Sabes? —inquirió el mayor, jugueteando coquetamente con el piercing de su labio—. Eres demasiado sexy para ser real.


—Lo sé —respondió en tono socarrón el más alto y se acercó, tomándolo del mentón—, pero no más que tú, cariño —completó, uniendo sus labios en un corto pero apasionado beso—. Vamos, no hay tiempo que perder —murmuró audiblemente, dando una leve palmada al trasero del rubio y mirando de reojo el reloj de su muñeca.


Un par de minutos después, salieron de la cabaña con el rostro en alto. Las prendas de cuero resaltaban sus masculinas figuras. Ahora su aspecto se había endurecido, lucían mucho más rudos. Se veían tal y como los condenados motociclistas que habían sido durante gran parte de sus vidas.


Se observaron un par de segundos entre sí, perdiéndose por un momento en la profundidad de los orbes del contrario, encontrando el cariño, respeto y admiración más allá de la expresión seria.


Transmitiendo seguridad y confianza en cada pisada que daban, avanzaron hasta el pequeño cobertizo que tiempo atrás habían convertido en su garaje. Sus hermosas motocicletas permanecían intactas en el lugar pese al intervalo temporal transcurrido. Tenían encima un poco de polvo debido a su ligero abandono, pero era algo fácil de resolver.


Se acercaron, y con un trozo de tela que yacía oculto en algún vacío en la pared, comenzaron a eliminar las motas de polvo presentes en sus vehículos hasta depurarlos por completo. Una vez listo, el menor se acercó al compartimiento aledaño al muro y sacó dos pares de mitones de cuero marcados con una calavera en el dorso.


Se colocó los suyos y entregó el par restante a su pareja. Salieron del cobertizo acompañados de sus motos, y cada uno tomó asiento en la propia, acomodando ambas manos en el manillar. Se sentía tan irreal.


De nuevo la adrenalina hizo aparición al momento de mirarse y asentir. Con sonrisas en sus rostros, encendieron los motores y con la mano derecha comenzaron a acelerar, avanzando al instante sin destino predeterminado.


El frío viento los recibió, golpeando sus rostros mientras poco a poco agilizaban llegando a la máxima velocidad sin una pizca de miedo.


Qué más daba si habían olvidado sus cascos o si estarían en problemas por ello; el brillo en sus ojos denotaba la dicha que hallaban en sus acciones.






【 • • • 】





Se detuvieron tras recorrer un par de metros hacia el centro del lugar; el área era relativamente similar a una plaza. Decidiendo dar una vuelta, bajaron la velocidad de sus respectivos vehículos y deambularon un poco en los alrededores, percatándose de que la mayoría de paredes de las edificaciones estaban cubiertas de grafittis coloridos y de algún modo psicodélicos en la fachada. Ante sus joviales ojos aquello era un bella manifestación del arte urbano. Los contemplaron un poco mientras seguían su camino.


Un rato después, se detuvieron frente al templo del pueblo. Era una bella construcción, y parecía ser de los pocos sitios en los que no había ningún grafitti.


Al escuchar ruido, avanzaron hasta la parte trasera del lugar. Allí se encontraron con un grupo de jóvenes de su tipo: una pandilla de motociclistas.


Estacionaron sus motocicletas y empezaron a caminar. Se acercaron, ganándose una mirada curiosa de los presentes. Pese a que al principio los contrarios actuaron a la defensiva como era de esperarse, rápidamente lograron encajar y fueron unidos a la conversación. Después de todo, compartían intereses.


—Entonces el idiota de Min le golpeó la nariz —comentó en tono divertido un tipo alto y moreno, haciendo reír a los demás—, y terminaron peleándose en el estacionamiento.


—Ya cállate, imbécil —alegó el mencionado mientras fruncía el ceño y desviaba la mirada, claramente fastidiado.


—Ay amor, admite que fue divertido —expresó un chico castaño de peculiar sonrisa, intentando tomar al pelinegro por la cintura mientras este último hacía el ademán de alejarse.


—No, TaeHyung. Déjame.


—Yo aún no supero que Min terminó con el labio roto ese día —mencionó sonriente un sujeto de hombros anchos que curiosamente tenía el cabello coloreado de un tinte rosa, causando que el chico soltara un bufido y los demás comenzaran a reír nuevamente.


Soltaron una risilla. Definitivamente esos sujetos eran un caso.


—¿Y ustedes? —indagó el moreno, mirando a la pareja— No los habíamos visto por aquí.


—Es cierto —se unió un chico pelirrojo, a la vez que ponía sus gafas de sol en su lugar— ¿Son turistas o algo así?


Se miraron un momento antes de responder.


—Más o menos —contestó el azabache, restándole importancia al levantar los hombros.


-—Venimos de paso —respondió el rubio.


Los demás asintieron, evitando sondear a fondo.


Conversaron amenamente durante un par de minutos más, quedando luego en un cómodo silencio que fue interrumpido cuando el chico pelirrojo habló:


—¿Qué tal si hacemos una carrera?


