ESTRELLAS ENTRELAZADAS

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Summary

Ser secuestrada por alienígenas es solo el comienzo de los problemas de Lilith. Luego de un intento de escape, de Lilith y sus compañeras, un mercenario extraterrestre, entra en su vida, rescatándola de las garras de unos crueles esclavistas. Zenithar, está decidido a protegerla y reclamarla como su compañera. Ahora el destino parece haber trazado un rumbo diferente, y todo lo que Lilith pensaba que conocía, ya no tiene sentido alguno. El enamoramiento instantáneo de Zenithar por Lilith, despierta un conflicto interno en la joven humana. ¿Cómo podría entregarse a un extraterrestre, que recién conoce, y cuyas intenciones apenas comprende? A pesar de la tentación de sus encantos y la intensidad de sus sentimientos, Lilith se niega a ceder ante el amor de Zenithar. Sin embargo, mientras lucha contra sus emociones, el universo parece conspirar en su contra, tejiendo hilos invisibles que los unen cada vez más. Entre peligros intergalácticos y pasiones ardientes, Lilith se debate en un torbellino de emociones. Aunque su mente clama por la seguridad de lo conocido, su corazón se ve atraído irresistiblemente hacia Zenithar y el misterioso mundo que él representa. ¿Será capaz Lilith de resistir la seducción de este apuesto extraterrestre, o se entregará al destino que le aguarda en los confines de las estrellas?

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

UNO

Siempre me he sentido atraída por las series y películas de ciencia ficción. Desde que era pequeña he pensado que existe vida en otros lugares del universo. Sin embargo, lo que nunca creí fue en la loca teoría, de que unos hombrecitos verdes y cabezones, ¡marcianos!, secuestraran a mujeres del planeta. Oh, claro, eso era ayer.

¿Hoy? Hoy todo lo que creía que sabía ha cambiado.


Los últimos instantes que recuerdo, son que era un miércoles. Un miércoles normal de trabajo en las insípidas oficinas de ventas telefónicas. No es precisamente el trabajo de mis sueños, pero por el momento, no existe otra alternativa, y me permite pagar mis cuentas, aunque tenga que soportar al idiota de mi jefe y toda su mierda machista.


Ese día llegué a casa cansada, me preparé algo de comer, la clásica sopa instantánea Maruchan, «no soy buena preparando comida». Me cambié a mi pijama para estar cómoda y porque pronto me iría a dormir. Me acosté en el sillón, encendí el televisor y comencé a buscar qué serie o película ver.

Todo esto no era demasiado distinto a cualquier otro día... Supongo que, al estar tan cansada, me quedé dormida y es en ese momento cuando todo se fue al carajo.


Mis sueños estaban muy mal, muy extraños. Y no hablo de esos donde se te caen los dientes, o caes por un edificio para despertar de un salto, o incluso de esos sueños donde un payaso maniático te persigue. Hablo de sueños mucho más siniestros, donde sientes que algo no va bien, experimentas el dolor, la tristeza y la sensación de abandono.


Sueño que estoy atrapada en una habitación fría, con luces parpadeantes, acostada en una camilla de hospital. Una luz blanca está sobre mi cara, y hace que mis ojos duelan. En este sueño, trato de tapar mi vista con mis manos, pero, estoy inmovilizada, amarrada de manos y pies. Me fuerzo a despertar, por liberar mi cuerpo, pero, con horror descubro que no es un maldito sueño. No estoy en mi hogar, ni en una camilla de hospital. ¡No sé dónde estoy! Me empiezo a desesperar. Siento que me estoy ahogando, mi tráquea y garganta duelen y arden. «¿Así es como voy a morir? Ahogada». Enfoco mejor mi vista mirando a mi alrededor y es cuando los veo... cosas pequeñas, de largos brazos, piel rugosa, con enorme cabeza y ojos negros, hombrecitos verdes. Se acercan y me encuentro rodeada por ellos, uno de ellos inclina su cabeza hacia mí y emite un sonido que se escucha como una mezcla de silbidos y chirridos.


Él alíen toma mi brazo, apretándolo con alguna especie de arma similar a las de Star Trek, siento que un líquido frío corre por mi brazo, desde donde él me está apretando, subiendo a mis pulmones, tráquea y garganta. Tengo una horrible sensación de frío, como si por mis venas y garganta estuviera recorriendo hielo. Pero, tras un instante, el malestar desaparece y ya puedo respirar de nuevo, el aire llega fuertemente a mis pulmones. Empiezo a jadear y a gritar, mi corazón latiendo ferozmente. Cierro los ojos con fuerza, apretándolos, tratando de refugiarme en una burbuja donde esta pesadilla no es real, donde todo esto desaparecerá al despertar. Pero sé que eso no sucederá. Este es mi final... estos alíen me harán daño, y moriré sola en esta fría habitación. Alguien grita desde muy lejos, o quizás soy yo misma; ya no lo sé. Comienzo a sentirme débil y cansada, dejo de pensar y ahora todo se vuelve oscuridad.


