El fantasma de mi amor

Sinopsis

Después de dejar el cuerpo de su amada esposa atrás, Chris no sabía como vivir un minuto más. Con ella se fueron todos sus sueños, su alegría, su amor y sus ganas de seguir viviendo. ¿A qué podía aferrarse ahora? A nada. Su mundo se había ido.

Genero:
Drama/Fantasy
Autor/a:
Sele
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Su adiós

Se leyó en voz alta un discurso antes de ver cómo aquella tumba era lentamente cubierta por una capa de tierra oscura, que con tristeza abrazó aquel silencioso ataúd, frente a la mirada dolorosa de aquellas personas que no querían dejar de mirar aunque sea un minuto más el recuerdo de una persona tan especial.


Una lápida se alzaba ahora, pálida y gris, sobre ésta, el nombre que sería recordado por generaciones. Y así quedó sóla, aquella bella chica, sola e indefensa con su sonrisa eterna acompañada por los lirios, jazmines y rosas blancas, mientras el velo del blanco invierno se extendía en un abrazo frío sobre él.


El día estaba gris, parecía que el mismo cielo estaba de luto y con sus lágrimas disimulara las de aquellas personas que estaban llorando la partida de una gran estrella.


Su estrella.


No se sabía qué era más fuerte, si la brisa que caía ese día o la cantidad de lágrimas que se derramaban no solo en aquel cementerio sino en muchas partes del mundo.

No podía siquiera hilar un pensamiento lógico, solo oía ecos de voces a su al rededor, nada que quisiera escuchar, la única voz que quería ya no la oíría más. Ya no. Anseaba irse lejos, no podía seguir reteniendo el dolor por más tiempo, estaba harto de evitar miradas cansadas y tristes que le gritaban lástima. Solo estaba ahí como una máquina devolviendo abrazos que no le daban calor para su fría soledad. Solo quería ir a casa.


Nuestra casa. Pensó con el dolor taladrando su corazón sangrante. Ya no habría más un "nuestro". En su interior un silencioso grito de frustración explotó. Todo le había sido arrebatado en un abrir y cerrar de ojos. Solo deseaba la muerte.


- Vamos, Chris. Es hora de irnos.


Se dejó llevar hasta un automóvil por quien fuera que le hablara, no le importaba nada en realidad.


Minutos más tarde solo fue consciente de llegar casa cuando escuchó el ladrar de los perros al cruzar el jardín, ellos tampoco la verían más, su dueña ya no volvería a casa para jugar con ellos, alimentarlos y bañarlos. Estaban solos. Su corazón lloró.


Obligó a su cuerpo a moverse hacia el interior. Sus pies se sentían cansados, sus ojos ardían y en su pecho crecía un dolor emocional y físico que no soportaba. Era como si le abrieran con miles de cuchillas o como si ensartaran miles de agujas en su corazón.


Cuando alcanzó a llegar a la habitación que compartía hasta hace dos días con su amada esposa, fue como si se habriera el escape de su alma. No detuvo más sus lágrimas y se dejó caer en el frío piso para llorar con todo lo que su aliento le permitió mientras un dolor punsante le atravesaba las sienes.


En su cabeza se abrían paso como flashes todos aquellos momentos que compartieron juntos, incluso aquellos que creía olvidados. El eco escandaloso de su risa, aquella que adoraba con todo su ser, su voz, su dulce voz, aquellos abrazos que decían más que mil palabras, ¡como los anhelaba ahora mismo! Sus manos, su calor y su fragancia. ¡Cómo haría para vivir un día más sin sus besos! Sin sentir su cuerpo a su lado mientras dormía.


¿Por qué? ¿Por qué tenían que ser separados de esa manera tan cruel y repentina? Lo único que habían hecho era amarse sinceramente y ser felices sin importunar a nadie. Entonces, ¿Por qué se les negó aquello de forma tan despiadada?


Llevó sus rodillas a la altura de su pecho y ahogó sus fuertes sollozos entre sus brazos. La garganta le dolía y la tenía seca, pero solo quería llorar y ahogarse en sus lágrimas. Nada ni nadie le consolaría jamás. Ese era su derecho y nadie se lo quitaría, su dolor era suyo y no permitiría que fuera para otros un espectáculo que ver o una noticia de la que hablar, no les daría ese gusto. Por eso sus lágrimas se las reservaría solo para su intimidad, ahí tras la puerta cerrada donde nadie podría verle, solo él, su recuerdo y su dolor.


Tras lo que pareció una eternidad, se levantó y fue hacia el baño. El aroma repentino de su shampoo le golpeó por dentro, sin embargo, lo aspiró profundo dejando escapar un sollozo más.


Su reflejo en el espejo no lo hizo sentir mejor. Sus ojos estaban rojos e inchados, las ojeras se notaban cada vez más y su rostro solo denotaba tristeza y desolación. Pero nada igualaba el cómo se sentía por dentro. Sin más deseos que el de cerrar los ojos y no volver a despertar, se dirigió hacia la cama. Se dejó caer del lado donde ella solía dormir. La cama estaba fría, sola y nunca le pareció más grande que justo ahora, cuando se sentía tan pequeño y perdido. Todavía estaba un rastro sutil de su fragancia. Abrazó la almohada y quiso fundirse en el perfume que dejó su cabello, aquel cabello castaño que ya no reposaría más en su almohada. ¡Cielos, cómo dolía aquello!


Volvió a llorar como un niño que ha sido abandonado y dejado a la deriva. Así se sentía.


Chris se durmió, pero aún en sus sueños siguió llorando. Unos ojos café se empañaron al verlo así tan frágil y roto. No había nada que pudiera hacer para aliviar su dolor. Solo llorar a su lado y velar su sueño.