Todos estuvieron de acuerdo. Cada uno acomodó sus prendas y con una sonrisa se dirigió a su vehículo.


Y en menos de lo que cae un rayo, siete jóvenes se encontraban en sus respectivas motocicletas listos para correr como si el mundo dependiera de ello.


Las personas que pasaban por el lugar les miraban extrañados. ¿Qué hacían allí esos tíos en plena luz del día?






【 • • • 】





Bien, eso había sido divertido. La carrera se había convertido en los siete chicos riendo como desquiciados mientras conducían a alta velocidad por el lugar.


Habían dado un par de vueltas alrededor de la plaza y la competencia había quedado olvidada rápidamente.


Tan solo eran un grupo de jóvenes divirtiéndose como nunca lo habían hecho.


Llegaron a un parque ubicado un par de kilómetros hacia el oeste, y rápidamente se convirtieron en la sensación, pues habían comenzado a hacer trucos llamando la atención de los que pasaban por ahí.


—¡Hey, Park! —el rubio giró, encontrándose con el peli-rosa acercándose a él en su KTM Duke 390.


—¡Habla, Seok! —contestó levantando su tono de voz, esperando escucharse sobre el sonido de los motores.


—¿Ya viste a tu chico? —preguntó burlón, causando que JiMin girara sobre su Ducati Monster 821 para observar al pelinegro.


El aludido se encontraba en medio del parque, rodeado de un grupo de personas que no le quitaban la mirada de encima y lo contemplaban con admiración.


¿La razón? El chico se encontraba sin chaqueta ni playera y con el torso completamente al descubierto mientras hacía llamativas volteretas sobre su Harley-Davidson 975. Bien podía apreciarse su definido six pack y sus tatuajes relucían a la luz del sol.


Park rodó los ojos. Indiscutiblemente su pareja siempre había sido un fanfarrón. SeokJin rió ante su acción.


—¡JungKook! —se escuchó, el rostro de los espectadores se viró observando al chico castaño mirar en dirección al mencionado—. Ven aquí —habló una vez el contrario le prestó atención.


Se instaló un silencio en el lugar mientras Jeon se acercaba al joven y comenzaban a murmurar entre ellos.


Un momento después, ambos encendieron los motores de las motocicletas causando que la humareda del mismo se expulsara y el sonido del motriz llamara la atención de más personas.


JiMin observó desde su lugar cómo esos dos se lanzaban entre sí miradas retadoras y luego miró a SeokJin, quien parecía notar lo mismo. ¿Acaso iban a...?


Y como respondiendo a su pensamiento, los contrarios iniciaron una especie de contienda entre ellos que al parecer se basaba en quién sabía hacer más trucos sobre ruedas.


—En definitiva mi novio es un idiota —masculló el otro pelinegro, acercándose a JiMin y causando una carcajada en Jin—, JungKook le ha dado una buena lección.


Una sonrisa burlona se situó en los labios del rubio mientras dirigía su mirada al lugar del "enfrentamiento". Efectivamente, Jeon había vencido a Kim en su pequeño lid.


—Ah, YoonGi —rió un poco—. Él es un presumido —dijo refiriéndose a su pareja—, pero Tae lo ha hecho bien.


Min rió irónicamente, notando de soslayo como sus otros amigos se acercaban a ellos.


—JungKook es realmente bueno con la motocicleta —alagó Joon, apareciendo de repente mientras miraba al mencionado que seguía ensisimado en su moto.


—Sí que lo es —afirmó el pelirrojo.


JiMin asintió sin darle mucha importancia. Que no los escuche o se le subirá a la cabeza. Se quedaron en silencio por un instante.


—Hey, chicos —habló el peli-rosa, atrayendo la atención hacia él— ¿y si recordamos los viejos tiempos? —preguntó cuando notó a TaeHyung y JungKook acercarse.


Los ojos de Jung se iluminaron al comprender a lo que el mayor se refería, mientras los demás hacían una mueca confundida.


—¿De qué hablan? —indagó Kim cuando estuvo lo suficientemente cerca. Se hizo al lado izquierdo de su novio mientras JungKook se situaba al costado derecho de JiMin y pasaba una mano por su cintura mientras que, aún sin playera, se colocaba la chaqueta en su lugar. Los curiosos ojos que habían estado sobre ellos comenzaban a dispersarse.


—De esto.


Jin se bajó de su motocicleta, alzando el asiento y tomando de debajo de este un pequeño radio bajo la atenta mirada de los demás. Lo encendió, y rápidamente una canción de Hip-Hop se escuchó en el ambiente.


En un abrir y cerrar de ojos, nuevamente las personas que pasaban se detenían a observar el espectáculo. Ahora los mozuelos se encontraban en algún tipo de batalla de baile urbano.


De hecho, eran realmente buenos. Incluso JiMin y JungKook se habían unido debido a la insistencia de sus nuevos amigos y habían demostrado sus habilidades.