No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, desperté encerrada, en esta sucia jaula de gruesos barrotes. El aire apesta a una mezcla de vómito y sudor. No veo ventanas, por eso es que el olor es más intenso y sofocante. Estoy en una gran habitación oscura, apenas iluminada con algunas pequeñas luces que parpadean en las murallas y en algunas secciones del piso. ¿Mis carceleros? Unos malditos alíen.


Mi cabeza late con intensidad. Siento náuseas y un frío que provoca que todo mi cuerpo tiemble y duela. Me siento drogada, como cuando despiertas de una anestesia después de una cirugía. No comprendo que sucede. Para mí, todo eso de los alíen era simplemente un muy mal sueño, pero, acá estoy, aún helada, con náuseas y enfrentándome a alienígenas reales.


Dentro de esta jaula, hay cuatro mujeres atemorizadas, todas ellas humanas. Llevan puesto pijamas, al igual que yo, lo que me hace pensar, que fuimos secuestradas durante la noche, mientras dormíamos. Seguro para ellos resulta más sencillo, estamos vulnerables mientras dormimos y no pondremos tanta resistencia. Bastardos cobardes. Me siento en un rincón y comienzo a frotar mi brazo. Tengo tres marcas donde él alíen me apretó con su arma, son como si fueran picaduras de insecto, y mierda, cómo arden.


Desde el rincón donde estoy sentada, observo a las chicas. Todas con más o menos la misma edad. La similitud me hace pensar, que no somos secuestradas al azar y que a donde sea que nos lleven, quieren humanas jóvenes. Carajo, solo pensar en ello me provoca ganas de vomitar.


—¿Cuánto tiempo llevas aquí? — le pregunto a una de las chicas.


—¿Yo? -me responde—. Creo que una semana.


—¿Una semana?


—Sí, Liz es la que lleva más tiempo—. señala a la otra chica.


—Soy Lilith. Y soy de México, tú ¿De dónde eres?


—Soy Isabel y soy de México, igual que tú. Las otras chicas son de diferentes países. Por lo que entiendo, Liz y Maddie de Estados Unidos y Emily de Canadá. No hemos podido hablar con fluidez, pero logramos entendernos.


—Tengo mucho sueño, Isabel, y aún estoy algo mareada. —me estiro levemente y bostezo.


—No te preocupes, nos drogan a todas antes de traernos a la jaula, y te dan el suero para poder respirar. -Isabel me toma del hombro. — Intenta dormir.


Supongo que dormir es la mejor manera de escapar de esta realidad, pero, imágenes de los alienígenas, la luz brillante y cegadora en mis ojos, las pesadillas, el miedo, todo se vuelve a repetir y entro en pánico. Un gemido se escapa de mi garganta y me despierto encontrándome con la mirada de Isabel.


—Shh. Sin ruidos.


—¿Qué?


—No hagas ruidos, nos están observando—. Isabel señala al alíen parado fuera de nuestra jaula.


—Bien, entiendo. Puedo llorar, pero, sin ruidos.


Dejo que mis lágrimas se deslicen mientras pienso en mi vida en la Tierra. Pienso en mi hogar. ¿Realmente, alguien en la tierra me echará de menos? No tengo familia, huérfana desde muy pequeña. Ninguna familia me adoptó por ser peleadora. ¡Ja! Mi jefe, el odioso señor Alonso... no lo creo. Novios... ningún imbécil valioso, o útil. Amigas, mmm... pocas y todas ya viviendo sus felices vidas. Creo que quizás la única que se preocupe por mí, y haga una denuncia por mi desaparición, es mi vecina de departamento, la señora Tere. ¡Oh, claro! Si sus gatos la dejan salir de su hogar. Mmm... entonces no, nadie me extrañará. Pienso en esto y más me deprime y continúo llorando.


Transcurren dos días en la nave espacial y nadie más se une a nosotras; empiezo a sospechar que estamos "llenos". Las cinco chicas estamos cansadas y ese maldito zumbido que provoca la nave, no ayuda a nuestros ánimos. Estoy segura de que ya hemos dejado la Tierra atrás y que viajamos a una supervelocidad. En un momento mi cuerpo se sintió muy pesado y sentí fuertes dolores de oídos. Ahora solo siento que mis oídos están tapados, pero, mi cuerpo se vuelve a sentir liviano. Sí, estamos en una nave espacial, destino... nadie lo sabe y eso es lo que me provoca más terror, no saber qué va a pasar con nosotras. Isabel y yo nos mantenemos juntas en un rincón de la jaula, el "menos sucio", susurrando en voz baja y buscando algo de consuelo... carajo, esto es tan triste, degradante y aterrador.


