El bello durmiente

Sinopsis

Érase una vez, hace muchísimo tiempo, en un país muy lejano llamado El Dorado, el Rey y el Reycito le encargaron un bebé a la señora Cigüeña porque ambos eran hombres, su reino era muy homosexual y este no es un cuento con mpreg. Así le dieron la bienvenida al príncipe ChanYeol, pero lo que no esperaba nadie, fue que El Emperador del Mal, KyungSoo, maldijera a su precioso bebé de orejas grandes a pincharse el dedo con la aguja de una rueca.

Estado:
Completado
Capítulos:
11
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Érase una vez, hace muchísimo tiempo, en un país muy lejano llamado El Dorado, el Rey y el Reycito querían tener un hijo que los colmara de felicidad y alegría. Sin embargo, como ambos eran hombres, su reino era muy homosexual y este no es un cuento con mpreg, tuvieron que pedirle a la señora Cigüeña que les trajera un bonito bebé que llenara de sonrisas su existencia.

La señora, que era una ave de mucha dignidad, clase y elegancia, con muchos años de experiencia en vuelo, sobrevoló el cielo hasta la más alta nube, que era de donde venían los bebés (como todo el mundo sabe), y cargó en su pico su preciado paquete. Este era uno de los últimos encargos de la Cigüeña, ya que dentro de nada se iba a jubilar, y también era una de las pocas veces en las que le pedían un bebé humano (porque ella casi siempre llevaba elefantitos adorables de orejas grandes.)

Quizás por todos estos factores, la señora Cigüeña no estaba al día del tránsito aéreo de la zona de El Dorado, y por ello, no se dio cuenta de que atravesó el país por el lado oscuro del mismo. El ave majestuosa pasó ilegalmente por el Norte, sobrevolando la Montaña Prohibida de Mama y no pagó la aduana correspondiente por su entrada, un gravísimo error del que ella no se haría responsable más tarde.

Pero regresando al feliz momento, la señora Cigüeña, después de dos días de vuelo con un precioso bebé colgando de un pañuelo a cuadros, llegó al castillo del Rey Kris y del Rey YiXing. Cuando los vigías vieron a lo lejos el reflejo resplandeciente de sus alas en el cielo azul teñido de dorados, naranjas y rojos por el amanecer, hicieron sonar las trompetas, anunciando la llegada del príncipe.

Los reyes estaban nerviosos y alegres, a lo mejor un poco preocupados preguntándose cómo sería su bebé, pero ante todo, felices porque por fin su sueño de ser padres se haría realidad. El Rey YiXing era el más emocionado de los dos, caminando de un lugar a otro por la sala del trono, una sonrisa ansiosa en el rostro joven y bonito y una energía que no le cabía en el pecho. Su esposo lo observaba desde la silla real, grande, majestuosa y de roble, se aferraba a ésta, casi como si así pudiera evitar dejar salir sus emociones porque diablos, bien tarda esta jodida cigüeña ¿y si me ha estafado y me trae un gato?

—¡Oh, por todos los Dioses, mira Kris! ¡La Cigüeña!

Kris alzó la mirada y sip, efectivamente el ave entró por el ventanal abierto especialmente para ella y aterrizó con gracia sobre la alfombra roja, o al menos, ella creyó que lo hacía con gracia. Lo cierto era que se veía muy cansada y vieja para un trabajo como éste, pero su esposo YiXing había insistido en contratar a esa Cigüeña y no a otra, y él era un Rey, uno que cedía a los ojos tiernos de su Reycito.

—Aquí estasdfg.

El ave habló aún teniendo el bebé cargado en el pico y el pañuelo se deslizó por este, precariamente, casi dejando caer al niño. YiXing chilló y Kris al fin se levantó. La Cigüeña pareció avergonzarse (si es que una cigüeña puede hacerlo) y dejó que el Reycito tomara a su hijo.

—Aquí está su hijo, Majestad. —dijo entonces.

—Mira, Kris, es muy bonito.

Kris se acercó, dejándose influenciar por la alegría de su esposo y observó el bebé risueño de sonrojadas mejillas que YiXing tenía en brazos. Inevitablemente, no pudo evitar fruncir el ceño cuando vio sus orejas.