Las risas no faltaron, puesto que HoSeok había empezado a hacer poses y caras graciosas mientras bailaba y NamJoon a veces parecía más un poste que cualquier otra cosa.


Se estaban divirtiendo mucho.


—¡Ah!


Se detuvieron abruptamente al oír el grito para nada masculino. Giraron y, sin poder evitarlo, estallaron en carcajadas. YoonGi había resbalado y caído.


—No se rían —musitó el pelinegro, con un leve tinte carmesí adornando sus mejillas debido a la vergüenza—. Idiotas —maldijo en bajo mientras los fulminaba con la mirada, en especial a su novio quien era el más escandaloso al reír junto al peli-rosa.


El menor se acercó, provocando que el más bajo se cruzara de brazos y desviara la mirada con fingido enojo. Los demás observaban la escena entretenidos.


JungKook no pudo evitar esbozar una sonrisa cuando vio que el castaño intentaba acercarse al azabache sin éxito, dado que este último se había levantado y le había dado la espalda a su novio "por no defenderlo". Sonrió porque le recordó a JiMin cuando se enojaba y se comportaba de manera infantil con él y lo divertido que eso era.


La pareja se reconcilió cuando el castaño le susurró a Min algo al oído que causó que este se ruborizara. Nadie quería saber qué le había dicho.


Después de la pequeña disputa, las personas en torno a ellos ya no les prestaban atención por lo que volvieron a sumirse en una agradable conversación.


Tras algunos minutos, decidieron caminar por allí.


Dejaron las motocicletas estacionadas y comenzaron a caminar por los alrededores del pueblo en el que se encontraban. Era relativamente cómico; a pesar de que apenas se habían incluido, JiMin y JungKook parecían ser los que lideraban el grupo.


Transitaron un par de cuadras, avanzando con paso seguro y, bajo su propio criterio, viéndose bastante cool, pues las miradas se posaban en ellos en cada fracción de segundo.


Iban conversando tranquilamente, y mientras caminaban pasaron por un bello jardín. Se detuvieron a observar las diversas flores que allí crecían. Eran hermosas.


JiMin sonrió cuando notó a un colibrí detenerse en un girasol. Al mismo tiempo, la mirada de JungKook viajaba por cada flor. Girasoles, Claveles, Orquídeas, Tulipanes, Margaritas... Su mirada se detuvo en el momento en que sus ojos captaron la flor más llamativa del área. Una gran rosa roja.


Una sonrisa afloró en sus labios.


Siguieron avanzando. Un par de metros adelante, se detuvieron al escuchar un silbido en su dirección.


—¡Oye, Joon!


El mencionado se dio la vuelta, sonriendo de forma que un par de hoyuelos se formaban en sus mejillas al reconocer a la persona que le llamaba.


JiMin observó a los sujetos, notando que estos tenían un estilo parecido al propio solo que en ellos sobresalía más la tela de mezclilla que la de cuero.


—¡Jackson! —saludó el moreno, emocionado. Los demás imitaron la acción y saludaron a los otros chicos que acompañaban al tipo con una sonrisa. Inmediatamente se les acercaron con gesto alegre y entre todos entablaron conversación.


—¿Y ellos quiénes son? —preguntó un chico de cabellera púrpura una vez notó la presencia de la pareja, quienes se habían mantenido al margen un poco alejados.


« Hasta que alguien nota que existimos. »


—Oh, Mark —habló HoSeok con una sonrisa, haciéndose a un lado—. Son nuestros nuevos amigos.


—Ya veo —sonrió—, un placer.


—Encantado de conocerlos —agregó Jackson.


—¡Mucho gusto! —habló alegre un peli-naranja—. Soy Kunpimook, pero pueden decirme Bam —se presentó—, y ellos son Mark, Jackson, Yug, JB, Young y Junior.


—JiMin.


—JungKook.


Se presentaron con una pequeña reverencia respetuosa.


—Mi duda es... —comenzó el peli-púrpura— ¿Por qué no tiene camiseta? —señaló al pelinegro.


Las mejillas del rubio se tiñeron de un leve carmesí mientras negaba con la cabeza. JungKook era un caso. El azabache solo se levantó de hombros restándole importancia.


Dejaron de lado el tema y comenzaron a interactuar entretenidamente.


—... Y el pobre Young estuvo más de una hora estornudando —relató el chico apodado como Junior, ocasionando que los demás rieran a carcajadas.


—¡No es gracioso! —se defendió el peli-azul— ¡Casi muero por culpa de Im, maldito animal!


Risas nuevamente. Young se cruzó de brazos, indignado.


-—No es mi culpa —se excusó el sujeto de cabello castaño— ¡El minino era una ternura!


—Sí, Beom —comentó NamJoon, volviendo a reír—. Una ternura que casi mata al dulce Jae.


—Aún no comprendo cómo olvidaste la alergia del pobre chico —habló SeokJin.


—¿Qué clase de novio eres, inepto? —indagó Jackson, mirando a JB con una ceja alzada— Agradece que Young no te envió a dormir con Coco.