Cumplo una semana en la nave y me siento desesperada. Quiero gritar, o llorar, o quizás ambas cosas. Tengo miedo, oh Dios, tengo tanto miedo. Ahogando un llanto que sube por mi garganta, intento controlar mis emociones, cruzo fuertemente mis brazos sobre mi pijama y trato de no temblar demasiado. De mala manera aprendí, que a estos alienígenas no les gustan los llantos, cuando hoy temprano se llevaron a Emily, la chica que es de Canadá. Ella estaba teniendo un ataque de pánico, no paraba de temblar y llorar. Intenté ayudarla, la tomé de sus manos, le dije que todo estará bien, que ya vendrán por nosotras. Supongo que no entendía lo que le decía, pero, seguí acariciando sus manos. Las chicas que hablan inglés, Maddie y Liz, también lo intentaron... pero, no pudimos, todos nuestros intentos resultaron inútiles.


Cuatro de esos malditos alíen entraron a la jaula, sujetaron a Emily con mucha fuerza de sus brazos, le inyectaron un líquido azul con esa arma que parece sacada de Star Trek. «Ahora sabemos que es un tipo de jeringa extraterrestre». Traté de acercarme para ayudar a Emily, pero, Isabel y Liz me tomaron con fuerzas de mis manos, impidiéndome ayudarla. Entiendo por qué lo hicieron, tenían temor de que esos alienígenas también me hicieran daño.


Se llevaron a Emily arrastrándola de los brazos, hasta depositarla en una camilla flotante, que se encontraba fuera de nuestra jaula, y la amarraron de manos y pies. Me odio a mí misma por eso, no poder ayudarla, va en contra de todo lo que hay dentro de mí, no hacer nada.


Cuando los alienígenas regresaron con Emily, ella estaba inconsciente sobre la camilla flotante. Estos alíen tienen una tecnología muy avanzada, no logro comprender cómo mierda flota esa camilla, supongo que utilizan energía electromagnética o tal vez solo sea telequinesis, no lo sé, no conocemos nada sobre estos seres. Cuando dejan en el suelo a Emily, me acerco y observo sus labios y ojos hinchados y ensangrentados, su hermoso rostro deformado por los golpes y dos marcas en cada brazo, aparentemente, algún tipo de droga para dormir le inyectaron.


Ahora fue mi turno de vomitar. Estoy aterrada pensando en lo que le hicieron a Emily. Desde acá se escuchaban sus gritos pidiendo ayuda. Nosotras en ese momento, solo nos abrazamos y lloramos por ella.


Estamos angustiadas al no entender qué buscan estos alíen de nosotras ni a dónde nos llevan. Solo nos mantienen prisioneras en esta jaula y con cada día que pasa, ellos se vuelven más violentos. Nos maltratan y abusan físicamente si no les gusta alguno de nuestro comportamiento. No sé qué más le hicieron a Emily cuando se la llevaron y ella sigue inconsciente, montón de mierda.


Me separo de Emily y la dejo con Isabel, dirigiéndome al grupo de chicas aterrorizadas. Pongo un dedo sobre mis labios.


—shh —susurro. —Mantengamos silencio.


Vuelvo hacia Isabel y noto que está llorando, me siento a su lado, abrazándola.


—No llores, no le demos razones a estos bastardos alienígenas para que nos hagan más daño.


—Tengo miedo. —dice con su voz temblorosa.


-Lo sé, yo también tengo miedo —admito. — Pero de ninguna manera permitiré que esos malditos nos toquen.


Nos mantenemos abrazadas durante un largo tiempo, hasta que Emily comienza a recobrar el conocimiento. 


Desde que Emily despertó, no ha hecho ningún ruido. Su mirada está perdida, se niega a hablar con nadie y tampoco prueba la comida que nos ofrecen los alienígenas. Lo que le hayan hecho, la ha dejado profundamente traumatizada. Intento acercarme para abrazarla, pero ella tampoco lo permite. Esto me entristece, y me llena de determinación, debemos escapar de esta maldita nave.


—Isabel, debemos buscar la manera de escapar, necesitamos un plan.


— ¿Que? ¿Estás segura? — Me pregunta Isabel, su mirada llena de terror.


No, no estoy segura. Cada parte de mi cuerpo vibra de terror ante la idea de que esos alienígenas me toquen. ¿Pero qué opción tengo? ¿Sentarme y no hacer nada? ¿Dejar que estos bastardos espaciales decidan mi destino y el de estas chicas?


—Si, estoy segura. — Le respondo a Isabel.


Me levanto y miro a mi alrededor, buscando alguna salida, algún punto débil en la jaula. Bien, solo tengo que pensar en algún plan, pero, hasta pensar en esta jaula es difícil con esos malditos silbidos y chirridos que emiten los alienígenas. Supongo que es su forma de comunicarse. Mierda, qué irritantes.


«Piensa, piensa, piensa», me repito una y otra vez en mi mente. No quiero morir aquí, no así, no por ellos. En mi mente ha estado rondando la idea de correr, abrir alguna puerta de la nave que dé al espacio, y lanzarme con todas las chicas al hermoso infinito universo. Creo que sería una mejor forma de morir, que a manos de esos malditos alienígenas. No lo comparto con nadie; las chicas aún mantienen la esperanza. Y como dice mi escritora favorita, en unos de sus libros, <La esperanza es la luz que nos guía incluso en los momentos más oscuros>.