—¿Tienes debilidad por las orejas grandes o algo así?

—¡Kris! Es nuestro hijo. Nuestro ChanYeollie te puede oír.

—Claro que me puede oír, mira sus orejas, YiXing.

—Kris—lo regañó de nuevo, pero su tono de voz fue suave, bajo y tan calmo que tragó grueso. Porque YiXing era adorable hasta que dejaba de serlo.

—Las orejas como las suyas son símbolo de virtud, atractivo y fortaleza. Además, podrá planear. —comentó la Cigüeña con tono risueño.

Kris estuvo a punto de sacar su espada dorada y cortarle el cuello, pero no quería transformar una agradable celebración en una mala escena de carnicería llena de sangre. Pese a todo, volvió a mirar al bebé y aunque sus orejas estuvieran para afuera, había algo redondito y gracioso en su rostro, algo bonito que le causó ternura y bueno, qué diablos, este era su hijo.

—¿ChanYeollie? —preguntó, rindiéndose.

—Sí, el Príncipe ChanYeol. —aseguró YiXing con una sonrisa, abrazando al bebé entre sus brazos con amor paternal.

Kris asintió.

—Ya han oído a mi esposo y su rey, anuncien la llegada del príncipe al pueblo de El Dorado. ¡Tenemos que dar una gran fiesta e invitar a todo el mundo!

Y se hizo una gran fiesta, pero no invitaron a todo el mundo como dijo el Rey Kris.

***

Nop. Se olvidaron de la persona más importante.

El consejero real bebió mucho vino y olvidó invitar al señor de la Montaña Prohibida de Mama, el dueño de las tierras oscuras del Norte y al que llamaban adorador de Satanás. Y no hizo bien de omitir su invitación.

Porque al fin y al cabo, él era un brujo, un hechicero de magia negra que no conocía otra cosa que no fuera la destrucción, perversión y maldad. Su nombre era KyungSoo, Emperador del Mal y Discípulo de Satanás, su alma era tan negra como la sotana negra que usaba y su maldad era tan grande que cuando se golpeaba el dedo gordo del pie con el filo de un mueble no lloraba.

Sí, así de malo es KyungSoo. Odia a todos, nadie le cae bien y el único amigo que tuvo (en esos locos tiempos de juventud) lo perdió en el mismo día porque el muy ingrato le quiso robar su sitio en el columpio. Vive solo en su castillo en lo alto de la Montaña Prohibida de Mama y las malas lenguas dicen que para lo alta que son sus tasas por entrar a su territorio podría haberse gastado un poquito más en decoración y limpieza. (¡Plebeyos ignorantes, las telarañas son para ambientar!)

Ha triunfado como villano a sus cortos veintisiete años y tiene una apariencia tan dulce, angelical y delicada que hasta podría hacerse pasar por un inocente joven con grandes aspiraciones en la vida y que no fue comprendido por la sociedad. De hecho, su belleza es natural (mis pactos satánicos no son para otorgarme belleza, humano idiota.) y la leyenda cuenta que si miras el blanco de sus ojos durante más de dos minutos puedes morir literalmente. Nadie lo ha confirmado aún.

Como buen malvado de cuento, KyungSoo tiene un seudónimo malvado que odia, Kyungléfica (malditos hados buenos, se las van a pagar) y tiene un ejército de esbirros a los que por supuesto, no tiene contratados, no les paga nada y que en realidad consiguió unir a su secta del mal con su voz y belleza, ya que ellos se llaman a sí mismo fans (porque tuvo una loca etapa de cantante y triunfó cautivando el corazón de muchos adolescentes hormonados del Dorado.)

También, en honor a su maldad tiene un vasallo fiel y leal que siempre lo acompaña en todos sus actos sociales, JongIn, un cuervo al que KyungSoo le dio el poder de transformarse en hombre porque se sentía demasiado gilipollas hablando con un cuervo (¿qué sentido tiene contarle tus planes malvados a alguien que no va a decirte lo maravilloso que eres?). Lamentablemente, las cosas no siempre salen como uno quiere, por muy genio del mal que seas, y JongIn a veces es tan fan como sus esbirros y grita hyung muy alto tirándole corazoncitos con los ojos, o algo así. Y KyungSoo tiene que recordar que no puede ir matando a diestra y siniestra, por muchos pactos que tenga con Satanás, porque la ley de protección de los cuervos medio hombres es muy estricta.