—Ni yo lo sé... —balbuceó— ¡Pero me disculpé!


Al parecer JB había llevado un pequeño gato que encontró en la calle al departamento que compartía con YoungJae olvidándose por completo de la alergia que le causaba la criatura al peli-azul, dejándolo con la nariz congestionada un buen rato.


JiMin acompañaba las risas de los demás, mientras JungKook observaba disimuladamente su reloj, inquieto.


—Podría jurar que cuando Choi me llamó estaba llorando —musitó el menor de todos, ganándose una mirada furiosa por parte del mencionado.


—¡Cállate, Yug!


Y de nuevo se escuchó una risotada de parte de los presentes.


El resto de la conversación se basó en ellos narrando anécdotas graciosas y ocurrencias aleatorias.


Se llevaron muy bien y había sido un momento muy agradable para ambos grupos de jóvenes.


Ulteriormente se despidieron y siguieron en su caminata. Los lentes de sol adornaban varios de los rostros y las fragancias masculinas se percibían en el aire.


—Hey, Jeon.


JungKook giró su rostro al escuchar la suave voz de su chico llamarle.


—Dime, bebé.


—¿Qué tal si te pones la maldita playera? Te están desnudando con la mirada.


El pelinegro comenzó a reír.


—Que está celoso dice —susurraron audible SeokJin y HoSeok al unísono ganándose un golpe en el hombro por parte de JiMin causando que los demás también rieran.


—Ya, lo siento lindo —se disculpó el azabache dirigiéndose al rubio, quien lo miraba con el ceño fruncido—, me la pondré.


Al cabo de un rato llegaron a lo que parecía ser un acceso al subterráneo. Bajaron las escaleras siendo altamente escandalosos, ganándose miradas de desaprobación a las cuales poco prestaron atención.


TaeHyung, JungKook y NamJoon bajaron deslizándose por la parte que conectaba las escalas eléctricas de subida con las de bajada riendo como locos, mientras los demás bajaban corriendo.


Entraron tambaleándose al primer vagón al que tuvieron acceso, tomando asiento bajo la atenta mirada confusa de los que estaban allí. Cualquiera pensaría que estaban ebrios o bajo los efectos de alguna sustancia.


Ni siquiera tenían idea de hacia dónde se dirigía el tren, tan solo estaban allí haciendo bromas entre ellos sin parar de reír. Incluso habían tomado las barras como lugar para ejercitarse, JungKook había comenzado a sostener su cuerpo con la fuerza de sus brazos y los demás le habían seguido el juego.


Un par de estaciones después, bajaron entre risas del vagón puesto que un oficial de policía por poco y les ponía una infracción.


Cuando estuvieron fuera, observaron alrededor. Habían llegado a la parte más poblada del paraje.


Comenzaron a correr en medio de la carretera sin saber ubicarse correctamente.


—¡Oigan, un karaoke! —gritó SeokJin señalando a un lado haciendo que todos giraran.


—¡No! —se quejó NamJoon.


—¡Si! —refutó un alegre HoSeok.


—¡Vamos! —gritó TaeHyung.


Dentro del establecimiento se volvieron la sensación, cantando a todo pulmón a pesar de que no fuera lo suyo.


I was made for loving you babe, you were made for loving me~


Todos observaban a JiMin y JungKook cantar la canción de Kiss con sentimiento mientras se miraban fijamente. Era tierno hasta cierto punto.


Bailaron, cantaron, jugaron, rieron, gritaron, saltaron. Incluso habían llorado cuando una canción triste había sonado en el reproductor. Habían hecho el ridículo pero poco les importaba.


Algunas horas después, salieron del lugar y fueron directo a un restaurante, pues morían de hambre.


Ordenaron varios platillos y comieron gustosamente.


Tras compartir un agradable momento en el lugar, decidieron que era hora de volver.


Volvieron a la estación de tren, asegurándole al portero que esta vez no harían un escándalo para que los dejara ingresar.


Cuando salieron de la estación fueron directo al lugar donde tenían sus preciadas motocicletas.


Allí conversaron un rato más, haciendo comentarios graciosos sobre las experiencias que habían tenido en el transcurso del día.


Momentos después, todos se despidieron con una sonrisa, abandonando el lugar sobre sus vehículos correspondientes.


—¡Adiós! —gritaron al unísono Park y Jeon, comenzando a avanzar en dirección contraria a la del resto de chicos.






【 • • • 】




No sabían cuánto tiempo transcurrió, únicamente eran conscientes de que sus cabellos ahora estaban bastante desordenados y que la plaza, el parque, el paraje, la cabaña y el bosque ya no eran visibles, y junto a sus nuevos amigos, habían quedado atrás hacía un buen rato. De nuevo eran solo ellos dos contra el mundo, y lo disfrutarían como no tenían idea.


En el camino no se habían detenido, puesto que iban completamente perdidos en su propio mundo. Habían conducido como locos en línea recta por la carretera, importándoles poco causar un accidente pues estaban seguros de que conducían de maravillas.


