Prefacio.
Abuela siempre decía: «Para cada ser humano hay un ángel guardián asignado. A veces no se topan en una vida asignada, a veces ignoran su existencia, pero si colisionan, entonces sellarán heridas de almas rotas »
Tenía razón. Algo en mí lo comprendió desde el primer momento, mi alma le entregó sus baches, sus heridas, sus secretos. Pero la abuela olvidó decirme algo importante, una información que hubiera preferido conocer antes. Le hubiera cambiado la vida, me hubiera cambiado la vida, nos hubiera salvado.
«A cualquier ángel se le quiebran las alas, se oscurece su mirada, se anula su felicidad y como en todo ciclo, se marcha»l
El mío decidió cubrirme sin importar que sus alas se quebrantaran, secó mis lágrimas y dejó permanecer las suyas. Me dio vida…
Y se marchó