Aun así, a JongIn no lo odia tanto como a los demás seres de este planeta, solo le lanza un par de rayos poderosos a veces (cuando los activistas en defensa de los derechos de los animales mitad hombres no están haciéndole huelga delante de su castillo y tocándole las narices) y en general, reconoce que su vasallo suele ser útil cuando no se pone a bailar repentinamente.

Sin embargo, ese no era el tema que le ocupaba.

Nop.

KyungSoo tenía otros pensamientos en mente ese día, porque se había despertado al amanecer para hacer sus ejercicios matutinos y se había encontrado con que su programa favorito de la mañana Chefs Malvados había sido cancelado por culpa de una retransmisión en directo. ¡Una jodida retransmisión en directo! ¿Por qué demonios tenían que retransmitir nada en directo? ¿A quién coño le importaba? ¡Chef Malvados sí que era un buen programa!

Y eso no era lo peor. Lo más nefasto del asunto era que se trataba de una retransmisión real. ¡Esos estúpidos de Kris y YiXing le habían jodido su programa pidiéndole un estúpido bebé a una estúpida Cigüeña y haciendo una estúpida fiesta en su honor!

—Mi señor del mal. —interrumpió su hilo de pensamientos uno de sus muchos esbirros. —Su correo.

KyungSoo clavó su mirada penetrante en el jovenzuelo vestido también de negro y el tipo tembló como un flan ante él. Miró los cuatro sobres ofrecidos, los tomó en un movimiento brusco y confirmó que todo eran facturas y ni una era una invitación real.

Esos bastardos no lo había invitado a su fiesta por la llegada de su principito. ¡Cómo osaban a hacerle semejante desplante a él, al Emperador del Mal!

—Mi portátil. —ordenó con tono arisco. —Rápido.

El esbirro le trajo su portátil, abriéndolo para su señor y KyungSoo buscó con rapidez su email. Nada, ni una sola invitación real para la fiesta que se iba a celebrar en honor al príncipe ChanYeol.

—Malditos. —susurró cabreado. —Lárgate. —le dijo al esbirro.

El chico asintió con una reverencia exagerada y salió fuera de la estancia.

—Hyung. —canturreó una voz por su derecha, muy cerca de su oído. —¿Has mirado los informes de aduanas?

KyungSoo alzó una ceja, observando a JongIn. El cuervo se había acostumbrado demasiado a su cuerpo humano de chico de veintitrés años y mientras estaba en el castillo se paseaba por éste muchas veces semi desnudo, luciendo su piel morena y haciendo gala de sus agiles movimientos de baile. Hoy iba sin camisa y miraba a su hyung con una sonrisa traviesa de saber algo que no había contado.

—No me gustan las adivinanzas, JongIn.

—No te dije ninguna, hyung. —rió el joven. —Tan solo deberías mirar los informes.

KyungSoo gruñó y volvió a tomar el ordenador, esta vez sentándose en su escritorio y agradeciendo tener informatizado toda la actividad de su castillo y territorio. Haciendo caso al cuervo, el Emperador del Mal revisó los informes semanales de aduanas y notó una irregularidad. La estúpida Cigüeña había atravesado su frontera sin pagar. ¡El maldito nuevo príncipe del Dorado había pasado por delante de su terrorífico castillo y sus estúpidos padres no tuvieron ni la cortesía de invitarlo a la fiesta!

—¿Encontraste algo interesante, hyung?—murmuró con tono dulce JongIn, mirándose las uñas y metiéndose un caramelito de fresa en la boca.

KyungSoo ardió en llamas verdes de ira, alterado por la desfachatez de esos idiotas humanos que se hacían llamar reyes.

—Vístete, JongIn, vamos hacerle una visita especial al nuevo principito. —ordenó con voz suave, sus ojos mirando con malicia en la lejanía el castillo del Rey Kris y el Reycito YiXing.

Se las iban a pagar.

***