Un par de minutos luego, arribaron a lo que parecía ser una metrópoli, repleta de personas aquí y allá.


Para cuando se dieron cuenta, el cielo había oscurecido y la noche iniciaba en todo su esplendor.


Se acercaron a un estacionamiento y lograron convencer al encargado de cuidar sus vehículos algunas horas, logrando caminar de manera libre por el sitio.


Era estupendo.


La ciudad en su totalidad estaba llena de vida, había luces por todas partes y el ambiente era completamente célebre. El jolgorio se escuchaba a kilómetros.


Habían clubes y bares por doquier, personas bailando, música a todo volumen; la alegría era palpable, digna de un carnaval. La energía que los rodeaba atravesaba sus cuerpos de tal manera que los hacía sentir extasiados. De nuevo la lozanía elevaba su alma.


Avanzaron entusiasmados por el lugar, observando maravillados los locales que delimitaban cada extremo de la vía. Se detuvieron un momento a observar alrededor.


—JiMin.


—¿Mmh?


Antes de que el rubio pudiera girar por sí solo, sintió un fuerte brazo enrollarse en su cintura y girarlo hasta empujarlo en la pared más cercana.


Park observó al pelinegro, quien lo miraba con ojos brillantes. De repente se sintió nervioso debido a la intensidad de la mirada sobre él y comenzó a juguetear con su piercing.


JungKook notó la acción y sonrió, fijando su mirada en los labios del contrario. Con su mano levantó el mentón del rubio para que lo mirara.


—Eres tan hermoso.


Y se acercó, comenzando a besarlo suavemente. Un beso que fue correspondido al instante. Era un beso dulce, un beso donde se demostraban a través del tacto el amor que se tenían.


JiMin sonrió tras un suspiro cuando se separaron un momento después.


—Tú también, tonto.


Rieron un poco y continuaron caminando con las manos entrelazadas.


Sus ojos se iluminaron cuando pasaron frente a un local decorado con grandes carteles de luces neón donde la palabra "Tattoo" resaltaba en tonos fucsias y azules.


Se miraron y, como si se leyeran el pensamiento, ingresaron al establecimiento, contemplándolo tal y como un niño pequeño contempla un dulce o juguete.


La decoración del lugar era más que increíble. Desde las luces neón adornando la sala, hasta el tapizado de las paredes y los azulejos del recinto. Por todo el lugar habían cuadros y pinturas llamativos, e incluso habían fotografías de tatuajes en los murales donde destacaban los tribales.


Una joven hizo aparición entretanto la pareja seguía concentrada observando alrededor. Carraspeó un poco llamando su atención.


—Buenas noches. ¿En qué puedo ayudarles?


JungKook observó a la chica por un momento. Parecía combinar a la perfección con el lugar. Tenía la cabellera coloreada con un tinte verde azulado, en sus ojos la sombra negra sobresalía y sus labios estaban pintados de un tono rojizo. Además, tenía piercings en varios puntos de su rostro y tatuajes en gran parte de su cuerpo.


Sonrió tenuemente al notar que parecía tener el mismo hábito de su chico. El juguetear con el piercing del labio inferior.


El castaño se giró para mirar a JiMin, quien continuaba observando la estancia.


—Nos haremos un tatuaje.


El rubio se viró con una sonrisa, la idea le parecía fantástica.


La chica asintió y les guió por un pasillo, pidiendo que le indicaran qué tipo de tatuaje deseaban. La pareja se decidió por una pequeña estrella fugaz que ubicarían en la muñeca contraria de donde tenían el ancla.


Tomaron asiento y mientras el proceso se llevaba a cabo, se lanzaban miradas y sonrisas cargadas de cariño.


Una hora después, salieron del lugar con una amplia sonrisa en sus rostros. El tatuaje era hermoso.


El menor entrelazó sus dedos con los del más bajo mientras caminaban. Continuaron visitando múltiples locales, comprando en algunos de ellos un par de objetos estúpidamente innecesarios.


Se sentían como un par de niños en un parque de diversiones pero más que molestarles, les hacía gracia.


Lo siguiente que hicieron fue ingresar a un bar.


El sitio estaba repleto de gente, habían personas bailando y bebiendo por todas partes y el fuerte sonido de la música junto al intenso olor a alcohol y otras sustancias inundaba sus sentidos.


Fueron directo a sentarse en la barra.


—Bienvenidos. ¿Qué les gustaría beber esta noche?


—Dos cervezas, por favor.


El barman se alejó para tomar la orden. JungKook se giró para observar alrededor, luego fijó su mirada en su acompañante, quien estaba concentrado en ver hacia la pista de baile.


Estuvieron bebiendo un rato, llegando a tragos un poco más fuertes y sintiendo el alcohol burbujear en su sistema.


Después de mirar en un punto no específico, el más alto se viró, sonriéndole al chico a su lado. Cuando el pelinegro iba a hablarle, el rubio tomó otra cerveza que el barman había acabado de traer. Se levantó y al mirarle le guiñó el ojo, dejando en la barra a un confundido Jeon.


Sin embargo, su expresión confundida se convirtió rápidamente en una sonrisa cuando JiMin comenzó a bailar cerca a la pista de baile mientras bebía la cerveza, mirando fijo en su dirección.


« Sexy. »


El menor se mordió el labio mientras le observaba, se veía tan... caliente.


Tuvo el impulso de ir hacia el mayor y acompañarlo, tomarlo por las caderas y pegar sus cuerpos mientras susurraba palabras no muy inocentes en su oído...


Cuando notó sus pensamientos sacudió la cabeza y por un momento desvió su mirada hacia su reloj.


↝ 4h : 30m : 09s ↜


Soltó un bufido de frustración y tiró su cabello hacia atrás con la mano izquierda. Cuando volvió a levantar la mirada, el rubio no se encontraba allí.


Enarcó una ceja y miró por todos lados, captando la chaqueta de su chico cerca a la puerta trasera del establecimiento.


Se relajó por una fracción de segundo, pero su calma llegó a su fin cuando notó a un tipo muy cerca de él.


JiMin se removía incómodo, un tipo ebrio estaba intentando pasarse del límite con él y como estaba levemente mareado no lograba empujarlo con la fuerza suficiente.


El pelinegro sintió su sangre hervir cuando vio como este intentaba acercarse al rostro del rubio.


« Eso sí que no, hijo de perra. »


JungKook se levantó hecho una furia y avanzó con rapidez, esquivando y empujando personas hasta llegar al lado opuesto del lugar.


Cuando se acercó se puso detrás del sujeto llamando su atención tocando su hombro.


—¿Se te perdió algo? —preguntó el tipo.


Jeon rió irónicamente.


—A mí no, imbécil.


Un fuerte puñetazo impactó la mandíbula del desconocido, haciéndolo caer al suelo.


JungKook se acercó al mayor, tomando sus mejillas para mirarlo a los ojos.


—¿Estás bien, amor?


—Lo estoy —susurró— Yo... lo siento.


El más alto negó con la cabeza y sonrió.


—No te preocu-


JiMin pegó un pequeño salto cuando vio a JungKook en el suelo con el tipo encima de él.


El desconocido propinó varios golpes en los costados del pelinegro. Este último en un rápido movimiento cambió de posiciones dejando al otro en el piso y golpeando repetidamente su rostro y parte de su torso.


Algunas personas se habían detenido a observar, por lo cual el rubio les miró mal y soltó un bufido para que se alejaran.


—Kook...


La suave voz del chico hizo al azabache volver en sí, levantándose rápidamente dejando al otro en el piso y saliendo por la puerta trasera que daba a un solitario callejón casi echando humo. Park salió tras él y lo tomó de la muñeca.


—Bebé, respira. ¿Estás bien?


JungKook lo miró respirando un poco más calmado, quizá había reaccionado un poco mal.


—Si... —vaciló— Perdón.


—No te disculpes guapo —sonrió—, gracias por quitarme al maldito ebrio de encima.


JiMin afianzó el agarre en la muñeca del contrario y lo atrajo hacia sí, envolviéndolo en un abrazo que el menor correspondió al instante.


Cuando se separaron, se miraron directo a los ojos. JungKook analizó al rubio, tenía el cabello alborotado, los ojos un poco vidriosos y un leve sonrojo en las mejillas debido al alcohol. Sin poderlo evitar, se relamió los labios y acortó por completo la distancia entre ellos, atrapando sus labios en un beso.


Las manos de JiMin se acomodaron en el cuello del más alto y sus dedos se enredaron en su cabello ligeramente largo mientras este llevaba sus manos a la cintura del mayor.


Comenzó siendo un beso tranquilo, tierno. Sin embargo, la ternura desapareció en el momento en que JiMin lamió el labio inferior del pelinegro y entreabrió los labios invitándolo a profundizar, cosa que hizo al instante, comenzando una guerra de lenguas.


JungKook empujó a JiMin contra la pared mientras lo seguía besando con ímpetu, causando que un pequeño gemido se escapara de los labios del mayor cuando mordió su labio inferior y se separó para comenzar a besar su cuello.


Las respiraciones de ambos junto al latido de sus corazones se aceleraron.


El menor escabulló su mano entre la playera del más bajo y comenzó a acariciar la piel de su abdomen.


—Ngh, Kook...


—¿Mmh?


—Aquí no...


El pelinegro rió, apoyando su cabeza en el hombro del rubio.


—Ups, creo que me dejé llevar —bromeó, causando que el más bajo riera.


Sus miradas se encontraron nuevamente, mirándose fijamente. JiMin acarició la cabellera de su amado con una sonrisa y JungKook acarició la mejilla del mayor. Por una fracción de segundo, un destello grisáceo hizo aparición en sus ojos, causando un suspiro en ambos al notarlo.


Una sonrisa coqueta apareció en el rostro del mayor un momento después, quien comenzó a juguetear con el piercing de su labio llamando la atención del menor.


—¿Sabes? —murmuró sobre sus labios— Podemos continuar.


—¿Ah, si?


—Sí... —se acercó a su oído— Solo debemos encontrar un lugar —susurró y lamió el lóbulo de su oreja.


JungKook sonrió, le encantaba cuando JiMin actuaba así.


—Bien, busquemos uno —le guiñó el ojo.


Un rato después, las piernas del mayor se enroscaron en la cintura del pelinegro mientras su espalda chocaba con la pared de la habitación en la que se encontraban. Sus labios se movían frenéticamente en un desesperado y apasionado beso.


Las manos de JungKook acariciaban la cintura y cadera de JiMin mientras este último acariciaba la espalda del más alto.


Sus chaquetas quedaron olvidadas en algún punto del suelo, luego el resto de sus prendas las acompañaron.


El menor acomodó a Park en la cama, sus besos pasaron de los labios a la oreja, bajando a la mandíbula y posteriormente a las clavículas, dejando marcas en la tersa piel causando que el mayor se removiese y de sus labios escaparan repetitivos jadeos y suspiros.


Cuando estuvieron completamente desnudos, sin decir nada admiraron sus cuerpos durante algunos segundos.


Miradas de admiración.

Sonrisas de cariño.

Besos de amor.

Suspiros de regocijo.

Respiraciones profundas.


Momentos después, el sonido de los chasquidos y gemidos que se oían la habitación creaban una obscena y placentera melodía.


Cuerpos perlados por el sudor.

Dos almas volviéndose una.

La pasión y ternura entremezcladas.

Un solo cuerpo.

Un solo corazón.


Un grito de éxtasis se escuchó cuando el clímax alcanzaron.


Poco después la melodía resonó una vez más...


Luego, cansados, y no por mucho tiempo, reposaron en los brazos de Morfeo.




【 • • • 】

"Y sueñas a mi lado, duermes.

La sábana dibuja tu esencia desnuda,

cuerpos cubiertos por el aire,

carne revelada por la luz.

Mis ojos cruzan los senderos del lienzo,

las fronteras de tu piel.

Tu cuerpo es una tierra

habitada por mi cuerpo,

un presagio de las manos,

una voz nocturna, eco constante.

Viajo por los resquicios de la noche.

La boca entreabierta de los fulgores

susurra una inmemorial letanía de amor.

Traduce en gemidos el

lenguaje de los cuerpos.

Tú y yo, apenas un sueño,

la prolongación de los tiempos.

Carne reencontrando carne,

"je vais et je viens".

Tú me buscas,

me encuentras,

volvemos.

Sueñas a mi lado,

y yo,

sueño con un sueño."


【 • • • 】


Poco tiempo después, cuando recuperaron energías tras haber dormido la pequeña siesta, salieron del establecimiento con amplias sonrisas en sus rostros.


Tomados de la mano caminaron sin rumbo, sin destino específico. Tan solo ellos caminando en la fría noche, con sus chaquetas brindándoles calor.


Mientras pasaban por algunos locales, el menor se escabulló algunos minutos.


Cuando regresó donde el rubio, una sonrisa parecida a un conejito tan característica de él hizo aparición, contagiando al mayor quien también sonrió, causando que sus ojos desaparecieran en pequeñas líneas.


El pelinegro tomó la mano izquierda de JiMin, y dejó un pequeño beso en el dorso de esta.


La sortija dorada que descansaba en el dedo anular de ambos jóvenes soltó un destello bajo la luz de la luna, haciéndoles suspirar de alegría.


—JiMinie...


—¿Sí, JungKookie?


—Has sido lo mejor que pudo haberme pasado. Eres mi esposo, mi amigo, mi confidente. Eres mi mundo, mi universo, mi todo... Gracias por existir, gracias por ser el amor de mi vida.


Los ojos de JiMin se cristalizaron al escucharlo hablar. Atrajo la mano de Jeon hacia su cuerpo, ubicándola en su pecho a la altura de su corazón.


—Los latidos de mi corazón... Son por y para ti, amor. Siempre lo han sido —susurró, ocasionando que los ojos del pelinegro también se cristalizaran— Gracias por haberme hecho tan feliz, esposo mío.


Ambos se sonrieron.


JungKook se acercó más, llevando su mano al interior de su chaqueta bajo la atenta mirada de su compañero.


De allí sacó una rosa.


Tan roja como la sangre...

Tan fresca como la primavera.

Tan bella como la juventud.


Se la entregó a su amado, y cuando este la tuvo entre sus manos, lo tomó de las mejillas, limpió sus lágrimas con sus pulgares y dejó un dulce beso en su frente.


—Esta flor es la representación de mi amor por ti —susurró—. Solo morirá en el momento que yo deje este mundo.


JiMin sonrió, y se acercó para dejar un beso en la mejilla de JungKook.






【 • • • 】




Caminaron un par de cuadras, disfrutando del aire fresco que inhalaban y sintiéndose tranquilos.


JiMin llevaba en su mano la rosa que le había regalado JungKook.


Se detuvieron cuando llegaron a un callejón ubicado en la parte más silenciosa de la ciudad. Se adentraron en él, y se sentaron uno junto al otro en el suelo del lugar.


La espalda de ambos jóvenes hizo contacto con la fría pared que se encontraba tras ellos.


Ambos observaron la rosa, y luego levantaron la vista mirando el cielo; contemplando el firmamento estrellado.


Un par de segundos luego, se miraron a los ojos, observándose con cariño. JungKook tomó la mano de su amado y entrelazó sus dedos.


—Te amo, Park JiMin.


—Y yo te amo a ti, Jeon JungKook.


Se sonrieron y se besaron una última vez.


Al separarse, ambos fijaron su mirada en el reloj del pelinegro.



5...

4...

3...

2...

1...

...0




La fuerza en sus cuerpos desapareció.


Sus párpados se cerraron.


La cabeza de JiMin cayó inmóvil sobre el hombro de JungKook, y la de este último cayó sobre la del rubio.


Un último suspiro.


Sus corazones dejaron de latir.


La rosa cayó en el espacio entre ambos.


Y se marchitó...




【 • • • 】




Les hubiera gustado que su historia fuera sempiterna, pero solo eran un par de simples mortales y su hora había llegado al fin. No podían luchar contra ello.


Aun así, estaban seguros de que habían tenido una buena vida. Una enriquecida por sus vastas experiencias en diversos ámbitos; una donde habían reído, llorado, amado. Habían sido libres, habían conocido lugares y personas increíbles. Sobre todo, habían encontrado a esa persona especial y habían compartido con ella gran parte de su existencia, sus buenos y malos momentos... Todo lo que pudieron desear alguna vez, lo obtuvieron.


Lo sustancial del acaecimiento era que se sentían gratificados por el hecho de que la vida les había dado una última oportunidad, una que les permitió revivir épocas valiosas de su existencia y gracias a la cual se habían sentido más vivos que nunca.


Su felicidad era inconmensurable. Tanta, que no era susceptible a decaer.


En aquel callejón una historia había llegado a su fin. Dos personas habían culminado su estancia en el mundo y el suceso había ocurrido de la manera más solemne posible.


Los azares del destino habían jugado a su favor, y las cartas barajadas habían dictaminado lo que debía suceder y así se hizo.


Quizá podía considerarse una nueva acepción de aquello denominado suerte, quizá no. A lo mejor no era posible interpretarse con los términos correctos.


El cielo resplandecía, a pesar de estar cerca del amanecer. Solo tal vez, las estrellas de la inmensidad del cosmos se habían alineado para presenciar un desenlace digno de admirar. Uno que de cierto modo no era de este mundo pero que aún así, lo era.


La terminación de la historia de amor más extravagante y loca que podría haber.


Dos personas que se amaron con frenesí; y que disfrutaron del último día de su vida siendo ellos mismos y haciendo lo que siempre amaron, sintiéndose llenos al hacerlo juntos.


Ambos se entregaron en cuerpo y alma mientras revivían la mejor etapa de sus vidas. La juventud latente en su sangre fue testiga de ello.


Así como alguna vez prometieron...


Se amaron hasta el día de su muerte.





【 • • • 】




"Me llamabas bebé.

Ahora me llamas por mi nombre.

¿Sabes algo?

Me venciste en mi maldito juego.

De tanto que empujas me he alejado de ti.

Te dí y tú tomaste.

Y ahora solo soy un hombre

muerto caminando en la noche.

Nuestra sangre es joven.

Dí que me quieres, cariño.

Dí que me quieres fuera de tu vida.

Solo soy un hombre muerto.

Pero me necesitas.

Oh, si. Me necesitas todo el tiempo."

"Nuestras conversaciones...

Terminan como si fuera el último adiós.

¿A quién llamas, bebé?

Me hiciste creer que eras mío.

Nadie puede ocupar mi lugar.

Así que dámelo todo.

Porque lo necesito.

Oh, sí. Lo necesito todo el tiempo.

Nuestra sangre es joven.

Dí que me quieres, cariño.

Dí que me quieres fuera de tu vida.

Estás corriendo, yo estoy huyendo.

Huyendo de ti."

"Se trata de dar y tomar.

Yo doy y tú tomas.

Cuando miras a extraños...

Sé que estás viendo mi rostro.

Entonces no seamos cobardes.

Aunque sigas empujando...

Ya no me alejaré de ti.

Nuestra sangre es joven.

Dí que me quieres, cariño.

Dí que me quieres de vuelta en tu vida.

Porque...

¿Recuerdas lo que me dijiste?

Que me amarías hasta que muriera."





【 FIN 】






【 • • • 】


⛓ Sunt enim XXIV horas ad vivere rursus optimum tempus vitae suae. ⛓


>> Porque tienen veinticuatro horas para revivir el mejor momento de sus vidas. <<


—𝕯𝖊𝖒𝖎𝖘𝖊

@jmjk_ygth;